ESPIRITUALIDAD 2.0….dentro del cinturon fotonico de Axion…..

A primera vista, la mecánica cuántica y las ciencias biológicas no se mezclan. La biología se concentra en los procesos a mayor escala, desde las interacciones moleculares entre las proteínas y el ADN hasta el comportamiento de los organismos como un todo; la mecánica cuántica describe la naturaleza a menudo extraña de los electrones, protones, muones y quarks —lo más pequeño de lo pequeño—.

Muchos eventos en la biología son considerados simples, con una reacción que causa otra de una manera lineal y predecible. Por contraste, la mecánica cuántica es confusa porque cuando el mundo es observado a una escala subatómica, es evidente que las partículas son también ondas: Un electrón danzante es tanto una pepita tangible como una oscilación de energía. (Los objetos más grandes también existen en forma de partícula y de onda, pero el efecto no es perceptible en el mundo macroscópico.)

La mecánica cuántica sostiene que cualquier partícula localmente tiene la oportunidad de estar en una gama entera de ubicaciones y, en cierto sentido, ocupan todos esos lugares al mismo tiempo ( como hace mi mente al estar aqui y en mi pasado). Los físicos describen la realidad cuántica en una ecuación que llaman la función de onda cuántica, que refleja todas las maneras potenciales en que un sistema puede evolucionar. Hasta que un científico mide el sistema, una partícula existe en su multitud de ubicaciones. Pero en el momento de la medición, la partícula tiene que “escoger” un único sitio. En ese momento, dicen los físicos cuánticos, la probabilidad se estrecha a un único resultado y la función de onda “colapsa”, enviando ondas de certidumbre a través del espacio-tiempo.

Imponer certidumbre a una única partícula podría alterar las características de cualquier otra con que haya estado conectada, incluso si esa partícula está ahora a años-luz. (Este proceso de influencia a distancia es lo que los físicos llaman entrelazamiento.) Como en un juego de dominó, la alteración de una partícula afecta a la siguiente.
Las implicancias de todo esto son abrumadoras. En el macro mundo, una pelota nunca se lanza sobre una pared espontáneamente. En el mundo cuántico, sin embargo, un electrón en una biomolécula podría saltar hasta una segunda biomolécula, aunque las leyes clásicas de física sostienen que los electrones están demasiado sujetos para soltarse. El fenómeno de saltar a través de brechas aparentemente prohibidas se llama efecto túnel.

Desde hacer túnel al entrelazamiento, las propiedades especiales del campo cuántico permiten que los eventos se desarrollen a velocidades y con eficiencia que sería inalcanzable con la física clásica sola.
¿Podrían los mecanismos cuánticos estar impulsando algunos de los procesos más elegantes e inexplicables de la vida? Durante años, los expertos lo dudaron: Los fenómenos cuánticos se revelan típicamente sólo en instalaciones de laboratorio, en cámaras de vacío enfriadas hasta cerca del cero absoluto. Los sistemas biológicos son cálidos y húmedos. La mayor parte de los investigadores pensaba que el ruido térmico de la vida ahogaría cualquier rareza cuántica que pudiera crecer en su cabeza.

Sin embargo, los nuevos experimentos siguen encontrando procesos cuánticos en acción en sistemas biológicos, dice Christopher Altman, investigador en el Instituto de Kavli de Nanoscience en Países Bajos. Con el advenimiento de nuevas y poderosas herramientas como los rayos láser de femtosegundos (10-15 segundo) y el emplazamiento con precisión a nanoescala, el baile cuántico de la vida está finalmente apareciendo ante la vista.

La danza de Shiva

Shiva Nataraja, el señor de la danza, consolida en una sola imagen muchos significados de la tradición hindú. Este es tal vez el más rico y elegante símbolo del hinduismo. Los hindúes lo utilizan para explicar su existencia y su futuro.

Dios es el bailarín cósmico. Shiva es el alma primordial, poder energía y vida de todo lo que existe. Nataraja representa lo divino, porque en la danza el ser creado es inseparable de su creador. De manera similar, universo y el alma no pueden ser separados de Dios.

Shiva también simboliza la quietud y el movimiento forjados juntos. La quietud habla de la paz y el equilibrio en el interior de todo, en el centro. El movimiento intenso, en ocasiones representado por su cabello ondeando en todas las direcciones, muestra la furia y vigor que llenan el universo. La implicación es que Dios permite ambas cosas. El baile y el bailarín son uno solo.
La histórica danza de Shiva se plantea como un baile de destrucción.

Según la leyenda, algunos enemigos deseaban destruir a Shiva. Enviaron un enanito llamado el diablo del olvido. El enano era la encarnación del mal. Para combatirlo, Shiva inició su danza cósmica, subyugando al demonio y liberando al mundo. Shiva salta sobre el enano y le aplasta la espalda con un pie. Esta es la pose de Shiva Nataraja que tiene tanto significado. Esa pose simboliza las actividades divinas de Dios.

La danza de Shiva está compuesta por la combinación siempre fluyente de sus cinco actividades.

El poder de la creación está representado por la mano derecha en alto y el tambor, sobre el cual toca y produce las vibraciones de las que emanan los ritmos y ciclos de la creación.

El poder de mantener está representado por la mano derecha de abajo en un gesto de bendecir o indicación de no temer.

El poder de destrucción se muestra a través del fuego que sostiene en su mano izquierda elevada en una pose de media luna. Esa luna creciente se puede observar también en su cabello.

El poder de ocultar es aquel que esconde la verdad, permitiendo así el crecimiento y eventual cumplimiento del destino, representado por el pie derecho parado sobre el demonio postrado.

El poder de revelar brinda conocimiento y libera el espíritu. Este está representado por el pie izquierdo levantado y la mano izquierda hacia abajo como una trompa de elefante.

El arco de fuego dentro del cual baila Shiva es el vestíbulo de la conciencia. Conocido también como el corazón lleno de luz del hombre, esta es la cámara central del universo físico. Nataraja danza el universo dentro y de entre la existencia, revelando la extrema realidad.
Puede llevar en su cabello una sirena, una calavera, una cobra y/o una luna creciente. La guirnalda de cráneos que lleva lo identifica como el tiempo y asegura la muerte de todos los seres. Un solo cráneo en su pecho es el creador. La cobra o serpiente es el poder cósmico esperando que vive en todo. La enorme forma devoradora que se impone desde lo alto es el Gran Tiempo. Los tres ojos simbolizan el sol, la luna y el fuego o los tres poderes; crear, preservar y destruir. Dos ojos representan el mundo de dualidad mientras que el ojo del medio muestra la visión de no-dualidad. Su sonrisa indica una transcendencia imperturbable.
El simbolismo de Shiva Nataraja es religión, arte y ciencia fusionados en uno. La eterna danza de Dios de creación, preservación, destrucción y gracia sostiene un entendimiento oculto y profundo de nuestro universo.

Siva Nataraja, el Señor de la Danza, aparece suspendido entre poder sin trabas y perfecto equilibrio. Él danza creación en existencia dentro de un círculo de fuego, que representa la conciencia. Cada elemento es simbólico — las manos, la luna, el enano, las diez trenzas de cabello, la calavera, y demás.

