Carriles del Tiempo Humeante…..

 

Recientemente hemos tenido noticias de que la sonda Soho, de la NASA, ha captado un grupo de manchas solares, llamado AR 1618, que apenas era visible hace tan solo unos días sobre la superficie del Sol, pero que ahora ha adquirido un tamaño gigantesco diez veces superior al de la Tierra. La mancha ya ha soltado alguna llamarada de clase M, una explosión de energía de tamaño medio, pero la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA, por sus siglas en inglés) ha advertido de la posibilidad de que este fenómeno produzca la energía suficiente para emitir fuertes llamaradas solares de clase X (las más potentes) en las próximas horas, según informa SpaceWeather. Una llamarada solar es una explosión en el Sol que ocurre cuando la energía almacenada en campos magnéticos torcidos (usualmente localizados encima de las manchas solares) es soltada repentinamente. Las llamaradas producen un estallido de radiación a través del espectro electromagnético, desde las ondas de radio hasta los rayos-X y los rayos-gamma. Los científicos clasifican a las llamaradas solares de acuerdo a su brillo en rayos-X, en el intervalo de 1 a 8 Angstroms. Existen tres categorías: las llamaradas de clase X son grandes; son eventos de gran magnitud que pueden desatar apagones en las ondas de radio en todo el planeta así como tormentas de radiación de larga duración. Las llamaradas de clase M son de tamaño mediano; pueden generalmente causar ligeros apagones en el radio que afectan las regiones polares de la tierra. A veces hay tormentas de radiación menores tras de una llamarada de clase M. Comparados con los eventos de tipo X y M, las llamaradas de clase C son pequeñas y de consecuencias poco notorias aquí en la Tierra.La posibilidad de que una de estas erupciones apunte directamente hacia la Tierra es altísima, ya que la mancha está orientada hacia la Tierra. El observatorio espacial STEREO de la NASA captó el martes dos eyecciones de masa coronal (CME, por sus siglas en inglés) provocadas por la misma mancha AR 1618. La gigantesca nube ardiente de partículas y radiación que salió disparada desde la superficie del astro rey hacia el espacio podría alcanzarnos próximamente, según las previsiones de la NOAA. Existe un 65% de posibilidades de que esta liberación de plasma solar provoque tormentas geomagnéticas, que se producen cuando las partículas golpean el exterior del envoltorio magnético de la Tierra, la magnetosfera, durante un período prolongado de tiempo. Posiblemente se formen bellas auroras en altas latitudes. Las eyecciones de masa coronal pueden afectar a los sistemas eléctricos y los satélites, de los que cada vez somos más dependientes para todas nuestras comunicaciones, incluyendo radio, televisión, internet e, incluso, el suministro eléctrico. En el Apocalipsis podemos leer: “Y fue hecha una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón, y lidiaba el dragón contra los ángeles”. Y no prevalecieron más en su lugar en el cielo”. Y fue lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua (Leviathan) y Satanás, el cual engaña a todo el mundo; fue arrojado en la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Por lo cual alegraos cielos, los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! Porque el diablo ha descendido a vosotros, teniendo gran ira sabiendo que tiene poco tiempo“. Según el Calendario Chino, entre el 23 de Enero de 2012 y el 9 de Febrero de 2013 comienza el año del Dragón. En la mitología de varios países orientales, sobre todo en China y Japón, el dragón representa el poder espiritual supremo y es el símbolo más antiguo del arte oriental. El inicio del Año Nuevo chino, conocido también como Festival de Primavera, está lleno de celebraciones, visitas familiares, alimentos especiales y fuegos artificiales. Es uno de los festivales más importantes de China y todo el mundo lo celebra, sobre todo durante los tres primeros días del festival. El signo del Dragón parte de la astrología china y en las culturas milenarias orientales, es considerado al igual que la serpiente un animal de buena suerte. Según en la antigua China es considerado como el guardián de los tesoros, así también de la sabiduría.

Hay un cierto paralelismo entre los eventos que se sucedieron cuando se abrieron las puertas del cielo y fue arrojada a la tierra el gran dragón y sus ángeles. Y este momento cósmico, que se cumple después de 25.625 años (en la actualidad) implica entrar en un nuevo ciclo que durara otros 25.625 años, y en el que se supone tendremos una etapa en la cual la luz reinara sobre la oscuridad. Los Mayas predijeron que a partir de la fecha de su civilización desde el 4 Ahau 8 Cumku, es decir desde el año 3114 a.C, se produce un ciclo de 5.125 años que finalizó el 21 de diciembre del 2.012, en que se supone que el Sol recibió un rayo sincronizador proveniente del centro de la galaxia, con la que está alineado. Según algunos entornos esotéricos, esto probablemente cambiará su polaridad y producirá una gigantesca llamarada solar. Conscientemente o inconscientemente hemos vivido un ciclo en que la oscuridad ha dominado sobre la faz de la tierra, generando un karma del cual podremos liberarnos gracias a los efectos benéficos del cambio promovido por la sincronización galáctica. Pero antes deberemos sufrir los efectos de una inversión magnética de la Tierra, que podría conllevar determinadas catástrofes. La primera profecía maya nos habla de un periodo de 20 años, llamados katum. Los últimos 20 años de ese gran ciclo solar de 5.125 años van desde el año 1.992 hasta el año 2.012. Profetizaron que durante este tiempo aparecerían manchas solares cada vez más intensas, por lo que, desde 1.992, la Humanidad entraría en un periodo de grandes cambios. Asimismo anunciaron que siete años después del comienzo de este período comenzaría una época de oscuridad que nos enfrentaría a todos con nuestra propia conducta. También dijeron que las palabras de sus sacerdotes serían escuchadas por todos nosotros como una guía para despertar. Ellos llaman a ésta época como el tiempo en que la humanidad entrará en el gran salón de los espejos, una época de cambios para enfrentar al hombre consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con el planeta Tierra. La quinta profecía maya nos dice que todos los sistemas basados en el miedo sobre el que se fundamenta nuestra civilización se transformarán simultáneamente con el planeta y el hombre para dar paso a una nueva realidad de armonía. La séptima profecía maya nos habla del momento que el sistema solar, en su giro cíclico, sale de la noche para entrar al amanecer galáctico. Dice que los 13 años que van desde 1999 al 2012, la luz emitida desde el centro de la galaxia sincroniza a todos los seres vivos y les permite acceder a una transformación interna que producirá nuevas realidades. Esto coincide con el hecho de que en el año chino del dragón se inicia un nuevo día galáctico para nuestro sistema solar.

