santuarios solticiales

Antiguamente el hombre derivaba el significado de su existencia de los ciclos de la naturaleza, a los cuales se ajustaba para vivir en armonía. Es por ello que los solsticios y equinoccios –los cuatro pivotes del año solar– eran grandes celebraciones, en las que se rendía culto al viaje del Sol a lo largo de los diferentes constelaciones y su transformación en las diferentes estaciones. En estos cuatro puntos se simbolizaban los hitos que marcan la vida en la naturaleza: el nacimiento, el crecimiento, la madurez, la muerte (que conlleva la regeneración).

Este año el solsticio de invierno ocurrirá el 21 de diciembre en el hemisferio norte a las 4:44 am, hora de la Ciudad de México (10:44 tiempo universal). En el hemisferio sur será en el mismo momento el solsticio de verano. De un lado tendremos la noche más larga del año y del otro el día más luminoso– este es el punto de máxima dualidad en el drama cósmico, que llegará al equilibrio en el equinoccio.

La palabra “solsticio” viene del latín sol + sistere ("quedarse quieto"), y alude al instante en el que el Sol llega a su punto más alto en el cielo, desde nuestra perspectiva, y en apariencia parece detenerse (un instante de mágica e ilusoria suspensión temporal que parece fijar el momento de su muerte) para revertir su dirección.

Tenemos, particularmente en el solsticio de invierno, el gran símbolo natural de la muerte y el renacimiento. El momento del solsticio es el memento mori por antonomasia, donde toda la naturaleza venera enlutada a la luz que es la fuente de toda vida. Pero en la misma muerta yace la la semilla del espíritu que florecerá en la primavera y culminará en el esplendor del solsticio de verano. “En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible”, escribió Albert Camus. La luz y la oscuridad no pueden existir la una sin la otra y es posible ver en las tinieblas una luz invencible.

Gran parte de las religiones antiguas eran en realidad filosofías naturales o astroteologías –extraían sus principios filosóficos y sus conductas morales y rituales de una atenta observación de la naturaleza, y particularmente de los astros. Esto se basaba en un pensamiento analógico del cual se derivaba un sistema de correspondencias que concebía al hombre y a la naturaleza sublunar como espejos del macrocosmos. El Sol era el símbolo de la personalidad, el sí mismo divino, el gran héroe que atraviesa todo tipo de peripecias en su viaje anual, incluyendo el descenso al inframundo, lo cual marca el triunfo de la luz y la prueba de la inmortalidad de la vida, que siempre se regenera. El ser humano entonces es el pequeño Sol que atraviesa arquetípicamente las mismas permutaciones que el Sol (cada año, pero también en su vida como conjunto) y que debe convertirse en el héroe inmortal de su propio psicodrama cósmico. Así entonces el invierno es para el individuo que sintoniza estos patrones arquetípicos un tiempo de recogimiento, de conservación de la energía, de reflexión, práctica espiritual y renacimiento.

El biólogo Rupert Sheldrake escribe en su libro El Renacimiento de la Naturaleza:

Estos ciclos implicaban un complejo sentido de participación interior directa de los seres humanos no sólo en el mundo, sino también en las energías cósmicas, mediante el ritual, y de los poderes divinos en el mundo, en virtud de su presencia inmanente y transformadora”.

El filósofo y esoterista canadiense Manly P. Hall dice sobre el simbolismo del solsticio de invierno:

No ha habido ningún pueblo que no haya atravesado algún tipo de de fase de simbolismo solar en su filosofía, ciencia y teología, el Sol ha dominado todas las artes, ha estado involucrado en todas las teorías de armonía musical [recordemos que Pitágoras, según la tradición es el hijo de Apolo, el dios de la métrica y de la luz]. Encontramos registros de esto en todas partes porque el Sol [y particularmente sus equinoccios y solsticios], representa la restauración anual de la vida, símbolo de la gran resurrección de todas las cosas existentes, la gran redención, la elevación de toda la vida de la oscuridad a la luz.

En Roma en estas fechas –alrededor del 17 al 23 de diciembre– se celebraban las saturnalias, las fiestas de Saturno, la vieja divinidad de la agricultura, que había regido el mundo en la época de oro, en la mítica Arcadia. Estas celebraciones significativamente culminaban con la celebración del Sol Invictus (el Sol Invencible), algo que parece coincidir con el solsticio. Las festividades constaban de sacrificios y ofrendas en el templo de Saturno, un suntuoso banquete y una subversión de las normas sociales: se bebía, se comía, se copulaba y se apostaba, y los esclavos eran liberados temporalmente. El poeta Catulo llamó a las saturnalias "los mejores días". Macrobio, quien es la principal fuente que se tiene, explica que la Saturnalia es un festival que celebra la renovación de la luz y por ende la sabiduría. Al igual que el emperador Juliano, quien menciona que el Sol es la divinidad que las comprende a todas, Macrobio sugiere que la festividad nace de la proximidad del solsticio invernal y que es una exposición de un monoteísmo solar.

Por otra parte, el filósofos neoplatónico Porfirio hace una lectura simbólica de la fecha, sugiriendo que está regida por Saturno debido a que el Sol ingresa en el solsticio al signo de Capricornio, el cual está regido por Saturno. Tradicionalmente en la astrología se sostiene que Capricornio es la puerta de los dioses (o inmortales) y Cáncer (el signo que se encuentra a 180 grados de Capricornio) es la puerta de los hombres. Esto se debe a que en el esquema de Ptolomeo en el cual está basada la astrología (y también el esquema hermético), el cosmos está formado por siete esferas planetarias, siendo la más baja la Luna (la cual rige Cáncer), la cual marca el ingreso de un alma al mundo material, y la más alta la de Saturno, la cual marca el regreso de un alma al mundo espiritual o a la octava esfera, la de las estrellas fijas (en el descenso del alma el orden se invierte y Saturno es la primera esfera). La lectura de Porfirio entonces sugiere que el hecho de que los esclavos fueran liberados en la Saturnalia simbolizaba la liberación de las almas de la prisión del mundo material (a través de la puerta de Capricornio). Tenemos claramente aquí la noción de que la muerte es una posible puerta a una vida más alta, a una regeneración espiritual; algo que será retomado por los alquimistas, quienes recogían la materia prima de su obra magna en invierno y el primer estadio de la piedra filosofal era llamado nigredo, (la negrura de la tierra) y estaba regido por Saturno (cuyo metal es el plomo, el cual será transformado en oro).

Mucho se ha especulado sobre si la designación de la natividad de Jesús el 25 de diciembre fue una decisión política-religiosa del imperio romano con la cual se mezclaron sincréticamente diversos cultos, como el de Saturno o el del dios solar Mitra (Sol Invictus). Se ha sugerido que Jesucristo es, como Mitra, una divinidad solar, y su nacimiento en una fecha cercana al solsticio obedece a una claro simbolismo astroteológico. Sin embargo, aunque esto es probable, no existe un trabajo académico que dé crédito a esta hipótesis.

De cualquier manera el solsticio de invierno es uno de los días más cargados de simbolismo –"en la luz están todas las cosas", dice Manly P. Hall, incluyendo las leyes y ritmos del cosmos– y una bella oportunidad para meditar sobre la muerte y los ciclos de la naturaleza. Para entristecerse a la par de que los días van perdiendo luminosidad y fuerza hasta llegar a su punto más álgido–disfrutando también, por qué no, de la melancolía y el silencio de la oscuridad– y congratularse de que la naturaleza se regenera y de que, al final, la luz siempre triunfa.

Parque Arqueológico Piedra Pintada

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El Parque Arqueológico Piedra Pintada forma parte del parque Nacional San Esteban, Venezuela, y es un importante conjunto de petroglifos, menhires y restos arqueológicos pertenecientes a una de las tribus arahuacas.

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Los petroglifos de Carabobo y en particular el Parque Arqueológico Piedra Pintada, en Vigirima al norte de la ciudad, se le asigna una datación aproximada entre 4500 años a.C y 1000 d.C.

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Es un importante conjunto de petroglifos, menhires y restos arqueológicos pertenecientes a una de las tribus Arahuacas.

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Los petroglifos es el nombre que esencialmente se le da al dibujo tallado en piedras en todo el territorio, desde las riberas del lago de Tacariguas (Lago de Valencia) hasta la cresta montañosa de la Cordillera de la Costa, como testimonio de diversas culturas prehistóricas que pasaron por éste para dejar una huella.

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Esta monumental biblioteca pétrea que contiene en sus libros los artísticos glifos que hablan de un pasado remoto de cuando se asentaron en las riveras del Akeúna, el mítico lago de las aguas de la vida eterna, hoy Lago de Valencia.

LAS PUERTAS SOLSTICIALES DEL INCA .

Antes de la llegada de los europeos a Sudamérica, las culturas y pueblos que vivían en él se desarrollaron libres de cualquier injerencia exógena, así las diferentes culturas que darán origen posterior al imperio de los incas vivían su propia realidad, ideología y religión. Todas ellas aportaron lo mejor de sí, en una amalgama socio cultural producto de sus conflictos internos cuyo foco civilizatorio más antiguo es Caral (3,000 a.C), seguido de otras culturas como: Chavín (2,000 a.C.), Tiahuanaco (1,500 a.C.), Paracas (400 a.C.), Nazca (100 d.C.), Moche (100 d.C.), Wari (600 d.C.), Sican (700 d.C.), Chimú (1,200 d.C.), y paralelo a este desarrollo se fue difundiendo la religión de la deidad más importante de esta parte del continente: Viracocha, el creador del mundo, creador del Sol y la Luna.

Viracocha era conocido con distintos nombres así tenemos: Wiracocha, Kon Ticsi Wiracocha, Pachayachachi, Qon Raya Wiracochan y Pachacamac. Los españoles le denominaban: Padre del Sol, Verdadero Sol, Nombre Honroso del Sol y Fuerza Vital.

Los incas absorbieron todo lo mejor de sus antecesores y lo mejoraron más aún, no prohibieron el culto de los dioses de las diferentes culturas del imperio, pero antepusieron al dios Viracocha y el Sol de quienes decían ser descendientes. Y en verdad ninguna de estas culturas puso mayor resistencia al dios Viracocha que ya lo conocían desde Caral, así como tampoco al dios Sol que era el hijo de Viracocha. De manera tal que si adoraban al Sol también lo hacían a Viracocha y de manera inversa si adoraban a Viracocha lo hacían también al Sol, y en ambos casos por la fuerza o por medios pacíficos aceptaban la divinidad del Inca. El prestigio de este imperio era tal, que llegaron a él los guaranís en busca de “la tierra sin mal”, esperanzados de encontrar la tierra prometida en el centro del imperio, en el ombligo del mundo el Cuzco. Era asombroso como un imperio tan vasto podía administrar sus recursos eficientemente (no había hambre, ni pobreza en el imperio), el imperio en verdad era una especie de paraíso, y así es como lo conocieron a su llegada los españoles.

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Dentro de los soldados europeos que llegaron en la conquista, había “masones operativos”[1], quienes pudieron observar que los incas tenían sus propios “masones operativos”, y que en este imperio había ritos iniciáticos asociados como en otras partes del mundo, a la religión que practicaban, muchos de ellos eran realizados en forma pública y otros en forma reservada. Las más notorias festividades eran las cuatro fiestas del Raymi, dos de ellas coincidían con los solsticios y dos con los equinoccios, igual al que ellos practicaban en Europa, e intentaron comprender las fiestas solsticiales e equinocciales del nuevo mundo que los europeos practicaban, como una herencia ancestral del paganismo cuyos orígenes se perdía en la noche del tiempo.

En Europa y el Oriente se conocían las Puertas Solsticiales, como las dos puertas zodiacales que son respectivamente la entrada y la salida de la “caverna cósmica” que algunas tradiciones designan como “la puerta de los hombres” y “la puerta de los dioses” y que corresponden a los dos solsticios. Debemos precisar que la primera corresponde al solsticio de verano, es decir, al signo de Cáncer, y la segunda al solsticio de invierno, es decir, al signo de Capricornio para el hemisferio norte del globo terráqueo.
Rene Guenón, matemático, filósofo y esoterista francés, iniciado en la masonería nos dice: Para comprender la razón, es menester referirse a la división del ciclo anual en dos mitades, una “ascendente” y otra “descendente”: la primera es el período del curso del sol hacia el norte (uttaràyana), que va del solsticio de invierno al de verano; la segunda es la del curso del sol hacia el sur (dakshinàyana), que va del solsticio de verano al de invierno. En la tradición hindú, la fase “ascendente” está puesta en relación con eldeva-yâna [“vía de los dioses”], y la fase descendente con el pitr-yâna [“vía de los padres (o antepasados)”], lo que coincide exactamente con las designaciones de las dos puertas que acabamos de recordar: la “puerta de los hombres” es la que da acceso al pitr-yâna, y la “puerta de los dioses” es la que da acceso al deva-yâna; deben, pues, situarse respectivamente en el inicio de las dos fases correspondientes, o sea la primera en el solsticio de verano y la segunda en el solsticio de invierno.

El eje solsticial del Zodíaco, relativamente vertical con respecto al eje de los equinoccios, debe considerarse como la proyección, en el ciclo solar anual, del eje polar norte-sur; según la correspondencia del simbolismo temporal con el simbolismo espacial de los puntos cardinales, el solsticio de invierno es en cierto modo el polo norte del año y el solsticio de verano su polo sur, mientras que los dos equinoccios, el de primavera y el de otoño, corresponden respectivamente, y de modo análogo, al este y al oeste. De acuerdo con el simbolismo cristiano, el nacimiento del (Mesías) Avatâra ocurre no solamente en el solsticio de invierno, sino también a medianoche; está así, pues, en doble correspondencia con la “puerta de los dioses”.

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Según el simbolismo masónico, el trabajo iniciático se cumple “de mediodía a medianoche”, lo que no es menos exacto si se considera el trabajo como una marcha efectuada de la “puerta de los hombres” a la “puerta de los dioses”; la objeción que se podría estar tentado de hacer, en razón del carácter “descendente” de este período, se resuelve por una aplicación del “sentido inverso” de la analogía, como se verá más adelante. En el día, la mitad ascendente es de medianoche a mediodía, la mitad descendente de mediodía a medianoche: medianoche corresponde al invierno y al norte, mediodía al verano y al sur; la mañana corresponde a la primavera y al este (lado de la salida del sol), la tarde al otoño y al oeste (lado de la puesta del sol). Así, las fases del día, como las del mes, pero en escala aún más reducida, representan analógicamente las del año; ocurre lo mismo, de modo más general, para un ciclo cualquiera, que, cualquiera fuere su extensión, se divide siempre naturalmente según la misma ley cuaternaria.

Tal simbolismo se encuentra igualmente entre los griegos. También entre los romanos, donde está esencialmente vinculado con el simbolismo de Jano.

Jano, en el aspecto de que ahora se trata, es apropiadamente el ianitor (“portero”) que abre y cierra las puertas (ianuae) del ciclo anual, con las llaves que son uno de sus principales atributos; y recordaremos a este respecto que la llave es un símbolo “axial”. En efecto, Jano (Ianus) ha dado su nombre al mes de enero (ianuarius), que es el primero, aquel por el cual se abre el año cuando comienza, normalmente, en el solsticio de invierno; además, cosa aún más neta, la fiesta de Jano, en Roma, era celebrada en los dos solsticios por los Collegia Fabrorum.

Como las puertas solsticiales dan acceso a las dos mitades, ascendente y descendente, del ciclo zodiacal, que en ellas tienen sus puntos de partida respectivos, Jano, a quien hemos visto aparecer como el “Señor del triple tiempo” (designación que se aplica también a Çiva en la tradición hindú), es también, por lo dicho, el “Señor de las dos vías”, esas dos vías, de derecha y de izquierda, que los pitagóricos representaban con la letra Y, y que son, en el fondo, idénticas al deva-yána y al pitr-yâna respectivamente. Por lo demás, Jano presidía los Collegia Fabrorum, depositarios de las iniciaciones que, como en todas las civilizaciones tradicionales, estaban vinculadas con el ejercicio de las artesanías; y es muy notable que esto, lejos de desaparecer con la antigua civilización romana, se haya continuado sin interrupción en el propio cristianismo, y que de ello, por extraño que parezca a quienes ignoran ciertas “transmisiones”, pueden aún encontrarse vestigios en nuestros mismos días.