LA DANZA CÓSMICA DE SIVA NATARAJA ES TANTO SÍMBOLO COMO REALIDAD. ES EL MOVIMIENTO DE LA CREACIÓN, LA PRESERVACIÓN Y LA DISOLUCIÓN, LA TRÍADA QUE TOMADA JUNTA ES EL PRINCIPIO DE MAYA, EL IMPULSO SIN FIN DE DIOS, que tiene lugar dentro de cada uno de nosotros y dentro de cada átomo del universo. Todos estamos danzando con Siva en este mismo momento y Él con nosotros. En medio de Su danza agitada, la CABEZA de Dios Siva está balanceada y quieta, SU EXPRESIÓN serena y calma, en perfecta estabilidad como el inmóvil Agente de movimiento. Su ARO derecho, hecho de una serpiente, es masculino. El izquierdo, un gran disco, es femenino. Juntos ellos simbolizan el hecho de que Siva no es ni varón ni mujer, sino que trasciende a ambos. El TERCER OJO de Dios Siva es el ojo de fuego y simboliza elevada percepción, extendiéndose a través del pasado, del presente y del futuro. El CABELLO de Dios Siva es como los largos desatendidos bucles de los ascetas, volando energéticamente. En Su cabello están: la SERPIENTE SHESHANAGA, representando el ciclo de los años, una CALAVERA, simbolizando el poder de destrucción de Siva; la LUNA CRECIENTE del quinto día, simbolizando Su poder creativo; y la DIOSA GANGES, el río más sagrado de la India, símbolo de la gracia que desciende. La MANO IZQUIERDA de Dios Siva sostiene una llama ardiente, el Dios fuego Agni, simbolizando Su poder de destrucción, samhara, por el cual el universo es reabsorbido al final de cada ciclo de creación, sólo para ser recreado de nuevo por Dios Siva. Esta mano representa NA en el Mantra Panchakshara, Na-Ma-Si-Va-Ya. Su PIE APOYADO representa la sílaba MA y simboliza Su gracia de ocultamiento, tirodhana shakti, que limita conciencia, permitiendo a las almas madurar a través de experiencia. Siva danza sobre una figura conocida como APASMARA, “olvidadizo o desatento”, que representa el alma ligada por anava mala, el velo individuador de dualidad, fuente de separación de Dios. Apasmarapurusha mira hacia arriba serenamente al pie levantado de Dios Siva, el refugio, liberación y destino últimos de todas las almas sin excepción. La MANO IZQUIERDA DELANTERA de Dios Siva, que representa la sílaba VA, sostenida en la pose de trompa de elephante, gajahasta, apunta a Su pie izquierdo, fuente de la gracia reveladora, anugraha shakti, por la cual las almas retornan a Él. Los BRAZOS DERECHO e IZQUIERDO DE ATRÁS están balanceados, como lo están la creación y la destrucción. La MANO DERECHA DE ATRÁS de Siva, que representa la sílaba SI, sostiene un tambor de cintura angosta, damaru, símbolo de la creación, que comienza con sonido no sonoro, Paranada, del cual surge el mantra Aum. La MANO DERECHA DE ADELANTE está levantada en el gesto de abhaya, “no temais”, simbolizando el poder de Siva de srishti, preservación y protección, y que representa a sílaba YA. El PIE LEVANTADO del Señor Siva simboliza Su gracia reveladora, anugraha shakti, por la cual el alma trasciende finalmente las ataduras de anava, karma y maya y realiza su destino con Él. La PIEL del Señor Siva es de color rosado. Su cuerpo está untado con CENIZA SAGRADA, vibhuti, símbolo de pureza. La GARGANTA AZUL representa Su compasión por tragar el mortal veneno halahala para proteger a la humanidad. Él porta un COLLAR DE CALAVERAS, simbolizando la perpetua revolución de las eras. La SERPIENTE JAHNUWI adorna su cuerpo, símbolo de Su identidad con el poder kundalini, la fuerza espiritual comunmente latente dentro del hombre enrollada en la base de la espina dorsal. Elevada a través de yoga esta fuerza propele al hombre hacia la Realización de Dios. Siva viste una PIEL DE TIGRE, símbolo del poder de la naturaleza. Su FAJÍN, katibhandha, es aventado hacia un lado por Su rápido movimiento. El ARCO DE LLAMAS, prabhavali, en el cual Siva danza es el Hall de la Conciencia. Cada llama tiene tres menores llamas, simbolizando fuego en la Tierra, en la atmósfera y en el cielo. En el tope del arco está MAHAKALA, el “Gran Tiempo”. Mahakala es Dios Siva mismo quien crea, trasciende y concluye al tiempo. Siva Nataraja danza dentro del estado de trascendencia sin tiempo. El PEDESTAL de doble loto, mahambujapitha, simboliza manifestación. De esta base emana el cosmos.

Los cuatro sagrados Vedas, las escrituras más antiguas de la humanidad, entonan, “A Rudra [Siva], Señor de sacrificio, de himnos y de medicinas balsámicas, rogamos por alegría y salud y fuerza. Él brilla en esplendor como un sol, refulgente como oro brillante es él, el mejor de entre los Dioses (Rig Veda 1.43.4-5)”. “Él es Dios, oculto en todos los seres, sus almas más internas en todos. Él vela por los trabajos de la creación, vive en todas las cosas. Él es pura conciencia, más allá de las tres condiciones de la naturaleza (Yajur Veda, Svetashvatara Upanishad 6.11 upm)”.

Stuart Hameroff, anestesiólogo y director del Centro para los Estudios de la Conciencia en la University of Arizona, argumenta que la función más alta de la vida –la conciencia– es probablemente también un fenómeno cuántico. Esto se muestra por medio de la anestesia, dice. El cerebro de un paciente bajo anestesia continúa funcionando activamente, pero sin una mente consciente en funcionamiento. ¿Qué permite a los anestésicos como el xenón o el gas de isoflurane desconectar la mente consciente?

Hameroff especula que los anestésicos “interrumpen un delicado proceso cuántico” dentro de las neuronas del cerebro. Cada neurona contiene cientos de largas y cilíndricas estructuras de proteínas, llamadas microtúbulos, que sirven como andamio. Los anestésicos, dice Hameroff, se disuelven dentro de las diminutas regiones oleosas de los microtúbulos, afectando el comportamiento de algunos electrones dentro de estas regiones.
Él especula que la acción se desarrolla de este modo: Cuando ciertos electrones clave están en un “lugar”, llámelo a la “izquierda”, parte del microtúbulo es aplastado; cuando los electrones caen a la “derecha”, la sección es alargada. Pero las leyes de la mecánica cuántica permiten que los electrones estén a la “izquierda” y a la “derecha” al mismo tiempo, y por lo tanto, para los microtúbulos ser alargados y aplastados al mismo tiempo. Cada sección del sistema constantemente cambiante tiene un impacto sobre otras secciones, potencialmente por medio del entrelazamiento cuántico, conduciendo a un dinámico baile de mecánica cuántica.

Es en esta comunicación subatómica más rápida que la luz, dice Hameroff, que nace la conciencia. Los anestésicos se cruzan en el camino de los electrones danzantes y detienen el giro en su núcleo cuántico-mecánico; así es como pueden desconectar la conciencia.

Todavía hay un largo camino desde las neuronas cuánticas hipotéticas (y experimentalmente sin probar) de Hameroff hasta un cerebro humano, sensitivo y consciente.

Pero muchas experiencias humanas, dice Hameroff, desde los sueños hasta las emociones subconscientes y hasta los recuerdos difusos, parecen más cerca de las reglas de Alicia en el País de las Maravillas gobernando el mundo cuántico que la realidad prevista que la física clásica sugiere. Descubrir un portal cuántico dentro de cada neurona en la cabeza podría ser el viaje final a través del espejo. Ese viaje a traves del espejo, es quizas lo que me haga escribir en este blog tanta correlacion entre ciencia ficcion y realidad, puede que mi conciencia haya encontrado ese portal y desde alli poder transmitir .
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“Hago más caso del testimonio de mi conciencia que de todos los juicios que los hombres hagan por mí.” Marco Tulio Cicerón

ENTRELAZAMIENTO WARP

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El entrelazamiento cuántico ya fue predicho por Einstein y fue el famoso gato de Schrödinger, quien estableció la dificultad de conocer determinada información hasta que no se la mida.
Un equipo de físicos de la Universidad Científica Tecnológica de Shangai ha podido calcular la velocidad a la que se produce la variación del estado cuántico de una partícula cuando otra que se encuentra enlazada a la misma experimenta una alteración.
En el experimento se emplearon fotones separados por 16 kilómetros de distancia pero que habían sido previamente enlazados a nivel cuántico, es decir, sus estados cuánticos reflejaban respectivamente la modificación forzada en el otro. En concreto se alteraba la polarización vertical de un fotón y se ha podido comprobar el escaso tiempo transcurrido hasta que el fotón enlazado cuánticamente replicaba dicha variación.
La mecánica de la prueba consiste en enviar a dos lugares opuestos ambos fotones entrelazados, por lo que cada uno de ellos mostrará una polarización opuesta. A partir de ahí, si sometemos a uno de ellos a un proceso que haga variar dicha polarización se producirá en un escaso espacio de tiempo una modificación a la inversa en su pareja. Si desde el punto medio hemos enviado el fotón A hasta 8 kilómetros a la derecha y el B hasta 8 kilómetros a la izquierda y el A presenta una polaridad arriba, el B estará en polaridad abajo. Si alteramos el A hasta que su polaridad es abajo de forma casi instantánea el B cambiará a polaridad arriba sin que se efectúe acción alguna sobré el mismo.
En concreto la velocidad a la que se produjo la modificación por parte del fotón que permanecía a la espera equivalía a 3.000.000.000 de kilómetros por segundo, lo que es 10.000 veces más rápido que la velocidad de la luz. Sólo que se puede cambiar la polarización de un fotón hasta que no se comprueba dicha alteración ya que no se conoce el estado de la misma.
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Ahora queda por delante averiguar cómo aprovechar esta vertiginosa velocidad,
el sueño dorado de la informática y las telecomunicaciones, y del retardo en las transmisiones de información interplanetarias, de hecho algunos físicos teóricos incluso elucubran que al poder enviar información a mayor velocidad que la luz podrían enviarse mensajes que llegarían antes de ser enviados. Aún no tienen muy claro los científicos que han realizado este descubrimiento cuáles pueden ser sus posibles usos, pero sí se ha confirmado la vertiginosa velocidad a la que funciona la capacidad de transmisión de los estados cuánticos entre partículas, independientemente de la distancia que las separa. Transferencia de datos inmediata, teletransportación… hoy en día todo parece posible.