Un día el tiempo va a perder su significado. Einstein dijo que el tiempo se experimenta de forma individual para cada persona. La distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión. El tiempo no existe en el sentido de un tic tac universal. Se trata de la percepción. Movimiento a través del espacio afecta el paso del tiempo. El espacio y el tiempo se funden en lo que se llama el espacio-tiempo. El movimiento ralentiza el paso del tiempo. La gravedad, como el movimiento puede afectar al tiempo. El fuerte impulso de la gravedad, cuanto más tiempo se ralentiza, el efecto puede ser demasiado pequeño para darse cuenta. Nosotros no parecemos ser capaces de demostrar si el tiempo de viaje es posible o imposible. Nosotros experimentamos a través de la ilusión del tiempo, pero a causa de nuestros descubrimientos científicos, también podemos ver más allá de la experiencia y reconocer que somos parte de una realidad mucho más rica y desconocida hasta ahora.

Secretos del Roraima

El santuario principal, Roraima, invita a la meditación por su belleza. Y cuando uno llega a su cima, una meseta muy similar a Marcahuasi en los Andes peruanos, entiende por qué este lugar también es vinculado con el mundo subterráneo y el fenómeno ovni.
Un lugar muy antiguo y secreto
Roraima, o “Roroima”, como también se le conoce, es uno de los principales tepuyes que se alza en el Parque Nacional de Canaima. Su nombre, de acuerdo a los indios pemones, significaría “Madre de las Aguas”,  quizá porque desde su cima, a más de 2,000 metros de altura, caen varias cascadas. Es un lugar muy antiguo, que se remonta a los tiempos de Pangea, el continente global que luego se fraccionó para dejar al mundo tal y como lo conocemos. Varios científicos piensan que Roraima fue un punto de la “fractura”, remontándose al Precámbrico, es decir, hace unos 2,000 millones de años. Es uno de los lugares geológicamente más antiguos del planeta.


Su figura imponente y el ecosistema que le rodea inspiraron a Sir Arthur Conan Doyle para escribir su clásica novela de aventuras “Mundo Perdido” (1912). Y el lugar no dista mucho de lo que Doyle creyó ver en él: es un enclave sumamente misterioso. No hacen falta los dinosaurios que creó el escritor británico para impresionarse con Roraima. Su figura, como la de su “hermano” Kukenán, llaman la atención en medio de la selva venezolana. Esta lleno de cascadas, cuevas, cristales de cuarzo y, como era de esperarse, de constantes avistamientos de ovnis. Roberto Marrero nos confirmó todo ello, situación que le motivó a trazar un mapa que describiera los puntos de mayor incidencia de avistamientos en toda la gran sabana y los tepuyes. A través de nuestra amiga Carmencita Padrón, una reconocida actriz venezolana de telenovelas, que trabajó también en su momento en conocidas producciones en Perú (“Saña”), el “mapa” de Marrero llegó a manos del periodista español Juan José Benítez, quien se interesó mucho en visitar la zona. Allí nos enteramos que nuestros amigos Alberto y Priscila de los grupos de Miami, y nuestra querida Juani de Santos de Lima, habían estado hacía sólo un mes en el lugar recorriendo la Gran Sábana. Lo hicieron por intermedio de Marrero. Nosotros, por alguna razón, terminamos también con él.

Marrero es un estudioso del tema ovni desde hace muchos años, y ha venido recopilando información sobre Roraima y los fenómenos que allí se han suscitado. Entre ellos, uno de lo más inquietantes involucra a un indio pemón que afirmó haber sido “llevado” por un objeto de “cristal”, tripulado por seres altos, de rasgos bellos y cabellos largos. Aquellos seres le condujeron al interior de los tepuyes, mostrándole importantes bases subterráneas que debían mantenerse ajenas de la mirada curiosa del hombre de superficie. Si la experiencia fue auténtica, tiene su sentido que el depositario del mensaje sea un indio pemón, quienes actúan de guardianes de los tepuyes.

Los tepuyes son mesetas extremadamente abruptas, con paredes verticales y cimas prácticamente planas. Aunque se encuentran en toda el área que comprende la frontera norte del río Amazonas y el Orinoco, Roraima y Kukenán en Venezuela son los más famosos. Los pemones los observan con respeto. ¿Realmente un indio fue llevado en una nave no humana al interior de ellos? Al menos, ése es su testimonio, que parece estar avalado por una importante presencia de “luces” que se suelen ver en el lugar.

Para llegar a Roraima, se debe partir desde Paraitepui, población a 50 Km. de Santa Elena. Allí se acaba el camino para nuestra 4×4. Es el momento de colocarse las pesadas mochilas a las espaldas y caminar tres días para aproximarse a la montaña sagrada. El camino está bien definido, aunque se torna difícil en los ascensos, más aún bajo un calor aplastante. Cuando llegamos al Río Tek, lugar de descanso antes de continuar, nuestras piernas empiezan a quejarse por el esfuerzo. Un esfuerzo que vale la pena. En la medida en que uno va caminando, la figura del Roraima y el Kukenán se hacen más imponentes y hechizantes. Desde Río Tek la vista es inmejorable. Una vez allí, recuerdo que observamos un arco de energía que parecía manifestarse detrás del campamento. Pero no era nada sobrenatural. La humedad propia del lugar y la luz del día generó ese “efecto de arco”. Luego se pudieron ver los colores del Arco iris.  No en vano los pemones dicen que el Sol nace en Roraima. Y ciertamente es así. Lo vimos en el amanecer. Los rayos del astro rey parecen salir de la gran mole de roca que pretendíamos vencer.

