GÉNESIS 2015 1.0.

Podríamos decir que la espiritualidad humana es escuchar y responder a los profundos anhelos que surgen desde el centro de nuestro ser, anhelos de búsqueda, de exploración, de crecimiento e interacción con nuestro entorno humano y natural. Pero a todos los niveles y en todos los seres hay sentires análogos: impulsos, por más mínimos que sean, que no se contentan con el status quo. Exploran sus posibilidades y buscan realizar su potencial. La evolución, tanto cósmica como biológica, es la expresión primordial de esta inquietud creativa, de una espiritualidad que es intrínseca en todos los aspectos del Universo.

La espiritualidad, por lo tanto, no es un fenómeno meramente humano. Y es más, los humanos tenemos la necesidad vital de una espiritualidad que emerge desde nuestras raíces genéticas, una espiritualidad que es tan profunda como los anhelos que impulsan el despliegue evolucionario cósmico y terrestre.

Acostumbrados a percibir al mundo natural como una realidad exclusivamente física, los escritores espirituales del mundo occidental suelen pasar por alto los grandes procesos del emerger evolucionario.

Los pueblos originarios, sin embargo, celebraron los grandes eventos cósmicos (tales como los solsticios y los equinoccios) como momentos espirituales por excelencia a los que había que celebrar en rituales y ceremonias. Reconocían intuitivamente el carácter sacramental del cosmos y de todas sus manifestaciones visibles. Y todavía, aunque hayamos olvidado su sentido primario, nuestros festivales religiosos más tradicionales siguen marcando momentos cosmológicos claves.

Sucede a menudo que aún la gente moderna, cuando siente la necesidad de la regeneración espiritual, busca un bosque, una montaña, la orilla de un río para descansar y contemplar con tranquilidad.

Esto lo hacemos instintivamente: sabemos, en el nivel más profundo de nuestro ser, que en estos lugares hay una espiritualidad activa que está profundamente ligada a nuestras propias energías vitales.

En el ámbito humano, la espiritualidad es aquel aspecto de nuestra existencia que explora las energías que nos rodean y que nos atraviesan, revelándonos las profundas conexiones entre todas las cosas.

Cuando tomamos el tiempo para meditar y profundizar nuestra conciencia de la gran red cósmica y terrestre de la cual somos parte, cuando nos permitimos escuchar a nuestros propios cuerpos, a la voz instintiva y arquetípica que nos habla desde nuestros genes, sólo entonces estamos en contacto con las energías primordiales que nos pueden conducir a la transformación personal y colectiva.

la espiritualidad no es la contemplación de mundos etéreos alejados de las realidades terrenales: es entrar en una profunda comunión con la dimensión pre-humana de nuestro propio ser, el cual constituye un microcosmos, la expresión de la totalidad numinosa que es el Universo.

En esta época de crisis suprema, en que el antropocentrismo de una humanidad que ha adquirido inmensos poderes tecnológicos está en peligro de causar nuestra extinción como especie, la construcción de una nueva forma de relacionarnos con el planeta y sus habitantes se ha vuelto urgente e imprescindible.

Aquella relación incluirá, necesariamente, el reconocimiento de la sabiduría inherente en todos los ecosistemas del planeta, la necesidad de escuchar al mundo natural en sus múltiples manifestaciones y de aprender de él, y la oportunidad de reconocer el carácter espiritual de todos los seres y procesos que se manifiestan en este planeta en evolución y en el Universo emergente.

Se trata de dar un vuelco de 180 grados con relación a nuestro cartesianismo habitual y cuasi-inconsciente. Nos empezamos a dar cuenta no sólo que no somos los únicos seres que tenemos inteligencia y sentir, sino que para recuperar una auténtica espiritualidad humana será necesario dejarnos instruir y transformar por la espiritualidad que está latente en la Tierra y en el mundo natural en todas sus manifestaciones.

Hay un día al año en que el Sol está en el 13º día en la constelación zodiacal de Sagitario, 9 días después de haber cruzado el Ecuador de la Galaxia y 4 días antes de que la Tierra alcance el punto de su órbita más cercano al Sol (peri-helio). No es una situación astronómicamente significativa pero es una descripción astronómica de ese día, aunque nuestro desconocimiento en materia (y en espíritu) astronómica no nos permite identificarla con una fecha del año del calendario al que estamos habituados. En el año chino es más o menos el día 335º. En el año indú, persa y bahá’í (que comienzan en el equinoccio de primavera) es el día 284º. Y en el año del calendario civil/eclesiástico romano/gregoriano es el 365º día, el último día, 31 de diciembre, de ese tipo de año, y al dar inicio a otro año de la era cristiana es un día importante para la mayoría de la Civilización, aunque no astronómicamente pues tal “tiempo” carece de ligazón con la dinámica de la Tierra en la Galaxia y en torno al Sol. Y en el calendario astrológico ese día corresponde al 9º día del mes o signo astrológico de Capricornio, que nada tiene que ver con la situación astronómica: Sol en el 13º día en la constelación zodiacal de Sagitario, 9 días después de haber cruzado por el Ecuador de la Galaxia y 4 días antes de que la Tierra alcance el perihelio.