“La única posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo imposible”. Arthur C. Clarke

http://astrocosmos2002.blogspot.com/2013/06/entrelazamiento-warp.html
Publicado por

Alfred

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Relatividad y Gravedad Cuántica. Universidad de Cambridge.

Roger Penrose es como uno de los nuevos humanistas que se ha interesado por los problemas de las matemáticas, de la física, de la biología, de la psicología y de la filosofía. Siguiendo el modelo de Popper de los tres mundos, ha trabajado sobre la flecha del mundo de la física, el mundo de la conciencia y el del las matemáticas en cuya dirección ha publicado diversos libros y artículos muy esclarecedores y profundos que han abodado la signatura pendiente de la unificación de la mecánica cuántica con la reltividad, o, la teoría del campo gravitatorio. Él ha seguido un camino que le pueda llevar a ese lugar de encuentro, es decir, donde esté la base común de ambas teorías.

Ha introducido dos modelos: los “spin networks” y los “twistors” el primero discreto, con una métrica intrínseca, no relativista, previo al concepto de espacio, el segundo continuo, con una métrica extrínseca, relativista e inmerso en un espacio-tiempo dado. Con estos modelos intenta Penrose responder a la pregunta sobre el “por qué” de la realidad física, en vez del “cómo”. Nos encontramos así ante uno de los grandes misterios de la razón humana que nos acercan a nuestro propio yo, a esa respuesta que andamos buscando de saber quiénes somos a través de saber, lo que la Naturaleza es.

La física será incompleta y conceptualmente insatisfactoria en tanto no se disponga de una teoría adecuada de la gravedad cuántica.

Durante el siglo XX, la física se fundamentó, en general, sobre dos grandes pilares: la mecánica cuántica y la teoría de relatividad. Sin embargo, a pesar de los enormes éxitos logrados por cada una de ellas, las dos aparecen ser incompatibles. Esta embarazosa contradicción, en el corazón mismo de física teórica, se ha transformado en uno de los grandes desafíos permanentes en la ciencia.

La teoría de la relatividad general da cuenta a la perfección de la gravitación. Por su parte, la aplicación a la gravedad de la mecánica cuántica requiere de un modelo específico de gravedad cuántica. A primera vista, parecería que la construcción de una teoría de gravedad cuántica no sería más problemático que lo que resultó la teoría de la electrodinámica cuántica (EDC), que ya lleva más de medio siglo con aplicaciones más que satisfactorias.

En lo medular, la EDC describe la fuerza electromagnética en términos de los cambios que experimentan las llamadas partículas virtuales, que son emitidas y rápidamente absorbidas de nuevo; el principio de incertidumbre de Heisenberg nos dice que ellas no tienen que conservar la energía y el movimiento. Así la repulsión electrostática entre dos electrones puede ser considerada como la emisión, por parte de un electrón, de fotones virtuales y que luego son absorbidos por el otro.

La misma mecánica, pero a través de los cambios de la partícula virtual de la gravedad el «gravitón» (el quantum del campo gravitacional), podría considerarse para estimar la atracción gravitacional entre dos cuerpos. Pero gravitones nunca se han visto. La gravedad es tan débil que puede obviarse a escala molecular, donde los efectos cuánticos son importantes. Ahora, si los cambios que podrían realizarse en los gravitones sólo se producen en la interacción entre dos puntos de masa, es posible, entonces, que en los cuerpos masivos se ignore los efectos cuánticos. El principio de incertidumbre de Heisenberg nos señala que no podemos medir simultáneamente la posición y la velocidad de una partícula subatómica, pero esta indeterminación es imperceptible para los planetas, las estrellas o las galaxias.

Pero el principal obstáculo, sin embargo, es la cantidad de complicados procesos que implica examinar un gran número de gravitones. La gravedad se diferencia crucialmente del electromagnetismo al no ser lineal. Esta inlinealidad surge porque la gravedad posee la energía, y ésta tiene la masa, que gravita. En el lenguaje cuántico, esto implica que gravitones interactúan recíprocamente con otro gravitones, a diferencia de los fotones, que interactúan sólo con cargas y corrientes eléctricas y no con otros fotones. Ahora, como los gravitones interactúan el uno con el otro, las partículas de materia son rodeadas por complejas redes de gravitones virtuales que forman «lazos cerrados», muy semejante a «árboles bifurcados».

En la teoría de campo cuántica, los lazos cerrados son un signo de problema; ellos normalmente producen respuestas infinitas en los cálculos de procesos físicos. En EDC, tales lazos ocurren cuando un electrón emite y absorbe de nuevo su propio fotón. En ese caso, los infinitos son soslayados a través de un procedimiento matemático conocido como renormalización. Si éste es hecho correctamente, se obtienen razonables respuestas. La QED es lo que se llama una teoría renormalizable porque todos los infinitos pueden ser soslayados sistemáticamente; en efecto, solo un conjunto de operaciones matemáticas es suficiente para eliminar los infinitos.

Lamentablemente, tal procedimiento sistemático no es operativo cuando la mecánica cuántica es aplicada a la relatividad general; la teoría es, por lo tanto, «no-renormalizable». Cada proceso que implique progresivamente más lazos cerrados de gravitones introduce nuevas variantes de términos infinitos. Lo anterior, coarta la investigación para muchísimos fenómenos de interés, y sugiere que puede que haya básicamente algo que esté errado en la relatividad general, en la mecánica cuántica, o en ambas.

Pero miremos más allá del problema de renormalización, ¿qué pasaría si nos remontáramos a un momento en que todo lo que podemos ver, y hasta lo que hay más allá de nuestro «horizonte» de 13.000 millones de años luz, estaba comprimido hasta un volumen menor que el de un núcleo atómico? A estas densidades descomunales, que se dieron durante los primeros 10–43 segundos del universo (lo que se conoce como «tiempo de Planck»), tanto los efectos cuánticos como la gravedad habrían sido importantes. ¿Qué pasa cuando los efectos cuánticos convulsionan todo un universo?

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Por ello, la física será incompleta y conceptualmente insatisfactoria en tanto no se disponga de una teoría adecuada de la gravedad cuántica. Algunos teóricos creen que ya es tiempo de explorar las leyes físicas que prevalecían en el tiempo de Planck, y han propuesto algunas hipótesis interesantes. Sin embargo, no hay consenso sobre qué ideas hay que descartar. Lo que es seguro es que debemos rechazar nuestras queridas concepciones del espacio y el tiempo basadas en el sentido común: el espaciotiempo a muy pequeña escala podría tener una estructura caótica, espumosa, sin ninguna flecha temporal bien definida; puede que haya una generación y fusión continua de agujeros negros primores y minúsculos. La actividad podría ser lo bastante violenta para generar nuevos dominios espaciotemporales que evolucionarían como universos independientes. Eventos más tardíos (en particular la fase inflacionaria que se describe en el capítulo XVI) podrían haber borrado cualquier rastro de la era cuántica inicial. El único lugar donde podrían observarse efectos cuántico-gravitatorios sería cerca de las singularidades centrales de los agujeros negros (de donde ninguna señal puede escapar). Una teoría sin consecuencias evidentes fuera de estos dominios tan exóticos e inaccesibles no es verificable. Para que se la tome en serio debe estar íntimamente insertada o, en su efecto, articulada en alguna teoría con fundamento empírico, o bien debe percibirse como una conclusión inevitable y convincente.

Durante las últimas décadas, varias tentativas han sido hechas para buscarle una solución al problema de la no-renormalización de la gravedad cuántica y caminar hacia la unificación de todas las fuerzas. La aproximación más esperanzadora para alcanzar ese viejo anhelo de los físicos es la teoría de las «supercuerdas».