Continuamos con el camino y cruzamos el río Kukekán, que se forma en el Tepuy del mismo nombre que se alza al lado de Roraima. Curiosamente, a pesar de que es tan bello e impactante como Roraima, casi nadie se atreve a subir a él. Hasta los pemones le tienen miedo. Luego explicaré qué sucede con ese lugar. Luego del río Kukenán continúa la caminata hacia el denominado “Campamento base”, que se ubica en las mismísimas faldas del Roraima. Allí descansaríamos antes de continuar el ascenso al día siguiente.

En honor a la verdad, en la medida en que uno se va acercando a Roraima se experimenta una extraña sensación que va más allá de la belleza del paisaje y de cualquier predisposición. Se trata de una energía que se siente. Inevitablemente, me recuerda otros enclaves que visité, como Mount Shasta en California, el Mecanto de las selvas de Paititi o el propio Lago Titicaca. Todos ellos lugares que, también, tendrían uno de aquellos discos de poder que protege la Hermandad Blanca.

Toda nuestra experiencia en aquellos sagrados lugares, tanto a nivel físico como espiritual, fue de mucha ayuda para sobrellevar bien el viaje y adaptarnos a la caminata y al ascenso. Por momentos era como estar en las selvas de Paititi. La parte final como el ascenso a Marcahuasi, aunque con menor altura que los andes peruanos, pero no menos exigente. Y allá arriba, en alto del tepuy, tendríamos elementos que nos harían recordar nuestra expedición a la Cueva de los tayos. Al igual que el enclave de Ecuador, Roraima está íntimamente conecta al mundo subterráneo. No sólo por la formación geológica que ha creado grandes cavidades en su interior, sino por la existencia de seres que protegen esos túneles y que, a decir de los indios pemones, eventualmente asisten a los exploradores extraviados…

Finalmente, luego de un ascenso empinado, llegamos al “paso de las lágrimas”, un área peligrosa debido al agua que cae, con fuerza, desde dos pequeñas cascadas del Roraima. Como es de suponer, esto hace del sendero una trampa perfecta para el caminante desprevenido, que puede resbalar y lastimarse.

Es como subir por una suerte de rampa pedregosa, accidentada y siempre en ascenso, por momentos definida sobre “peldaños de piedra”, pero en la mayor parte del trayecto una huella en ruinas que exige de la ayuda de las manos para asirse de alguna rama de árbol o roca. Pero lo sorteamos muy bien. Y lo disfrutamos. Empapados, luego de pasar por esta verdadera purificación ―y necesitábamos urgente una ducha― arribamos a la meseta del gran tepuy, una imagen alucinante que me hizo viajar rápidamente a Marcahuasi en Perú, pues el panorama allí en lo alto, gigante, rocoso, y misterioso, es escandalosamente similar: formas caprichosas en las rocas debido a la erosión, el color de la piedra, el cielo, la energía, todo, me hacía viajar a ese lugar maravilloso en los Andes que tantas experiencias de contacto nos entregó. Fue una bella sensación hallar un escenario tan parecido, aunque mucho más impresionante en dimensiones.

Roraima es un lugar muy antiguo. Como decía, evoca a Pangea, el primer continente, pues de allí se “fragmentó”. Es una zona antiquísima que encierra muchos secretos. Como si se tratase de una torre, Roraima actúa como puesto de observación al alzarse a casi 2,800 metros, siendo el punto más alto en un radio de 549,44 kilómetros. La vista que tenemos desde allí de la gran sabana es impagable. Valió la pena subir con nuestras pesadas mochilas a este “altar de los dioses”.

En nuestra aventura íbamos acompañados de tres indios pemones, expertos conocedores de los tepuyes y sus recovecos. Solo hablaban inglés, pues venían de la Guyana para trabajar como porteadores en el lado venezolano, donde su etnia también se encuentra. Debo decir que nos tocó el grupo pemón más místico y especial que podríamos haber deseado.

Al retomar la caminata en la gran explanada del Roraima ―nuevamente con mochila a la espalda― un penetrante silencio nos envolvió. Moverse allí es como estar en un santuario. Su atmósfera es evidente y hechiza a todos. Realmente se siente. Contagia e induce a la meditación. Bajo la guía de los pemones, nos dirigíamos hacia la “Cueva de los Guácharos”, una entrada al sistema de túneles que posee el tepuy. Nuestra intención era entrar en la caverna y dormir allí. Los indios nos habían hablado de ella sorprendiéndonos ni bien llegamos a Santa Elena de Uairén. No tomamos esto como un accidente, “sabíamos” internamente que allí debíamos ir…Un detalle curioso fue que al llegar a la cueva luego de la larga caminata, no encontramos actividad de los guácharos en su interior. “Ahora no están, migraron a otra cueva”, nos dijo “Alex”, nuestro guía pemón, con claro acento británico. Ese momento fue como revivir la expedición a la Cueva de los Tayos, pues en el 2002, cuando descendimos a las oquedades de aquel misterioso enclave en las selvas del Ecuador, los tayos ―la misma especie de aves que los guácharos de Venezuela― no se hallaban, se había marchado momentáneamente. ¿Había acaso otra “presencia” que había desplazado a las aves?

Sin pensarlo mucho entramos en la cueva y avanzamos un poco. No nos adentramos demasiado, pero lo suficiente como para dejar la luz del día.