En el cristianismo, las fiestas solsticiales paganas de Jano se han convertido en las de los dos San Juan, y éstas se celebran siempre en las mismas épocas, es decir en los alrededores inmediatos de los solsticios de invierno y verano. Señalemos aún, de paso y a título de curiosidad, que la expresión popular francesa “Jean qui pleure et Jean qui rit” (“Juan que ríe y Juan que llora”) es en realidad una reminiscencia de los dos rostros opuestos de Jano. Y es también muy significativo que el aspecto esotérico de la tradición cristiana haya sido considerado siempre como “johannita”, lo cual confiere a ese hecho un sentido que sobrepasa netamente, cualesquiera fueren las apariencias exteriores, el dominio simplemente religioso y exotérico. La sucesión de los antiguos Collegia Fabrorum, por lo demás, se transmitió regularmente a las corporaciones que, a través de todo el Medioevo, mantuvieron el mismo carácter iniciático, y en especial a la de los constructores; ésta, pues, tuvo naturalmente por patronos a los dos San Juan, de donde proviene la conocida expresión de “Logia de San Juan” que se ha conservado en la masonería, pues ésta no es sino la continuación, por filiación directa, de las organizaciones a que acabamos de referirnos.

Recordaremos que la “Logia de San Juan”, aunque no asimilada simbólicamente a la caverna, no deja de ser, como ésta, una figura del “cosmos”; la descripción de sus “dimensiones” es particularmente neta a este respecto: su longitud es “de oriente a occidente”; su anchura, “de mediodía a septentrión”; su altura, “de la tierra al cielo”; y su profundidad, “de la superficie al centro de la tierra”. Es de notar, como relación notable en lo que concierne a la altura de la Logia, que, según la tradición islámica, el sitio donde se levanta una mezquita se considera consagrado no solamente en la superficie de la tierra, sino desde ésta hasta el “séptimo cielo”. Por otra parte, se dice que “en la Logia de San Juan se elevan templos a la virtud y se cavan mazmorras para el vicio”; estas dos ideas de “elevar” y “excavar” se refieren a las dos “dimensiones” verticales, altura y profundidad, que se cuentan según las mitades de un mismo eje que va “del cenit al nadir”, es decir, a las dos tendencias del ser, hacia los Cielos (el templo) y hacia los Infiernos (la mazmorra), tendencias que están aquí más bien “alegorizadas” que simbolizadas en sentido estricto, por las nociones de “virtud” y “vicio”.

En el simbolismo masónico, dos tangentes paralelas a un circulo se consideran, entre otras significaciones diversas, como representación de los dos San Juan; si se ve al Círculo como una figura del ciclo anual, los puntos de contacto de las dos tangentes, diametralmente opuestos entre sí, corresponden entonces a los dos puntos solsticiales.

La masonería operativa y especulativa, ha conservado siempre, como uno de los testimonios más explícitos de su origen, las fiestas solsticiales, consagradas a los dos San Juan después de haberlo estado a los dos rostros de Jano; y así la doctrina tradicional de las dos puertas solsticiales, con sus conexiones iniciáticas, se ha mantenido viva aún, por mucho que sea generalmente incomprendida, hasta en el mundo occidental actual.

La Puerta de los Hombres, que cruzamos conscientemente en el Solsticio de Verano, nos ha permitido el viaje interior, el descenso a la caverna cósmica, lugar donde el Ser se manifiesta en su Totalidad.

Ese viaje iniciático, los pitagóricos consideran que se realiza de la Puerta de los Hombres (solsticio de cáncer) a la Puerta de los Dioses (solsticio de Capricornio) develando nuestra verdadera imagen desde el centro del mismo Cosmos.

Los cambios interiores se han reflejado en el cielo haciéndonos comprender que la realidad relativa de lo manifestado (forma-materia) es un reflejo de la Realidad Absoluta de lo inmanifestado (Espíritu).

Mientras nos dirigimos al solsticio de Capricornio, reconocemos que observando y conociendo al hombre encontramos a Dios (en su interior), y somos capaces entonces del proceso alquímico y la manipulación del tiempo-espacio.

La Tríada de Eclipses y la Triple Cruz Cósmica que se han mostrado en el cielo, han revelado como nuestro trabajo meditativo ha ido rasgando los tres velos de la humanidad (capas alquímicas), que se manifestaban en la materia como limitaciones y que en el universo velaban los límites de un plano al otro.

Esta rasgadura de los velos, gracias al trabajo individual y al servicio de todos los Hombres de Luz, ha ido atrayendo la comprensión del propósito, que como potente corriente energética ha impactado en nuestra mente, insinuándonos que la perfección, cuando se pretende se consigue.

Iluminando nuestros estados mentales somos capaces de iluminar la materia y regirla como parte del todo indivisible del que formamos parte.

Los meses (Signos zodiacales) y sus energías nos han mostrado desde el interior de la caverna cósmica la triplicidad humana y universal, este conocimiento ilumina la triple función planetaria de todos los hombres: “El Camino, La Verdad y la Vida” en su vehículo materia y su cualidad en su vehículo emocional “lo Bueno, lo Verdadero y lo Bello.”

Mediante la meditación en los plenilunios, aprendemos a utilizar las energías y a derramarlas para que el propósito sea cumplido en armonía por y para todos.

Durante el Festival de Géminis iniciamos el descenso hacia el auto-conocimiento verdadero “La Puerta de los Hombres”.

El plenilunio de Cáncer nos nutre con las energías necesarias para que los nuevos descubrimientos sobre la completa e indivisible Entidad que encarnamos fuesen anexionados y empezásemos a trabajar en perfecta sintonía y síntesis con el vehículo físico y el etérico. Entendemos que son partes indivisibles del Ser Humano y fuentes de sabiduría de nuestro Ser. Construimos así “una casa iluminada donde morar”.

Leo desde el centro etérico de nuestro Ser (la casa iluminada o vehículos vibraciones etéricos), nos hace reconocer y percibir que somos Materia y Espíritu. Aceptamos y celebramos que “Yo soy aquello y aquello soy Yo”.

La Luna de Virgo impregna la forma y la materia de los conocimientos anteriores y asienta en nuestra conciencia, sin fricción ni resistencia de los velos alquímicos: “Soy la Madre y el Niño. Soy Materia. Soy Dios”.

Es durante este equinoccio que recogemos los frutos de este potente trabajo evolutivo que hemos realizado.

Actuamos. Hacemos ya, conscientes de nuestra Presencia física etérica y espiritual. Conocernos a nosotros mismos nos muestra la cualidad del Ser, la Existencia, y es reconociendo todo el potencial que reside en nuestro interior, que seremos capaces de trascender la materia para enfocarnos en las virtudes y dones que darán lugar al libre juego de la existencia (salir-hacia).

Mostrarnos, la grandeza multidimensional que ha permanecido dormido durante tanto tiempo y empezar el camino verdadero de la existencia, revelar la Esencia, el propósito, la vía, el sendero del Nuevo Tiempo.

Cuando decidamos salir-hacia, seremos plenamente conscientes de lo que significa Existir y dejaremos de “vivir simplemente”, para entregarnos a la eterna exploración y creación del Todo del que formamos parte.

La Esencia como energía integradora (Alma) manifestará los escenarios perfectos para la Ascensión y su Presencia de Amor nos permitirá plasmar el Todo tríadico y unitario que creará un Nuevo Movimiento.

Ese Nuevo Movimiento abstracto, vibrante y sensible, permitirá la Existencia en un plano espacio-tiempo totalmente distinto al que hemos percibido hasta el momento. Todo lo oculto, será revelado y la verdad nos hará libres de existir en una Tierra Nueva.

Esta filosofía, producto del estudio de la ciencia en un espacio y tiempo, cuyas evidencias más remotas están escritas en las tablillas sumerias y de allí difundidas por el mundo antiguo a través de las escuelas de misterios o sociedades iniciáticas, que guardaron celosamente todo entre sus adeptos. De él, trasciende a otras culturas, así los egipcios, hindúes, griegos y romanos en su tiempo, también lo fueron difundiendo en un secretismo iniciático entre los constructores, más conocidos como masones y lo mantuvieron hasta llegar a nuestros días. Sin embargo en el nuevo mundo y a partir de Caral, conocimientos similares se usaban entre los iniciados de esta parte del mundo en un conocimiento iniciático, que resume todo ello en un concepto: PACHA.

En el libro “Los Dioses Incas” decían que “para entender la historia mítica o legendaria del mundo andino (período de hechos heroicos, donde los humanos, dioses y demonios conviven en el mismo mundo), es necesario entender su concepto de espacio-tiempo, que es definido como “PACHA”, que es “tiempo” en su connotación andina. PACHA, según la traducción de los lingüistas, hace referencia a tiempo y espacio, pero para el andino más bien, esta palabra va más allá del tiempo y el espacio, implica superar el tiempo y el espacio; una forma de vida, una forma de entender el universo”.

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Los caralinos con su “espiral representaban la noción del “tiempo” como la unión de lo cíclico con lo infinito”. Los incas hablaban de la Pacha, como concepto de tiempo en tres ciclos:

NAYRA PACHA el pasado.
JICHHA PACHA el presente, ahora y aquí.
QHIPA PACHA el futuro.

Pero la Pacha como concepto de espacio también dividía en tres el universo:

Hanan Pacha : El mundo de arriba (Cielo)
Kay Pacha : Nuestro mundo (Tierra)
Uku Pacha : El inframundo (El infierno)

El Imperio Inca se halla ubicado en el hemisferio sur del globo terráqueo, y el mundo iniciático inca, al igual que las otras culturas antiguas del mundo tenía una puerta de ingreso para el hombre, que se apertura en el solsticio de verano zodiaco de capricornio, marcado con la fiesta del Qapac Raymi, la fiesta del hombre, la fiesta del huarachico. Y la puerta de salida, por donde emergían los dioses se habría en el solsticio de invierno, zodiaco de cáncer, con la fiesta del Inti Raymi, la fiesta del Dios Inti.

El Capac Raymi (Qapac Raymi) fue documentado por Guillermo Prescott, quién compara esta festividad al rito iniciático de los caballeros medievales europeos, orden militar que fue muy connotada en Europa, siendo el más célebre la Orden de los Caballeros Templarios.

Otro de los cronistas españoles que recabo información de primera mano es el Bernabé Cobo, quién narra aún con mayor detalle este rito de iniciación guerrera inca que se hacía en la puerta de entrada solsticial del hombre.

CAPITULO XXV

De la fiesta llamada Capac-Raymi, que hacían los Incas el primer mes del año.

Tenían los Incas dos maneras de fiestas y solemnidades, unas ordinarias y otras extraordinarias; las primeras estaban estatuidas en ciertos tiempos del ano, cada mes la suya, por su orden, para diversos efectos y con particulares ritos y sacrificios; y las segundas no tenían tiempo determinado, porque solo se hacían por causas ocurrentes: como cuando faltaban las aguas, cuando se comenzaba alguna guerra de importancia, en la coronación del rey, y en otras ocasiones semejantes.

La fiesta más solemne de las ordinarias se llamaba Capac-Raymi, que quiere decir “Fiesta rica o principal”; y era entre ellos como la Pascua entre nosotros.

Celebraban la el primer mes del año, llamado Raymi, y en ella se dedicaban los muchachos Incas y armaban caballeros; los cuales eran deudos y descendientes por línea recta de los reyes Incas, hasta el príncipe que había de suceder en la corona y sus hermanos; si los tenia; y no se daba esta insignia de nobleza a otros. Donde principalmente y con más concurso y aparato se hacia esta fiesta y ceremonia, era en la ciudad del Cuzco; porque el número de los que se armaban caballeros era grande.

Hacianla también al mismo tiempo todos los gobernadores de la sangre real que estaban en el gobierno de las provincias, cada uno donde se hallaba, armando caballeros a sus hijos y demás mancebos nobles de su generación. Recibían este grado y orden de caballeros los muchachos de edad de doce a quince años, y las ceremonias sustanciales con que se les daba eran horadarles las orejas y ponerles las guaras y panetes que usaban por zaragüelles o calzones. Empezabanse a hacer mucho antes grandes prevenciones de vestidos, galas y lo demás necesario para tan solemne fiesta. Ante todas cosas cogían un buen número de doncellas nobles desde doce hasta trece o catorce años, que, vestidas ricamente, sirviesen en ella; las cuales, algunos días antes, se estaban en el cerro de Chacaguanacauri hilando el hilo para los rapacejos de las guaras que se habían de poner los muchachos que se armaban orejones o caballeros; y ellos también iban al dicho cerro por cierta paja que habían de llevar en los bordones; y la que sobraba de la que traían, repartían sus parientes entre sí; y todo el tiempo que las dichas doncellas gastaban en esta ocupación en aquel cerro, estaba puesta en el la guaca o ídolo de Guanacauri. Lo demás que para esta solemnidad era menester prevenían los padres y parientes de los mancebos, como era el sacrificio que habían de ofrecer, los dones que les habían de presentar, la chicha para los bailes y regocijos, y los vestidos e insignias con que habían de salir, que eran desta suerte; por calzado unas ojotas hechas de cierta paja muy delgada y de color de oro, llamada coya; las camisetas eran cortas, de lana leonada fina, con rapacejos negros, largos palmo y medio, de lana también, que parecía seda; mantas blancas de dos palmas de ancho y largas hasta las espinillas; estas ataban al cuello con un nudo, y de allí salía un cordón grueso de lana con una borla colorada al cabo; llautos negros en las cabezas, y unas hondas en las manos, de cabuya y nervios de carneros; porque decían, que sus antepasados, cuando salieron de la cueva de Pacaritampu, las traían de aquella manera. También sus padres y parientes salían de particular traje y librea, con mantas leonadas y plumajes negros.

Llegado el primer día del mes, se juntaban todos los principales Incas en el templo del sol, y allí concertaban la fiesta y todo lo que se había de hacer ella.

Mandaban salir fuera de la ciudad todos los forasteros, y ninguno entraba en ella hasta el fin de la fiesta. Señalabaseles, así a los que salían como a los que venían a la Corte, cierto lugar en la entrada del camino que estaba diputado para esto, y en cada uno de aquestos lugares estaba la gente de aquel suyu para donde iba el dicho camino. Allí se iban juntando y recogiendo los tributos y hacienda de la Religión, que en esta sazón traían de todas las provincias del reino, esperando los que las traían hasta que los ministros del rey y de las guacas los iban a recibir. Este mismo día traía cada uno de los nobles los muchachos que tenía para hacer orejones, y presentabanlos en el templo del sol; en cuya plaza se ponían las estatuas del Viracocha, sol, luna y trueno en unos escaños bajos adornados con muchas plumas, los cuales afirman algunos que eran de oro. Sacaban asimismo a la dicha plaza todos los cuerpos embalsamados de los señores muertos los que los tenían a cargo; y esto de poner en público los dichos ídolos y cuerpos embalsamados hacían todos los días solemnes así deste como de los otros meses. El fin para que sacaban estos cuerpos muertos, era para beber con ellos sus descendientes como si estuvieran vivos; y en esta ocasión particularmente, para que los que se armaban caballeros les pidiesen que los hiciesen tan valientes y venturosos como ellos habían sido.

Hecho esto, salía el Inca de su casa muy acompañado, y llegando adonde las estatuas estaban, se asentaba junto a la del sol y cerca de los grandes señores y caballeros que se hallaban en la corte, puestos en rueda y muy cerrados. Luego traían con gran solemnidad cien carneros grandes escogidos entre todos los que se habían recogido aquel año, que fuesen sanos y sin lesión alguna y tuviesen la lana larga y las colas muy empinadas y derechas. Levantabase a este tiempo el sacerdote principal del sol, y haciendo reverencia primero al Viracocha y luego a las demás estatuas, hacia dar con los carneros cuatro vueltas alrededor de ellas, y tras esto, los ofrecía de parte del sol al Viracocha, y ofrecidos, los entregaba a treinta indios que estaban diputados para esto, y cada día sacrificaban tres; de manera que al cabo del mes se venían a consumir todos, sacrificando algunos días a cuatro; y hacianse el sacrificio desta manera: encendían una gran hoguera de leña de quínoa, muy limpia y labrada, y partido el carnero en cuatro cuartos, sin perderse nada de la sangre ni de otra cosa, lo echaban en el fuego y esperaban a que se quemase muy bien; los huesos que quedaban por quemar los molían muy bien y tomaba cada uno un poco de aquel polvo y lo soplaba diciendo ciertas palabras, y lo que sobraba lo llevaban a un buhio, que estaba en el barrio de Pomachupa, donde estaba el deposito desto muchos anos guardado con gran veneración; y al tiempo que se quemaba el dicho carnero, echaban en el fuego maíz blanco, ají molido y coca.