Sin embargo, recordemos aquí que en la teoría de las supercuerdas se presume una escala natural energética determinada por la energía de Planck, alrededor de unos 1019 GeV. Esto es 1017 veces más alto que los tipos de energías que pueden ser producidos en los aceleradores de partículas más grandes, lo que imposibilita contrastar con la teoría la existencia misma de las supercuerdas. No obstante, los teóricos esperan que a escala de energía accesible tanto la física, la relatividad general, el electromagnetismo, las fuerzas nucleares débiles y fuertes, las partículas subatómicas surjan de la teoría de las supercuerdas como una aproximación. Así, se espera conseguir con ese modelo de cuerdas no sólo una ajustada descripción de la gravedad cuántica, sino que también intentar con ella la anhelada unificación de las fuerzas.

Ni en el LHC se podría obtener la energía de Planck, necesaria para verificar la teoría e cuerdas

Lamentablemente, no hay un único límite de baja energía para la teoría de las supercuerdas como tampoco un sólo modelo de la teoría. Por un tiempo, lo anterior pareció como una barrera infranqueable, pero en años recientes, y a través de una mayor abstractación matemática, se ha construido un nuevo modelo de supercuerdas conocido como «la teoría M» que amalgama dentro de ella otras teorías de supercuerdas.

Por ahora, es demasiado pronto para pronunciarse si la teoría M es finalmente el medio que reconciliará la gravitación y la mecánica cuántica, pero sí debería poder cumplir con algunas expectativas, como ser las de explicar algunos hechos básicos sobre el mundo físico. Por ejemplo, el espaciotiempo de cuatro dimensional tendría que surgir de la teoría, más bien que ser insertado en ella. Las fuerzas y las partículas de naturaleza también deberían ser descritas, preferentemente incluyendo sus propiedades claves, como fuerzas de interacción y masas. Sin embargo, a no ser que la teoría M, o una variante futura, pueda ser proyectada a la baja energía de los laboratorio de física para poder ser contrastada, corre el riesgo de empezar a ser olvidada y finalmente archivada como uno más de los muchos y elegantes ejercicios matemáticos que se han elaborado para la física en los últimos tiempos.

Explicar todo el Universo con una sola teoría parece algo ambicioso pero, habrá que esperar

Si la teoría de supercuerda es una pérdida de tiempo o no, ello está por verse. Por ahora, el desafío más duro a superar por la teoría es entender por qué el espacio de 9 dimensiones más el tiempo se «comprime» bajo el aspecto de nuestro espacio habitual tetradimensional (el tiempo más las tres dimensiones espaciales), en vez de hacerlo en tres o cinco dimensiones, y ver cómo sucede esto. Aún hay un espacio infranqueable entre la teoría de supercuerdas y los fenómenos observables. La teoría de supercuerdas plantea problemas demasiado difíciles ahora mismo para los matemáticos. En este aspecto, es muy diferente de la mayor parte de teorías físicas: normalmente, el aparato matemático de las teorías se desarrolla antes que éstas. Por ejemplo, Einstein utilizó conceptos geométricos desarrollados en el siglo XIX, no tuvo que partir de cero para construir las matemáticas que necesitaba.

Por su parte, los físicos cuerdistas se acorralan en lo que es fácil de comprobar, es difícil de calcular y lo que es fácil de calcular, es difícil comprobar. En consecuencia, pareciera que el camino que se está siguiendo es pretender desarrollar la teoría más y más, y hacer cálculos cada vez más difíciles de manera de poder predecir cosas que sean fáciles de observar. ¿El camino tendrá tiempo y final? Nadie tiene por ahora la respuesta.

El físico Eugene Wigner escribió un célebre artículo sobre este particular que llevaba por título «La irrazonable efectividad de la matemática en las ciencias físicas». También es un hecho notable que el mundo exterior muestre tantas estructuras susceptibles de descripción en «lenguaje» matemático (sobre todo cuando tales estructuras se alejan mucho de las experiencias cotidianas que moldearon la evolución de nuestros cerebros). Edward Witten, el principal experto en supercuerdas, describe dicha teoría como «una física del siglo XXI que cayó en el siglo XX». Sin embargo, sería más extraordinario que seres humanos de cualquier siglo llegaran a desarrollar una teoría tan «final» y general como pretenden ser las supercuerdas.

Mi modesto parecer es que, el hombre, nunca podrá desarrollar una teoría que lo explique todo. Desde siempre se han necesitado muchos físicos, o, científicos, para llegar a conocer una sóla verdad de la Naturaleza y, con la Teoría de cuerdas, creo, que está pasando lo mismo. Desde que Kañuza tuvo la genial idea de juntar la teoría de Einstein de la relatividad especial con la de Maxwell del Electromagnetismo, con el truco de elevarlas hasta la Quinta Dimensión, los físicos no han dejado de aumentar las dimensiones del Universo para poder, teniendo más espacio, meter más “cosas” allí y poder explicar, las fuerzas del universo, la materia, la mecánica cuántica y la gravedad en teoría unificada que lo abarcara todo, hasta el espacio-tiempo está ahí, en esa teoría maravillosa que nadie sabe demostrar mediante la experimentación. Diden que no hay, en el mundo, la energía suficiente para ello….. ¡Qué cosas!

http://www.emiliosilveravazquez.com/blog/category/la-teoria-de-cuerdas/

emilio silvera

De manera sorprendente, la física y las tradiciones místicas tienen la misma respuesta a la pregunta, ¿dónde está el centro del universo? Las implicaciones, sin embargo, podrían ser múltiples y disímiles.

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Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold…

W.B. Yeats

Existe una tendencia posiblemente innata en el ser humano a buscar el centro –un eje que oriente o un seno que acoga– y sin embargo esa búsqueda parece ser ilusoria, ya que, según muestra la física moderna, el centro no existe. O si existe, está en todas partes, por lo cual en vano lo buscaríamos: estaríamos ya en (y seríamos) el centro ubicuo.

La historia nos ha enseñado que la Tierra no es el centro del universo: gira alrededor del Sol que a su vez gira alrededor de la Vía Láctea que gira alrededor de un cúmulo de galaxias conocido como el Grupo Local que a su vez gira alrededor de otro cúmulo de galaxias… Aquí ya empezamos a probar el infinito en la elusividad de un centro.

Generalmente se cree que el universo surgió de una gran explosión o Big Bang, pero esta explosión no fue una explosión de materia en el vacío, fue la expansión del espacio mismo –que es indisociable del tiempo según la teoría de la relatividad de Einstein o como explica San Agustín “el primer segundo del tiempo coincide con el primer segundo de la Creación”. Esto significa que cada punto del universo parece estar en el centro. Rose Pastore en el sitio Pop Sci explica:

Piensa en el universo como un globo vacío con puntos en él. Esos puntos representan los cúmulos de galaxias. Mientra el globo se infla, cada punto se aleja de cada otro punto. El espacio entre los cúmulos de galaxias se expande, como el resto del universo a un ritmo acelerado (pero la gravedad mantiene a los cúmulos galácticos del mismo tamaño).

El físico Edwin Hubble observó en 1929 que las galaxias se estaban expandiendo a un ritmo proporcional a la distancia que las separaba. Esta expansión va, por así decirlo, creando el espacio en el que se van alejando las galaxias, sin que exista un límite o un borde del universo. De nuevo Pop Sci:

En el principio, el universo era un solo punto. ¿Dónde estaba eso? Estaba, y está, en todas partes. Los científicos incluso tienen la prueba: La luz del Big Bang, en la forma de radiación cósmica, llena el cielo en todas direcciones.

Existen dos formas de leer este enunciado –que conecta en un círculo a la ciencia con la poesía. Desde una perspectiva mística podríamos suponer que el centro del universo está en todas partes porque Dios está en todas partes, parafraseando a Borges, “No le basta crear, es cada una de las criaturas de su extraño mundo”. Pero existe una posibilidad más desoladora: la ubicuidad del centro del universo es equivalente a la inexistencia de un centro, de un surtidor y de un axis mundi del cual sujetarnos. Si cada punto y cada uno de nosotros es el centro del universo no existe sentido u orden más que el que nosotros proyectemos al espacio infinito –que es siempre un eco de nuestra mente– y sólo queda el vértigo sin fundamento. Tal vez no se equivocaban aquellos humanistas que concibieron al hombre como el centro del mundo (aunque lo mismo hubieran acertado postulando al conejo que horada la Luna).

Esta difusión uniforme del Big Bang por todo el espacio, de tal forma que cada punto es el centro del universo –y en cierta forma su mismo origen, como un ubicuo omphalos– habilita un eterno retorno a una metáfora que históricamente el hombre ha utilizado para representar a Dios. Borges recoge la evolución de esta metáfora en su ensayo La esfera de Pascal:

Fragmentos de esa biblioteca ilusoria, compilados o fraguados desde el siglo lll, forman lo que se llama el Corpus Hermeticum; en alguno de ellos, o en el Asclepio, que también se atribuyó a Trismegisto, el teólogo francés Alain de Lille -Alanus de Insulis- descubrió a fines del siglo Xll esta fórmula, que las edades venideras no olvidarían: “Dios es una esfera inteligible, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”.

