formulario programatico 1.0.

El futuro del Anáhuac es su pasado, porque la experiencia-histórico social del Cem Anáhuac se concentra en la Toltecáyotl.

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CONCEPTO DE PRAXEOLOGÍA:

La praxeología, “ciencia de la acción” constituye un discurso reflexivo y critico (logos) sobre la práctica, la acción sensata (praxis) y es entendida como un campo de conocimiento, al que se le reconocen usos en el campo social y comunitario, en la formación y educación, que versa sobre las acciones humanas y que ha partir de sus sinergias integra la experiencia de los sujetos en la construcción de su propio proceso formativo, a partir de lo vivido, de lo cotidiano, de lo objetivado pro el discurso, de la investigación solidaria y cooperativa de un proyecto, de la autogestión en general, de los conocimientos validados por la experiencia.

La praxeologia pedagógica vincula la teoría educacional con la práctica educativa, en un proceso crítico – hermeneútico que se ocupa coincidentemente de la acción y de la investigación; que interesa simultáneamente al individuo y al grupo en la organización de una comunidad autogestionaria.

Al ser un logos de la Praxis que no busca teorizar sino analizar los actos que la integran, es un discurso sobre la acción de tipo reflexivo y crítico, sobre la acción sensata (razón pensante), de la cual ella busca el mejoramiento en término de pertinencia, de coherencia y de eficiencia. Es pedagógica, en tanto se interesa por las practicas que tienen que ver con las acciones educativas.

La praxeologia pedagógica se inscribe en la corriente praxeológica que ha contribuido notablemente a la investigación científica. Estas contribuciones han sido señaladas en la obra de J. Ostrowski titulada “ Alfred Espinas, précurseur de la praxéologie” (1973). Los praxeologistas entendieron que había que pasar de la teoría a la práctica; ellos postulan una capacidad de medir la eficacia de la acción y, por lo tanto, los modelos de la acción. La praxeologia entiende por objeto todo aquello que es construido a partir de la practica, indiferentemente de su composición, pero dando una atención particular a su composición o a su utilización.

En este punto es necesario establecer una diferenciación clara entre los conceptos de práctica, praxis y praxeologia. Mientras que la práctica educativa es entendida como algo opuesto a la teoría, es decir “algo” construido a partir del saber, de la manipulación de objetos o experiencias que solamente puede ser elaborado por el sujeto que realiza la acción, la praxis se entiende como una acción que transforma tanto la realidad interior como la realidad externa al sujeto – actor, una acción reflexiva que parte de lo concreto y que en un determinado momento es influida por los elementos teóricos. Por su parte, la praxeología se ocupa de analizar los actos que integran la praxis, es un razonamiento dialéctico y dinámico entre teoría y práctica; que implica la producción teórica a partir del racionalismo dialéctico y la conformación de comunidades académicas e investigativas.

Así, el enfoque praxeológico da primacía a los actores individuales que buscan sus propios fines y haciéndolo, crean una realidad social en devenir que, como discurso sobre la acción, constituye un discurso reflexivo y crítico – por ende filosófico – sobre la práctica social y profesional, que busca la innovación en términos de pertinencia, de coherencia y de eficiencia; y que, en tanto pedagógico, se interesa por aquellas intervenciones prácticas que pretenden la formación integral de las personas y grupos sociales.

La Pedagogía social.

Teniendo en cuenta que en la prospectiva socio-educativa de la Facultad se aspira a construir un modelo pedagógico social, que permita intervenir la realidad social con el fin de transformarla, consideramos pertinente hacer una breve revisión sobre los antecedentes de lo que se ha llamado “pedagogía social”.

La pedagogía social, originada en Alemania durante el siglo XIX, fue entendida como una ciencia pedagógica de ayuda a la juventud (en el sentido de ayuda educativa, profesional y cultural), como lo muestra la publicación titulada “Pedagogía Social” de Natorp en 1978 (Citado por Fermoso, 1994), que plantea una educación realizada desde el trabajo comunitario y práctico, basado en una conciencia comunitaria de clase social y democratización de la educación.

Por su parte Nolh, a comienzos del siglo XX, la caracteriza como “la pedagogía del tercer espacio”, basada en la construcción del individuo a partir de la prevención de problemas sociales, la intervención y la curación de necesidades. Luego de la postguerra, en Italia se entiende como una educación informal y extraescolar, en los países anglosajones como el análisis y la acción en contra de la pobreza, en Francia como la intervención de necesidades sociales en animación sociocultural, educación de adultos y formación en la empresa, al igual que en España. En este último país se constituye en un seminario de pregrado, diplomado y especialización en la década de los ochenta. En la actualidad se derivan cuatro tendencias teóricas de la pedagogía social: Teoría crítica, racionalismo crítico, marxismo y ecologismo.

Fundamentación epistemológica

En el ámbito universal, según P. Fermoso (1994), una epistemología para la Pedagogía Social debe partir de su conceptualización, de la definición de su objeto, de sus funciones y del ámbito de estudio, de igual modo de su saber científico y técnico en el campo de la educación social. Este autor sugiere tres vías de fundamentación epistemológica, la vía conceptual, la vía histórica y la vía hermenéutico – heurística.

La vía conceptual, toma la pedagogía social como aquel campo del conocimiento educativo – pedagógico, que trasciende lo individual y posibilita el mejoramiento de la calidad de vida de las personas y las comunidades, no solo en lo económico, sino en lo político, lo tecnológico, lo cultural y lo estético, tanto para la educación formal como para la informal y no formal, mediante una acción permanente con las comunidades más necesitadas.