 

El Sol no está exactamente en el centro de la órbita de la Tierra y por eso hay dos puntos extremos, afelio y perihelio, en los que la Tierra está más lejos y más cerca del Sol.

Afelio y perihelio: puntos más lejano y cercano de la órbita de la Tierra respecto al Sol

El Planeta Agua y Tierra está en su afelio cuando en nuestra memoria cronológica del calendario romano es el 4 de julio. Y está en el perihelio cuando es 4 de enero. Esta sería una de las muchas razones de comienzo de año natural. Es la causa astronómica básica, más allá de la propia dinámica climática de la atmósfera de la Tierra, de que mientras en un hemisferio está instalado el Verano en el otro está el Invierno y de que el Verano y el Invierno austral sean más extremos que el Verano y el Invierno septentrional.

afelioperiheliocalorfrio

Así mismo la situación del planeta en los puntos más lejano y cercano a su estufa (el sol) determina el patrón de temperaturas medias en ciertos puntos del planeta, como por ejemplo en el desierto de Kalahari cuyos registros de temperatura media durante el año son reflejo de que la Tierra está cada 6 meses en el punto más lejano y cercano al Sol, su fuente de calor.

geaafeperidesiertos

También se da una curiosa circunstancia de que en la distancia entre el punto de la órbita más alejado del Sol, el propio Sol cabe 109 veces, y resulta que el Sol es 109 veces más grande que la Tierra. Esto supone que cuando la Tierra en esa distancia la Tierra cabe 109 x 109 veces.

afelioperihelio109

El ciclo de fases de la Luna es su ciclo sinódico y dura 29,5 días desde fase nueva a fase nueva.

La luna entre la Tierra y el Sol cada 29,5 días da inicio a su ciclo de fases o sinódico

En 29 días y medio la Luna realiza más de una órbita: una y el 8% de otra. La denominación de ciclo de fases es del aspecto visual del ciclo, pues durante unos 26 días podemos ver a la Luna en sus distintas fases desde la primera visible en el crepúsculo a la última visible en el alba. En términos de tiempo podemos llamarlo familiarmente mes lunar, y astronómicamente mes sinódico o ciclo sinódico o lunación. Como mes lunar no hay que confundirlo con el mes del calendario cuyos meses tienen un número diferente de días: 28, 29, 30 ó 31. Tampoco hay que confundirlo con las llamadas “13 lunas”, pues la Luna no realiza 13 lunaciones al año, es decir en 365 días sino en 383 días, que son 18,6 días más que el año. Otra cosa es estructurar el año natural en 13 meses de 28 días y queda 1 día, pero 28 días no es un ciclo de la Luna sino sólo un promedio redondeado de sus dos ciclos orbital (sidéreo) y de fases (sinódico): 27,3 + 29,53 = 56,83 / 2 = 28,4 = 28.

Sólo en el calendario musulmán los meses se cuentan exactamente cada 29,5 días a partir de la primera fase visible de la Luna, y como la Luna realiza 12 ciclos sinódicos en 354 días, el año musulmán tiene 354 días, que son 11 menos que el año natural.

La mitad de 354 (12 ciclos sinódicos) es 177 (6 ciclos sinódicos), un número de días mencionado en el Libro de Enoc, capítulo 79:

3- “y el menguante de la luna que comienza a través de LA SEXTA PUERTA en la cual se completa su luz,”

4- “que ocurre en el primer portal en su tiempo y se completa a los CIENTO SETENTA Y SIETE o contado en semanas, veinticinco semanas y dos días.”

La “SEXTA PUERTA” se refiere al sexto ciclo sinódico, pues “CIENTO SETENTA Y SIETE” días son 6 ciclos sinódicos: 29,5 días x 6 = 177 días. En 6 ciclos de fases de la Luna, ésta da también 6 giros en torno a su eje de rotación.