Este centro sin circunferencia tendría múltiples avatares, uno de los más ilustres en el filósofo y matemático francés Blaise Pascal:

“La naturaleza es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.” Así publica Brunschvicg el texto, pero la edición crítica de Tourneur (París, 1941), que reproduce las tachaduras y vacilaciones del manuscrito, revela que Pascal empezó a escribir effroyable: “Una esfera espantosa, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.”

Aquí observamos la profunda dualidad mental que genera un universo con un centro omnipresente. Lo mismo podemos ir del canto místico de la presencia perpetua de la divinidad al terror pesadillesco de un laberinto que se multiplica incesantemente: que se crea, en derredor nuestro, mientras avanzamos y de esta forma es perfectamente inescapable.

https://i0.wp.com/pijamasurf.com/wp-content/uploads/2012/05/galaxia-vagina.jpg

Si el centro del universo está en todas partes y “la luz del Big Bang” llena “el cielo en todas direcciones” es posible que la teoría de la Totalidad Implicada de David Bohm, con la que agrega a la historia de una metáfora –aquella de la esfera de Pascal– al holograma, no esté equivocada. Michael Talbot explica lo propuesto por Bohm en su libro El Universo Holográfico:

De la misma forma que toda porción de un holograma contiene la imagen de la totalidad, cada porción del universo contiene la totalidad. Esto significa que si supiéramos el medio de acceder, podríamos encontrar la galaxia de Andrómeda en la huella digital del dedo gordo de nuestra mano izquierda. Podríamos encontrar a Cleopatra conociendo a Julio Cesar por primera vez, ya que en un principio la totalidad del pasado y las impliaciones del futuro están contenidas en cada porción del espacio-tiempo. Cada célula de nuestro cuerpo contiene al cosmos entero.

Ver todo en cada parte, ver nuestro rostro reflejado en el espejo del cosmos (en el vacío partículas de Dios o innumerables budas girando en el polvo, como reza el koan) puede ser la puerta intelectual a esa misma divinidad inherente. Aunque también existe la posibilidad de que en un universo sin eje, sin centro que sujete y sustente la realidad, estemos constantemente alucinando aquello que nos rodea. El solipsismo ad infinitum: cada punto podría estar creando a todos los otros puntos. Cada átomo podría ser su propio universo.

http://youtu.be/WR2QDGYM-Ao

http://youtu.be/BqrhU1dKjo4

Fuente Pijamasurf

El Corazón Tiene Cerebro

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Se ha descubierto que el corazón contiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado con más de 40.000 neuronas y una compleja y tupida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo.

Es inteligente

Gracias a esos circuitos tan elaborados, parece que el corazón puede tomar decisiones y pasar a la acción independientemente del cerebro; y que puede aprender, recordar e incluso percibir.

Existen cuatro tipos de conexiones que parten del corazón y van hacia el cerebro de la cabeza.
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1. La comunicación neurológica mediante la transmisión de impulsos nerviosos. El corazón envía más información al cerebro de la que recibe, es el único órgano del cuerpo con esa propiedad, y puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias.
Significa que el corazón puede influir en nuestra manera de pensar.
Puede influir en nuestra percepción de la realidad y por tanto en nuestras reacciones.

2. La información bioquímica mediante hormonas y neurotransmisores. Es el corazón el que produce la hormona ANF, la que asegura el equilibrio general del cuerpo: la homeostasis. Uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés y producir y liberar oxitocina, la que se conoce como hormona del amor.

3. La comunicación biofísica mediante ondas de presión. Parece ser que a través del ritmo cardiaco y sus variaciones el corazón envía mensajes al cerebro y al resto del cuerpo.

4. La comunicación energética: el campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo, 5.000 veces más intenso que el del cerebro. Y se ha observado que cambia en función del estado emocional. Cuando tenemos miedo, frustración o estrés se vuelve caótico. Y se ordena con las emociones positivas.

Sí. Y sabemos que el campo magnético del corazón se extiende alrededor del cuerpo entre dos y cuatro metros, es decir, que todos los que nos rodean reciben la información energética contenida en nuestro corazón.

¿A qué conclusiones nos llevan estos descubrimientos?

El circuito del cerebro del corazón es el primero en tratar la información que después pasa por el cerebro de la cabeza. ¿No será este nuevo circuito un paso más en la evolución humana?

Hay dos clases de variación de la frecuencia cardiaca: una es armoniosa, de ondas amplias y regulares, y toma esa forma cuando la persona tiene emociones y pensamientos positivos, elevados y generosos.

La otra es desordenada, con ondas incoherentes y aparece con las emociones negativas.
Sí, con el miedo, la ira o la desconfianza.

Pero hay más: las ondas cerebrales se sincronizan con estas variaciones del ritmo cardiaco; es decir, que el corazón arrastra a la cabeza. La conclusión es que el amor del corazón no es una emoción, es un estado de conciencia inteligente.

El cerebro del corazón activa en el cerebro de la cabeza centros superiores de percepción completamente nuevos que interpretan la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas. Este nuevo circuito no pasa por las viejas memorias, su conocimiento es inmediato, instantáneo, y por ello, tiene una percepción exacta de la realidad.

Está demostrado que cuando el ser humano utiliza el cerebro del corazón crea un estado de coherencia biológico, todo se armoniza y funciona correctamente, es una inteligencia superior que se activa a través de las emociones positivas.

Este es un potencial no activado, pero empieza a estar accesible para un gran número de personas.

¿Y cómo puedo activar ese circuito?

Cultivando las cualidades del corazón: la apertura hacia el prójimo, el escuchar, la paciencia, la cooperación, la aceptación de las diferencias, el coraje.

Es la práctica de pensamientos y emociones positivas.

En esencia, liberarse del espíritu de separación y de los tres mecanismos primarios: el miedo, el deseo (avaricia) y el ansia de dominio, mecanismos que están anclados profundamente en el ser humano porque nos han servido para sobrevivir millones de años.

¿Y cómo nos libramos de ellos?

Tomando la posición de testigos, observando nuestros pensamientos y emociones sin juzgarlos, y escogiendo las emociones que nos pueden hacer sentir bien. Debemos aprender a confiar en la intuición y reconocer que el verdadero origen de nuestras reacciones emocionales no está en lo que ocurre en el exterior, sino en nuestro interior.

Cultive el silencio, contacte con la naturaleza, viva periodos de soledad, medite, contemple, cuide su entorno vibratorio, trabaje en grupo, viva con sencillez.

Y pregunte a su corazón cuando no sepa qué hacer.

Annie Marquier, matemática e investigadora de la conciencia. Profesora en la Sorbona, Francia y luego fundó en Quebec el Instituto para el Desarrollo de la Persona. Es autora de El poder de elegir, La libertad de ser y El maestro del corazón. “El ser humano lleva consigo un potencial extraordinario de conciencia, inteligencia, sabiduría y amor; descubrimientos científicos recientes lo constatan

La espiritualidad humana tiene su origen en estructuras cerebrales

Ya es posible provocar artificialmente, por estimulación eléctrica o magnética transcraneal, experiencias místicas

Nuestro cerebro genera experiencias espirituales, religiosas, numinosas, divinas o de trascendencia, han demostrado diversos estudios sobre la epilepsia del lóbulo temporal, las experiencias cercanas a la muerte o sobre la posibilidad de provocar artificialmente este tipo de experiencias. Este hecho plantea la cuestión de si la división antinómica que solemos hacer entre materia y espíritu es correcta, al menos en lo que respecta al cerebro. Por Francisco J. Rubia.

Imagen: pdesign. Fuente: PhotoXpress.https://i1.wp.com/pijamasurf.com/wp-content/uploads/2011/09/universe-first-light.jpg

La palabra neuroespiritualidad quiere dar a entender que nuestro cerebro genera experiencias que se han denominado espirituales, religiosas, numinosas, divinas o de trascendencia.

Estas experiencias se producen cuando se hiperactivan estructuras cerebrales pertenecientes a lo que se llama sistema límbico o cerebro emocional.

Aunque este hecho ya era antes conocido por los efectos que tiene la llamada epilepsia del lóbulo temporal, efectos que conoceremos enseguida, hoy se ha confirmado que las estructuras límbicas, cuando se activan sea por estimulación eléctrica o por estimulación magnética transcraneal, son capaces de producir estas experiencias espirituales.