[1] Los constructores o albañiles medievales, denominados masones, disponían de lugares de reunión y cobijo, denominados logias, situados habitualmente en las inmediaciones de las obras. Era común a los gremios profesionales de la época el dotarse de reglamentos y normas de conducta de régimen interior. Solían también seguir un modelo ritualizado para dar a sus miembros acceso a ciertos conocimientos o al ejercicio de determinadas funciones. Los masones destacaron especialmente en estos aspectos.
Los gremios de constructores, albañiles y arquitectos son mencionados en varios de los más antiguos códigos de leyes, incluido el de Hammurabi (1,692 a.C.). Pero suele considerarse que el primer código regulador específicamente masónico fue el que el rey Athelstan de Inglaterra dio a estas corporaciones en el año 926, denominado Constituciones de York. Este manuscrito se perdió en el siglo XV y fue reescrito de memoria por los que lo conocían. Por este motivo, la Carta o Estatutos de Bolonia, redactados en 1,248, son el documento masónico original más antiguo que se conoce. Trata de aspectos jurídicos, administrativos y de usos y costumbres del gremio. Le siguen en antigüedad otros documentos, como el Poema Regius o Manuscrito Halliwell (1,390), el Manuscrito Cooke (1,410), el Manuscrito de Estrasburgo (1,459), los Estatutos de Ratisbona (1,459), los de Schaw (1,598), el Manuscrito Iñigo Jones (1,607), los de Absolin (1,668) y elSloane (1,700). Todos estos manuscritos se refieren a la “masonería operativa" o gremial, de la que especifican sobre todo las reglas del "oficio", y los historiadores suelen referirse a ellas en un sentido genérico como "constituciones góticas".

El segundo día del mes traían seis carneros muy viejos, que llamaban aporucos[1], a los cuales llevaban de cabestro seis indios cargados con maíz y coca, cada uno el suyo, diciendo que era comida para ellos; y traianlos cuatro días con cierta solemnidad, y al quinto salían a la plaza todos los que se habían de armar caballeros, acompañados de sus padres y parientes; y hecha reverencia a los ídolos y al Inca, que ya estaban puestos en sus lugares por el orden que queda dicho, pedían al Inca licencia para ir a hacer los sacrificios y ceremonias que en esta fiesta se acostumbraba hacer. Habida la licencia, se partían para el cerro de Guanacauri con el mismo acompañamiento que habían traído de sus deudos. Llevaban delante de toda la gente las insignias reales, que eran un carnero y el estandarte o guion, llamado Sunturpaucar. El carnero era muy blanco, vestido de una camiseta colorada y con unas orejeras de oro, y con el dos mamaconas diputadas para esto con los cantaros de chicha a cuestas; porque tenían ensenado a este carnero a beberla y a comer coca, y decían que significaba el primero de su especie que había salido después del Diluvio, y figurabanle así blanco. Tenían siempre depósitos destos carneros para este efecto, y a este nunca lo mataban, antes, cuando se moría, lo enteraban con solemnidad. Y junto con este carnero iban los aporucos. Cada uno de los mancebos llevaba en la mano izquierda una honda de las que habían prevenido, y en la derecha, una vedija de cabuya, que era su cáñamo. Dormían aquel día al pie del cerro, y el siguiente, al salir del sol, subían a lo alto, donde estaba el templo y guaca, a cuyos ministros entregaban las hondas, los cuales se las volvían otro día, diciéndoles que la guaca se las daba, con que peleasen; y luego sangraban aquellos aporucos de cierta vena que está arriba del brazo derecho, y sin tocar la mano, paraban los muchachos al rostro y untabanse con aquella sangre; y cuando todos lo habían hecho, cerraban las heridas a los carneros y vestianlos con camisetas y orejeras.

Quemaban la ropa y demás cosas que se habían llevado para el sacrificio, juntamente con seis corderos que llevaban del ganado del sol y otros que los muchachos llevaban para este efecto. No mataban luego estos seis corderos, sino sangrabanlos de cierta vena y dejabanlos desangrar, trayendolos alrededor del cerro; y donde caían muertos, allí los quemaban; y antes de matarlos, arrancaban los sacerdotes una poca de lana de cada uno, y repartianla entre los mozos que se armaban caballeros y los principales que los acompañaban; y ellos la soplaban al aire mientras se ofrecía el sacrificio, rogando al ídolo de Guanacauri por la salud y prosperidad del Inca, y que a ellos los favoreciese y tuviese de su mano.

Item, daba el Inca seis orejuelas pequeñas de plata y oro para este sacrificio, las cuales enterraban en la guaca sobredicha. Hecho esto, se volvían con los aporucos e insignias reales del carnero y sunturpaucar, y en una quebrada que está en el camino, sus padres y deudos, quitándoles las hondas que llevaban en las manos, con ellas los azotaban en los brazos y piernas, diciéndoles: “Sed hombres de bien y valientes como nosotros, y recibid esta virtud y gracia que nosotros tenemos, para que nos imitéis”. Luego les tornaban a dar las hondas y hacían un baile cantando, llamado guari; el cual acabado, se venían al Cuzco con el mismo acompañamiento y solemnidad con que habían salido. Llegados a la plaza principal, dicha Aucaypata, hacían reverencia a las guacas, y sus padres y parientes los volvían a azotar con las hondas como antes.

Tras esto, hacia toda la gente que allí se hallaba el dicho taqui o baile llamado guari, tocando unos caracoles grandes de la mar, al cual se seguía el dar los mozos de beber a sus padres y deudos. Acabado el baile y bebida, mataban los sacerdotes con ciertas ceremonias los carneros aporucos, y repartían su carne entre los dichos mancebos, dando a cada uno una pequeña parte, la cual comían cruda, diciendo que con ella recebian fuerza para siempre. Concluido con esto, se iban todos a sus casas y los sacerdotes volvían a sus lugares los ídolos del sol y demás dioses.

Los seis días siguientes no entendían en cosa más que en holgarse en sus casas y los muchachos en descansar de los trabajos pasados y aparejarse para los venideros. A mediado el mes, tornaban a la plaza con sus padres y parientes como la primera vez, y puestos en la presencia del Inca, les daba el sacerdote del sol ciertas vestiduras: camiseta bandeada de colorado y blanco y manta blanca con cordón azul y borla colorada, y los parientes las ojotas dichas de la paja llamada coya. También daba el sacerdote del sol otro vestido colorado y blanco a cada una de las doncellas señaladas para servir en esta fiesta; y toda esta ropa que se debe a los unos y a los otros era de la que se hacía de tributo para la Religión, y por eso la repartía el sacerdote en nombre del sol. Vestidos desta librea los mancebos, tomaban en las manos unos bordones de palma llamados yauri, que en lo alto tenían unas cuchillas de cobre, y algunos de oro, a manera de hacha, de los cuales colgaba una poca de lana, las guaracas o hondas y la paja que arriba dijimos; y teniéndolos derechos como pica, hacían adoración a las guacas y el acatamiento acostumbrado al Inca, y se partían con sus parcialidades y deudos al cerro de Anaguarque, que está cerca del de Guanacauri.

En este acompañamiento iban las doncellas que habían recebido los vestidos, cargadas de unos cantarillos pequeños de chicha, para dar de beber a la gente del, y las insignias reales sobredichas del sunturpaucar y carero vestido, con otros seis oporucos como los de arriba, y hacían con ellos lo mismo, y otros seis corderos pequeños que sacrificaban como en Guanacauri. La razón por que iban a este cerro y adoratorio, era porque se habían de probar en correr, y hacían aquí esta ceremonia, porque contaban que esta guaca quedo tan ligera desde el tiempo del Diluvio, que corría tanto como volara un halcón. Llegados a la dicha guaca, los muchachos ofrecían un poco de lana y los sacerdotes hacían las mismas ceremonias y sacrificios que en el primer cerro.

Tornabanlos a azotar con las hondas los viejos sus parientes, diciéndoles que no fuesen perezosos en el servicio del Inca, avisándoles que serían castigados por ello, y trayéndoles a la memoria la causa por que se hacía aquella solemnidad y las victorias que habían habido los Incas mediante el esfuerzo de sus padres. Lo cual acabado. Se sentaba toda la gente y hacían el taqui llamado guari; y mientras se hacía, estaban en pie los caballeros noveles con sus bordones en las manos, que eran las armas que les daban.

Después del dicho taqui, se levantaban todas las doncellas y bajaban corriendo hasta el pie del cerro, y allí esperaban con sus cantaros de chicha a los mancebos, para darles de beber; a los cuales empezaban a llamar a voces, diciendo: “Venid presto, valientes mancebos, que aquí os estamos esperando.” Y luego ellos se ponían en muchas hileras, unos en pos de otros, y detrás de cada hilera de los dichos mozos otra de hombres mayores, que servían de apadrinarlos, cada uno de los cuales tenía cuenta con el caballero a quien había de ayudar, si se cansase. Delante de todas las hileras se ponía un indio vestido galanamente, y daba una voz, a la cual partían de carrera todos con gran furia, y algunos solían lastimarse pesadamente. Llegados abajo, daban las doncellas de beber primero a los padrinos y después a los ahijados.

Iban también al cerro de Sabaraura, y quemaban otros seis corderos y enterraban otros tantos, y allende desto, cada uno ofrecía lo que llevaba. Tornabanlos a azotar como las otras veces, y de allí volvían al Cuzco, y entrando en la plaza, iban haciendo su humillación a las guacas y al Inca, y sentándose las parcialidades de Hanancuzco y Hurincuzco, cada una aparte, quedándose en pie los caballeros mozos por espacio de un rato, volvían a hacer el dicho baile y cantar guari, y tornaban a azotarlos por la forma dicha. Ya que era hora de recogerse, se iba el Inca a su palacio acompañado de la gente cortesana, y los caballeros mancebos, con el mismo acompañamiento que antes, se partían para el cerro de Yavira, que está en derecho de Carmenga, donde ofrecían el sacrificio que en los otros y recebian las guaras, que eran sus zaraguelles o panetes, los cuales no se podían poner hasta aquel tiempo y con aquellas ceremonias. Ponianles también ciertas celadas en las cabezas, y de parte del Inca les daban unas orejeras de oro, que se ataban a las orejas, diademas de pluma y patenas de plata y de oro, que se colgaban del cuello; lo cual acabado, hacían otra vez el baile dicho y azotaban a los mancebos; con que daban la vuelta para el Cuzco, y entrando en la plaza, hacían la reverencia acostumbrada a los guacas.

Después de todas las ceremonias dichas, iban estos caballeros a bañarse a una fuente llamada Calispuquiu, que está detrás de la fortaleza, casi una milla de la ciudad, y vueltos a la plaza, les ofrecían dones sus parientes, comenzando el tío más principal, que daba a su sobrino una rodela, una honda y una maza con que pelease en la guerra, y tras él le iban ofreciendo los demás parientes; con que siempre venía a quedar remediado y rico el que se armaba caballero. Dabale cada uno de los que ofrecían un azote, y le hacía una breve platica, aconsejándole que fuese valiente y leal al Inca y tuviese gran cuenta con el culto y veneración de las guacas.

Cuando se armaba caballero el príncipe que había de suceder en el reino, le
hacían grandes y ricas ofrendas todos los caciques principales que se hallaban presentes en toda la tierra. Rematabase la solemnidad de este día con cierto sacrificio que hacían a las guacas. A los últimos días del mes, sacaban a los dichos nuevos caballeros a las chacaras y les horadaban las orejas, que era la postrera ceremonia que con ellos hacían en armarlos caballeros.

Por fin y remate deste mes y fiesta, se juntaba todo el pueblo en la plaza a un regocijo y baile que llamaban Aucayo. Hacían para el gran cantidad de bollos de harina de maíz amasada con sangre de los carneros que aquel día sacrificaban en cierta forma y con particular solemnidad, y mandaban entrar en la ciudad a la gente forastera que estaba detenida de todas las provincias del Perú. Puestos, pues, en sus lugares por su orden los ministros destos sacrificios, que eran del ayllu y linaje de Tarpuntay, daban a cada uno de los presentes un bocado de aquellos bollos, diciéndolos que comiesen aquel manjar que les daba el sol para contentarlos, y que no dijesen que no tenía cuenta con ellos, como con los demás que habían hecho aquella fiesta.

Sacaban estos bollos en unos platos grandes de plata y oro de vajilla del sol, que estaban dedicados para esto, y todos los recibían agradeciéndolo mucho al sol con palabras y ademanes. En habiéndolos comido, les decían los sacerdotes: “Esto que os han dado es manjar del sol, y ha de estar en vuestros cuerpos por testigo, si en algún tiempo dijieredes mal del o del Inca, para manifestarlo y que seáis castigados por ello.” Y ellos prometían que no lo harían en su vida, y que debajo desta condición recibían aquella comida. Gastaban en estos bailes algunos días, bebiendo siempre sin descansar.

Hacían el son con cuatro tambores grandes del sol, y cada tambor tocaban cuatro indios principales vestidos de muy particular librea, con camisetas coloradas hasta los pies con rapacejos blancos y colorados; encima se ponían unas pieles de leones desollados enteros y las cabezas vacías, en las cuales les tenían puestas unas patenas, zarcillos en las orejas, y en lugar de sus dientes naturales, otros del mismo tamaño y forma, con alforjas en las manos, lo cual todo era de oro. Ponianselas de manera que la cabeza y cuello del león les sobrepujaban sobre sus cabezas, y el cuerpo les caía en las espaldas; y estos, para empezar el baile, sacrificaban dos corderos, entregándolos a cuatro viejos deputados para esto, que los ofrecían con mil ceremonias.

Esto concluido, traían del ganado del Inca treinta carneros, y repartianlos en los que tenían cargo de los sacrificios; a los cuales mandaba el Inca que los sacrificasen en su nombre a todas las guacas del Cuzco; y así se repartían entre ellos con treinta piezas de ropa. Allende lo cual tomaban treinta haces de leña labrada y, vestidos como hombres y mujeres, los quemaban y ofrecían al sol, por la fuerza de los que se habían horadado las orejas y porque viesen muchos días como aquellos.

El postrero día del mes iban a la plaza del cerro de Puquin, llevando dos carneros grandes, uno de plata y otro de oro, seis corderos y otros tantos aporucos vestidos, con seis corderos de oro y plata, conchas de la mar, treinta carneros blancos y otras tantas piezas de ropa, y lo quemaban todo en el dicho cerro, excepto las figuras de oro y plata. Y con esto se daba fin a la fiesta de Capac-Raymi, que era la más grave y solemne de todo el año. Era de tanta estimación y honra entre esta gente el horadarse las orejas, que si acaso se le rompían a alguno al tiempo de horadárselas, o después, lo tenían por muy desdichado; y tenían puesto su mayor cuidado en que los horados fuesen muy grandes; y para que fuesen dando de si y haciéndose mayores, metían en ellos unos hilos de algodón, y cada día los iban poniendo más gruesos, con que venían a crecer tanto los horados, que traían encajados en ellos por zarcillos unos rodetes mayor cada uno que un real de a ocho.

Esta y otras narraciones de la ceremonia, refieren que los jóvenes para ser iniciados, eran recibidos por todos los dioses, presidido por Viracocha, al que acompañaba el sol y los otros dioses. Esto no deja duda del conocimiento iniciático que tenían los incas, la planificación de la ceremonia y la pulcritud de los participantes, muestran lo refinado y solemne de los actos, que conforme va evolucionando el conjunto de eventos, van integrándose a ella nuevos elementos y personajes, así como el cambio de la vestimenta y el acto de horadar las orejas, los transformaban en su subconsciente como únicos y diferentes.

Cuando llegaron los españoles y se contactaron con el inca, notaron que este y sus acompañantes tenían unos rodetes en los lóbulos de las orejas, por ello los llamaron “orejones” sin entender porque este grupo de hombres los tenían, mientras el común de los habitantes no.

Los orejones preferían morir en las batallas antes que rendirse, por el compromiso juramentado que habían contraído con el dios supremo Viracocha, el creador del mundo, padre del sol y la luna, cuyos hijos, los incas gobernaban en su representación al imperio. Esta ceremonia prolongada impregnaba en el subconsciente del iniciado, el convencimiento de que era un hombre diferente y superior al común de los hombres, la misma que se expresaba en forma simbólica e iniciática por las camisetas coloradas que vestían hasta los pies con rapacejos blancos y colorados; encima del cual se ponían pieles de leones (Uturuncu) desollados enteros y las cabezas vacías, en las cuales les tenían puestas unas patenas, zarcillos en las orejas, y en lugar de sus dientes naturales, otros del mismo tamaño y forma, con alforjas en las manos, lo cual todo era de oro. Los vestían de tal manera que la cabeza y cuello del león les sobrepujaban sobre sus cabezas, y el cuerpo les caía en las espaldas

Estos iniciados vivían su esoterismo en un mundo iniciático, al que ingresaban en el solsticio de verano (Diciembre) y salían por la puerta por donde salen los dioses renacidos, cuyo umbral se hallaba en el solsticio de invierno (Junio). Este ingreso y salida lo hacían en forma simbólica cada vez que se reunían.