La vía histórica señala inicialmente el carácter social de la pedagogía en sentido general, presente a lo largo de su historia y particularmente de su sentido en el pensamiento occidental. La pedagogía ha producido transformaciones sociales que pueden ser rastreadas desde Grecia a nuestros días. El nexo educación y sociedad es real y de generalizada aceptación. La experiencia formativa de los seres humanos es una experiencia social, igual que las intervenciones pedagógicas intencionales propias de la institución escolar. Lo social es entendido aquí como el campo de desarrollo de posibilidades espirituales, materiales y culturales en las que los seres humanos concretos actúan y se relacionan con sus diferentes entornos de manera equilibrada. Esto quiere decir que esta forma de ver las cosas es más un deber ser que una realidad que de suyo es contradictoria y cambiante pero susceptible de ser transformada y replanteada.

La vía hermenéutica heurística toma la posibilidad que tiene la Pedagogía Social de hacer interpretaciones de sus teorías auscultando sus esencias, sus experiencias generales con algún grado de universalidad, preguntándose por sus espacios y sus actores, su pensar y su sentir. Verificando sus procesos investigativos en las prácticas propias de su hacer social personal, institucional o grupal.

La praxeologia pedagógica representa para nosotros una investigación educativa realizada por la persona, agente o actor de un proceso educativo. Ella comprende las finalidades, los procesos, los métodos reflexionados y las criticas de la praxis. Ella pretende la concientización del actuar y la emancipación de la persona en los diversos espacios y tiempos de su vida cotidiana. Es un proceso de descubrimiento pero sobre todo, de creación de conocimientos nuevos a partir de la actividad o sobre todo a partir de la praxis. Siempre podemos caer en una especie de círculo cerrado: los cambios nos impiden ver lo permanente, pero lo permanente está cambiando y no tenemos medios teóricos para comprender qué cambia de lo permanente y hacia dónde. Sólo la acción entendida como praxis, como praxeología, puede sacarnos del círculo. Pero ella exige y supone una revisión autocrítica de nuestros errores, así como una valoración realista de nuestras posibilidades y potencialidades, que son mayores de lo que sospechamos desde nuestro pesimismo cegato y quejumbroso. Todos estos factores esenciales del modelo formativo que estamos implementando y que esta investigación ayudó a clarificar.

Por eso podemos concluir qué hablar de un modelo de formación de un futuro docente desde la praxis, es “hablar de la pedagogía” como momento de interpretación de nuestra intervención sobre la realidad, evocando diversas perspectivas. Es situar a la pedagogía como campo hermenéutico de intervención: la pedagogía pasa a ser el marco de referencia utilizado por el agente – actor para comprender su campo de intervención y su gesto mismo. El docente conduce así su intervención sobre la realidad y su mirada de la misma, refiriéndose a cierta visión del mundo (cosmovisión) que le da el aparato conceptual para leer la situaciones, interpretarlas críticamente para intervenirlas, construir una cierta imagen del mundo del SER HUMANO: LA CONTEXTUALIZACION NOOSFERICA DEL APRENDIZAJE PERMANENTE Y DE LA PERSONA QUE APRENDE….

 

 

EPISTEMICIDIO Y MISERIA DEL MÉTODO

EN LA INVESTIGACIÓN SOCIAL LATINOAMERICANA

 

La diversidad epistémica del mundo ha sido tratada de destruir y ha sido negada por el eurocentrismo. En efecto, como afirma el Dr. Enrique Dussel, existe una tetralogía necrófila consistente en la creación y vinculación de cuatro factores que explican el caótico mundo en el que hoy vivimos, y el cual, por cierto, pareciera que no tiene futuro. El colonialismo, la modernidad, el capitalismo y el eurocentrismo, nos han llevado a un mundo carente de lógica, inteligencia y humanidad. Donde el abuso, el racismo y la codicia han hecho vivir a muchos pueblos del mundo episodios de injusticia, miseria y genocidio como nunca se había vivido, en lo que los toltecas, nuestros Viejos Abuelos, llaman Quinto Sol.

 

 

El epistemicidio ha creado “un solo universo”, es decir, el conocimiento del mundo y la vida a través del eurocentrismo y ha menospreciado y negado el conocimiento milenario y plural de Egipto, Mesopotamia, China, India, Anáhuac (Norte América) y Tawantinsuyo (Sur América).

Jorge Lora Cam

1. Introducción

Este es un texto para el debate. Contiene algunas reflexiones críticas a la epistemología y metodología hegemónica. Al mismo tiempo trata de recuperar los aportes latinoamericanos a este debate. Debemos puntualizar que éstas se basan en lecturas filosóficas, en algunos de los últimos debates de la sociología de la ciencia, en la experiencia en investigación que siempre nos obliga a pensar en estos aspectos y en las inquietudes de algunos investigadores reconocidos como tales. Los más serios aceptan que el debate sobre la ciencia surge desde el poder y que es ineludible darlo en esos términos, que la realidad es más rica que la o las teorías y que lo prioritario es la acción transformadora. Algunos posmodernos1 proponen la deconstrucción de la metafísica occidental y limitan las pretensiones omniabarcantes de las teorías. Esto significa, destacar la relatividad de las teorías y la propia reflexividad de la ciencia.

Pensamos, por el contrario, que en la investigación no hay lugar para desechar la teoría, no hay algún momento del proceso de investigación en el que se pueda prescindir de ella, excepto, relativamente, en el examen del momento histórico, donde el razonamiento crítico adquiere centralidad; siendo, sin embargo en algunos momentos más significativa que en otros. Aceptando su indudable importancia hay que hacer un uso crítico de ella a través de la viabilidad de las categorías como conceptos más generales, mediadores con la realidad, resignificándolos y, de ser pertinente, ir más allá y adoptar una teoría asociada a la utopía. Para ser críticos, no hay que dejar de buscar el origen de las teorías y descubrir para qué fueron construidas; en este sentido debemos cuidarnos del eurocentrismo –que incluye a los Estados Unidos, como su prolongación—y de la colonialidad del saber-hacer,2 más peligrosa cuando es fundamentalista.