Estos hechos tienen muchas consecuencias. En primer lugar, plantea la cuestión de si la división antinómica que solemos hacer entre materia y espíritu es correcta, al menos por lo que respecta al cerebro. Yo por eso al cerebro le he llamado “espiriteria” que es una contracción entre espíritu y materia.

Que la materia cerebral pueda producir espiritualidad nos dice que tenemos una tendencia innata a la espiritualidad, sobre la cual se construye todo el edificio de las religiones. Espiritualidad es un concepto más amplio que religión, ya que no existe religión sin espiritualidad, pero sí espiritualidad sin religión, como es el caso del budismo, del jainismo o del taoísmo.

Por eso, yo concluyo que tenemos una tendencia innata a la espiritualidad generada por estructuras cerebrales, pero no una tendencia innata a la religión, como algunos autores sostienen, porque la religión es una construcción social que consta de múltiples factores.

Epilepsia del lóbulo temporal y éxtasis místico

En patología se conoce un caso de epilepsia que afecta sólo al lóbulo temporal del cerebro. El lóbulo temporal es especialmente vulnerable a la hiperactividad de las estructuras que allí se encuentran y en la que muchas células se activan al mismo tiempo provocando convulsiones. Las crisis suelen ser crisis parciales simples y complejas.

Las crisis parciales simples son las que causan emociones intensas como éxtasis místico u otro tipo de experiencias religiosas o espirituales. Las crisis parciales complejas son aquellas en las que el paciente no es consciente de sus acciones y realiza “automatismos”, como masticar sin razón, tocarse la ropa o rascarse.

En muchos casos estas crisis no van acompañadas de pérdida del conocimiento, como ocurre en las crisis generalizadas cuando la hiperactividad se extiende por otras partes del cerebro provocando las convulsiones por todos conocidas.

Se ha descrito un síndrome, que es una colección de síntomas, denominado el síndrome de Gastaut-Geschwind, por los neurólogos que lo definieron, que se caracteriza por los siguientes síntomas: Trastornos de la función sexual, generalmente hiposexualidad, conversiones religiosas súbitas, hiperreligiosidad, hipergrafia, preocupaciones filosóficas exageradas, irritabilidad y viscosidad.

Estos síntomas coinciden con muchos que se han descrito entre los místicos de todas las religiones y se supone que entre las personas que probablemente han padecido esta enfermedad se encuentran Teresa de Ahumada, también conocida como Santa Teresa de Jesús, que en su biografía dice que estuvo varios días en coma y cuando se despertó tenía la lengua “hecha pedazos de mordida”. También se supone que Saulo de Tarso, Mahoma, Juana de Arco, Santa Catalina de Génova, Santa Catalina dei Ricci, Santa Teresa de Lisieux, Joseph Smith, fundador de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es decir de la religión de los mormones, sufrieron también de epilepsia. Al igual que otras personas conocidas como Dostoievsky, Vincent van Gogh o Emanuel Swedenborg y muchos otros.

Experimentos recientes realizados en Canadá han mostrado que la estimulación magnética transcraneal de las estructuras límbicas del lóbulo temporal puede producir en sujetos sanos experiencias de la presencia de otros seres o experiencias espirituales y religiosas, en las que los sujetos dicen encontrarse con seres espirituales, pero siempre de su propia religión, nunca de otras religiones.

Experiencias cercanas a la muerte

Personas que han estado muy cerca de la muerte o clínicamente muertas, sea por grave enfermedad, accidente o paro cardíaco y que volvieron a la vida o de manera espontánea o por maniobras de resucitación ha referido experiencias muy parecidas a las que hemos referido en la epilepsia del lóbulo temporal. Estas son las siguientes: inefabilidad, o la dificultad de expresarlas con palabras, sensaciones de paz, felicidad y bienaventuranza, ir por un túnel oscuro en cuyo final hay una luz blanca brillante, sentirse fuera del cuerpo, flotando y observándose desde lo alto, encuentro con personas fallecidas, figuras religiosas o seres espirituales y hablar con ellos, revisión como en una película rápida de toda la vida.

Todas estas características son muy similares a las experiencias místicas, religiosas, numinosas, divinas o de trascendencia a las que me he referido antes. En ellas se pierde el sentido del tiempo y del espacio y la experiencia se considera más intensamente real que la realidad cotidiana, algo que está en relación con la hiperactividad de una estructura del cerebro emocional llamada la amígdala que es la que da sentido de realidad a los sucesos o estímulos que llegan del entorno.

Todas estas experiencias se han interpretado como que en esas circunstancias, sobre todo en las experiencias de salir fuera del cuerpo, el alma intenta salir del cuerpo y vuelve a él cuando el peligro de muerte ha pasado.

Sin embargo, hoy se pueden provocar esas experiencias de manera experimental estimulando eléctricamente una parte de la corteza cerebral conocida como el giro angular. Estos experimentos han sido realizados en Suiza, en el laboratorio de neurociencia de la Escuela Politécnica Federal de Lausanne, dirigido por el neurólogo Olaf Blanke.

Las experiencias cercanas a la muerte no están aún explicadas en su totalidad, pero sí de manera aproximativa. Es de suponer que la falta de oxígeno y la producción aumentada de anhídrido de carbono en esas circunstancias límites hacen que muchas neuronas dejen de funcionar, sobre todo las que tienen un mayor metabolismo que suelen ser neuronas inhibidoras.

Esto produce una hiperactividad de las estructuras vulnerables del sistema límbico que se encuentran en el lóbulo temporal generando los síntomas que hemos descrito.

Las sensaciones de paz, tranquilidad y bienaventuranza se producen porque el cerebro en situaciones de estrés, y qué mayor estrés que estar al borde de la muerte, produce unas sustancias parecidas a la morfina, las llamadas endorfinas, que normalmente se utilizan como analgésicos en ejercicios musculares prolongados y exhaustivos que no podrían realizarse sin ellas por el dolor muscular que producen esos ejercicios.

De ahí el fenómeno de que los corredores de maratón y otros atletas de alto rendimiento queden enganchados a esos ejercicios por el placer que producen.

A la vista de estos hechos, lo que llamamos espiritualidad son experiencias en las que determinadas estructuras de nuestro cerebro se encuentran muy activas. En algunos casos a estas experiencias se las ha llamado estados alterados de consciencia, y en estos estados el sujeto presumiblemente entra en contacto con supuestos seres espirituales.

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Los chamanes

En las épocas humanas más antiguas, las de los cazadores-recolectores, en las que el ser humano ha vivido prácticamente un 99,9% de toda su historia oficial academica sobre el planeta (unos 150 a 200.000 años), estos estados alterados de consciencia eran comunes entre los chamanes, especie de hechiceros, curanderos o sacerdotes y guías espirituales de la comunidad. Esta historia niega la posibilidad de civilizaciones terricolas mas avanazadas a la actual que apenas alcanza 6000 años de antiguedad.

Como dice el historiador rumano de las religiones Mircea Eliade, el chamán es especialista en la técnica del éxtasis. Mediante técnicas activas, como la danza o la percusión de instrumentos como los tambores, etc., el chamán entra en éxtasis o trance, en el que se comunica presuntamente con antepasados de la comunidad o seres espirituales.

El llamado vuelo del chamán lo realiza supuestamente al cielo o desciende a los infiernos y a su vuelta se dice que es capaz de predecir el futuro, saber dónde se encuentran los mejores lugares para cazar y curar enfermedades, generalmente de carácter psicosomático.

Con técnicas pasivas, el chamán puede también entrar en éxtasis. Estas técnicas suelen ser el aislamiento sensorial, el ayuno, la meditación o el sufrimiento. Cuando mediante estas técnicas, sean activas o pasivas, el chamán no puede entrar en ese estado alterado de consciencia, entonces ingiere drogas alucinógenas, psicodélicas o enteógenas.

Esta última palabra significa etimológicamente “dios generado dentro de nosotros”. Las sustancias activas son alcaloides que se encuentran en hongos, plantas, lianas y arbustos, como la Amanita muscaria u hongo matamoscas, el peyote mejicano, el hongo psilocybe o la ayahuasca.

Todas estas sustancias reaccionan químicamente con receptores que se encuentran en gran número en las estructuras límbicas que ya conocemos produciendo su hiperactividad.

Por cierto que la búsqueda de estas sustancias no es exclusiva del hombre, sino que muchos otros animales también buscan flores, lianas, plantas y hongos que contienen sustancias enteógenas para experimentar esos estados alterados de consciencia, anticipándose así a los drogadictos de nuestras culturas.