La puerta de salida del mundo cósmico, que iniciáticamente el umbral era el solsticio de invierno, en el imperio de los incas se realizaba la fiesta del Inti Raymi, la fiesta del dios Sol, el hijo del creador del mundo Viracocha, que era enviado a la tierra para renovarla en un ciclo anual permanente, tal como lo había realizado Viracocha al inicio, cuando creó el mundo, creo al sol y la luna y finalmente al hombre (runa).

La fiesta del Inti Raymi, se hacía, cuando se abría la puerta de salida del mundo iniciático inca, para que surja el dios Sol, para perennizar su llegada y permanencia cíclica eterna en este mundo, con el cual se renovaba en forma iniciática el periodo de las cuatro estaciones del año. La solemnidad iniciática de esta fiesta, era tal, que solo lo hacían el Inca y los varones del ayllu de sangre real, y no entraban en ella ni sus propias mujeres, que se quedaban fuera en un patio. Les daban de beber las mamaconas mujeres del sol, y todos los vasos en que comían y bebían eran de oro.

Ofrecían a las estatuas de los dioses, de parte de los Incas treinta carneros: diez a la del Viracocha, otros diez a la del sol y otros diez a la del trueno; y treinta piezas de ropa de cumbi muy pintada. En el Cerro Manturcalla, donde se celebraba esta fiesta, se hacían gran cantidad de estatuas de leña de quishuar, labrada, y vestidas de ropas ricas; estas estaban allí desde el principio de la fiesta, al fin de la cual les ponía fuego y las quemaban, junto a seis aporucos que acompañaban. Las cenizas y restos de huesos se recogían y regaban en un llano cerca del cerro a donde solo podían ingresar los que lo llevaban. Luego del cual se bebía y comía en la plaza de la ciudad del Cuzco hasta que anochecía y el Inca se recogía en su casa y todos se marchaban a la suya.

Si quisiéramos hacer comparación de esta festividad con respecto a la fiesta del hemisferio norte, diremos que el 24 de junio nacía en forma simbólica el dios Sol, en el hemisferio sur, mientras en el hemisferio norte los dioses nacían el 25 de diciembre.

Para los iniciados Incas lo que era la puerta de salida en el hemisferio norte, era la puerta de entrada. Y lo que era la puerta de entrada en el hemisferio norte, era la puerta de salida.

Hace muchos años, escuche a mi abuelo decir con mucho orgullo: Los conquistadores europeos que llegaron a América son los descendientes de Adán y Eva, aquellos que fueron expulsados del Jardín del Edén. Nosotros somos descendientes directos de Viracocha y de sus hijos El Sol y la Luna. A nosotros nadie nos expulsó del Jardín del edén, ¡Aún vivimos en él!

Retomando el pensamiento judeo cristiano, la Iniciación[2] existe porque el hombre perdió el Paraíso y desea volver a él. Esta pérdida del Paraíso ha sido denominada de maneras distintas en las culturas del viejo medio oriente y Europa, siendo la denominación más familiar: La Caída del Hombre.

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Los hebreos autores del génesis bíblico, no supieron ofrecer una interpretación ni descripción simbólica adecuada de dicho acontecimiento, solo esbozaron ese infausto “acontecimiento histórico”, centrando la atención a los acontecimientos que suceden tras la muerte del hombre, pero no consideraron lo qué sucedió antes del nacimiento.

El hombre, instintivamente, teme el más allá: lo que primero viene a su imaginación son los infiernos y no el paraíso. Un calco de la vida presente, una especie de sueño donde desaparece todo aquello que da a la existencia su relieve y su sabor, un reino de las sombras poblado de fantasmas errantes sin alegría. Un lugar donde hay tormentos, gobernado por un “ente” castigador, que administra ese lugar lúgubre hasta más no poder. Así le pusieron diversos nombres a este castigador: Satanás, lucifer, diablo, el ángel caído, y un largo etc.

"Los incas creían en la resurrección universal sin imaginar penas ni gloria, sino una vida similar a la que tenemos aquí, porque su espíritu no se elevaba más allá de esta vida presente”.

Para ellos, la descendencia equivale prácticamente a la inmortalidad[3]: los muertos viven en los que continúan en la vida amándolos y alimentándose de ellos; la cadena vital que hace vivos a los muertos funciona por el amor:

"El muerto vive en el arrullo de quien le ama, desde cuyos ojos seguirá admirando la luz, desde esos ojos podrá llorar… Y esto en un espacio sin tiempo, en estancia sin principio ni fin". Esta filosofía estaba presente en el respeto, manutención y adoración de las momias de sus antepasados, quienes después de muertos habitaban en el Uku Pacha, que era regido por el Supay, una divinidad ambivalente, muy distinta al diablo de los conquistadores y de su religión judeo cristiana.

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Dibujo de Guamán Poma de Ayala en el que representa el mapa del espacio tiempo andino se puede ver el “mayu”, la vía láctea y el ciclo del agua y la energía, recorrido del sol y la luna desde el Titicaca hasta el mar. La Yaq’ana orina sobre la tierra y el arco iris hace circular la energía.

El Sol cuando nace en el oriente (este), surge del Uku Pacha y se eleva al Hanan Pacha donde permanece durante el día vitalizando el Kay Pacha, y al término del día se dirige al poniente (oeste), nuevamente al Uku Pacha. Es decir el eterno nacer y morir del dios Sol, es semejanza al nacer y morir del hombre. El Sol permanece ausente del Hanan Pacha, que es velada por su esposa la Luna, mientras su existencia transcurre en un mundo que no era tenebroso, donde están todos los muertos, que renacerán conforme a los designios de sus dioses. Su permanencia en el inframundo estaba regido por el Supay y la Pacha mama (madre tierra) necesita de la ayuda del dios Inti (Sol), Quilla (Luna), Lluvia (Kon) y otros para lograr el milagro de la vida y su desarrollo cíclico del mundo, todo ello supeditado a la voluntad de Viracocha el creador del mundo y su hijo el Sol, quienes gobernaban el mundo a través del Inca que vivía en el ombligo del mundo el Cuzco. Por esta razón todos estos dioses vivían en armonía, y los hombres imitándolos hacían lo mismo.

Aún a riesgo de sesgar nuestro punto de vista, debemos decir que no todas las religiones pintan a sus deidades con el halo de omnisciencia (saberlo todo) e inmortalidad que otorga el cristianismo a su dios. Si bien los dioses mesopotámicos (3,700 a.C.) eran invisibles a los ojos humanos, eran antropomorfos, y también tenían necesidades humanas, como lo indican sus representaciones. Ellos habitaron este mundo mucho antes que los seres humanos, practicaban la minería, agricultura y construyeron los sistemas de riego para cubrir sus necesidades. Tuvieron entonces que trabajar en la construcción y mantenimiento de los canales de agua, en la siembra y en la cosecha de sus productos. Salvo los dioses principales -que no pasaban de cuatro: Anu, Enlil, Enki y Ninnusarg-, todas las divinidades cumplieron tales tareas. La humanidad, entonces, fue creada por ellos para servirlos y evitarles la rudeza del trabajo. Así narra las tablillas sumerias.

Los egipcios e hindúes también en forma similar narran de sus dioses que convivieron con el hombre, sea como su rey, sea como su dios, o peleando guerras entre ellos, donde los vencidos cual humano eran eliminados o desterrados. Algunos de estos dioses ampararon al hombre y se enemistaron de sus congéneres, otros simplemente usaban al hombre para su servicio.

Esta percepción de lo divino es ajena al Cristianismo y a otras religiones que tienen como patriarca a Abraham. Esta manera de comprender el universo y lo sobrenatural, en Mesopotamia, India y Egipto, no hacía insalvable al hombre su divinización, al menos para la clase dirigente. Un conquistador extranjero podía ser aceptado como gobernante divino o semidivino si en la relación con sus súbditos manejaba, al menos, los elementos simbólicos que habían usado sus predecesores. En Egipto funcionaron como faraones el persa Cambises y el griego Alejandro Magno.

Los incas y aztecas, dicen que llegaron sus dioses, que vivieron con ellos enseñándoles la agricultura, ganadería, el arte de construir y otros aspectos de sus culturas, al término de ello, partieron con la promesa de volver. Por esta razón cuando llegaron los conquistadores españoles, los incas y aztecas que esperaban el retorno de sus dioses que había sido prometido, los confundieron, así los incas consideraban que era el retorno de Viracocha[4] y los aztecas el retorno de Quetzalcóatl[5].

Ni aztecas ni incas comprendieron en un principio, la distancia insalvable con los españoles, ni pudieron entender que los conquistadores eran a la vez soldados y misioneros de una fe religiosa, de una religión que los hacía, incluso a ellos mismos, pecadores por el solo hecho de haber nacido (pecado original por ser descendientes de Adán y Eva). Eso fue y es aún difícil de comprender, no había salvación terrena o divina fuera de la Iglesia Católica. Todos los habitantes de América estaban en las filas de los enemigos de Dios, por el solo hecho de haber nacido o vivido antes de la llegada de Colón. Este era un continente donde la relación con sus semejantes convertía al hombre en culpable, “por haber nacido en el nuevo mundo”.

El cristianismo español no hizo concesiones y apoyó sin reparos la construcción de un estado, convirtiéndose en su sostén ideológico. Los espacios de respiro a las religiones no cristianas solo existieron cuando la magnitud del territorio y el volumen incluso decreciente de los indígenas hacían imposible que se cumpliese la compulsiva labor misionera. El comportamiento de los oficiales de la iglesia cristiana se nutría también de varios factores: el más visible era la condición de ser parte de la hueste conquistadora y tener, por lo tanto, derecho a imponer condiciones. Había también razones jurídicas: una bula papal daba legalidad al ejército de ocupación e imponía como condición la conversión al catolicismo de los reyes derrotados y de todos sus súbditos. Esta convicción de ajustarse a la ley hizo pensar, incluso a los historiadores modernos, que el lenguaje jurídico era expresión de la realidad; por eso tenemos millares de publicaciones que describen la jurisprudencia como correlato preciso del funcionamiento de instituciones y personas.

Las panacas (familias nobles descendientes de los Incas) cuzqueñas vacilaron entre una adaptación humillante, pero conveniente, y una revolución libertadora que restaurase sus privilegios. Desde 1,569 los nietos de los Incas reclamaban sus derechos siguiendo las reglas de la legalidad europea. Fue así que "se presentaron ante el Licenciado Juan de Ayllón para solicitar que se recibiera una información probando su ascendencia real y las conquistas de Tupac Yupanqui".

Estos nobles habían asumido su condición de soberanos en desgracia y reclamaban, al menos, parte de las ventajas que se otorgaban a los nobles de España en situaciones parecidas. Para hacerlo debió descartar su propio universo religioso, por lo menos en lo que se refiere a la vida pública, y dar muestras de ser buenos cristianos. Esto significaba dar importantes donativos a las iglesias locales e inclusive retratos suyos y de su familia adorando al dios español.

Pero no todos los nobles incas se comportaron así, Manco Inca, hijo de Huayna Capac y Mama Runtu, permaneció en la mítica Vilcabamba (ubicada en lo que hoy es Espíritu Pampa por algunos estudiosos) hasta su muerte en 1,554. Sus hijos más notorios, Sayri Tupac, Tupac Amaru y Titu Cussi Yupanqui, ocuparon su lugar en muy distintos momentos liderando lo que se ha llamado resistencia incaica. No sabemos mucho acerca de la vida al interior de Vilcabamba, incluso su ubicación exacta todavía es debatida. En verdad las estrategias de los Incas mencionados variaron notablemente, desde la confrontación abierta hasta varios acuerdos con las autoridades de la Colonia medianamente cumplidos.

Todo acabó cuando el virrey Toledo ordenó el exterminio de lo que consideró un foco de subversión, más por lo que podía representar frente a los antiguos seguidores de los Incas que por la amenaza concreta que significaban. Lo importante es que al mismo tiempo que la nobleza vencida asumía la rebeldía como bandera, otro grupo -no menos visible en su liderazgo- prefería jugar la carta de la legalidad europea y por lo tanto renunciaba a sus dioses para obtener magros pero reales beneficios.

Estos eran los caminos de los descendientes de las panacas reales, nacidos en su mayoría en el Cuzco. Muchos de ellos fueron conscientes del poder de la escritura (la legal y la sagrada), y se rodearon de traductores y asesores, incluso españoles, para medir y acrecentar sus bienes y sus ambiciones. Todo esto nos indica que los rebeldes, o sumisos, de la clase dirigente incaica ya eran conscientes de que la presencia europea era inevitable y aun en rebeldía había que pactar con ella.

El virrey Toledo cambió esta línea de negociaciones al invadir Vilcabamba y redujo a los incas sumisos a la lista de los muchos -españoles, criollos, mestizos o indígenas- que clamaban mercedes por méritos a la Corona. Ninguno de estos esfuerzos o gestos militares o cortesanos eran accesibles a los tributarios. Sus jefes locales o curacas vivían tratando de mantener el complicado equilibrio de ser funcionarios coloniales y esquilmar a su propia gente al tiempo que los protegían escondiendo a un grupo de ellos y declarando cifras falsas de tributarios y contribuciones. El juego era peligroso, ni el corregidor de indios ni el doctrinero confiaban en él y en ocasiones las nacientes autoridades indígenas paralelas a su mando, como envarados y alcaldes, le hicieron la vida imposible. A veces los propios indígenas delataban su siempre compleja red de arreglos ilegales.

Luego de la Conquista, ser curaca era invariablemente el resultado de una negociación. Cuando de quebró el orden impuesto por la guerra de los encomenderos, se aceleró las migraciones internas: mitimaes y yanaconas debieron optar por volver a sus lugares de origen o permanecer en donde residían, pero sobre la base de necesidades inmediatas o premuras bélicas. Sobre esta complicada e impredecible movilidad espacial era muy difícil constituir una autoridad que negociase con los invasores, si esto se lograba poco importaba si su poder tenía el sustento incaico o colonial o era el fruto de una improvisación afortunada. La supervivencia no dejaba espacio a reflexiones elaboradas.

Había que crear o reforzar lealtades. Como las bases en que se movía la ética o moral de los europeos -cuyas actitudes tropezaban abiertamente con su prédica- eran incomprensibles, las alianzas entre los curacas y sus súbditos tenían que asentarse en lo que aún hoy se llama "la costumbre"; es decir, la milenaria escala de valores andinos que bajo la presión de las circunstancias iba construyendo lo que en un par de siglos más – hacia el final del virreinato – sería el eje de la religión andina contemporánea.

Antes de la llegada de los europeos, los sacerdotes y los iniciados (El Inca, los hijos de la clase noble y escogidos) simbólicamente marcaron las puertas de ingreso y salida de su mundo iniciático, en los solsticios, al igual que otras culturas ancestrales del mundo.

El dios que regía este mundo del uku pacha era el Supay, Saqra, China, Tew, Tío o como quiera denominársele, no era un dios odiado o repudiado, aunque si inspiraba temor, se podía tratar con él para obtener favores mediante un pago u ofrenda que se hacía en un ritual o suerte de misa denominada la “mesada”[6] donde entregaba licor (chicha fermentada), hojas de coca escogidas (quintos), llampu (piedra caliza), tejidos, mullu (concha de abanico), semillas y otros. Esta forma de trato entre los dioses y el hombre también fue practicado por los sumerios y egipcios, antes que los caralinos difundieran su práctica por el mundo andino.

[1] El aporuco era un carnero blanco, que criaban para que participe en sus ceremonias, a este nunca lo mataban, en ocasiones le sacaban sangre de su brazo para sus ceremonias. Es menester decir que los incas no conocieron el carnero u ovino, los españoles llamaron carneros a las llamas y alpacas de fibra larga, que tienen una apariencia de carnero.

[2] El bautismo es una forma de iniciación religiosa.

[3] La ciencia actual ha demostrado que en nuestros genes, se mantiene los códigos genéticos de nuestros antepasados u ancestros. ¿Sabían de esto los Incas? Y por esta razón cuidaban de sus ancestros momificados, o es una simple coincidencia.