El ciclo de fases o sinódico termina y comienza cuando la Luna pasa entre la Tierra y el Sol. Podemos verlo en esta imagen obtenida con el bonito planetario tridimensional de SolarSystemScope.

lunanuevasss

El ciclo sinódico de la Luna no es el ciclo de órbita. De hecho el periodo del ciclo sinódico es 2,2 días más largo que el periodo de la órbita, el ciclo sidéreo o sideral que dura 27,3 días. Esto significa que cada 29,5 días la Luna realiza una órbita suya en 27,3 días y el 8% de otra órbita en 2,2 días. Esto se debe a que durante los 27,3 días la Tierra recorre unos 27 grados de arco de su órbita al Sol, de modo que la Luna, para volver de nuevo entre la Tierra y el Sol, ha de compensar la proporción correspondiente en su órbita a la Tierra.

De hecho, aunque durante 29,5 días podemos ver las fases de la Luna y es normal que imaginemos que la Luna realiza un círculo en torno a nosotros, realmente traza una onda muy alargada que se cruza dos veces con la órbita de la Tierra, pues durante esos 29,5 días la Tierra (y la Luna) se trasladan por el Espacio recorriendo unos 77 millones de kilómetros, el 8% de la órbita de la Tierra.

En cada ciclo sinódico de la Luna, la Tierra(Luna) recorre el 8% de la órbita

Así tenemos una percepción completa del fenómeno, no sólo de tiempo sino también de distancia recorrida en el espacio durante ese tiempo y del movimiento real de la Luna (y de la Tierra). Aquí vemos con detalle y a escala proporcional muy aproximada a la realidad esa onda o trenza registrando la posición de la Luna cada 24 horas durante los 29 días y medio que el sistema Tierra-Luna se desplaza por la órbita terrestre.

lunatrenzaranuevaanueva

Durante el ciclo de fases la Luna también realiza un giro en torno a su propio eje de rotación, pues su ciclo sinódico está en sincronía con su giro, y por eso ocurre la curiosidad de que la Luna siempre muestra la misma cara la Tierra. De ahí que la Luna tiene su cara oculta para nosotros, pero no es siempre la cara oscura. De hecho, en el inicio de su ciclo de fases cuando está en fase nueva, la cara oculta de su esfera es la cara plenamente iluminada por la luz del Sol, y la que nos presenta no la vemos, y en los eclipses de sol no vemos ningún rasgo.

Con los 12 ciclos de fases en 354 días, el ciclo sinódico de la Luna -o también su giro o día- no está en sincronía con el ciclo orbital de la Tierra (el año natural), pero la sincronicidad sí ocurre cada 8 años con 99 ciclos sinódicos. En 354 días la Luna no sólo realiza 12 ciclos sinódicos sino también 13 órbitas a la Tierra en 355 días. Otra forma de decirlo es que la Luna cumple 12 días/giros suyos en 13 órbitas a la Tierra.

¡Es exactamente la misma proporción que realiza el planeta Venus en 8 años terrestres: 12 giros/días venusianos en 13 órbitas al Sol!

De hecho, en 8 años la Luna realiza un número entero de ciclos sinódicos: 99. Así, si su ciclo de fases es el básico del engranaje cíclico, el de 8 años con la Tierra (8 órbitas) y con Venus (13 órbitas) es la segunda pieza del engranaje,

La Luna llena del 5 de enero de 2015

loscuatroeclipseslunares3

La Luna llena del 5 de enero de 2015 es especial desde el punto de vista del ciclo de eclipses de la Luna pues es el momento intermedio de un ciclo de cuatro eclipses totales llamado tetrada o tétrada.

Como cada 29.5 días, el 5 de enero de 2015 la Luna está detrás de la Tierra de manera que la vemos en su fase plena de luz.

La Luna detrás de la Tierra en oposición al Sol. Luna llena.

Si la viéramos esa noche no apreciaríamos nada especial más allá de un habitual sentimiento de fascinación o de indiferencia. Sin embargo, lo que la hace especial es una razón astronómica y en concreto tiene que ver con sus ciclos de eclipses, aunque no es precisamente una luna llena eclipsada.

Esta luna llena es la intermedia del actual cuarteto o tetrada de eclipses totales que están ocurriendo durante 531 días (18 meses o días lunares) desde el 15 de abril de 2014 hasta el 28 de septiembre de 2015. El eclipse total anterior a esta luna fue el del 8 de octubre de 2014, y el posterior es 6 meses lunares después (177 días), el del 4 de abril de 2015.

Así veríamos la secuencia de los cuatro eclipses totales y de la luna llena intermedia en la órbita desde una perspectiva cenital.