El conocimiento es la base de la vida de relación y en nuestra época base del poder. Después de los griegos que permitieron la coexistencia de filosofía, religión, superstición y ciencia, ha atravesado momentos difíciles por el largo predominio de las ideas religiosas hasta la revolución industrial y el renacimiento de la ciencia y la filosofía cuando – al decir de Rolando García— la ciencia se va a ocupar de decir al resto de la humanidad las leyes naturales y los filósofos de explicar a los científicos qué es lo que sus teorías quieren decir.3 En el siglo XX la filosofía especulativa que dominó el siglo anterior se derrumba y aparece la epistemología o filosofía de la ciencia. Así como la filosofía especulativa no pudo fundamentar los conceptos de la ciencia, tampoco el empirismo lógico podrá resolver cómo pasar de las sensaciones a la construcción de teorías, y después nunca se pudo partir de proposiciones que representan sensaciones para construir un vocabulario suficiente, pues faltaba establecer las relaciones para ello.

Para los positivistas el conocimiento es concebido en términos de lógica del experimento, busca leyes universales y se apoya en métodos que le otorgarían carácter científico. El modelo es hipotético deductivo, según el cual todas las explicaciones científicas adoptan la forma de una proposición acerca de un acontecimiento de al menos alguna ley universal combinada con condiciones iniciales y limitativas. Los positivistas lógicos reducen la filosofía de la ciencia al análisis del lenguaje que expresa fenómenos físicos sensorialmente perceptibles.

Una proposición solo tiene sentido si se apoya en la verificación. Popper rechaza el verificacionismo y concibe la teoría como supuestos estructurados y abiertos al control de la crítica: en ella se formulan hipótesis para someterlas al proceso de falsación. Si la teoría es falsable se rechazan los supuestos teóricos y si resiste la falsación, se aprueba provisionalmente hasta que aparezca otra teoría que la pueda falsear. Va más allá que la confirmación de hipótesis. Kuhn señala que el conocimiento es validado por las comunidades científicas, configurándose socialmente la ciencia. Con las revoluciones científicas se establecen nuevos paradigmas. Lakatos dirá que son los programas de investigación científica cuya meta es la acumulación de evidencias ‘empíricas’ que soporten la investigación, a manera de cinturones de seguridad que protegen la teoría. Para Habermas es la objetivación del conocimiento basado en el interés del sujeto por acercarse y conocer el mundo. Plantea que de las acciones constitutivas del trabajo surge el interés técnico y el enfoque empírico analítico, donde el sujeto somete al objeto y domina la neutralidad valorativa; de las acciones asociadas al lenguaje brota el enfoque histórico hermenéutico desde los procesos comunicativos mediados por la tradición y la historia, posibilitando la comprensión de la formación de identidades y la transformación del mundo; y, de las acciones relacionadas a la interacción social nace el interés emancipatorio y el enfoque crítico social.

En conclusión, ni para Lakatos ni para Popper la metodología proporciona reglas para resolver los problemas científicos; su campo parece ser el enfoque lógico y el contenido las reglas para evaluar teorías plenamente articuladas. Se trata de prescripciones para la sana práctica de la ciencia.

La sociología de la ciencia había reemplazado a la epistemología. Piaget reabre el debate con el planteamiento de la construcción del conocimiento en base a las interacciones con el mundo externo, que junto a otros elementos permite conocer o lo que es lo mismo, permite organizar los datos de la realidad y darles un sentido. Es un proceso social continuo que incluye una lógica de la acción y otra de significación, que preceden al razonamiento proposicional.

II. Eurocentrismo, colonialidad del saber y reconstrucción del pensamiento crítico en América Latina.

América Latina vive una renovación de la tradición crítica que acompaña a las transformaciones sociales, y al proceso descolonizador que impulsan los movimientos sociales. El pensamiento crítico que había dejado de lado las tendencias más radicales de la Escuela de Frankfurt y se había quedado en el paradigma histórico estructural a fines de los años 70, frente a la embestida del pensamiento único neoliberal se renueva con los trabajos de Aníbal Quijano (1998-2000), Jurgen Schuldt, Sergio Bagú, Pablo González Casanova (1998-2004), René Zavaleta, Agustín Cueva, Edgardo Lander (2000), Enrique Dussel (2001-2004), Walter Mignolo (2000), Escobar (2000), Fernando Coronil (2000), Enrique de la Garza y Hugo Zemelman, etc. que forman una nueva comunidad científica con Pierre Bourdieau, Boaventura Sousa dos Santos (2000-2005), James Petras (2000 y Ss.), Jean Piaget, Rolando García (2000), Samir Amin (2003), Noam Chomsky, Inmanuel Wallerstein, David Harvey, Michel Chossudovsky–entre los principales—que con sus naturales diferencias, deficiencias y aspectos criticables son ejemplares en esta perspectiva crítica.

Marx, que está detrás de todos ellos, aceptó la conversión de la filosofía en ciencia social sin perder la dimensión emancipatoria de la filosofía. Había que transformar el mundo. Desentrañó las raíces ideológicas de la ciencia y los mecanismos sociales de dominación que ocultan una noción objetivista de la ciencia. Critica a lo más avanzado de la filosofía y la ciencia social hegemónica: a la economía política. Trata de eliminar la metafísica y establece que las condiciones materiales que crearon los hombres es una acción social que también los configura. La separación filosofía-ciencia se mantiene; la primera como reflexión sobre la otra y en la tradición ontológica metafísica, la ciencia social cosificada rechaza la dimensión práctica emancipatoria. La filosofía y la ciencia avalaban el orden social establecido.