[4] La profecía del retorno de Viracocha fue anunciado por el Inca Huayna Capac. En su lecho de muerte, que se dirigió a sus sacerdotes y funcionarios de la siguiente manera:
"Nuestro padre el sol me ha revelado que después de un reinado de doce Incas, de sus propios hijos, aparecerán en nuestro país una raza desconocida de hombres que sepultará nuestro imperio. Ellos, sin duda, pertenecen a las personas cuyos mensajeros han aparecido en nuestra orilla. Asegúrense de ella, estos extranjeros llegarán a este país a cumplir la profecía."

[5] El retorno de Quetzalcóatl fue anunciado a Moctezuma de la siguiente manera:
Señor y rey nuestro, es verdad que han venido no sé qué gentes y han llegado a las orillas de la gran mar […] y las carnes de ellos muy blancas, más que nuestras carnes, excepto que todos los más tienen barba larga y el cabello hasta la oreja les da. Moctezuma estaba cabizbajo, que no habló cosa ninguna, y se creyó que éste era el dios Quetzalcóatl. Como oyó la nueva, Moctezuma despachó gente para el recibimiento de Quetzalcóatl, porque pensó que era el que venía, porque cada día le estaba esperando, y como tenía relación que Quetzalcóatl había ido por la mar hacia el oriente, y los navíos venían de hacia el oriente, por esto pensaron que era él…
Muchos presagios funestos se habían presentado en aquellos días, y esto mantenía pensativo a Moctezuma. El tlatoani de Tenochtitlan se apresura a enviarle a Cortés varios obsequios, como los atavíos de algunos dioses, entre ellos los de Quetzalcóatl. Según fray Bernardino de Sahagún, las palabras de Moctezuma fueron:
Mirad que me han dicho que ha llegado nuestro señor Quetzalcóatl. Id y recibidle […] Veis aquí estas joyas que le presentéis de mi parte, que son todos los atavíos sacerdotales que a él le convienen…

[6] Literalmente es una mesa servida para ofrecer ofrendas, que se hace en el suelo, colocando una manta y sobre ella las ofrendas para el dios o las divinidades ancestrales.

El Supay o Diablo andino, es un dios originario de las mitologías quechua, aimara e inca, puede ser malo o bueno. Es un ser que habita en las profundidades de la tierra y el inframundo de los muertos (Uku Pacha).

El Zupay es una figura ambivalente, definida por el sincretismo de la cultura cristiana como el diablo, pero que también es adorado como señor de las profundidades, el dios de las explotaciones mineras. A diferencia de lo que sucede con el Diablo cristiano, "el inca no repudiaba al Supay sino que temiéndole, lo invocaba y rendía culto para evitar que le hiciera daño.

Esta expresión de “cariño-respeto” se mantiene latente aún hoy, en el Perú y Bolivia en la fiesta de la “diablada” que se festeja en los carnavales de la Meseta del Collao, donde los diablos y las diablas, así como un conjunto de variados personajes mezcla de la cultura hispana y andina expresan la lucha entre en bien y el mal en un sincretismo único y posiblemente hasta absurdo para algunos católicos, por igual en esta se encuentra a los ángeles, los diablos y los humanos en algarabía sin precedentes, departiendo amistosamente. Esta festividad que mantiene viejas tradiciones, absorbió las nuevas que llegaron, para evitar ser perseguidos, y continuar con su tradiciones disfrazada de catolicismo, actualmente es el Patrimonio Inmaterial de la Comunidad Andina.

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En esta zona de la “diablada”, los Tiahuanaco tienen la llamada “Puerta de la Luna”, la misma que originalmente se ubicaba a la entrada del cementerio, que simbólicamente es la puerta de ingreso al uku pacha o “puerta de los hombres” y otra llamada la “Puerta del Sol” que simbólicamente es la “puerta de los dioses” y en ella esta retratado el dios Viracocha que bendice la salida de su hijo el dios Inti (Sol) al Hanan Pacha cuyos rayos divinos bendecirá el kay pacha donde gobernó el Inca en representación de ellos.

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Puerta de la Luna – Puerta de los Hombres.

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Puerta del Sol – Puerta de los Dioses.

Otra manera de llamar al demonio es el Saqra que en quechua significa; travieso, saltarín, alegre y bromista. Durante la festividad de la Virgen del Carmen, los saqras simbolizan al personaje que con hábiles y entretenidos movimientos en la ejecución de su coreografía alegran la fiesta y realizan la acción de la tentación a la Virgen del Carmen desde los balcones y techos de las casas durante las procesiones. Es debido a la fusión cultural entre la religión católica y la religión andina que surgen diversas formas de interpretación al demonio, aunque el concepto no fue ni es entendido a cabalidad por la cultura andina, la representación de Lucifer se atribuye a los saqras aunque algunos dicen que lo más cercano a este concepto debía ser la palabra supay. La danza representa una versión humanizada, parodiada y humorística del diablo de acuerdo a la concepción mestiza acerca del demonio. En suma el diablo encarnación del mal para el mundo europeo y oriental, no lo es para el mundo sudamericano ya que es un ente ambivalente que puede comportarse bien o mal conforme a las circunstancias.

Aún pervive otra expresión iniciática andina entre el Supay y el Runa en la ceremonia que realizan los Danzantes de Tijera (Supay Huasin Tusuj = El danzante de la casa del diablo) de Huancavelica, Ayacucho y Apurímac, antes de realizar sus acrobáticos enfrentamientos entre ellos, que el observador inmediatamente considera que esta poseído por el diablo.

Según los sacerdotes de la colonia, su lado mágico obedece a un pacto con el diablo, debido a las sorprendentes pruebas que ejecutan en la danza. Estas pruebas se denominan Atipanacuy. El instrumento central de la danza son las tijeras elaborados de dos placas independientes de metal de aproximadamente 25cm de largo y que juntas tiene la forma de un par de Tijeras de punta roma.

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Los poseídos danzan sin fatigarse, realizando actos inverosímiles parados sobre las puntas de los pies o de los talones, introduciéndose una serie de objetos punzo cortantes en la boca y fosas nasales, clavándose espinas en el cuerpo, o tragándose sapos y culebras literalmente, introduciéndose clavos y otros objetos metálicos bajo la piel, para luego amarrar a ello objetos y arrastrarlos, o coger objetos pesado con los dientes e incluso personas para hacerlos girar a su alrededor, mientras van produciendo música con una tijera y los dedos de su mano, acompañados por un arpa y violín, mientras son observados por una concurrencia absorta y sorprendida. Ellos dicen que ser un “Dansaq” (danzante) es un acto de fe (sobra el comentario sobre la fe y al personaje al que se refieren).

Los danzantes de tijeras descienden de los "tusuq laykas" que eran sacerdotes, adivinos, brujos y curanderos prehispánicos, quienes durante la colonia fueron perseguidos durante la extirpación de las idolatrías, para asesinarlos e implantar su fe religiosa cristiana, en esta etapa colonial se les llamo "supaypa wawan" (hijo del diablo) y fueron perseguidos cruelmente con bendición de la iglesia cristiana y para evitar su muerte se refugiaron en las zonas más altas e inaccesibles. Con el paso del tiempo, los colonizadores al no poder eliminarlos del todo, aceptaron que volvieran, condicionándoles a danzar para sus santos y al dios cristiano.

Durante la colonia la danza es influenciada por los trajes de luces españoles. Existen evidencias documentales de que en el año 1,600 la danza de las tijeras ya era practicada extensamente.

Actualmente es una danza ritual y mágico-religiosa que representa a través de sus coreografías a los espíritus de la pachamama, yacumama, hanan pacha, uku pacha y otros wamanis.

Si bien es posible apreciar en la danza de las tijeras rezagos de un ritual mágico-religioso, en sus ceremonias iniciáticas pervive toda su magia y religiosidad andina. La participación en las ceremonias iniciáticas de los nuevos danzantes, así como en la bendición y pago al Supay, es solo para los danzantes y sus músicos, presididos por un brujo o curandero (Alto misayocc) que realiza una mesada para el Supay, quién bendecirá al nuevo iniciado y le proporcionará energía inagotable para la danza. Si el danzante quiere fuerza sobre humana hace un pacto con el Supay y entrega su alma como pago, para que more en el uku pacha al servicio del Supay cuando deje este mundo (kay pacha). Los quechuas y aimaras no aceptaron la imposición de la religión cristiana de los conquistadores, mantuvieron la suya, sincretizando la fe del conquistador en la fe del hombre andino.

Otros estudiosos están convencidos que no hay tal sincretismo de lo andino con lo cristiano. La danza de tijeras es una muestra de ello, que es netamente andino, es el último reducto puro de la religiosidad inca y su esoterismo iniciático.

Antes de la llegada de los europeos las ceremonias de purificación incluían un baile, o bien la danza denunciaba la necesidad de los ritos para calmar la crisis de los enfermos. No son claros los documentos, en todo caso se llamaba taki onqoy o sara onqoy, que estaba ligado a los confesores andinos, llamados para calmar la enfermedad (onqoy). En algunas partes esta enfermedad de baile que llaman taki onqoy, o sara onqoy, era atendido por los hechiceros, que eran llamados o van a ellos para que hagan mil supersticiones y hechicerías, practican la idolatría, y se confiesan con los hechiceros y practican otras ceremonias.

Fiesta, baile y canto están ligados también a la expiación o limpieza a partir de lo que en la Colonia se vio como actividad de "confesores" indígenas y quizá en lo que hoy es todavía materia a ser tratada por un maestro curandero. El taki onqoy como actividad terapéutica pervive como tal.

En 1,585 predicadores indígenas sermoneaban a su arrepentida audiencia acerca del abandono del ritual que sufrían las huacas, nombre genérico con que se denominaba a toda manifestación religiosa indígena y sobre todo a los dioses prehispánicos. Las huacas exigían la recomposición de su culto y el olvido de su ritual explicaba la presencia de estos males. Es interesante que las voces se alzaran en lugares de importancia precolombina, al menos dos de ellos tienen antecedentes de cultos no cristianos: Huaquirca (Antabamba, Apurímac), zona cubierta de andenes que recuerdan a Pisac, no muy lejos de la cueva de Alhuanzo decorada con dibujos rupestres. El otro espacio de predicación fue Vilcashuamán cuya importancia no necesita mayor explicación; no en vano los incas lo usaron como nuevo centro administrativo, eran tierras que habían pertenecido al dominio Wari y a los chancas.

Los documentos llaman moro oncoy (muru onqoy) a la epidemia que dejaba manchas sobre la piel de los enfermos, calificada en términos generales como "viruelas" por los europeos. No fue esta la primera plaga que azotó a los nativos, víctimas del contagio europeo desde los tiempos de Huayna Capac. Es importante resaltar que los hechiceros a esta enfermedad lo asociaban con la presencia de los invasores. El ritual para curar comprendía ofrendas a la deidad andina, que indicaba la vigencia de antiguos ceremoniales, como parte del rechazo o asimilación del adoctrinamiento cristiano.

Las fechas cronológicas de la reacción indígena por el muru onqoy nos hablan de su conexión ideológica con el movimiento mesiánico del taki onqoy y, al mismo tiempo, reflejan el carácter mestizo de ambas conductas. Si este último tenía sus raíces indígenas en un ritual preestablecido ante la amenaza de las plagas es algo que tiene sentido, aunque falte documentación para probarlo. Lo importante es que en 1,565, cuando se descubrió el movimiento, la expectativa mesiánica había rebasado los límites del ritual de curación. Los predicadores y conversos habían elaborado un cuidadoso discurso que explicaba la relación de Cristo y España contra la que se alzaban victoriosos los Dioses Andinos y los Taqui Ongos, como los llaman las crónicas y otros documentos.

A inicios de la década de 1,560 la situación era similar en la Nueva España: los mayas del estado de Yucatán llevaron a cabo un levantamiento que tuvo como protagonistas a indígenas que ya habían sido educados en parroquias católicas. Su líder, Pablo Be, atacaba a la Iglesia Católica en sus bases negando la validez del bautismo y, en general, la prédica misionera. El verdadero dios Hunab Ku se comunicaba con él en éxtasis shamánicos de los que regresaba para incitar la rebelión contra los cristianos. Al norte de México otros movimientos anunciaron el retorno de sus antepasados, sus profetas: Tenamaxtle, conocido como Diego el zacateco, y Francisco Aguilar, cacique de Nochistlán, llevaron a cabo una rebelión anticristiana. Anunciaban a sus seguidores que renunciando a las enseñanzas de los sacerdotes católicos y siguiéndolos a ellos volverían a ser jóvenes y tendrían varias esposas, no solamente una, y además que si llegaban a envejecer volverían a procrear. El dios Tecoroli (o Tlatol) viajaría a donde hubiese cristianos para matarlos a todos.

Los andinos quedaron a la espera de una señal divina que les dijera que efectivamente todas las iglesias y capillas del reino, habían sido derrotado y quemado, que habían resucitado todas las huacas. Esta señal partiría de Pachacamac, y la otra de la huaca del Titicaca; que todas andaban por el aire, ordenando dar batalla al Dios cristiano, y vencerle.

Que cuando el marqués (Francisco Pizarro) entró en esta tierra, había su Dios vencido a las huacas, y los españoles a los indios; empero que ahora, daba la vuelta el mundo; y que los españoles y su dios quedaban vencidos esta vez, y todos los españoles muertos, y las ciudades de ellos anegadas; que la mar había de crecer, y los habría de ahogar, para que de ellos no hubiese memoria.

No se conserva la prédica en quechua o aimara de los profetas andinos; sin embargo, en la versión hispana la frase "daba la vuelta el mundo", pudo ser la traducción aproximada de pachakuti, concepto de significado complejo que fue traducido por González Holguín como "El fin del mundo, o grande destrucción, pestilencia, ruina, o pérdida, o daño común". En aimara tenemos una traducción similar: "Tiempo de guerra”. Y también lo toman para significar el “juicio final".

El mal ya no era remediable, se necesitaba otro pachakuti para recrear el universo que tampoco sería copia del prehispánico sino el producto de una destrucción. Con los restos de todo lo existente, lo antiguo y lo moderno, lo indígena y lo europeo, habría que construir una nueva sociedad.

La guerra a la que alude había desatado todo su furor y los escuadrones andinos, comandados por Pachacamac y Titicaca, estaban derrotando al dios cristiano. No es la primera vez que en el surgimiento de una religión se alude a la figura simbólica de un combate. En el Eluma elish de los babilonios, Marduk, el nuevo campeón de los dioses derrota a la diosa Tiamat o el triunfo de Horus sobre Seth en el Egipto.

En el taki onqoy la guerra se explicaba como la revancha de una derrota anterior, se enfrentaban nuevamente los dioses creadores de ambos bandos: los resucitados comandados por Pachacamac (Viracocha), el dios oracular del valle de Lurín y en general de la costa del Pacífico, y Titicaca, la pacarina u origen de los seres vivientes ubicada en el Collao, en la sierra sur del Perú y Bolivia. Al frente estaba el dios cristiano "que había hecho a los españoles”.

Esta confrontación se había dado porque las huacas habían recobrado sus fuerzas gracias a la renovación del ritual. Como en casi todas las religiones la energía de los dioses se sustentaba en la constancia con que los fieles mantenían la vida ceremonial en su honor. El ritual es el alimento divino. Puede ser sangre humana -como lo creyeron mayas y aztecas- o el humo que consume las plantas o animales en su honor -como se pensaba en Mesopotamia- o las entrañas de las llamas -como razonaban los andinos- o el sacrificio de la Misa -como piensan los católicos- pero la eficacia de las deidades depende de la continuidad de cualquiera de las formas sacrificiales que se adopten. Cuando se persigue a los creyentes o -por cualquier otra razón- estos dejan de practicar el ritual, en la mayoría de las religiones se percibe a los dioses como hambrientos o faltos de poder y, por lo tanto, enojados y agresivos contra sus criaturas y sus perseguidores, "las huacas andaban por el aire, secas y muertas de hambre; por que los indios no le sacrificaban ya, ni derramaban chicha". Pero su falta no concluía en este abandono, iba más allá pues los indios se habían bautizado entregándose al ritual católico.

La venganza no se haría esperar. Las huacas "habían sembrado muchas chacras de gusanos, para plantarlos en los corazones de los españoles, ganados de Castilla y los caballos y de los indios que permanecen en el cristianismo". Para evitar tamaña desgracia había que renunciar a todo lo aprendido en la doctrina, solo así "vivirían en prosperidad, gracia y salud".