Posiciones de la Tierra y la Luna en el cuarteto o tetrada de  cuatro eclipses lunares totales de 2014-2015

Así veríamos la secuencia de los cuatro eclipses totales en la órbita y la luna llena del 5 de enero desde una perspectiva cenital.


LA 2ª DE TRES TETRADAS (TRIADA DE TETRADAS)

Pero no sólo la luna llena del 5 de enero señala el momento y punto intermedio de la tetrada sino que también este cuarteto/tetrada de 531 días es a su vez el intermedio de un trío de cuartetos/tetradas que ocurren durante 130 años desde el 1950 al 2080. Así que esta luna llena es el punto intermedio de este ciclo de tres tetradas.

La Luna llena del 5 de enero y el cuarteto/tetrada de 2014-2015 es el intermedio en un ciclo de 3 cuartetos en 130 años

ESPEJO DE DOS ECLIPSES TOTALES DE LUNA

Una reflexión personal e impersonal. Cada 29 días y medio la Luna está en fase llena y destaca porque ilumina como una estrella nocturna al 7% de la potencia que percibimos del propio Sol durante el día. En una sociedad tan dada a festejos sociales, políticos o religiosos y desligada de la Tierra y la Luna no se suele celebrar la Luna llena. Sólo se despierta la atención y la curiosidad en general cuando los medios anuncian que la Luna será eclipsada, es decir cuando ocurre un eclipse de Luna, que es cuando estando en fase llena no brilla. Es decir que se destaca el hecho de que no destaque. El matiz rojizo apagado con el que a veces se ve a la Luna atravesando la sombra de la Tierra es lo que da pie a que se le llame “luna roja”, y también se le suele llamar con un matiz dramático de luna “de sangre”, una expresión mencionada en el libro del profeta Joel 3:4 y en el del Apocalipsis 6:12 de modo que en círculos judíos y cristianos/católicos se le suele conferir el carácter de señal astronómica de cumplimiento de profecías bíblicas o del regreso de el Mesías.

En este periodo de 531 días o 18 ciclos de fases desde abril de 2014 a septiembre de 2015 están ocurriendo cuatro eclipses totales de Luna separados por 177 días ó 6 ciclos de fases. Se le llama “tetrada”, que es un cuarteto. Tal periodo lunar tiene su momento intermedio en una fase llena que ocurre en la fecha del 5 de enero de 2015. Esa fase es el espejo en el que se reflejan mutuamente ambas parejas de eclipses de Luna que en la línea cronológica son anteriores y posteriores.


LA LUNA LLENA EN EL PERIHELIO

Otra razón astronómica que hace especial a esta luna llena es que coincide con que la Tierra está en el punto más cercano al Sol: el perihelio de la Tierra. De este modo ambas parejas de eclipses totales de este cuarteto ocurren equidistantes al perihelio de la órbita terrestre, y la Luna en fase llena durante el perihelio ocurre cada 19 años, el ciclo metónico.

 

 

Muchas civilizaciones ancestrales se dedicaron, con asombrosa obsesión y precisión, a la observación y adoración de los astros. Este culto a los astros se debe a que, en muchas culturas, sus relatos mitológicos mencionan que sus dioses descendieron del cielo, provenientes de planetas que forman parte del sistema de determinadas estrellas. Por esto, es habitual encontrar que algunas estrellas forman parte central de ciertos mitos respecto del lugar de procedencia de sus dioses.

En algunas culturas hasta construyeron sus monumentos alineados en función de sus astros de adoración, o bien crearon sus templos de modo de detectar los movimientos del Sol y de la Luna, como es el caso de Stonehenge y muchos otros dolmenes, cromlech, túmulos y menhires.

De entre todas las estrellas, hay un trinómio que es, por lejos, del que más referencias se encuentran en todas las culturas ancestrales: Sirio, Orión y las Pléyades, todas ellas prácticamente en la misma línea del horizonte celeste.

Eje de Las Pléyades/cinturón de Orión/estrella Sirio

Es realmente llamativo el foco puesto por las culturas antiguas sobre este trinomio de estrellas en particular, de entre todas las existentes en el firmamento. Asimismo, no es menos sorprendente la cantidad de similitudes respecto de la simbología de estas estrellas entre las distintas y distantes culturas. De hecho, en la mayoría de los casos, aún basados en distintos mitos, representaban los mismos conceptos.

Las Pléyades

Las Pléyades gozan de un prominente lugar en la mitología de todos los tiempos. Las Pléyades (en griego Pleias, ‘muchas’; Pleiades, ‘hijas de Pléyone’; o Peleiades, ‘hijas de palomas’), en la mitología griega, son las siete hijas del titán Atlas y la ninfa marina Pléyone.