El marxismo, como teoría crítica, es más que la ciencia tradicional sin ser una ciencia; cuestiona la concepción que la asocia a un conjunto de proposiciones donde unas se deducen de otras y que como modelo lógico sirve para organizar e interpretar los datos de la observación y experimentación, que aplicada a lo social, esta concepción materialista es una crítica a la razón que domina el objeto que trata de conocer y que se convierte en una ideología cosificada que formaliza la razón subjetiva.

Marx pensó el progreso como realidad contradictoria a partir del examen del desarrollo de las fuerzas productivas que crean riqueza y al mismo tiempo empobrecen; al abolir la propiedad privada y la alienación se acaba con la primera acepción, pero no garantizan la superación de la segunda. Marx abogaba por las libertades radicales, de toda autoridad y dominación: la libertad era el pleno desarrollo de las capacidades. En este sentido fue heredero de la Ilustración. E incluso eliminaba a la ciencia de autoridades heterónomas, esclavizadoras del hombre. Para él, era el intelecto general asociado a la autonomía, a la libertad y al desentrañamiento del mundo. Sus concepciones correspondían al momento histórico post II Revolución industrial.4

Para Horkheimer el concepto de razón está enfermo desde su propia raíz. Es su propia naturaleza que nació por la necesidad de dominar la naturaleza y colocar al hombre en una casilla. Para él, la ciencia puede ponerse al servicio de las fuerzas sociales más diabólicas, oscuras, y el cientificismo muestra perspectivas tan restringidas como la religión militante. 57 años atrás ya señalaba en Dialéctica de la Ilustración que se considera inútil y superfluo aquel pensamiento que no sirve a los intereses empresariales. La decadencia del pensamiento fomenta a la obediencia a los poderes establecidos de quienes controlan el capital.

Señala Ramón Grosfoguel:

…el éxito del sistema mundo moderno/colonial consiste en hacer que sujetos socialmente ubicados en el lado oprimido de la diferencia colonial, piensen sistemáticamente como los que se encuentran en las posiciones dominantes. Las perspectivas epistémicos subalternas son un conocimiento que viene desde abajo, que produce una perspectiva crítica del conocimiento hegemónico en las relaciones de poder involucradas.5

Lo que apunta Grosfoguel es que todos los conocimientos están ubicados en el lado dominante o subalterno de las relaciones de poder, lo que tiene que ver con la geopolítica y la cuerpo política del conocimiento, con un egocentrismo que se considera universal y único. Son parte de diseños globales articulados a la producción y reproducción de una división internacional de la producción y el trabajo, que corresponde al colonialismo entendido como proceso y a la colonialidad reconocida como relaciones estructurantes de las clasificaciones y jerarquías interseccionales imbricadas de jerarquías globales múltiples y heterogéneas de formas de explotación y dominación, ordenadas por la clasificación racial y étnica del mundo.

Es el caso de Samir Amin quien define el eurocentrismo como “un culturalismo en el sentido de que supone la existencia de invariantes culturales que dan forma a los trayectos históricos de los diferentes pueblos, irreductibles entre si”.6 Agrega que es una posición antiuniversalista pero que se presenta como tal, al proponer la imitación del modelo occidental como solución a los desafíos del momento histórico. Para Amin, es un fenómeno cuyas raíces no ven más allá del Renacimiento y que se ha difundido en el siglo XIX. Es un paradigma del capitalismo moderno, una deformación en la ideología y teorías sociales dominantes; se manifiesta en el sentido común y en las formas eruditas de especialistas de diversos dominios de la ciencia social. Es una reconstrucción metodológica de la historia de Europa y del mundo, que lleva a la destrucción de los pueblos y civilizaciones que se resistan a la expansión del universalismo capitalista mediante el genocidio o conflagraciones. El nazismo fue sólo su formulación extrema. De estas premisas llega a la denuncia de la insuficiencia del conocimiento científico de la sociedad. A partir del siglo XV el buen salvaje se convirtió en primitivo. El colonialismo para occidente es considerado como una etapa necesaria en el avance hacia la cultura occidental. Las sociedades primitivas tendrían un bajo nivel tecnológico y escasos rendimientos económicos. La relación Europa-América sigue basándose en la negación del otro. Tanto Quijano como Amin no se quedan en el culturalismo, quizás les faltó las palabras adecuadas para expresar otras dimensiones que la teoría colonial sí podría ofrecer.

La Escuela de Frankfurt avanzó en otra perspectiva. Al mismo tiempo que recuperan a Hegel, Marx y Freud retoman y destacan la razón negativa, la crítica al capitalismo y la teoría de los instintos reprimidos, respectivamente. Para Adorno la razón no puede aprehender lo real: pone de manifiesto lo no idéntico y lo diferente. Extrae de lo semejante lo no semejante, rompe los esquemas conceptuales que racionalizan la realidad. Lo negativo desmitifica totalidades, prácticas y teorías, dando primacía al objeto, a las realidades.