El túnel, dicen, tiene cientos de metros de longitud, y se une a otra red subterránea que serpentea dentro de Roraima. Así, nuestras linternas se abrieron paso a través de un accidentado acceso que nos llevó hacia espacios más amplios, llenos de grietas, “ventanas” y abundante agua al alrededor. Finalmente “acampamos” en una de esas cavidades (ver foto a la derecha), un lugar que nos hizo recordar “El Domo” de la Cueva de los Tayos. Y al igual que la galería que usamos de base de operaciones en Ecuador, en la cueva de Roraima también contábamos con una pequeña cascada, que caía con fuerza dentro de esta maravilla de la naturaleza. Pero lo más interesante no era ello: se sentía una presencia. Era como si alguien nos estuviese observando. Fue una sensación que todos tuvimos y que fue aumentando hasta que descubrimos de qué se trataba. En la caverna, además, hallamos en la roca rastros de silicio, un elemento que no es desconocido para nosotros pues los Guías extraterrestres lo emplean, sin olvidar que en la “cámara del rey”, en la Gran Pirámide de Egipto, también se ha hallado, como si fuese parte de una “composición” que procura recrear un espacio de “lanzamiento”. Al menos, esa fue la teoría del ingeniero aeroespacial Christopher Dunn, autor del best seller “La Planta de Giza: Tecnologías en el Antiguo Egipto”. ¿La presencia de silicio y el cuarzo en un determinado lugar, como sucede en la cámara del rey en Keops, puede “acelerar” la transmisión de energía o la apertura de portales, tal y como sugiere Dunn? ¿Será una casualidad que en Roraima estos dos elementos estén muy presentes? Desde luego, son conjeturas. Pero una pista hay allí. Y como fuese, nosotros vivimos algo especial.

Secretos del Roraima

Marrero nos había hablado de las luces que se ven en el lugar, recorriendo el hermoso cielo estrellado de aquellas latitudes y, a veces, descendiendo para pasar entre los dos tepuyes. Para los indios, ambos representan energías distintas. Kukenán, sería el lado masculino del lugar, y Roraima, asociada al agua y la purificación, el aspecto femenino, la madre y el origen. Charlando con los pemones constatamos que ellos habían sido testigos de estos avistamientos de ovnis…

Ellos tienen un gran respeto y admiración por Roraima, pero también una especie de temor por su tepuy gemelo que casi nadie se atreve a subir: el Kukenán. ¿Por qué?

Algunos piensan que en ese tepuy se dieron acontecimientos trágicos, como la muerte de indios guerreros en tiempos pasados que preferían arrojarse desde lo alto del Kukenán a seguir viviendo luego de haber perdido una batalla. Supuestamente, se suicidaban por honor. Sin embargo otras leyendas dicen que ese tepuy “mató” en el pasado a los indios. Algunos de estos relatos dicen que una bestia o monstruo de aspecto reptil devoraba a los hombres, mujeres y niños, hasta que recibieron ayuda del cielo y del Roraima para “atraparlo” en una piedra, y encerrarlo en el Kukenán. Desde entonces, nadie va a inquietar al tepuy, salvo algún alma valiente, aventurera, e irresponsable, pues los caminos son mucho más difíciles que en Roraima. Kukenán es llamado por los pemones “Matawi-Tepuy”, término indígena que tiene varios significados: “Si subes te mueres”, “me quito la vida”, o “agua sucia”. Nosotros constatamos que nadie tomaba el camino al Kukenán. También indagamos sobre desapariciones de exploradores en su cima. Aunque se montaron operativos con los guardaparques de Canaima, apoyados con helicopteros, espeleólogos y hasta buzos ―pues hay allí, al igual que Roraima, hay ríos y pequeños lagos subterráneos― no encontraron a nadie…

La belleza del Kukenán (ver foto arriba), visto desde el sendero que asciende a Roraima, oculta ese aspecto sombrío y misterioso. Debo decir que el viejo relato pemón nos recordó los cristales verdes de poder que han mencionado los Guías extraterrestres como “prisión” de entidades de origen reptiloide, como sabemos, vinculadas a ciertos episodios bélicos y de conspiración dentro del controvertido Plan Cósmico. ¿El Kukenán, al igual que Paititi, Roncador, Shasta o la Isla de Pascua, es otra “prisión” más? ¿La Hermandad Blanca de Roraima vigila ese sector, evitando que alguien se aproxime? No me sorprendería si fuese así.

Nuris, una profesora de yoga venezolana y guía de la Gran Sabana, que se sumó por una experiencia personal, a último minuto, a nuestra expedición, nos dijo que el Kukenán no tenía gratuitamente esa fama, pues allí habían sucedido muchas cosas “inexplicables”. Según ella, si se lograba convencer a un indio que nos llevará a la cima, nos dejaría allí y se volvería a Santa Elena de Uairén, pues temen pasar la noche, ya que escuchan voces y suelen ver sombras.

Pero los indios, y más tarde Marrero, nos confirmaron que esas sensaciones sólo ocurren en un sector del Kukenán, y por desgracia el único al que puede acceder el caminante, ya que debido a una gran grieta que divide al tepuy en dos, la otra área, ajena a estas situaciones, se halla aislada de los visitantes… Como si este capricho de la naturaleza fuese adrede para proteger un lugar al que sólo se puede llegar por helicóptero.
“En Roraima la cosa es diferente” ―nos decía “Alex”, nuestro guía pemón― pues todo el lugar es como un templo, muy silencioso. Muchas personas vuelven aquí pues dicen que sienten una bella energía”.

Alex también sostuvo que existen “puertas de energía” en un sector de las paredes del Roraima, en una zona donde se pueden ver algunos símbolos que recuerdan el muro de Pusharo de Paititi. Y como no podía ser de otra forma, también se hallan “accesos” al mundo subterráneo a través de las cascadas. Uno de los principales, se encontraría en el Kukenán, tras la principal caída de agua. Pero como es de esperarse, a nadie se le ocurre siquiera intentarlo…

Arriba: Ricardo González con el grupo expedicionario Roraima 2009, antes de subir al Tepuy.