El mismo océano, la Mamacocha de los andinos, ahogaría con sus aguas a los individuos y a sus cultivos para lavar de la faz de los Andes su enfermiza presencia. Pero el castigo y la redención comenzaban por el cuerpo: los gusanos, es decir la condición de podredumbre, atacarían al motor de la vida y receptáculo de lo espiritual, el sonqo (corazón) del quechua hablante: "conciencia, juicio, razón, memoria".

El camino de la salvación comenzaba con repetir fórmulas conocidas en los antiguos rituales prehispánicos: ayuno de varios días que implicaba no comer sal, ají ni maíz de colores y no tener relaciones sexuales. Además convenía evitar todo trato con la parroquia, no comer alimentos de origen europeo, ni vestir ropas ajenas a su tradición -"camisa, sombrero, alpargatas"-, desoír el llamado de los sacerdotes católicos ausentándose de la Misa, olvidar el nombre de bautismo y, por supuesto, no practicar ninguno de los sacramentos de la iglesia católica.

Los andinos se retraían del trato con los europeos pensando que los matarían para robarles el "unto" o grasa del cuerpo. Esto probablemente sea el origen remoto de las modernas versiones de lik’eri okharisiri entre los aymaras y de los pishtacos o ñacaq entre los quechua hablantes. Se trata de seres fantasmales, ajenos a las comunidades, que trafican con la grasa del cuerpo de quienes son sorprendidos en parajes alejados de su pueblo. El producto, extraído mágicamente del cuerpo es vendido para su uso industrial; de acuerdo a los relatos recogidos hace un siglo el unto hacía sonar mejor las campanas de las iglesias, años después se suponía que eran parte de la tecnología que permitía el vuelo de los satélites.

Aun cuando son pocos las proclamas del taki onqoy que llegaron a nuestra época, podemos apreciar lo que quería el hombre andino sobre su situación, los españoles y sus dioses en la siguiente proclama reflexiva en un álbum musical del argentino Víctor Heredia, en homenaje al movimiento milenarista, político-religioso (1,560 – 1,572) contra la aculturación española, que recuerda este movimiento y la lucha de los pueblos americanos por su libertad.

¿DÓNDE ESTÁN NUESTROS HIJOS AHORA
QUE VIENTO LOS BARRIO?
¿DÓNDE NUESTROS MAIZALES DE ORO
MECIÉNDOSE EN EL SOL?
¿QUE FUE DE NUESTRAS HUACAS SAGRADAS
QUE FUE DE NUESTRA PAZ?
LLORO POR TITICACA Y LA LUZ AMADA
DE PACHACAMAC
DIGO TAKI ONGOY,
SUEÑO UN CAMINO,
VIRACOCHA ENTENDERÁ
CUANTO DOLOR ENCIERRA MI CORAZÓN.
GRITO TAKI ONGOY,
PREPARO MIS ARMAS
MANCO INCA SONREIRÁ
LAS FLORES EN LOS VALLES REVIVIRÁN
HABRÁ EN SUS OJOS TAL REGOCIJO TANTA FELICIDAD
QUE NUESTRAS ALMAS DE LAS ESTRELLAS AL MUNDO BAJARAN.
Y EN MACHU-PICCHU, CIUDAD SAGRADA SE CORPORIZARÁN:
AZTECAS, MAYAS, INCAS, CHIMÚES. CONVOCARÁN AL SOL.
ESTE ES EL DÍA DEL AÑO JUSTO. YA TERMINO EL DOLOR.
VENGO A CANTARLES LA PROFECÍA. EL INDIO NO MURIÓ.

El nombre del movimiento y en general todo su discurso califican de enfermedad a todo lo que había arribado con Pizarro; no debe sorprendernos las ceremonias de adhesión al taki onqoy, a la danza de tijeras.

Esta forma de entender las fuerzas del mal y del bien, las características de los dioses andinos, lo acercan más a las culturas primigenias más antiguas del mundo: los sumerios, egipcios e hindúes y naturalmente a su esoterismo y escuelas de misterios, que fueron las más adelantadas e imitadas en todo el orbe, llegando incluso a la actualidad a través de diversas escuelas iniciáticas, donde en complejas explicaciones, alegorías y simbolismo llegan a similar conclusión sobre el significado y valor de este, en el mundo iniciático, que las religiones por sus propias conveniencias han distorsionado a través del tiempo.

La noche del 21 de junio, millones de hogueras se encienden en todo el mundo lanzando su cántico de fuego a la Luna, con la finalidad de darle fuerza al sol ya que a partir de esa fecha los días serán más cortos. Todas las culturas y pueblos celebran el solsticio desde la Mesopotamia, el Antiguo Egipto, el Lejano Oriente, el mundo celta de los druidas y otros. Es la noche mágica por excelencia, de los milagros y de las curaciones; la noche del amor, en la que todos los ritos y encantamientos son pocos para conseguir todo aquello que se desea…

En el mundo andino es la noche en que los huaqueros buscan las hogueras de fuego que producen los tesoros escondidos de los “gentiles”, la danza alrededor del fuego para purificarnos ahuyentando el mal, la quema de todo lo inservible para auspiciar la llegada del bien, mientras los quechuas festejen el Inti Raymi, para rememorar sus antiguas tradiciones y su fe religiosa a sus milenarios dioses.

Religiones nativas americanas

Las religiones americanas nativas son las prácticas espirituales de los Pueblos indígenas de América. Las maneras de realizar las ceremonias nativas pueden variar ampliamente, y están basado en las historias, la concepción del mundo y creencias de tribus individuales, clanes y bandas. Tempranamente los exploradores europeos describen individualmente a tribus americanas Nativas e incluso pequeñas bandas teniendo cada una sus prácticas religiosas propias. Su teología puede ser monoteísta, politeísta, henotheistica, animista, o alguna combinación de las anteriores. Las creencias tradicionales son normalmente heredadas en forma de historias orales, historias, alegorías y principios.

Visión general

La espiritualidad nativa precolombina en la América abarcó las formas del animismo, politeísmo, el uso de plantas para introducir estados alterados de conciencia o espirituales, rituales o bailes especiales. Algunos de estas prácticas continúan hoy en ceremonias tribales privadas o en sus propias comunidades.

Desde los años de 1600 los católicos europeos y las denominaciones protestantes enviaron misioneros para convertir las tribus al cristianismo. Algunos de estas conversiones ocurrieron a través del gobierno y la iglesia cristiana, con esfuerzos cooperativos que forzaban a sacar niños americanos nativos de sus familias a un sistema de gobierno/estatal cristiano conocido como las escuelas de abordaje de las indias dónde los niños nativos eran enseñados e instruídos en las creencias cristianas europeas, los valores de la cultura blanca, y la lengua inglesa (española en los casos de Latinoamérica). En el caso de México y Sudamérica la pérdida de las religiones autóctonas vinieron dadas por el proceso denominado la evangelización. Esto forzaba la conversión y supresión de los indígenas en sus correspondientes lenguas y culturas.

Como parte de la supresión del gobierno de EE.UU. a las religiones tradicionales nativas, produjo que los bailes del sol y otros rituales ceremoniales estuvieran prohibidas más de 80 años por una serie de leyes federales de EE.UU. que prohibió las logias y santuarios tradicionales. Esta persecución del gobierno y el procesamiento continuado hasta que 1978 dio paso al Acto de Libertad Religioso indio americano (AIRFA), obviamente esto en USA.
Mientras tanto en los países latinoamericanos se creó un sincretismo entre las religiones cristianas y las nativas, esto ocurrió en la mayoría de los grupos étnicos (Mas no en todos).

Religiones americanas nativas importantes
Maidu Headmen with Treaty Commissioners
Maidu, practicantes de la religión Bole-Maru .

Religión Bole-Maru

La religión Bole Maru fue un movimiento de revitalización religioso de los Maidu, Pomo, Wintun, y otras tribus de del norte de California central en el siglo XIX. Bole es una palabra Wintun (Una lengua penutiana), maru es una palabra pomo (lengua hokana); ambos se refieren a los sueños de las personas medicina. Ellos tienen tanto tradiciones tradicionales, así como creencias cristianas y directrices éticas, las revelaciones de los sueños tienen un papel central. Algunos de los bailes de esta religión eran Bole o baile marú, el baile bole-hesi, y el Baile de la Pelota. En estos bailes, los bailarines llevaban suntuosas vestimentas.

Cristianismo

Los misioneros cristianos europeos era muy activos y establecieron misiones y escuelas religiosas entre los pueblos nativos. Según Jacob Neusner, el cristianismo americano nativo es a menudo "fundamentalista en teología, conservador en su práctica, y a menudo revivalistico y evangélico."

El cristianismo fue visto por oficiales del gobierno como herramienta para la asimilación cultural; muchos de los cristianos americanos nativos desarrollaron sincretismos, es decir una combinación de sus sistemas tradicionales y el cristianismo. Por ejemplo, St. David Pendleton Oakerhater (Cheyenne), quién fue canonizado como un santo episcopal mientras era un Bailarín del Sol, también. Según James Trata, los cristianos americanos nativos "han construido y mantuvieron sus … identidades religiosas con una variedad de consideraciones en mente…. Muchos de los cristianos nativos cumplen esta identificación sin abandonar o rehusarse a sus religiones nativas."

Baile del sueño

El Baile de Sueño, un movimiento de revitalización religioso de los Klamath y Modoc, han evolucionado en el Baile del Fantasma y Religión de la Logia de la Tierra. Implica el poder de los sueños y visiones de muertos. A diferencia de las religiones de los Klamath y Modoc el Baile del Sueño no pronosticó un apocalipsis y regréso de los muertos.

Religión del tambor

La Religión del Tambor, también conocida como el "Tambor Grande", "Baile del Tambor", o "Baile del Sueño", se originó alrededor 1890 entre los Santee Dakota (o Dakota Orientales). Se extendió desde la región de los Grandes Lagos Occidental a otras tribus americanas nativas como el Ojibwe (Chippewa), Meskwaki (Zorro), Kickapoo, Menominee, Potawatomi, Ho-chunk (Winnebago) y otras. Fue un movimiento de revitalización religioso que se creó para animar un sentido de unidad en los pueblos nativos a través de rituales. Estos rituales incluían el tocar tambores sagrados y el paso del conocimiento sagrado de tribu a tribu.

Religión de la Logia de la tierra

La Religión de la Logia de la Tierra fue fundada en California del norte y por tribus de Oregón del sur como los Wintun. Se extendió a tribus como el Achomawi, Shasta, y los Siletz, por nombrar unos cuantos. Es también conocido como el "Baile de la Casa central" entre los Pomo. Pronosticó ocurrencias similares a aquellos pronosticados por los del Baile del Fantasma, como el regréso de los antepasados o el fin del mundo. La Religión de la Logia de la Tierra impactó la práctica religiosa más tardía, el Baile del Sueño, perteneciendo a los Klamath y los Modoc.

Religión de la pluma

La Religión de la Pluma es un movimiento de revitalización del pacífico noroeste. Dibuja elementos tempranos de las religiones de los Shaker y los Waashat. La religión fue fundada en 1904 por Jake Caza un Klickitat, un hombre de medicina. Es también conocida como el Baile de la Pluma o la Religión de la Hiladura. Las plumas del águila sagrada son utilizadas en sus ceremonias, lo cual implica hiladura ritual, por ello el nombre Waskliki significa "Religión giratoria".

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Baile de Fantasma Sioux de 1851. Los Bailes del fantasma influyeron a muchas religiones americanas nativas.

Bailes del fantasma

El baile del Fantasma es un concepto muy general que abarca movimientos de revitalización religiosos diferentes en los Estados Unidos Occidentales. En 1870, un Baile de Fantasma estuvo fundado por el profeta payute Wodziwob, y de 1889 a 1890, una Religión de Baile del Fantasma estuvo fundada por Wovoka (Jack Wilson), quién era también paiute del norte. Prácticas de Baile del fantasma son utilizadas para servir como conexión con modos de vida pre-contacto y para honorificar y adorar a los muertos mientras esperan su renacimiento.

En diciembre de 1888, Wovoka, quién fue hijo del hombre medicina Tavibo (Numu-tibo’o), cayó enfermo con una fiebre durante un eclipse de sol, lo cual ocurrió en enero 1 de 1889. Después de su recuperación reclamó que había visitado el mundo del espíritu y el Ser Supremo y pronosticó que el mundo llegaría a su fin muy pronto, justo cuando el supremo (El gran espíritu) se encarnara en la tierra. Todos los americanos nativos heredarían este mundo, incluyendo quienes estaban ya muertos, para vivir eternamente sin padecer sufrimiento. Para lograr esta realidad, Wovoka declaró que todos los americanos nativos tendrían que vivir honestamente, y rehuir los vicios de los blancos (especialmente el consumo de alcohol). Enseñó que la meditación, oración, canto, y baile eran una alternativa a llorar al muerto, ya que pronto llegarí su resurexión. Los seguidores de Wovoka le vieron a manera de un mesías y que había venido a la tierra como cristo rojo.

Tavibo participó en el Baile de Fantasma de 1870 y tuvo una visión en la que el Gran espíritu sacaba a todos los seres humanos de la tierra, enjuiciados por sus malas acciones. Tavibo concluyó que los americanos nativos regresarían a vivir en un entorno restaurado y que únicamente sus seguidores resucitarían y vivirían en felicidad. Esta religión quedó extendida a muchas tribus en reservas del oeste, incluyendo a los Shoshone, Arapaho, Cheyenne, y Sioux (Dakota, Lakota, y Nakota).

El Baile de Fantasma más influyó fuertemente a religiones como la Logia de la Tierra, Bole-Maru, y al Baile de Sueño. Los caddo en la actualidad siguen practicando esta religión.

Religión Skaker

Es sabido que esta religión fue influenciada por la religión Waashat y fundada por John Slocum. El nombre proviene de las sacudidas y movimientos rituales utilizaban los practicantes de sus ritos para despojarse y limpiarse del pecado. La religión combina cristianismo con enseñanzas indígenas tradicionales. Esta religión es todavía practicada hoy en la Indian Shaker Church de EEUU.

Religión Casa-Grande

La religión Casa-Grande (Longhouse en inglés), fue fundada en 1799 por una tribu de la etnia de los seneca, para revitalizar la religión nativa entre los Iroqueses. La doctrina Longhouse, también es llamada la Religión del Lago Handsome, y llamada Gaiwiio "Palabra buena" por los practicantes. Gaiwiio combina elementos del cristianismo con las antiguas tradiciones iroquesas. La religión de la casa-grande es aún practicada por los iroqueses del día de hoy.

Maya Calendar by Matthew Bisanz
Calendario Maya.

Mexicayotl (Toltecayotl)

Mexicayotl (Palabra nahuatl que significa "mexicanidad") es un movimiento que revive la religión indígena, filosofía y tradiciones del México antiguo (la religión azteca y más especialmente la filosofía azteca) entre los mexicanos. El movimiento apareció en la década de los 50, dirigido por intelectuales de la Ciudad del México, sin embargo es hasta tiempos recientes cuando sea ido extendiendo considerablemente, llegando hasta los mexicanos residentes de EEUU. Sus rituales implican el mitotiliztli. Los seguidores, llamados Mexicatl (singular) y Mexicah (plural), o sencillamente Mexica, es mayoritariamente practicado por personas urbanas y suburbanas.

El Mexicayotl empieza en la década de los cincuentas por Antonio Velasco Piña, quien funda el grupo de la Nueva Mexicanidad. En los mismos años Rodolfo Nieva López fundó igualmente el Movimiento Confederado Restaurador de la Cultura del Anáhuac, el co-fundador del cual era Francisco Jiménez Sánchez quién en décadas más tardías devenía como dirigente espiritual del movimiento Mexicayotl, adoptando como símbolo principal a Tlacaelel. En 1970 se funda el Caltonal, o casa del sol, iglesia de Mexicayotl.

De 1970 en adelante la religión Mexicayotl ha crecido desarrollando una red de adoració local y grupos comunitarios (llamados calpulli o kalpulli) y extendiéndose a los americanos mexicanos o Chicanos en los Estados Unidos. También ha desarrollado lazos fuertes con movimientos de identidad nacionales mexicanos y Chicano nacionalismo. La iglesia mexicana nativa de Sánchez (el cuál es una confederación de calpullis) fue oficialmente reconocido por el gobierno de México en 2007.

Flowering peyote cactus
El estado ilegal del peyote no impide la práctica de las ceremonias de la religión del peyote.