Adorno al hacer hablar a la realidad lucha contra la prepotencia de las ideas y de los sistemas filosóficos, pretende modificar las categorías cognoscitivas y la crítica urgente que oculta una cultura escoria. La dialéctica negativa se convierte en una teoría crítica de la sociedad. Reale-Antiseri sostienen:

En lo que respecta al idealismo, su aspiración filosófica a la totalidad […] se ha desvanecido, el neokantismo se ha visto reducido a formulismos varios; en lo que concierne al neopositivismo, “hay que decir que la tesis de la asimilabilidad de principio de todos los interrogantes filosóficos por las ciencias particulares hoy no es algo incontrovertible, a salvo de dudas, y tampoco se halla tan carente de bases filosóficas como se suele afirmar”. La fenomenología de Husserl, aunque cambiante y refinada sigue siendo un programa irrealizable, el existencialismo de Heidegger no es más que un primitivo irracionalismo, el positivismo se reduce a una aceptación acrítica de los hechos, de lo existente y no se da cuenta de que los hechos no son datos inamovibles, sino problemas.7

Fue una necesidad para el avance del pensamiento crítico el deslinde y critica de la filosofía hegemónica de su tiempo, incluyendo al marxismo dogmático apriorista y teleológico, que sabe clasificar y conoce las respuestas sin conocer nada de él mismo, ocurriendo algo similar al positivismo, donde la razón también es instrumentalista y funcionalista. La razón sólo puede construir y perfeccionar instrumentos y técnicas adecuadas a fines establecidos y controlados por el sistema.

La crítica de la razón occidental por esta escuela aún es pertinente después de más de medio siglo. La enfermedad de la razón occidental nace de la necesidad autoimpuesta de dominar la sociedad y la naturaleza. La razón subjetiva se independiza del contenido objetivo, obedece a contenidos heterónomos, transforma las ideas en cosas, desinteresándose por la verdad, el hombre y la naturaleza.

El pensamiento occidental considera inútiles las teorías que no sirven al poder constituido, fomenta la obediencia al capital y construye una cultura del éxito y del consumo, deifica la productividad y subordina a la resistencia.

La solución no la encentran en el método por que la sociedad no es coherente, ni simple, ni neutral. Mas bien es contradictoria pero determinable, racional e irracional, sistémica e irregular, ciega y conciente. No es susceptible a la estructuración categorial que considera a priori a los sujetos.

De ahí que el método dependerá del objeto, anticipado por el momento del todo; es crítico de los hechos, de las contradicciones de la sociedad. Y es que no todo teorema se traduce en hipótesis y la teoría es el objetivo no el vehículo de la ciencia social. El camino crítico es formal y material. La dialéctica es una teoría descriptiva de las contradicciones objetivas, reales de la sociedad. La totalidad es la conciencia de la ciencia, una teoría de la estructuración objetiva.8

La teoría crítica busca trascender la falsa antítesis de una filosofía holista sin base empírica y una investigación empírica que se agota en el análisis, sin fuerza para construir la síntesis.9

La teoría crítica corresponde también al momento histórico, disuelve la filosofía en ciencia social, reconvierte la filosofía de la historia en teoría del presente. El pensamiento posmoderno tiene puntos de contacto al proclamar la heterogeneidad y expresar un malestar con la razón absoluta, la razón moderna que tiraniza y articula una sociedad perfecta y productiva: el occidente eurocéntrico, etnocéntrico, androcéntrico, neoliberal y recolonizador. Al tomar en consideración aquello que excede la razón, proyecta un método que no cristaliza lo real, que no impone categorías irreflexivas, inertes o extrañas, que no limita a priori desde arriba y no asigna un deseo de realidad instrumental. Abordar lo real como configuración o constelación, donde lo real se despliega en una totalidad, que no se cierra en los límites de la razón occidental, incapaz de captar la riqueza de la experiencia. Hay que movilizar todas las capacidades como la de abstracción y la sensibilidad para captar las potencialidades y excedentes de realidad.

La realidad no es en absoluto racional. Una realidad desgarrada, no apaciguada e irreducible quiebra y desmitifica todos los intentos filosóficos, cualquier totalidad tanto teórica como práctica y por tanto política. No se puede ocultar la realidad con la prepotencia de las ideas, de los sistemas filosóficos. Modifica las categorías cognoscitivas e invierte las esquematizaciones.

Que el espíritu no logre la conciliación e identificación se convierte en motor de la propia desmitificación, es la dialéctica negativa. La crítica al idealismo con su aspiración a la totalidad se ha desvanecido. La Ilustración ha tratado de racionalizar al mundo para someterlo a la dominación, luego se paralizó por miedo a la verdad. El neokantismo se reduce a formalismos varios; el positivismo es una aceptación acrítica de los hechos sin darse cuenta que los hechos son problemas; el neopositivismo no cumple con asimilar los interrogantes filosóficos por las ciencias; la fenomenología es un programa irrealizable; el existencialismo no es más que un primitivo irracionalismo y el marxismo soviético sabe clasificar un fenómeno sin conocer nada acerca de él. Estas imágenes desviadas de la realidad solo sirven al poder. Lo que ahora importa no es la verdad de las teorías si no su funcionalidad. La razón es pura razón instrumental, que sólo puede individualizar los instrumentos adecuados al logro de los fines establecidos por el sistema.10

Adorno sostenía que la teoría de sistemas de Parsons se sitúa en un nivel de abstracción tal que carece de todo valor de conocimiento social. La sociología que opera con encuestas, recoge opiniones y supone que éstas son la realidad. La realidad fetichizada es identificada con la realidad de mercado que también es fetichizada, que puede ser develada por la totalidad como procedimiento metodológico.

La investigación Empírica se convierte en ideología cuando hace de la opinión pública un absoluto, vinculado a un concepto nominalista de verdad, que introduce la voluntad de todos como verdad.