Amaikok: una raza intraterrena

Nos hallábamos meditando en la caverna. El silencio, solo inquietado por el transcurrir del agua que fluye subterráneamente y la cascada, era el marco propicio para nuestro trabajo. A través de la percepción psíquica procuramos conectarnos con el corazón de Roraima y la Hermandad Blanca. Nos sentíamos acompañados. Sabíamos que no estábamos solos.
En ese momento, Nuris, nuestra compañera venezolana, vio algo moverse en medio de una de las “ventanas” de la caverna y, asustada, se cubrió con la bolsa de dormir.
―¿Qué sucedió? ―le dijimos intrigados.
―Sentía que algo nos observaba, y entonces fue que lo vi… Era una pequeña criatura, como un hombrecito, que se estaba asomando desde la “ventana” ―Nuris, sensible, dejo escapar unas lágrimas de emoción.
―Quédate tranquila ―procuramos calmarla―, sabemos quiénes son ellos, no tienen malas intenciones, jamás nos lastimarían.
―Lo sé ―nos contestó―, y eso es lo que me duele. Sé que son seres positivos. Los indios saben de ellos. Siempre quise tener una experiencia así y ahora que sucede, mírenme, estoy nerviosa, no he reaccionado bien…

Le explicamos entonces que estas reacciones a lo desconocido eran naturales, pues a nosotros mismos nos ha ocurrido. Fue allí que decidimos hablarle de los Sunkies y de nuestra experiencia en la Cueva de los Tayos. Nuris escuchó atentamente y se calmó. Es una mujer muy preparada y sensible. Y no en vano le ocurrió esto a ella, pues desde niña había tenido experiencias en sueños y hasta un avistamiento ovni muy próximo. Las cosas siempre ocurren por algo.

Luego de la charla, la sensación de estar siendo observados continuaba. Obedeciendo a una intuición decidí pararme y acercarme a una zona de la caverna donde hay una suerte de pasillo que se interna, como siguiendo la fuente del agua que discurría bajo el suelo. Al aproximarme algo me hizo mirar hacia una roca casi al final de ese pasillo. La tenue luz de las lámparas de kerosene iluminaba suavemente y de forma indirecta ese sector que tanto me llamaba la atención. Y así, de pronto salió por detrás de la roca una pequeña criatura, de cabeza ligeramente más grande que el cuerpo, profundos ojos negros y brazos delgados. Era un Sunkie. Ya los había visto en la Cueva de los Tayos. Y en esta ocasión la sensación que tuve es que ellos “ya nos conocían”. Esto duró apenas unos instantes, y el pequeño ser se movió rápido, como si fuese un niño jugando, ágil y saltarín, hacia el otro lado del pasillo que debido a la oscuridad ya no podía ver. Ciertamente, los indios pemones saben de la existencia de estos seres, guardianes de las entradas del mundo subterráneo de Roraima. Les llaman “Amaikok”, y dicen que son criaturas bondadosas que en más de una ocasión han auxiliado a exploradores extraviados, dándoles incluso de beber, tal y como ocurriera con Juan Moricz al interior de la Cueva de los Tayos.

Arriba: Carina Marzullo de Argentina muestra la entrada a la cueva que hallamos en la meseta del Roraima. En su interior vimos a esas pequeñas criaturas humanoides que recuerdan a los “sunkies” de la Cueva de los Tayos.

El sunkie, o “amaikok”, como conocen los indios pemones a estas bondadosas criaturas subterráneas, se había escabullido por aquel estrecho túnel. Sólo se dejó observar por un momento, y se marchó. Este acercamiento era la confirmación de que no estábamos solos. Y aunque el objetivo de nuestro viaje a Roraima no apuntaba a una experiencia de contacto, sino a un trabajo espiritual con el Disco Solar que se hallaría bajo el tepuy sagrado, saber de la presencia de los sunkies en la caverna era más que una buena señal.
Juan Moricz, el aventurero húngaro-argentino que dio a conocer la Cueva de los Tayos a escala mundial, habría llegado hasta la mítica “Biblioteca Metálica” gracias a estas pequeñas criaturas. Así me lo afirmó en Guayaquil el Doctor Peña Matheus, amigo personal de Moricz. Según me narró, Moricz entró solo al sistema de túneles armado de una lámpara de carbón mineral. Por alguna razón ―quizá por agotamiento, o ausencia de oxígeno― el explorador se desmayó al interior de una de las muchas galerías que hacen de la Cueva de los Tayos un verdadero “laberinto”. Luego recobró el sentido, viéndose tomado por varias criaturas pequeñas que le llevaban a través de un amplio pasillo que se hallaba sutilmente iluminado. Luego de sortear una serie de caminos, le dejaron en un gran salón, de clara manufactura artificial, y allí fue recibido por otras entidades de aspecto humano, muy altas y todas ellas vestidas con túnicas blancas. Moricz les llamaba “Taltos”. Los Taltos le mostraron entonces la “Biblioteca Metálica”, y por si ello fuera poo, sarcófagos que contenían los restos de gigantes de tres metros de estatura.

El explorador llegó allí gracias a esas pequeñas criaturas ―los sunkies― que actúan como “Guardianes del Laberinto”.  Ellos y los “Taltos” formaban una especie de sociedad para proteger los tesoros del esquivo mundo subterráneo. 

Cuando el Doctor Peña Matheus me reveló todo esto en su despacho, mostrándome una gran cantidad de fotos de la cueva y de las polémicas planchas doradas que vio Moricz, me emocioné mucho, pues se trataba de una confirmación extraordinaria de lo que habíamos vivido nosotros en la Cueva de los Tayos. Ahora, en Roraima, los Sunkies habían vuelto a mostrarse, como si nos estuvieran dando indicios de que en el antiguo tepuy venezolano se hallan otras entradas semejantes hacia el mundo intraterrestre…
El misterio de Orión
En 2003 viví una extraordinaria experiencia al interior de la Gran Pirámide de Gizeh, en Egipto. Un contacto “no-físico” que se me había anunciado en un viaje anterior al país del Nilo y en un encuentro cercano que afronté en 2001 en el desierto peruano de Chilca. La crónica de esas experiencias se halla en mi libro “Nuestros Lazos Extraterrestres“. En Keops, exactamente en la Cámara del Rey, viví un fenómeno de “proyección”, impulsado por una extraña energía que invadió el sarcófago (estaba dentro de él). Perdí noción de mis compañeros de viaje, del lugar, de todo, y me ví “viajando” a través de un túnel de colores hacia mundos lejanos y hermosos. Entonces una voz mental me dijo que contemplaba “otra realidad” en Orión. Con el tiempo, comprendí que Orión era muy importante para la raza humana. En las siguientes líneas, resumiré el enigma que encierran esas estrellas que tanto amaban los egipcios y otras culturas del mundo antiguo.
El Egipto secreto