Religión del peyote (Hikuri)

La religión del peyote, también llamada el "Culto al peyote" y "Sendero del Hikuri", es un movimiento religioso que implica el uso ritual de Lophophora williamsii (peyote). El uso del peyote para propósitos religiosos está pensado para ser practicado dentro de alguna de las siguientes tribus: los Carrizo, Lipanes, Mescalero, Tonkawa, Karankawa y Caddo. En México también pertenecen a esta religión los Huicholes (Wixarika), Tepehuánes, y los coras.

Religión Waashat

La religión Waashat, también es llamada Washani, La séptima religión del tambor, La religión del baile del domingo, Baile del Profeta, y Dreamer Faith. El nativo Wanapam Smohalla (1815–1895) utilizó rituales waashat para construir la religión en el Pacífico Noroeste. Smohalla reclamó que las visiones vinieron a él a través de los sueños y que había visitado el mundo del espíritu y había sido capacitado para divulgar la sabiduría a la gente. El nombre waasaní significa danza y adoración. Se orienta a recuperar el modo de vida original antes de influencias blancas y establece música y danza rituales. El nombre completo de Smohalla fue Smohalla Yuyunipitqana, su apellido significa "El que grita a la montañas".

Sus bailes y sus elementos influenció a los actuales bailes del Fantasma que son más tardíos al culto de Smohalla en los pueblos de las llanuras. Los creyentes creyeron que las personas blancas desaparecerían y la naturaleza regresaría a la manera antes de que vinieran. Para conseguir esto, los indígenas tienen que bailar y adorar a los espíritus, como unos Weyekin.

La religión combinó elementos del cristianismo con creencias nativas. Esto dificultó a los Estados
Unidos conquistar las tierras centrales de las grandes llanuras por mucho tiempo. Los EE.UU. intentaban despojar a las tribus de sus costumbres y convertirlos según la noción europea de "civilizados". Los europeos decían: "Su modelo de un hombre es un indio …Aspiran para ser indios y nada más", de esta menera insinuaban que la cultura europea era "superior" a la nativa, cosa que evidentemente era producto del etnocentrismo europeo.

Los profetas del movimiento fueron Smohalla (De la tribu Wanapam), Kotiakan (De la nación Yakama) y Homli (De los Walla Walla). Sus mensajes fueron llevados a lo largo del río columbia a otras comunidades. El baile Waashat implica siete tamboreros, un festín de salmón, uso del águila, plumas de cisne y una canción sagrada cantada cada séptimo día.

Ceremonias
Cree Indian sun dancers, probably Montana, ca 1893 (LAROCHE 126)
Baile del Sol, probablemente Fontana 1893.

Baile del sol

El baile de sol es una ceremonia religiosa practicada por un número de americano nativos, especialmente por los pueblos de las llanuras. Cada tribu que tiene algún tipo de ceremonia del baile del sol tiene sus prácticas distintas, las cuales siguen sus propios protocolos y tradiciones. En algunos casos, la ceremonia es realizada en privado, sin que haya acceso al público en generál. . Muchos de las ceremonias tienen características en común, como canciones y bailes concretos que se heredaron a través de muchas generaciones, el uso de tambores tradicionales, el tubo sagrado, la penitencia y, en algunos casos, el agujereo de la piel están documentados.

En Canadá, los pobladores de los llanos llaman a este baile el Baile de la Sed; los Saulteaux (Llanuras Ojibwe) lo llaman el Baile de la Lluvia; y los Blackfoot (Siksika, Kainai, y Piikani) lo llaman el Baile de la Medicina. Es también practicado por los grupos canadienses Dakota y Nakoda.

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Oso Butte, en Dakota del Sur, es un sitio sagrado para aproximadamente 30 tribus de las llanuras.

Dirigentes religiosos

Los profetas en las religiones nativas incluyen Popé, quién dirigió la revuelta del pueblo de 1675, Quautlatas, quién inspiró la revelión tepehuana contra los españoles en 1616, Neolin, Tenskwatawa, Kenekuk, Smohalla, John Slocum, Wovoka, Ante Negro otros.

De vez en cuando los dirigentes religiosos importantes organizaban contiendas. En Indiana en 1805, Tenskwatawa (llamado el profeta shanee por los ingleses) dirigió un resurgimiento religioso que siguió una epidemia de viruela y una serie cazas de brujas. Sus creencias estuvieron basadas en las enseñanzas más tempranas de los profetas Lenape, Scattamek y Neolin, quiénes pronosticaron un apocalipsis venidero que destruiría las ciudades de los invasores europeos. Tenskwatawa instó a las tribus a rehusar las maneras de los americanos: para dejar las armas de fuego, el licor y la ropa de estilo americano. El resurgimiento fue dirigido por su hermano Tecumseh, quien batalló contra las fortalezas de los blancos.

LAS PUERTAS SOLSTICIALES

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Jano bifronte, capilla de Saint-Vulphy, sigloXVI, Rue (Francia)

Las dos puertas zodiacales son respectivamente la entrada y la salida de la “caverna cósmica” que ciertas tradiciones designan como “la puerta de los hombres” y la puerta de los dioses” y que corresponden a los dos solsticios. Debemos precisar que la primera corresponde al solsticio de verano, es decir, al signo de Cáncer, y la segunda al solsticio de invierno, es decir, al signo de Capricornio. Para comprender la razón, es menester referirse a la división del ciclo anual en dos mitades, una “ascendente” y otra “descendente”: la primera es el período del curso del sol hacia el norte (uttaràyana), que va del solsticio de invierno al de verano; la segunda es la del curso del sol hacia el sur (dakshinàyana), que va del solsticio de verano al de invierno. En la tradición hindú, la fase “ascendente” está puesta en relación con el deva-yâna [‘vía de los dioses’], y la fase descendente con el pitr-yâna [‘vía de los padres (o antepasados)’], lo que coincide exactamente con las designaciones de las dos puertas que acabamos de recordar: la “puerta de los hombres” es la que da acceso al pitr-yâna, y la “puerta de los dioses” es la que da acceso al deva-yâna; deben, pues, situarse respectivamente en el inicio de las dos fases correspondientes, o sea la primera en el solsticio de verano y la segunda en el solsticio de invierno.

El eje solsticial del Zodíaco, relativamente vertical con respecto al eje de los equinoccios, debe considerarse como la proyección, en el ciclo solar anual, del eje polar norte-sur; según la correspondencia del simbolismo temporal con el simbolismo espacial de los puntos cardinales, el solsticio de invierno es en cierto modo el polo norte del año y el solsticio de verano su polo sur, mientras que los dos equinoccios, el de primavera y el de otoño, corresponden respectivamente, y de modo análogo, al este y al oeste. De acuerdo con el simbolismo cristiano, el nacimiento del [Mesias] Avatâra ocurre no solamente en el solsticio de invierno, sino también a medianoche; está así, pues, en doble correspondencia con la “puerta de los dioses”.

Por otra parte, según el simbolismo masónico, el trabajo iniciático se cumple “de mediodía a medianoche”, lo que no es menos exacto si se considera el trabajo como una marcha efectuada de la “puerta de los hombres” a la “puerta de los dioses”; la objeción que se podría estar tentado de hacer, en razón del carácter “descendente” de este período, se resuelve por una aplicación del “sentido inverso” de la analogía, como se verá más adelante. En el día, la mitad ascendente es de medianoche a mediodía, la mitad descendente de mediodía a medianoche: medianoche corresponde al invierno y al norte, mediodía al verano y al sur; la mañana corresponde a la primavera y al este (lado de la salida del sol), la tarde al otoño y al oeste (lado de la puesta del sol). Así, las fases del día, como las del mes, pero en escala aún más reducida, representan analógicamente las del año; ocurre lo mismo, de modo más general, para un ciclo cualquiera, que, cualquiera fuere su extensión, se divide siempre naturalmente según la misma ley cuaternaria.

Tal simbolismo se encuentra igualmente entre los los griegos. También entre los latinos, donde está esencialmente vinculado con el simbolismo de Jano. Jano, en el aspecto de que ahora se trata, es propiamente el ianitor [‘portero’] que abre y cierra las puertas (ianuae)del ciclo anual, con las llaves que son uno de sus principales atributos; y recordaremos a este respecto que la llave es un símbolo “axial”. En efecto, Jano [Ianus] ha dado su nombre al mes de enero (ianuarius), que es el primero, aquel por el cual se abre el año cuando comienza, normalmente, en el solsticio de invierno; además, cosa aún más neta, la fiesta de Jano, en Roma, era celebrada en los dos solsticios por los Collegia Fabrorum. Como las puertas solsticiales dan acceso a las dos mitades, ascendente y descendente, del ciclo zodiacal, que en ellas tienen sus puntos de partida respectivos, Jano, a quien hemos visto aparecer como el “Señor del triple tiempo” (designación que se aplica también a Çiva en la tradición hindú), es también, por lo dicho, el “Señor de las dos vías”, esas dos vías, de derecha y de izquierda, que los pitagóricos representaban con la letra Y, y que son, en el fondo, idénticas al deva-yána y al pitr-yâna respectivamente. Por lo demás, Jano presidía losCollegia Fabrorum, depositarios de las iniciaciones que, como en todas las civilizaciones tradicionales, estaban vinculadas con el ejercicio de las artesanías; y es muy notable que esto, lejos de desaparecer con la antigua civilización romana, se haya continuado sin interrupción en el propio cristianismo, y que de ello, por extraño que parezca a quienes ignoran ciertas “transmisiones”, pueden aún encontrarse vestigios en nuestros mismos días.

En el cristianismo, las fiestas solsticiales de Jano se han convertido en las de los dos San Juan, y éstas se celebran siempre en las mismas épocas, es decir en los alrededores inmediatos de los solsticios de invierno y verano. Señalemos aún, de paso y a título de curiosidad, que la expresión popular francesa “Jean qui pleure et Jean qui rit”[‘Juan que ríe y Juan que llora’] es en realidad una reminiscencia de los dos rostros opuestos de Jano. Y es también muy significativo que el aspecto esotérico de la tradición cristiana haya sido considerado siempre como “johannita”, lo cual confiere a ese hecho un sentido que sobrepasa netamente, cualesquiera fueren las apariencias exteriores, el dominio simplemente religioso y exotérico. La sucesión de los antiguos Collegia Fabrorum, por lo demás, se transmitió regularmente a las corporaciones que, a través de todo el Medioevo, mantuvieron el mismo carácter iniciático, y en especial a la de los constructores; ésta, pues, tuvo naturalmente por patronos a los dos San Juan, de donde proviene la conocida expresión de “Logia de San Juan” que se ha conservado en la masonería, pues ésta no es sino la continuación, por filiación directa, de las organizaciones a que acabamos de referirnos.

Recordaremos que la “Logia de San Juan”, aunque no asimilada simbólicamente a la caverna, no deja de ser, como ésta, una figura del “cosmos”; la descripción de sus “dimensiones” es particularmente neta a este respecto: su longitud es “de oriente a occidente”; su anchura, “de mediodía a septentrión”; su altura, “de la tierra al cielo’; y su profundidad, “de la superficie al centro de la tierra”. Es de notar, como relación notable en lo que concierne a la altura de la Logia, que, según la tradición islámica, el sitio donde se levanta una mezquita se considera consagrado no solamente en la superficie de la tierra, sino desde ésta hasta el “séptimo cielo”. Por otra parte, se dice que “en la Logia de San Juan se elevan templos a la virtud y se cavan mazmorras para el vicio”; estas dos ideas de “elevar” y “excavar” se refieren a las dos “dimensiones” verticales, altura y profundidad, que se cuentan según las mitades de un mismo eje que va “del cenit al nadir”, es decir, a las dos tendencias del ser, hacia los Cielos (el templo) y hacia los Infiernos (la mazmorra), tendencias que están aquí más bien “alegorizadas” que simbolizadas en sentido estricto, por las nociones de “virtud” y “vicio’.

En el simbolismo masónico, dos tangentes paralelas a un circulo se consideran, entre otras significaciones diversas, como representación de los dos San Juan; si se ve al Círculo como una figura del ciclo anual, los puntos de contacto de las dos tangentes, diametralmente opuestos entre sí, corresponden entonces a los dos puntos solsticiales.

Aun en su forma especulativa” moderna, la masonería ha conservado siempre también, como uno de los testimonios más explícitos de su origen, las fiestas solsticiales, consagradas a los dos San Juan después de haberlo estado a los dos rostros de Jano; y así la doctrina tradicional de las dos puertas solsticiales, con sus conexiones iniciáticas, se ha mantenido viva aún, por mucho que sea generalmente incomprendida, hasta en el mundo occidental actual.

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Jano es, uno de los dioses de la mitología romana que se caracterizado por tener dos caras, una mirando hacia un lado y la otra girada 180º.

Jano era el dios de las puertas, de las entradas y salidas, de los comienzos y los finales, por eso en su honor le fue consagrado el primer mes del año que del latín Ianuarius pasó como Janeiro y Janero para finalmente terminar siendo Enero.

Es muy común que se diga que Jano no tiene equivalente en la mitología griega, pero esto no es del todo cierto, pues si bien es verdad que los griegos pudieron no haber consagrado de manera bifronte el conocimiento solsticial sobre el cual se habría concebido a Jano, los solsticios y equinoccios no solo era conocido por los griegos en general, sino que al parecer fueron conocidos por todas las tradiciones anteriores, solo que, fueron los romanos quienes lo interpretaron en su instancia de opuestos del ciclo solar y de esa manera lo representaron como dos rostros antropomorfos, opuestos y alineados meridionalmente de Norte a Sur.

<<Jano, con mayor frecuencia, porta dos llaves; son las de las dos puertas solsticiales, Ia nua Caeli (puerta del cielo) y Ianua Inferni (puerta del infierno), correspondientes respectivamente al solsticio de invierno y al de verano, es decir, a los dos puntos extremos del curso del sol en el ciclo anual; pues Jano, en cuanto "Señor de los tiempos" es el Iánitor [o "portero"] que abre y cierra ese ciclo >>

René Guénon

En la tradición hindú, según René Guénon, es donde del modo mas claro se encuentran presentados los datos de las puertas solsticiales aunque con más rigor, debemos decir que este es un tema común a todas las tradiciones, incluso puede verificarselo especialmente en el pitagorismo griego con expresiones como "puerta de los hombres" y "puerta de los dioses",

<<Al tratar la cuestión de las puertas solsticiales, nos hemos referido directamente sobre todo a la tradición hindú, porque en ésta se encuentran presentados del modo más neto los datos de esa cuestión; pero se trata de algo que, en realidad, es común a todas las tradiciones, y que puede establecerse también en la Antigüedad occidental. En el pitagorismo especialmente, ese simbolismo zodiacal parece haber tenido importancia no menos considerable; las expresiones de "puerta de los hombres" y "puerta de los dioses", que hemos empleado, pertenecen, por lo demás, a la tradición griega; solo que las informaciones llegadas hasta nosotros son tan fragmentarias e incompletas que su interpretación puede dar lugar a multitud de confusiones, que no han dejado de cometer, según veremos, quienes las han considerado aisladamente y sin esclarecerlas por comparación con otras tradiciones>>

René Guénon

En IRLANDA, península de Dingle se encuentra una piedra o menhir con una inscripción en lenguaje ogham conocida como Eye of the Needle en ingles o Pinhole en irlandés, lo que en ambos casos significa "ojo de aguja o de alfiler" y que resulta por demás curiosa porque está perforada con un agujero circular en la parte superior a la manera de una aguja.

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La piedra se encuentra fuera de la iglesia del monasterio fundado en el siglo VII y mide 1,83 m de alto por 0,24 m de ancho, es de base cuadrangular y de alguna manera semeja a la altura humana, quizás un tanto enaltecida y con la mirada a los cielos desde sus ojos o puertas a la manera de Jano.

La piedra tiene inscripciones en lenguaje "Ogham", una forma primitiva de escritura sobre piedra que se ha descrito como "la primera incursión de Irlanda en la literatura" que data del siglo IV al VIII de nuestra era y aunque se sospechó que los nombres registrados en la piedra referían a enterramientos de personalidades, nunca se las encuentra asociadas con enterramientos.

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Los trazos del lenguaje "Ogham", cobran significado alfabético por el número de ellos, la intersección ortogonal u oblícua del renglón y además, por estar orientados hacia arriba o abajo, izquierda o derecha.