En América Latina el quehacer de las ciencias sociales es la crítica del poder colonialista y de las formas de colonialdad que forman parte de las relaciones de explotación y dominación. La teoría debería buscar en la práctica su explicación racional y proseguir la crítica de las racionalizaciones fetichizadas en la teoría burguesa. Pasar de las relaciones entre cosas a las relaciones entre hombres, de la apariencia a la esencia, de la especulación a la raíz orientada al derrocamiento, a la extinción de todas las relaciones que los oprimen, someten, humillan y rechazan. La producción del saber nace de la experiencia cotidiana cuando los sujetos pretenden visibilizarse a través de sus demandas y no encuentran el lenguaje, ni las teorías para hacerlo. La conciencia de negación requiere de su historización para el descubrimiento de las dinámicas de la práctica social. Para procesar esencialismos, desidentidades, relatos fundadores hay que reconstruir los saberes y los cierres categoriales tanto simbólicos como materiales.

Esta concepción supone un mundo descolonizado sujeto a geoestrategias imperiales. Surge del pensamiento africano y oriental. Sin embargo, desde América Latina la visión es distinta y diversa. Están la teoría de la dependencia, las teorías poscoloniales, la teoría del colonialismo interno, la teoría de la colonialidad del poder y el nuevo pensamiento indígena.

En el patrón de poder colonial, principio organizador de la explotación y dominación las jerarquías incluyen una división internacional del trabajo y un sistema interestatal colonialista; un modo de producción colonial, relaciones y fuentes de producción tributarias y de plusvalía que reconfiguran y ordenan las clases y etnias coloniales, en una jerarquía de dominación racial, de género y sexual, en una escalafón que se hace hegemónico en lo cultural, lingüístico, epistémico y religioso.

La descolonización fue parcial y en cada momento histórico se intentó recolonizar a través de la acumulación por desposesión y con los colaboracionistas criollos. Hablar de una fase poscolonial no se ajusta a la realidad histórica como lo hace Grusfoguel, que además critica el economicismo del marxismo. No entiende que la concepción materialista de la historia es una noción metacientífica de la historia basada en la decisión de un estilo de pensar que atribuye a la economía un papel fundamental en el conocimiento histórico y a lo económico una función análoga en la vida histórica. Un papel básico pero no integral.

Igualmente, la colonialidad del poder no puede reducirse a la dominación cultural o a la opresión colonial racista como lo hace Pajuelo.11 Esta relación comprende al plano del conocimiento, de las desidentidades y del conflicto propiamente cultural –la tensión de la subjetividad—donde adquiere sus rasgos más profundos.

A partir de la mitad del milenio pasado con los descubrimientos el sistema mundo es sustituido por el capitalista-planetario cuyo centro es Europa. El paradigma de descubrimiento imperial y la matriz conceptual varía a lo largo del milenio y fue la economía política y simbólica de la definición del nosotros la que determino la definición de ellos. 12 La independencia fue concebida por los descendientes de los colonizadores europeos a diferencia de Asia y África.

Quijano no considera que la violencia civilizatoria de poder y dominación no sólo se ejerce a través de la destrucción de conocimientos nativos tradicionales y la inculcación de las verdades de occidente sino también en la conversión de la naturaleza en recurso natural. De Galileo a Newton, de Descartes a Bacon, emerge un nuevo paradigma científico que separa la naturaleza de la cultura y de la sociedad y la somete a una predeterminación bajo leyes matemáticas.

La producción de inferioridad— al decir de Boaventura de Sousa Santos— es crucial para sustentar el descubrimiento imperial y por ello es necesario recorrer múltiples estrategias de interiorización: la guerra, la esclavitud, el genocidio y etnocidio, el racismo, la violencia, la descalificación, la transformación del otro en objeto o recurso natural y una vasta sucesión de mecanismos de imposición económica (tributos, colonialismo, neocolonialismo, y globalización neoliberal acompañada de recolonización), de imposición política (Cruzadas, imperio, estado colonial, dictadura y democracia) y de imposición cultural (epistemicidio, misiones, asimilación y finalmente industrias culturales y cultura de masas).

De Sousa identifica tres grandes descubrimientos matriciales del milenio: oriente como lugar de la alteridad; el salvaje como el de la inferioridad; la naturaleza como el de la exterioridad.13 El descubrimiento imperial no reconoce igualdad, derechos o dignidad en lo que descubre.

La propia CEPAL, a través de su filósofo de estantería, Martín Hopenhayn, reconoce que la llamada independencia y la nacionalización mediante el Estado terminó en una homogenización que arrasó con las culturas indígenas mediante aculturación-culturización o exterminio operando como relevo de la evangelización, quitándoles su universo simbólico para disciplinarlos en el trabajo productivo, la ideología del Estado-Nación, el espíritu racionalista y el uso de una lengua europea.

Subirats anota que el papel civilizador y ordenador de la violencia puede reconstruirse a partir de la estructura epistemológica del conocimiento científico industrial y acusa a Bacon de vincular el progreso tecnocientífico a la expansión colonial de comercio e industria europeos. Asumiendo la disolución de vínculos sociales y éticos, y la destrucción de memorias históricas de civilizaciones y pueblos colonizados como su condición científica (El Viejo Topo).

A fines del milenio los pueblos indígenas, afrolatinos y afrocaribeños presentan los peores indicadores socioeconómicos y son los más pobres de la región; sufren el deterioro de sus recursos naturales, si no es la disminución y pérdida de territorios ancestrales. Son excluidos en el trabajo y obligados al trabajo servil doméstico o a migrar. En la educación, cuando logran acceder a ella, carecen de pertinencia pedagógica e interculturalidad. También son discriminados en servicios de salud y en la distribución de ingresos, excluidos de participación política y justicia.14

Existe una complicidad entre las ciencias sociales con la colonialidad del poder-saber-hacer en la producción de un conocimiento fetichizado y en los diseños globales imperiales de poder. Los proyectos nacionalistas y desarrollistas no pueden dar una solución a problemas globales.