Contemplar la Gran Pirámide corta el aliento a cualquiera. Aunque señalan su edificación en el 2500 a .C., y que fue levantada por 100.000 hombres en 20 años de arduo trabajo (información basada en una opinión recogida por el historiador griego Herodoto), este portento milenario fue alzado a sus 146 metros de altura empleando la “modesta” cifra de 2.500.000 bloques de piedra, y algunos, con más de dos toneladas y media de peso. ¿Por qué semejante esfuerzo? ¿Cuál era el propósito de erguir aquel gigantesco templo de piedra?

Antiguamente, la Gran Pirámide habría tenido un revestimiento de piedra calcárea blanca de Turah (y que fue quitado en la época de la dominación árabe para la construcción de Mezquitas), que le daba una iluminación extrema cuando la iluminaban los rayos del Sol. Sin duda, su imagen en el pasado debió haber inspirado a muchos hombres.

Según lo que recibimos en nuestra experiencia de contacto extraterrestre, las pirámides actuarían como “estabilizadores planetarios”, puestos a funcionamiento a raíz del desequilibrio energético que significó la destrucción de Atlantis (mencionada por Platón, aunque una fantasía para los arqueólogos) por el impacto de dos fragmentos de Maldek, un planeta desaparecido, otrora ubicado en el actual cinturón de asteroides que se halla entre las órbitas de Marte y Júpiter.

Este espantoso episodio invirtió los polos magnéticos de la Tierra e impuso por un tiempo una suerte de invierno nuclear.

Las pirámides de Egipto, catalogadas siempre de “Tumbas”, esconderían una función secreta que ningún arqueólogo ha sabido interpretar. En primer lugar, resulta sumamente inquietante comprobar que nunca se han encontrado restos humanos en los sarcófagos de las pirámides de Gizeh.

Ante todo esto, los arqueólogos salen al paso argumentando que los cuerpos de los faraones fueron sustraídos por cazadores de tesoros. Una presunción absurda. Ya cuando el califa Al-Mamun abrió el túnel que sirve hoy de ingreso a los turistas para visitar la Gran Pirámide, allá por el siglo IX antes de Cristo, al penetrar vehementemente en las galerías atribuidas posteriormente a Keops, comprobó con abnegada frustración que no había nada…

Sin embargo, no olvidemos que galerías secretas repletas de “información cósmica” han sido señaladas reiteradamente bajo la pata derecha de la Esfinge y en la propia Gran Pirámide. Ya en 1993, el ingeniero alemán Rudolf Gantenbrink puso a descubierto (gracias a su pequeño robot explorador “UPUAUT”) una cámara secreta en Keops.

Este tema fue desempolvado cuando el 17 de septiembre del 2002, un nuevo robot se internó en la Gran Pirámide para desvelar qué había en esa misteriosa cámara, que se hallaba interrumpida por un bloque de piedra, a manera de puerta.

Ante el rostro atónito de 1.500 millones de televidentes en 140 países, el “Pyramid Rover” perforó la puerta de piedra, para introducir seguidamente una pequeñísima cámara de vídeo, que, penosamente, se encontró con otra puerta más… Pero ello no desanimará a los arqueólogos que están convencidos de estar a puertas del descubrimiento más importante del siglo.

El ingeniero británico e investigador de la cultura egipcia, Christopher Dunn, en su libro Tecnologías del Antiguo Egipto, aportó suficientes pruebas para pensar que una de las cámaras conocidas era el núcleo central de energía de la Gran Pirámide: La Cámara del Rey.

Formada por un granito que contiene, sospechosamente, un 55% de cristal de silicio-cuarzo, esta cámara habría sido diseñada para que el granito vibre por simpatía con el sonido (¿mantrams?) sobrecargando el cuarzo en la roca (incluyendo el sarcófago) y haciendo fluir electrones mediante un fenómeno que se conoce científicamente como “efecto piezoeléctrico”.

La energía, a decir de Dunn, que llenaba la Cámara del Rey (ubicada convenientemente bajo la “cámara de descarga”) en ese punto se transformaba en una “combinación” de energía acústica y energía electromagnética. Todo ello permitía crear un “conducto de luz” o “guía de ondas” hacia algún lugar… ¿Este es el objetivo secreto de las pirámides? ¿Un “cañón estelar”? ¿Un conducto de luz?

Sea como fuere, resulta curioso observar que los egipcios llamaban a las pirámides “Ikhet”, que significa “Luz Gloriosa”. Para pensar un poco más, los mayas, denominaban “Pirhua Amenco” a sus pirámides, que se traduce como “Revelador de Luz”. En Sumer, sabemos que a los zigurats o pirámides escalonadas se les llamaba “Esh”, que significa “Fuente de Luz”. Quizá por ello la palabra pirámide (PIRA = “Fuego o Luz” MIDE = “Medida”) también significa “Medidor de energía o de luz”. No nos debe sorprender teniendo en cuenta el objetivo de construir las pirámides, o al menos, la Gran Pirámide.

Pero: ¿Adónde señalaría aquel supuesto conducto de luz que, a decir de Dunn, se puede formar al interior de la Gran Pirámide?
Los “dioses” antiguos

Se presume que la Civilización Egipcia se habría iniciado en el año 3.100 a. C., cuando el Alto y el Bajo Egipto fueron “unidos” por un personaje llamado Menes, o también “El Rey Escorpión”, constituyéndose así en el primer Faraón.