A lo largo de la historia, el ser humano ha vivido siempre en dos mundos: el mundo natural y el llamado mundo sobrenatural. El hombre ha buscado siempre evadirse del mundo natural y buscar el ámbito que ha llamado sobrenatural en el que pretendidamente se reunía con dioses, demonios, antepasados o familiares fallecidos.

Desde el punto de vista neurocientífico, el ámbito de lo sobrenatural no es un mundo que existe fuera de nosotros mismos, sino que es un producto, como gran parte de lo que consideramos realidad exterior, de la actividad de nuestro cerebro.

Por eso, si decimos que el mundo de lo sobrenatural es el mundo de los espíritus, chocamos de nuevo con el concepto de “espíritu” que no debe ser una hipótesis científica porque no puede comprobarse ni falsearse, siguiendo los criterios del filósofo austríaco Karl Popper.

En este sentido, las llamadas experiencias espirituales habría que nombrarlas de otra manera, como por ejemplo “experiencias supralímbicas”, habida cuenta que pueden ser inducidas por estimulación del sistema límbico o cerebro emocional. El prefijo “supra” quiere indicar que se trata de experiencias supremas desde el punto de vista subjetivo.

Antigüedad de la experiencia espiritual

La pregunta que se plantea es cuándo el ser humano comenzó a tener experiencias espirituales. En el Paleolítico Medio (entre los 130.000 y los 33.000 años a.C.) y en el Paleolítico Superior (entre los 33.000 y los 9.000 años a.C.) se han encontrado tumbas en las que se encuentran los cuerpos de los fallecidos acompañados de herramientas e implementos de caza, lo que apunta a la creencia en una vida más allá de la muerte.

Es decir, se considera que los “humanos arcaicos” – entre los que figuran el Homo heidelbergensis, el Homo rhodesiensis, el Homo neanderthalensis, y posiblemente el Homo antecessor descubierto en Atapuerca – podrían tener creencias espirituales.

Se ha encontrado, por ejemplo, que en sepulturas del Hombre de Neanderthal, el fallecido fue enterrado con cuernos de cabra colocados en círculo, vértebras de ciervo, pieles de animales, instrumentos de piedra, ocre rojo y distintas clases de flores. En otras sepulturas se han encontrado bloques de piedra sobre el cadáver o decapitaciones rituales que se han interpretado como creencias en la posibilidad de que el espíritu del muerto pudiese volver a atormentar a los vivos.

Por esta razón se ha pensado que las creencias espirituales rebasan los 100.000 años, por lo que serían anteriores al hombre moderno u Hombre de CroMagnon, cuya antigüedad se remonta a los 40.000 años a.C.

Es posible que estas experiencias sean anteriores incluso a los homínidos. Muchos animales, como antes dijimos, en la búsqueda de alimentos naturales ingerirían plantas u hongos que contienen sustancias enteógenas por lo que podrían entrar en un éxtasis parecido al de los humanos.

A algunos les parecerá insólito y extraño que piense en la posibilidad de que otros animales puedan tener experiencias espirituales. Pero habría que decir que también nos parecía que la moralidad es una facultad exclusivamente humana, y cada vez se aportan más pruebas que indican que existen facultades precursoras de la moralidad, así como comportamientos que pueden considerarse morales, en primates no humanos y en otros animales.

El neurólogo estadounidense Kevin Nelson, en su libro The Spiritual Doorway (La entrada espiritual en el cerebro), dice lo siguiente: “Lo místico no está más allá del lenguaje en sentido neurológico. Está antes del lenguaje, residiendo en estructuras cerebrales arcaicas que tienen que ver con nuestra supervivencia darwiniana. Mi fuerte corazonada es que las experiencias místicas existieron mucho antes de que el lenguaje llegara a nuestra especie. Esto es un pensamiento bastante sorprendente, Significa que otros animales aparte de los seres humanos pueden haber tenido sentimientos místicos”.

 

La espiritualidad del cerebro

Desde que se conoce que el cerebro produce espiritualidad se plantean dos posibilidades: la postura de creyentes que puede argumentar que Dios ha colocado en el cerebro humano estructuras que permiten la experiencia espiritual y el contacto con la divinidad, o que éstas son fruto de la evolución, como el resto del organismo, por el proceso de selección natural, lo que llevaría a preguntarse qué valor de supervivencia tendrían estas estructuras.

Si las estructuras son fruto de la evolución, lo cual parece obvio, todavía queda la posibilidad de que un diseño divino lo haya hecho posible utilizando los mecanismos de la evolución para llegar al hombre y que fuese éste el que pudiese tener las experiencias espirituales y de esa manera poder comunicarse con los seres espirituales. Pero también es posible la postura contraria, a saber, que estas estructuras son las que han generado las creencias en seres espirituales como un producto accesorio de otras funciones ligadas al cerebro emocional.

En este segundo caso, la espiritualidad resultaría ser una facultad mental como cualquier otra que se ha desarrollado en respuesta a una determinada presión medioambiental. Si esto es válido para todas las facultades mentales, también lo es que los rasgos universales que el ser humano posee sirven para aumentar las probabilidades de supervivencia del organismo, ya que la naturaleza suele eliminar lo superfluo.

Como todas las facultades mentales se necesita un entorno apropiado para que se desarrollen. Es lo que ocurre con el lenguaje, la música o la inteligencia, para mencionar sólo unas pocas. De ahí que haya personas más espirituales que otras, dependiendo de que tengan más o menos desarrollada esta facultad; el entorno, esto es, la cultura y la sociedad en las que la persona se encuentra, jugarían un papel esencial en su desarrollo.

Por esa razón existen y han existido individuos con una gran espiritualidad, como por ejemplo los fundadores de religiones, y otros en las que esa espiritualidad parece estar ausente.

Que esta facultad depende de la integridad de estructuras cerebrales lo muestra el hecho de la disminución de la espiritualidad en enfermos de Alzheimer, en autistas y también en algunos casos de tumores o lesiones cerebrales diversas.

La experiencia espiritual o mística como regresión

Como antes decía el neurólogo Kevin Nelson, con razón, las estructuras límbicas responsables de las experiencias espirituales son estructuras arcaicas, desde el punto de vista de la evolución. El sistema límbico lo compartimos con prácticamente todos los mamíferos y explica que podamos entendernos mediante un lenguaje no verbal con nuestros animales de compañía.

Si las experiencias espirituales, místicas, o numinosas dependen de estas estructuras, esto significaría que estas experiencias suponen una regresión a un estado de consciencia arcaico, como suponía Sigmund Freud en su obra El malestar en la cultura. Para Freud, los ensueños, en los que sabemos que domina el cerebro emocional, son una regresión, entendiendo por regresión el regreso de la mente a un estado o nivel de funcionamiento anterior al habitual.

En ellos el pensamiento lógico y consciente queda anulado, siendo sustituido por el pensamiento onírico, por una lógica pre-verbal, no-dualista, arcaica en suma.

Por ello, en los estados místicos una característica es la inefabilidad, o sea la dificultad de expresar en palabras la experiencia. San Francisco de Sales decía, por ejemplo: “En este estado, el alma es como un niño de pecho, a fin de que la leche se deslice hacia su boca sin que él tenga siquiera que mover los labios”.

Ingesta de sustancias enteógenas y el origen de la religión

Como hemos dicho, la ingesta de plantas, hongos, lianas y flores con sustancias enteógenas es más antigua que la especie humana. Quizá copiando a los animales, los seres humanos han ingerido desde tiempos inmemoriales estas sustancias, entrando en lo que llamo una segunda realidad o una “consciencia límbica”, descrita innumerables veces por los místicos de todas las religiones.

Sabemos, por ejemplo, que los renos de Siberia buscan el hongo alucinógeno Amanita muscaria, llamado hongo matamoscas o falsa oronja, para ingerirlo. Este hongo crece bajo coníferas, hayas y abedules y también es buscado por ardillas y moscas, de ahí su nombre. En el Canadá son los caribúes los que también lo ingieren. Muy probablemente, los chamanes siberianos copiaran a los renos, descubriendo así las propiedades que les permitían acceder al estado alterado de consciencia.

Otro hongo muy apreciado es el hongo Psilocybe, muy conocido en la cultura azteca que le llamaba “hongo de Dios”, aunque también se le ha llamado “carne de los dioses”. Es ingerido por perros y cabras pero también se le ha encontrado en el estómago de primates no humanos. Suele crecer en los excrementos de mamíferos. Por la descripción que se hace en la Biblia del maná, se ha sugerido que podría tratarse del hongo psilocybe.