El conocimiento científico del siglo XIX estaba sometido a las leyes de la física newtoniana y su concepto de causalidad, a los postulados de la biología (progreso y evolución) y a las reglas cuantificadoras de las matemáticas. El nacimiento de las ciencias sociales construyó conceptos y categorías legitimadores del etnocentrismo eurocéntrico y funcionamiento del sistema mundo imperialista-colonial.

El mismo autor sostiene que actualmente es imposible innovar teóricamente en las ciencias sociales a partir del centro:

Dentro del centro, la organización, la competencia, el control de la novedad científica, las lealtades disciplinarias hacen imposible, sobre todo en el siglo XXI, innovar teóricamente. Frente a ello son visibles los esfuerzos desde el sur, a pesar de las difíciles condiciones para producir ciencia en esos países.15

El conocimiento científico de la modernidad es un gran epistemicidio al haber suprimido en la marginalidad a conocimientos distintos. Distingue cinco modos de producción de ausencias en la racionalidad de las ciencias sociales de occidente:

–La monocultura del saber y del rigor que descredibiliza los conocimientos alternativos

— la monocultura del tiempo lineal y la idea de que la historia tiene un sentido de progreso, de desarrollo al que deben de aspirar los otros pueblos no europeos

— la monocultura de la naturalización de las diferencias que ocultan las jerarquías

— la monocultura de la escala dominante donde lo global es hegemónico y lo particular-local no cuenta, y

— la monocultura del productivismo capitalista que se aplica tanto al trabajo como a la naturaleza y desecha toda otra lógica productiva. 

Es una jerarquía abstracta de conocimientos que asume que la ciencia es única y no hay otros saberes. Frente estas monoculturas de Sousa ofrece una ecología de los distintos saberes, de temporalidades, reconocimientos, transescalas y de producciones y distribuciones sociales.

La ciencia moderna perdió confianza epistemológica, de allí la aparición de cuestionamientos de una cultura que ratifica una concepción restringida de verdad. La cultura occidental es la más fundamentalista de la historia por que tuvo durante mucho tiempo una práctica de aislamiento agresivo. Durante los dos últimos siglos la razón indolente asume diversas formas: impotente, arrogante, metonímica y proléptica que subyace al conocimiento hegemónico. Esto muestra que el paradigma de la modernidad es que no existe una sola forma de dominación y transformación, se presenta con múltiples rostros. 

Y al comenzar el siglo XXI quiere desestructurarse toda idea de comunidad, de autorepresentación social, de autodeterminación, de identidad y de alternativas. Estamos ante el culto a los objetos, de dessocialización y privatismo.

En estas condiciones no hay una sola producción de ideas nuevas en las ciencias sociales hegemónicas que pasan de la oscilación entre la tensión regulación-emancipación, dejaron fuera a las sociedades coloniales, pero no la tensión entre violencia coercitiva y asimilacionista. La racionalidad indolente y perezosa que desperdicia la experiencia proviene de un positivismo epistemológico que independiza la ciencia de la cultura y sólo busca la transformación. Lo mismo que Piaget y García señala que la racionalidad del conocimiento Oriental es más comprensiva, compleja, global, holística, totalizante donde hay una multiplicidad de mundos, de tiempos y espacios.

Coincidimos con de Souza cuando sostiene que la epistemología positivista comete tres grandes errores: reduccionismo, determinismo y dualismo. No es posible una epistemología general, no es posible una teoría general; la diversidad del mundo es inagotable y que no hay teoría general que pueda organizar esta realidad. No hay justicia social global sin justicia cognitiva global, entre conocimientos. La imprudencia del conocimiento científico proviene también del desarrollo de modelos de acción rigurosos pero sin eficacia para medir las consecuencias de las acciones científicas. 

Adorno sienta bases epistemológicas y metodológicas que no fueron desarrolladas por el marxismo hegemónico que condenaba todo pensamiento crítico hacia ellos. Adorno anotaba que la sociedad no es coherente, no es simple ni neutral, no es susceptible de una estructuración categorial cualquiera ni puede ser remediada la distancia de las ciencias naturales a través de una metodología que tenga elegancia matemática. La sociedad es contradictoria y determinable, racional e irracional, sistemática e irregular, ciega y vinculada a la conciencia. El método no es indiferente al objeto, más bien depende de la cosa.

Sin el todo que no se deja traducir mediante adecuadas observaciones particulares, ninguna observación singular puede hallar su posición y valor adecuados. 

Lo que hay que criticar son los hechos, las contradicciones y la sociedad. No todo teorema es hipótesis, la teoría es el objetivo y no el vehículo de la ciencia social. El verdadero conocimiento versa sobre la realidad contradictoria de la realidad social. La totalidad es una conciencia de la ciencia, permite el pensamiento abierto, es una teoría descriptiva de las contradicciones sociales y de las estructuras económicas. Supera a la razón instrumental. 

De Sousa continúa esta tradición cuando expone:

El positivismo lógico representa, así, el apogeo de la dogmatización de la ciencia, esto es, de una concepción de ciencia que ve en ésta el aparato privilegiado de la representación del mundo, sin tener otros fundamentos que no sean las proposiciones básicas sobre la coincidencia entre el lenguaje unívoco de la ciencia y la experiencia u observaciones inmediatas, sin otro límite que no sean aquéllos del estadio de desarrollo de los instrumentos experimentales o lógicos-deductivos. Esta dogmatización de la ciencia es confirmada a contrario, tanto por el fracaso de Husserl en fundar una epistemología trascendental, como por la declaración de la muerte de la filosofía (de la metafísica) en Schopenhauer y Nietzsche.16 

En efecto, el positivismo lógico es una teoría de la significación que no engloba en su campo de investigación más que la lógica y las matemáticas, así como las hipótesis verificables empíricamente. Ayer pensaba que el criterio de verificación mostraba la falta de significado de la ética, la estética y la metafísica. 