Estos son algunos ejemplos de las letras que a su vez revelan que el sistema Ogham, se basa en grupos de una a cinco líneas o muescas, "aradas en la piedra" (la palabra Ogham del griego ogmos, que significa ‘surco de arado’) todo lo cual sugiere que originariamente podría haberse tratado de un sistema aritmético que empleaba pequeñas ramas demadera o simples trazos en la tierra y más tarde con el uso, se adaptó como alfabeto, ya que esta idea se refuerza cuando se detecta que el segundo grupo de cinco letras Ogham, según se afirmaría, representa las iníciales de los números que van del uno al cinco.

Al parecer las piedras habrían sido alzadas durante el Neolítico y la edad del Bronce y originariamente no llevaban ninguna inscripción en Ogham, lo cual indicaría que fueron inscriptas con posterioridad a la motivación que justificaría su existencia, y prácticamente nada se dice respecto al orificio u "ojo de aguja" de esta particular piedra, y aunque se encuentra en el mismo sitio, otra piedra que puede asociarse a un reloj solar de gnomón horizontal y cuadrante vertical, en este caso en particular de la piedra KILMALKESDAR OGHAM, mas que tratarse simplemente de un gnomón horizontal, podría ser un pinhole o estenope, ya que por el tamaño del orificio, ubicación y aparente alineamiento solar, podría tratarse de ungnomón neolítico que luego los cristianos usaron para trazar la meridiana solar del lugar.

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Se dice que los domingos de Pascua, en este sitio, la gente trataba de pasar nueve veces como modo de ir enhebrando "la creencia de que por el solo hecho de hacerlo, la providencia les encomendaría a los cielos" Ya que en los Evangelios (41)puede leerse

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Ese "ojo de aguja", posiblemente preexistente y encontrado quizás, en la roca por los cristianos que poblaron la zona, aparentemente nunca habría estado acompañado de una forma adecuada para ser utilizado como cuadrante gnomónico de un reloj solar, sino mas bién podría tratarse de algún tipo de estenope o pinhole meridional, que luego los cristianos lo volvieron a destinar para proyectar la meridiana del lugar sobre la que aparentemente, se habría levantado y alineado el templo y el camino que lleva a la puerta de entrada de la iglesia. De ser así cada mediodía a lo largo de los sucesivos días del año, se pudo haber marcado, quizás con piedras, sobre el camino a la iglesia y cada uno de los segmentos de este modo marcados, resultaba ser más largo, cuanto más baja era la altura solar.

En este sentido hay que tener en cuenta que las pascuas cristianas son festividades próximas al equinoccio de Marzo y siendo que el sitio está ubicado a 52º de Latitud Norte, las sombras del mediodía, con un gnomón de 1,85m de altura y según nuestros cálculos, son mayores a los 2,3 m, lo cual habla de una sombra proyectada sobre el camino de entrada al templo muy importante y que a los efectos de la confección de horarios ceremoniales, pudo ser de consideración. En este mismo sentido, ocurre algo parecido con la sombra de aproximadamente 7,0 m de largo durante los días del solsticio de invierno. Aclaramos que las medidas que calculamos para las sombras son válidas también para las longitudes del rayo central de la proyección estenopeica.

<<en el ciclo anual, los solsticios de invierno y verano son dos puntos que corresponden respectivamente al norte sur en orden espacial, así como equinoccios primavera otoño a oriente occidente>>

René Guénon

En muchas iglesias de la Cristiandad existen meridianas solares de dimensiones verdaderamente espectaculares y heliómetros que además de su utilidad astronómica, siempre al momento de levantar una iglesia, significó un reto de la ingeniería en cuanto a la iluminación natural como a las entradas precisas de luz para obtener efectos tan deslumbrantes como difíciles de conseguir, como es el caso de que un solo rayo de luz recorra toda la nave y permita el seguimiento del SOL durante el curso del año trópico.

<<con el cristianismo, esas fiestas solsticiales se identificaron con las de los dos San Juan, el de invierno y el de verano (de donde la expresión "Logia de San Juan", conservada hasta en la masonería moderna); es éste un ejemplo de la adaptación de los símbolos precristianos, harto a menudo desconocida o mal interpretada por los modernos.

René Guénon

Por supuesto que las meridianas solares y los relojes de sol son anteriores al cristianismo y muy posiblemente, las primeras trazas meridianas se hayan hecho en cuevas y refugios muy antiguos, por lo que es probable que el orificio, pinhole y o estenope en la parte superior de la piedra, sea preexistente a la ocupación cristiana y que los recién llegados, hayan observado que producía una imagen foto-hengiforme, de luz filtrada que seguramente les llamó la atención y los constructores del templo cristiano la supieron valorar para su cometido.

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De este modo los cristianos pudieron utilizar esta sombra del pétreo gnomón y la imagen foto-hengiforme para fines horológicos en tanto que los neolíticos, pudieron utilizarla de manera semejante a como al parecer, lo habrían hecho en STONEHENGE.

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En Armenia podemos encontrar un STONEHENGE llamado KARAHUNDJ, el cual qué tendría una antigüedad 3500 años más antiguo que el STONEHENGE inglés. En KARAHUNDJ hay cerca de 300 menhires extendidos de sur a norte, que forman un doble círculo elíptico que nosotros llamamos hengiforme y alrededor del 84% de estos menhires, cuentan con unagujero circular en su parte superior, en algunos casos, agujeros de aguja tipo pinhole y o estenope magnificados, semejante a la piedra de NEWGRANGE y en otros, un tanto más profundos e inclinados que se muestran como tubos telescópicos de observación astronómica, a la manera de los TAPUS, hechos de cañas, entre los INKAS .

El círculo interior tiene 45 por 36 m con 40 megalitos que pudieron ser un templo de Ara (Sol) y simultáneamente también, un observatorio astronómico donde según parece, se formaban universalmente a los habitantes, desde el año 6.000 antes de nuestra era.

La existencia de estos orificios en las piedras desde cerca de unos 3500 años antes del STONEHENGE británico, hace suponer que el simbolismo de las dos puertas solsticiales, verificado incluso en la tradición hindú, desde tiempos muy remotos representa la división del ciclo anual en sus dos mitades, la ascendente y la descendente como así también las dos "puertas" solsticiales de invierno y verano y quizás también tenga que ver con relación con las jerarquizaciones sociales estratificadas que se verifican en estas antiguas tradiciones y que pudieron tener origen solar y gnomónico.

<<para la tradición hindú, que representa la continuación más directa de la tradición primordial y que además insiste muy especialmente en la división del ciclo anual en sus dos mitades, ascendente y descendente, las cuales se abren, respectivamente, en las dos "puertas" solsticiales de invierno y verano, punto de vista que puede llamarse propiamente fundamental a este respecto. Por otra parte, el norte, considerado como el punto más elevado (úttara) y correspondiente también al punto de partida de la tradición, conviene naturalmente a los brahmanes; los kshátriya se sitúan en el punto inmediato siguiente de la correspondencia cíclica, es decir, en el este, lado del sol levante; de la comparación de ambas posiciones, podría inferirse legítimamente que, mientras que el carácter del sacerdocio es "polar" el de la realeza es "solar", lo cual se vería confirmado también por muchas otras consideraciones simbólicas; y quizá, incluso, ese carácter "solar" no dejede estar en relación con el hecho de que los Avatára de los tiempos "históricos" procedan de la casta de los kshátriya. Los vaiçya, ubicados en el tercer lugar, se sitúan en el sur, y con ellos termina la sucesión de las castas de los "nacidos dos veces"; no queda para los çûdra sino el oeste, que en todas partes se considera como el lado de la oscuridad>>

René Guénon

Del mismo modo que las puertas del sol se verifican en la tradición hindú e inferimos que pudo provenir de Armenia, también se verifica en Occidente, entre los pitagóricos y los latinos, donde está esencialmente vinculado con el simbolismo de Jano.

<<el simbolismo de las dos puertas solsticiales, en Occidente, existía entre los griegos y más particular pitagóricos; se lo encuentra igualmente latinos, donde está esencialmente vinculado con el Jano>>>>

René Guénon

La Cordillera de Geghama en ARMENIA, conoció cierto simbolismo astronómico que podría estar vinculado a los solsticios y equinoccios y si bien parece haber sido algo común a todos los pueblos antiguos, no obstante, en este sitio, quizás se encuentren las muestras más antiguas ya que estos símbolos cósmicos serían muy anteriores a los de EGIPTO y CHINAporque datan de alrededor de 7000 Ac, de manera que el observatorio Metsamor es un lítico libro abierto de astronomía y geometría antiguas, ciencia esta última con una antigüedad de 7000 años.

Los resultados de las excavaciones testimonian que aún en el período de bronce antiguo, (IV-III milenio A.C.) METSAMOR, fue un floreciente centro cultural donde se pudo encontrar lo que sería la primera fundidora de metales del mundo conservada en perfectas condiciones y el hombre de esos tiempos y lugar, habría conocido, según estas parece, los secretos de fundir y trabajar con metales como el cobre, bronce y el hierro. En el sitio hay un alto horno y calderas directamente empotradas en la roca.

<<Además, en virtud de cierto simbolismo astronómico que parece haber sido común a todos los pueblos antiguos, hay también vínculos muy estrechos entre los dos sentidos según los cuales las llaves de Jano eran, sea las de las dos puertas solsticiales, sea las de los "grandes" y los "pequeños misterios">>

René Guénon

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Si bien es cierto que yendo hacia atrás en la prehistoria, en estos sitios habría evidencias muy antiguas de prácticas gnomónicas, pero en tiempos históricos, los primeros estudios y referencias escritas sobre las imágenes hengiformes y los fenómenos estenopeicos, serían del filósofo chino Mo Ti o Mo Tse de quien se dice que constató la formación de unaimagen invertida en una pantalla iluminada a través de un orificio pequeño y a HERÁCLITO que en el fragmento número 3, dice: "El SOL, tiene la anchura del pié humano".

Luego ARISTÓTELES se refiere a estos temas pero es recién Franciscus MAUROLYCUS (1494-1575) quien en su "Photosmi de lumine et umbra" arriesga las primeras explicaciones científicas en torno a estos temas.

Mas tarde René DESCARTES (1596-1650) quien plantea una separación radical y absoluta entre el alma y el cuerpo , también supo experimentar con estenpo y Johannes KEPLER (1571-1630) lo utiliza e inventa en 1620, la primera cámara oscura portátil.

Hay un dibujo de una cámara estenopeica realizado por el astrónomo Gemma FRISIUS que data del año 1545.

Volviendo a Jano, quien en su hierofanía se nos aparece con dos rostros humanos como manera de expresar la unión de los solsticios y su consagración en la imagen, hay que decir que visto en perspectiva gnomónica, esa manifestación antropomorfa opuesta y bifronte, es una manera enfática que encontraron los romanos para mostrar como fenómenos opuestos a las diferencias solsticiales de invierno y verano, asociando la entrada al calor del verano con la Ianua Inferni (puerta del infierno) y la entrada al frío con Ia nua Caeli (puerta del cielo) por lo que para comprender su carácter gnomónico e hierológico es necesario recomponerlo en la unidad del ciclo solar anual entre los trópicos, traduciéndolo para ello en los términos de sombras o proyecciones estenopeicas extremas. Es que aquellos antiguos artistas romanos habrían entendido que con los dos rostros opuestos, podían llegar simbólicamente a su público para instalar en ellos, sin recurrir al conocimiento de las sombras gnomónicas, la idea de que el ciclo anual trópico del Sol, se extendía entre dos estacionamientos extremos de sombras opuestas. Es decir que con la oposición de los rostros sacralizados, como recurso al alcance de cualquier persona, se intentaba transmitir un conocimiento gnomónico que para entenderlo, exigía cierta preparación y en definitiva, esa es una de las funciones del arte.

<<Es preciso tomar el compuesto humano tal cual es, uno y múltiple a la vez en su complejidad real; esto es lo que hay tendencia olvidar menudo, desde Descartes ha pretendido establecer entre alma cuerpo una separación radical absoluta fondo, toda expresión, formulación, cualquiera fuere, un símbolo del pensamiento, al traduce exteriormente; este sentido, propio lenguaje no otra cosa simbolismo>>

René Guénon

En rigor, el gnomón más antiguo, fundamental e independiente de la voluntad de su portador es el cuerpo humano.

Desde que el cuerpo animal comenzó a erguirse y el homo erectus supo mirar de frente en tanto liberaba sus dos manos prensiles, el cuerpo humano se hizo gnomón y le impuso a su portador la necesidad de tener en cuenta su propia sombra, al principio como curiosidad y más tarde, como manera de conocer la antigüedad del día por el reflejo de las posiciones aparentes del Sol.

Fue así que a diferencia de otros animales, el hombre se percató que su sombra era controlable,ಥcta y comparable, de manera que con sus manos liberadas, plantó una estaca, lanza, poste o vara en el suelo e inventó el gnomon como una forma de ver y comprender la variación de sus propias sombras.

Con el gnomón inventado, el hombre contó con el equivalente de su propio cuerpo objetivado y en su tanto fuera de sí, pudo seguir el curso de las sombras del Sol y saber de los dos puntos extremos que como puntos de detención y estacionamientos hacia el Norte y el Sur, fueron interpretados cual los puntos extremos de la vida individual, sus puertas de entrada y salida de la vida respectivamente y pudieron verse en consecuencia, entrando a la vida terrenal y saliendo de ella como por dos puertas del cielo, la una de invierno y celestial y la otra infernal y de verano, puertas de las que solo Jano, el portero de los cielos, tenía sus llaves. De esta manera lo gnomónico en Jano se hace sagrado y pasa a ser un símbolo gnomónico e hierológico, esto es, un símbolo hierognomónico.

Siendo así, los dos "puntos de detención" del curso solar (es el sentido etimológico del vocablo "solsticio") deben corresponder a los dos términos extremos de la manifestación, sea en su conjunto, sea en cada uno de los ciclos que la constituyen, ciclos que están en multitud indefinida y que no son sino los diferentes estados o grados de la Existencia universal. Si se aplica esto más particularmente a un ciclo de manifestación individual, tal como el de la existencia en el estado humano, podrá comprenderse fácilmente por qué las dos puertas solsticiales se designan tradicionalmente como "la puerta de los hombres" y la "puerta de los dioses". La "puerta de los hombres", correspondiente al solsticio de verano y al signo zodiacal de Cáncer, es la entrada en la manifestación individual; la "puerta de los dioses", correspondiente al solsticio de invierno y al signo zodiacal de Capricornio, es la salida de esa misma manifestación y el paso a los estados superiores, ya que los "dioses" (los deva de la tradición hindú), al igual que los "ángeles", según otra terminología, representan propiamente, desde el punto de vista metafísico, los estados supraindividuales del ser

René Guénon

De manera semejante, la vara, poste, estaca, lanza o estilete destinado a las funciones gnomónicas, en muchas culturas se hizo escultura hierocéntrica tallada sobre madera, como es el caso de los chemamull y el rewe mapuche, en piedra otras; pero siempre con tendencia a las figuraciones generalmente zoomórficas o antropomórficas que de una manera u otra, intentan evidenciar el carácter dual y sagrado de los solsticios y por otro lado también, esa dualidad se refleja espacialmente en casi todos las construcciones y/o disposiciones ceremoniales.

Monografias.com

En la estela D del parque arqueológico de –Copán RuinasHonduras-, por ejemplo, la dualidad de los solsticios estaría representada no por dos rostros humanos opuestos como en Jano sino mediante una serpiente bicéfala, de manera que la dualidad solsticial, no la habrían registrado en el cuerpo antropomorfo en sí mismo, sino en los términos gnomónicos de su proyección sobre el suelo como serpenteantes sombras, pero tanto en uno como en otro caso, quien las contiene, la figura antropomorfa unifica y consagra sobre el cuerpo del hombre del cual proviene el gnomon y al cual se dirige en su devenir.

Algo semejante ocurre en las ceremonias mapuches, donde vemos por ejemplo que la disposición general del lugar sagrado, tiene una configuración decididamente gnomónica que por otra parte se correlaciona con la mitología Mapuche donde la oposición es al parecer entre sombras provenientes de la luna y el sol y/o de los solsticios más extremos y separados, pero recurriendo nuevamente a las sombras.
Por último y al solo efecto de ejemplo entre muchos otros, citamos la organización ceremonial de los Onas del Sur u Selk´nam, el espacio y su choza del Hain.
Para finalizar, recordemos que las proyecciones de los solsticios y equinoccios pueden ser del tipo gnomónico de sombras y/o de luces provenientes de un estenopo u pinhole, formas que técnicamente llamamos gnomónicas de sombras y/o estenopeicas y que graficamos para aclarar el concepto de ma manera siguiente:

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REFERENCIAS

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