Al margen que los datos sean totalmente correctos, me llamó la atención la fecha de la fundación del Egipto dinástico, que es similar a la fecha en que se habría iniciado la Civilización Maya (año 3.113 a. C.). También me era curioso el nombre “Menes”, que me recordaba la denominación Estekna-Manés, por cuanto la palabra Manés, por lo que comprendí, al igual que el sánscrito “Manú” significaría “Mentor”, “Maestro” o “Arquetipo Humano”.

Menes es, sin discusión alguna para los historiadores, el “punto de partida” de las dinastías egipcias. Aquí hay que anotar que mucho (o más bien poco) de lo que saben los estudiosos sobre los gobernantes de Egipto se debe a Manetón (nombre que significa, curiosamente, “la Verdad de Thot”), un sacerdote egipcio de Heliópolis que habría vivido en el Siglo III a. C. Aquel sabio recopiló informaciones antiquísimas sobre los orígenes de Egipto que aun hoy en día son causa de controversia.

No disponemos del texto completo de Manetón, pero, al menos, contamos con fragmentos importantes de su obra en los escritos del cronista judío Flavio Josefo (año 340 a. C.) y de cronistas cristianos como El Africano (año 300 de nuestra era) y Eusebio (año 340 de nuestra era). Es sumamente desconcertante que los egiptólogos utilicen la obra de Manetón sólo para referirse al período histórico, y no a la prehistoria que el sacerdote egipcio citaba no como leyendas o mitología, sino como hechos reales que sucedieron en el país del Nilo hace miles de años. Por ejemplo, y yendo al grano, Eusebio cita la obra de Manetón mencionando una lista de nueve dioses que gobernaron Egipto; aquellos seres son esencialmente el panteón de deidades de Heliópolis, como Ra, Osiris, Seth, Isis, Horus, entre otros.

“…Estos fueron los primeros que gobernaron Egipto. A partir de ahí, el cetro del poder pasó de uno a otro en una sucesión ininterrumpida… a lo largo de 13.900 años… Después de los dioses reinaron los semidioses durante 1.255 años; y de nuevo se instauró otro linaje de reyes, quienes gobernaron durante 1.790 años; y otros diez reyes, que gobernaron durante 350 años. A continuación gobernaron los espíritus de los muertos por 5.813 años…”

Todo esto habría sucedido antes que Menes uniera las dos tierras de Egipto. ¿Qué pensar de ello si Manetón dice la verdad? ¿Cómo interpretar el reinado de dioses, de semidioses-reyes, y finalmente el de los espíritus de los muertos?

Esta misteriosa época se conoció con el nombre de Zep Tepi (“El Tiempo Primero”) y aquella raza de seres estelares fue denominada Neteru, término que curiosamente significa: “Vigilantes”; posiblemente los “dioses” que alude Manetón…

Arriba: Horus, Osiris e Isis. ¿Realmente existieron? ¿Quiénes eran entonces?

Los “semidioses”, son llamados Shemsu-Hor, o “Hijos de Horus”, mencionados además, a todas luces, en el conocido Papiro de Turín. De cara a todo esto resulta muy intrigante recordar que los dioses de Egipto tenían una relación más que íntima con Sahu, el nombre egipcio que identifica la Constelación de Orión y, por ende, el enigma que mora allí. No hay que olvidar, que los Textos de las Pirámides son categóricos en sostener la importancia de Orión para la cultura egipcia, y la relación directa que existe con sus dioses.
La alineación con Orión

Este episodio “pre-dinástico” guarda un sospechoso parecido con las informaciones que hemos recibido en nuestra experiencia de contacto. Por ejemplo: en el primer peldaño, la existencia de seres extraterrestres deportados en la Tierra (los dioses); luego los atlantes o mestizos (los semidioses-reyes); y finalmente, seres de procedencia extraterrestre que quedaron atrapados en otro plano dimensional en nuestro mundo (los espíritus de los muertos), como si se tratasen de los mismos ángeles caídos que mencionan los textos sagrados.

Arriba: Las pirámides de Egipto reproducen por alguna razón el Cinturón de Orión.
Como fuere, y enfocándonos particularmente en las cifras que nos sugiere Manetón, si el lector sumó bien, verá que este tiempo prehistórico anterior a Menes duró nada más y nada menos que 24.925 años. Es comprensible la actitud reservada de los egiptólogos para rechazar una cifra tan apabullante como esta. Pero, insisto, ¿y si Manetón dijese la verdad…?

No debemos olvidar que son 25.920 años el ciclo de precesión de los equinoccios. Precisamente este movimiento pendular del planeta sobre su eje (que dividimos en 12 eras o Zodíaco) es el que muestra un aparente cambio de posición de las estrellas en los cielos. Por esta razón, actualmente, el Cinturón de Orión marca el ecuador celeste, siendo su estrella más septentrional, Mintaka, la única estrella del firmamento que puede ser vista en ambos polos del mundo, como si se tratase de una “señal”…

Un punto que debemos tener en cuenta, es el hallazgo de Robert Bauval (The Orion Mystery), un ingeniero belga aficionado a la astronomía que demolería los rígidos esquemas mentales de la arqueología moderna al demostrar que las tres pirámides de Gizeh son una reproducción “exacta” de las estrellas Al Nitak, Al Nilam y Mintaka del Cinturón de Orión (“Las tres Marías”), y lo más importante, que esta alineación sólo pudo llevarse a cabo hacia el año 10.500 antes de Cristo. Una fecha que podría calzar perfectamente con el hundimiento de la Atlántida y que obliga a replantearse la verdadera antigüedad de las pirámides, que se atribuyen siempre a la IV Dinastía (2.500 a. C).

Lo que más llamó mi atención, en todo caso, no era el pasado cósmico de Egipto y su probable relación con Orión; pensaba si sobre la base de todo este enigma podría existir un “futuro”, alguna clave que podría comprometer a la humanidad. Aquella señal que buscaba era la llamada “Clave del Retorno”, misterio que vibra en el secreto número 14.