Una proposición sólo tiene sentido si es susceptible de comprobación, el único sentido posible de las proposiciones factuales. Para Popper la división entre proposiciones metafísicas y científicas es dogmática porque pretende fundarse en la naturaleza de las proposiciones. La experiencia hay que entenderla como un método para someter a prueba los sistemas teoréticos. La falsación es el método basado en la refutación por la experiencia de los sistemas deductivos constituidos por las transformaciones tautológicas de las proposiciones. Las proposiciones son de dos clases, las que no contradicen la teoría y las que son incompatibles. El método es, entonces, falsar con el arsenal lógico, técnico y matemático para colocar nuevas anticipaciones. De este modo critica el esencialismo y el instrumentalismo. Carnap, Hempel, Quine, Feigl y Bergmann desarrollan esta corriente. Carnap sugiere que para establecer la significación del enunciado empírico basta reducir los términos del mismo a predicados observables a través de una cadena de enunciados intermedios. De acuerdo a Hempel ningún enunciado singular de una teoría es reducible a enunciados de observación y lo que una expresión significa respecto a los datos potenciales dependen del entramado lingüístico y teorético, esto es de la hipótesis subsidiarias. Quine afirma que la unidad mínima que puede considerarse dotada de significado empírico es la totalidad de la ciencia. Los márgenes del sistema deben cuadrar con la experiencia. El dogma de la verificabilidad empírica se halla estrechamente vinculado con la distinción rigurosa entre proposiciones analíticas y sintéticas. 17 

De Sousa piensa que la epistemología es una falsedad, pero que es verdadera en su falsedad, una ilusión necesaria. No puede cumplir las exigencias teóricas que se propone. Constituye la verdad posible y precaria de una ciencia sin fundamentos.

  1. Véase entre otros a John Zerzan, quien en “La catástrofe del posmodernismo”, en su crítica a Derrida, Foucault, Lyotard, Rorty, Deleuze, etc. señala que el dilema del posmodernismo es: “¿cómo es posible afirmar la categoría y validez de sus enfoques teóricos, si no se admiten ni la verdad ni los fundamentos del conocimiento?”, en http://www.primitivism.com. O también Albrecht Wellmer, quien en “La Dialéctica de la modernidad y posmodernidad” criticando a Lyotard expresa que éste influido por Kant-Wittgenestein-Feyerabend-Adorno y el liberalismo político ‘defiende un pluralismo irreductible de juegos del lenguaje y acentúa el irreductible carácter local de todos los discursos, acuerdos y legitimaciones’. El Debate modernidad pos-modernidad, comp. y prólogo de Nicolas Casullo, Ed. Puntosur, Bs. As. 1989.
  2. Véase: Edgardo Lander, La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales, Ediciones FACES/UCV, Caracas, 2000. Catherine Walsh, Freya Schiwi y Santiago Castro Gómez, Indisciplinar las ciencias sociales, Ediciones Abya Yala, Quito, 2002.
  3. Rolando García, “Epistemología y teoría del conocimiento”, Herramienta, 09-2006. En http://www.herramienta.com.ar
  4. Veáse: Agnes Heller, Critica de la Ilustración, Península, Barcelona 1984, Ps. 277 y ss.
  5. Ramón Grosfoguel, “La descolonización de la economía política y los estudios poscoloniales”, Tabula Rasa N 4, Bogotá, enero-junio 2006,
  6. Samir Amin, El eurocentrismo, crítica de una ideología, Siglo XXI, México, 1989. P. 9.
  7. Giovanni Reale y Darío Antiseri, Historía del pensamiento filosófico y científico, Herder, Barcelona, 1995. P. 741.
  8. Ibid. P 756-757,
  9. Ignacio Sotelo, “Filosofía y ciencia social. La actualidad de la Escuela de Frankfurt”, Working Papers N 2, Barcelona, 1989, p. 13.
  10. Op. Cit. Reale et al, p.740-741.
  11. Ramón Pajuelo Teves, “El lugar de la utopía, aportes de Anibal Quijano sobre cultura y saber”, En libro Estudios y otras prácticas intelectuales latinoamericanas en cultura y poder, Daniel Mato (compilador), CLACSO, Caracas, 2002, p. 1.
  12. Boaventura de Sousa Santos, “El fin de los descubrimientos imperiales”, Chiapas, 11, Era, México, 2001. No hay simetría exacta entre lo económico, lo político y lo militar; tampoco hay una declinación del poder de las CMN norteamericanas, ni ha disminuido el acceso a materiales estratégicos o el reclutamiento de regímenes clientes. Lo que sí está ocurriendo es una contradicción entre quienes se preocupan por la expansión sin minar las bases internas de la república y los otros, en este contexto existe una articulación estructural estratégica entre las CMN (Wall Street y Main Street) y el imperio al que no han dejado de apoyar.
  13. Ibid. P.7.
  14. Martín Hopenhayn y Álvaro Bello, Tendencias generales, prioridades y obstáculos en la lucha contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia. América Latina y el Caribe, CEPAL, Santiago de Chile octubre de 2000.
  15. La iniciativa de comunicación, entrevista a Boaventura de Sousa Santos, marzo de 2003, en http://www.comminit.com
  16. Boaventura de Sousa Santos, Introducción a una ciencia posmoderna, FACES, Caracas, 1996.
  17. Nicolas Abbagnano, Historia de la Filosofía, Vol. 3, Montaner y Simon, S.A., Barcelona, 1978. Pp. 670-689.

 

 

 

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