Un planta, conocida con el nombre Peganum harmala, contiene la sustancia activa harmalina, fuertemente alucinógena. Esta planta se ha encontrado enfrente de las cuevas de Qumram, patria de los esenios, por lo que se supone que estos místicos judíos que vivieron en el desierto de Judea desde el siglo II a.C. y que fueron descubiertos cuando se encontraron los Manuscritos del Mar Muerto en 1947, podían haber ingerido estas plantas psicoactivas.

El antropólogo norteamericano Michael Winkelman dice que “la asociación en todo el mundo de las sustancias psicodélicas con los orígenes de las tradiciones religiosas, junto con la capacidad de esas sustancias de producir experiencias espirituales profundas, es un importante apoyo a las hipótesis que plantean que las tradiciones religiosas pueden haber surgido por los efectos profundos de esas sustancias sobre la consciencia”.

A lo largo de la historia de la humanidad, chamanes, místicos, monjes, profetas, poetas y literatos fueron auténticos exploradores de la espiritualidad, adentrándose por diversos medios en lo que he llamado consciencia límbica o segunda realidad.

Una realidad producida por el cerebro, como la inmensa mayoría de lo que llamamos realidad exterior. Hoy sabemos que los colores, los olores, los gustos y los tactos son atribuciones del cerebro a la información que llega de los órganos de los sentidos, pero que no existen en la naturaleza.

En la antigua Israel, la profecía inspirada, que estaba considerada como una comunicación directa con la deidad, jugó un importante papel. Figuras como Elías, Samuel o Elisha han sido considerado chamanes. Y el antropólogo inglés Brian Morris opina que el chamán más famoso de la historia fue Jesús de Nazareth. Y lo mismo opina Graham Hancock, sociólogo y escritor escocés, no sólo por la naturaleza de Cristo, medio humano y medio divino, sino por la ordalía de la crucifixión, muerte y resurrección.

Y el estudioso de las religiones Huston Smith opina que tanto Moisés como Cristo, debido a las austeridades como el ayuno y el agotamiento provocaron cambios somáticos y teofanías espectaculares, con referencia a los cuarenta días de ayuno de Moisés en el monte Horeb y a los cuarenta días en el desierto de Cristo que se siguieron con la aparición de Satán y las tentaciones.

Conclusiones

De lo expuesto, cabe concluir que, dado que poseemos en nuestro cerebro estructuras que son capaces de generar espiritualidad, la consecuencia es que tenemos una predisposición genética para ella.

Que sobre esta espiritualidad se construyen las religiones, un hecho que se puede deducir de las experiencias profundamente espirituales que han tenido todos los fundadores de religiones.

Que la espiritualidad es un concepto más amplio que el de religión, ya que no existe religión sin espiritualidad, pero sí espiritualidad sin religión, como dijimos al principio.

Que la experiencia espiritual, religiosa, mística, numinosa, divina o de trascendencia es probablemente anterior a la aparición de nuestra especie sobre la Tierra.

Que lo que llamamos espiritualidad es el resultado de la actividad de determinadas estructuras cerebrales pertenecientes al sistema límbico o cerebro emocional.

Que se puede acceder a las experiencias espirituales mediante técnicas activas, como la danza o la percusión de instrumentos, como hacen los chamanes, pero también mediante técnicas pasivas como el aislamiento, la huida al desierto, la privación sensorial y de alimentos y bebidas, la meditación, etc., como han hecho siempre todos los místicos y anacoretas.

Que las drogas enteógenas permiten también el acceso a estas experiencias espirituales y religiosas y se han utilizado desde tiempos inmemoriales.

Que hoy es posible provocar artificialmente, por estimulación eléctrica o magnética transcraneal, este tipo de experiencias.

Que el cerebro sea capaz de generar espiritualidad debería obligar a una revisión de los conceptos materialismo y espiritualidad.

Finalmente, yo propondría que la antítesis espíritu-materia fuese sustituida por espiritualidad religiosa y espiritualidad no religiosa.

Artículo publicado originalmente en el blog Neurociencias de Tendencias21.

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Desde hace 30 años que la práctica de Mindfulness está integrándose a la Medicina y Psicología de Occidente, siendo reconocida como una manera efectiva de reducir el estrés y los síntomas físcos y psicológicos asociados al él. Además de mejorar el bienestar general y aumentar la autoconciencia, ayuda a reducir la rumiación mental (pensar sin descanso, a veces en lo mismo una y otra vez), aumentando la habilidad para manejar estados de ánimo negativos e incrementar los estados de ánimo positivos.

Mindfulness es un término que no tiene una traducción directa al castellano. Puede entenderse como atención y conciencia plena, presencia atenta y reflexiva. Los términos atención, conciencia y referencia al momento concreto están incluidos de lleno en su significado. En esta óptica se considera el mindfulness como un tipo de meditación; el ideal Zen de vivir el momento presente, a fin de experimentar con total conciencia la riqueza de lo que ocurre en el aquí y el ahora.

¿Cómo funciona?

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La forma más conocida de realizar esta técnica es prestando atención a la respiración y observando cómo la mente se distrae, ya sea revisitando el pasado o anticipando y planificando constantemente el futuro. Sus elementos principales son:

– Centrarse en el momento presente.

Consiste en sentir las cosas tal y como están sucediendo, sin pretender ejercer ningún control sobre ellas. Es decir, la persona que usa esta técnica no se centra en un pensamiento para modificarlo, sino que se centra en un pensamiento, actividad, imagen mental, etc. en sí mismo, sin pretender cambiarlo ni hacerlo desaparecer. Eso ayuda a aceptar las experiencias tal y como son, sintiendo lo que sucede, sin huir, incluso aunque se trate de una emoción desagradable. Eso permite que lo que ha de suceder, suceda de un modo completo, dejando que cada experiencia sea vivida en su momento, en el presente.

– Apertura a la experiencia y los hechos.

Consiste en centrarse en lo que se está viviendo, en vez de centrarse en las interpretaciones que pueden hacerse de dicha experiencia. La persona se centra en lo que siente y percibe, sin usar el lenguaje para interpretarlo o traducirlo, pues el lenguaje puede sustituir a lo real, lo hace uniforme y lo enmarca en cuadros predefinidos y estereotipados. Por tanto, la persona se limita a observar y sentir lo que aquello que observa le sugiere, dejando que unas sensaciones lleven a otras de un modo natural, sin ejercer control alguno.

– Aceptación radical.

Durante el mindfulness, la experiencia se acepta tal y como es, tanto si es positiva como si es negativa, tanto si es agradable como si resulta desagradable, aceptando las experiencias como naturales, como un observador que abriera tu mente y observara lo que en ella hay, sin valorar ni juzgar, sin decir “esto está bien” “esto está mal, “esto es horrible”, “esto es maravillo”, “esto es sucio”… Se acepta tanto la experiencia como las reacciones a ellas, considerándolas naturales y normales. Así pues, las emociones negativas se ven como normales, no como algo horrible de lo que hay que huir, sino como parte de una experiencia humana que es necesario vivir.

– Elección de las experiencias.

No sólo la respiración puede funcionar como foco del Mindfulness, sino que las personas eligen en qué desean centrarse. Una vez que han elegido la situación o el foco, han de vivirla tal y como es, aceptando todo lo que acontezca (las emociones, ideas, imágenes mentales, deseos, etc. que surjan durante la experiencia).

– Renunciar al control.

La aceptación implica enunciar al control. En vez de tratar de controlar las reacciones (como llanto, etc.) o emociones, debe experimentarlas tal y como se producen. Es decir, el objetivo no es reducir (controlar) el malestar (ira, tristeza, culpa, miedo…) sino experimentarlos tal y como aparecen.

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Así pues, las técnicas de mindfulness pretenden lograr que la persona se deje llevar por sus sensaciones y emociones, dejando que actúen de forma natural. Esto permite que determinadas emociones, cambios fisiológicos, etc. que operan de forma autónoma se regulen de acuerdo con sus propios sistemas naturales de autorregulación. Cuando se intenta bloquear o controlar las emociones, se alteran los mecanismos de autorregulación porque no se experimentan por completo, de forma que no se dispone de toda la información necesaria, porque cuando una persona intenta controlar o bloquear una emoción, deja de sentirla de un modo real y completo. Esto no significa que ciertas técnicas psicológicas destinadas al manejo de emociones y comportamientos no sean eficaces. De hecho, las técnicas cognitivas pueden resultar mucho más eficaces después de usar el mindfulness, cuando una persona se ha permitido experimentar la situación por completo, y ha dejado que acuda a su mente toda emoción, idea, imagen mental, etc., las cuales le proporcionarán una valiosa información que podrá utilizar después para trabajar en la superación de un problema emocional.

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