Por ejemplo, en la mitología egipcia se narra cómo Osiris (Orión) fue traicionado por su hermano Seth, quien le encierra en un sarcófago y le arroja al Nilo. Pero el cuerpo del dios es rescatado por Isis (asociada con Sirio), su consorte estelar, quien copula con él para dar a luz más tarde a Horus. Seth, al enterarse de ello, lleno de ira encontró a Osiris y despedazó su cuerpo en “14 partes”, que serían arrojadas una vez más al río sagrado de los egipcios.

Isis recuperará del Nilo 13 de los restos del amado dios, mas nunca ubicará el trozo 14, que se trataba curiosamente del falo, símbolo de procreación; una alegoría por demás sugestiva a nuestra condición de “hijos de Orión”.

La connotación de Orión con un “retorno” está relacionada, pues, con la Clave 14. Para pensar un poco más, las estrellas visibles de la gran constelación de Orión desde nuestro planeta, son 14, así como fueron ciclos de 14 generaciones que transcurrieron para la llegada de Cristo:

De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación de Babilonia, catorce; y desde la deportación de Babilonia hasta Cristo, catorce…”
La Biblia (San Mateo 1: 17).

Y he aquí el misterio.

El secreto está en el área celeste que los egipcios denominaban “Duat”, y que involucra el cinturón de la Constelación de Orión. Bajo nuestra visión (en el hemisferio norte), particularmente la tercera estrella del cinto imaginario: Mintaka.

Mintaka es, pues, la única estrella que puede ser vista desde el polo sur al polo norte, como si fuese una señal que todos los seres humanos debemos tener en cuenta. Como sugiere el escritor británico Adrian Gilbert en “Signs in the Sky”, esta podría ser la señal del “Hijo del Hombre” en el cielo, mencionada en la Biblia como una “clave” a tener en cuenta para el retorno de Cristo.

Y aunque esto pueda sonar extraño, lo cierto es que el cinturón de Orión, que se encuentra actualmente cerca del ecuador celeste, nunca lo cruzará, pues “retrocederá” hacia su posición más meridional. Es decir, después de 12,500 años encontraría ahora su punto de “retorno”.

¿Por qué Orión? El tiempo lo dirá…

Existen Nueve dimensiones. Donde se encuentra la Tierra y sus habitantes en estos momentos es un universo en expansión, el cual contiene 18 Dimensiones de las cuales, el ser humano en esta etapa de evolución, solo puede percibir 9.
Igualmente existen otras 9 dimensiones que se corresponden a las otras nueve que se encuentran dentro (de la 1rª a la 9ª) y 9 que se encuentran fuera de nuestra comprensión humana, (de la 10ª a la 18ª)
Cada dimensión está regida por un conjunto de leyes y principios específicos para funcionar en armonía con dichas dimensiones.

Cambiar de dimensión significa percibir otra dimensión. Entonces, cambiar de dimensión es expandir nuestra forma de percibir la realidad y de ver las cosas.

La Primera dimensión D-1

Esta es lineal. Une dos puntos. Es X lineal. Es la concatenación de puntos uno atrás de otro. Puede ser curvo o recto según el sistema geométrico que se utilice o las matemáticas usadas. Es una singularidad infinita, que crea un limite.

La Segunda dimensión D-2

Es el Área. Al desplazar una línea recta en forma perpendicular a sí misma se crean las áreas cuadradas; al desplazar una línea recta por uno de sus extremos en forma angular se crean las áreas circulares. Es X². En esta dimensión es donde se desplazan las sombras. En el ámbito geométrico se corresponde con las formas planas como el círculo, el cuadrado etc.

La Tercera dimensión D-3

Es volumétrica (el volumen) o tridimensional ; tres medidas; largo, ancho y profundo. Es X al cubo.
Corresponde a todos los cuerpos y fenómenos físicos. En el ámbito geométrico se perciben formas como el cubo y la esfera y los sólidos generados por revolución de planos.

La Cuarta dimensión D-4

Es el plano astral. Nuestro cuerpo de cuarta dimensión es nuestra Aura, formada por los Chakras. Aquí es donde residen los sentimientos, las emociones, los deseos y los sueños. También aquí se encuentra el Infra-mundo.
En esta dimensión percibimos el tiempo relentizado, en una semana se vive lo equivalente a una vida en la tercera dimensión.
El espacio percibido da cabida a todas las paradojas.
Se puede percibir al mismo tiempo el frente el atrás; el lado derecho y el izquierdo; adentro y afuera; arriba y abajo. Es la última dimensión donde experimentamos con un doble del cuerpo físico como vehículo de aprendizaje. En esta dimensión es donde se encuentran los espíritus guías.
A esta dimensión van todos los seres que pierden el cuerpo físico después de la transición que llamamos muerte.

La quinta dimensión D-5

Es el plano mental, Es un campo de fuerza, es en donde encontramos los pensamientos y las ideas. Es en donde encontramos la mente pues; donde se encuentran las esferas mentales.
En la filosofía hindú le conocen como el Devachan, los budistas le llaman el Nirvana, los Cristianos el Cielo, en la parte baja de esta dimensión encontramos lo que se conoce como mente reactiva y que antiguamente se le llamo instinto y más recientemente se le llamo ego.

La sexta dimensión D-6

Es el plano causal, Es la imaginación, es la matriz de los pensamientos, es decir en donde se generan todas las causas, es la creatividad, es aquí donde es el asiento de la fe, en la filosofía hindú es “el manas”, asiento de la personalidad inherente. La música de las esferas se percibe aquí. Aquí se da la Telepatía con seres espirituales superiores

La séptima dimensión D-7

Es el plano espiritual, es la fe en sí misma. El Nuos Concient, el origen del Dharma, la Supra-conciencia, Egrégora de la humanidad, interacción con seres que ayudan en la creación del cosmos.

La Octava dimensión D-8

Es el plano creador, es el plano Crístico, aquí ya se colabora con los creadores del cosmos.

La Novena dimensión D-9

Es el plano creador primero, es la causa centro primera, es el creador del creador, es el padre, es el todo.

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