genesis del zodíaco astrofisico…2012…

¿Estás preparado/a para viajar por el Océano de la Verdad y del Cosmos? Este barco nos llevará hacia la explicación del Macrocosmos y sus Leyes Universales en primer lugar, luego viajaremos al Antiguo Egipto, Civilización Maya y la Atlántida, descubriremos verdades astronómicas, astrológicas y arqueológicas asombrosas, y también pistas y enigmas de nuestro presente. Hay ciertos conocimientos que van a ser investigados y desarrollados partiendo de hipótesis y que necesitan ser integrados poco a poco para poder conocer el resultado final. La mayoría de las hipótesis nos llevan hacia una serie de acontecimientos de transformación profunda de La Tierra y de la Consciencia Humana. Vamos a resumir en varios puntos lo que se espera para el 21 de Diciembre del 2012, el día del Cenit máximo de todos los eventos:

  1. Entrada completa del Sistema Solar en la Banda de Fotones del Ecuador Galáctico. Según los mayas, egipcios y atlantes, cada vez que el Sistema Solar y la Tierra atraviesan el Ecuador Galáctico, cada 12.960 aproximadamente, se producen cambios geomagnéticos en la Tierra como la inversión de los Polos Magnéticos, originando movimientos de las placas tectónicas y la corteza terrestre, subida del nivel del mar y movimientos continentales. Esto ha sucedido siempre a la largo de la evolución terrestre y volverá a suceder. Son ciclos necesarios para la vida y la evolución de la Tierra y sus seres y no hay que tener ningún miedo. Gaia, la Madre Tierra, necesita regenerarse para volver a nacer, y los seres que acepten todo lo que va a ocurrir con amor y serenidad, serán guiados por su alma para saber lo mejor que tienen que hacer.
  2. Incremento de la Actividad Solar en los años 2011 y 2012. Desde el interior del Sol se liberarán enormes fuerzas electromagnéticas aumentando las tormentas y erupciones solares, enviando al Planeta Tierra gran cantidad de ondas de partículas y energía electromagnética.
  3. Se cumple el ciclo del Año Cósmico del Sistema Solar. El Sistema Solar tarda 25.920 años en dar una vuelta completa alrededor del Sol de Alcyone, en la Constelación de las Pléyades.
  4. Se cumple el ciclo de la precesión de los Equinoccios de la Tierra, la Tierra como una peonza da un giro completo de 360 grados cada 25.920 años.
  5. El giro del sistema solar alrededor del centro de nuestra Galaxia (La Via Lactea), el Sol de Alcyon, determina cuanto duran las estructuras físicas que soportan a la organización humana, pues cada 25.920 años ha ocurrido un cataclismo, dando lugar a una nueva forma de desarrollo, una posibilidad distinta de organización. Es como si el cuerpo de la humanidad muriera cada 25.920 años para renacer de una forma más perfecta.

Fig 1. Estrellas de la espiral de Alcyone

Fig 2. Sistema Solar de Alcyone.

6. Ascensión de la Humanidad y llegada de una Nueva Era de Luz y de Transformación en la Tierra.

7. Posición de los planetas el 21 de Diciembre del 2012:

Fig 3. Posición de los planetas el 21-12-2012

Fig 4. Posición de los planetas el 21-12-2012.

Fig 5. Posición de los planetas el 21-12-2012 en el Zodiaco Tropical-Sideral

Fig 6. Equinoccio de Primavera, Oº Aries Tropical, Punto Vernal apuntando a la Constelación de Piscis Sideral

La historia de Osiris (Orion).

La historia de Osiris (Orión) empieza en el año 10.000 a.C. L’An-Nu, el sumo sacerdote de Aha-Men-Ptah, reunió al consejo. Tenía noticias alarmantes, pues con “cálculos matemáticos de las configuraciones estelares”, estaba en condiciones de calcular la fecha del fin de su mundo.
Esto se basaba en los sucesos del cataclismo anterior, ocurrido el 21 de febrero de 21.312 a.C, cuando la Atlántida fue destruida en parte (la Tierra giró 72 grados en el zodíaco). Su mensaje fue sumamente doloroso y duro:
“Hermanos, estamos hoy reunidos aquí para hablar de los aterradores acontecimientos que sufrirán nuestros bisnietos. Sin dudarlo, debemos organizar un éxodo de nuestro pueblo hacia otras regiones y esto representa un enorme esfuerzo durante mucho tiempo”.
Pudo oírse un murmullo y luego una ola de protestas, pero el alto prelado era inexorable:
“No me baso en las sagradas escrituras sino en combinaciones matemáticas, que pueden ser comprendidas por cualquiera que lo elija.
Todo movimiento de las estrellas y los planetas se produce en armonía, siguiendo las leyes de Dios. Lo que sabemos con seguridad es que las ’combinaciones matemáticas celestiales’ tienen influencia sobre todos los organismos de la Tierra, por medio de las configuraciones que representan. Eso, por una parte.

Segundo, los cálculos de mis predecesores y de los científicos de nuestra ’Doble casa de la vida’ de Septa-Rerep establecen que una catástrofe de desconocidas proporciones nos aguarda. Durante la anterior, el Norte de nuestro país se convirtió en un enorme iceberg y fueron destruidas otras partes del mundo. Esta vez, nuestro país entero desaparecerá. He recalculado lo que nuestros científicos estimaron tantas veces con anterioridad, y lo único que podemos decir es que nuestro país desaparecerá por completo bajo las aguas. No quedará nada, y si no se toma ninguna medida no habrá nadie que pueda contar la historia de nuestra patria, porque pertenecerá al reino de los muertos”.

La mayoría de los oyentes permanecían en silencio, pues estaban impresionados por lo que acababan de oír. Uno de los miembros más ancianos interpretó la conmoción general:
“¡No dudo del poder de sus palabras! Es lógico que si aceptamos este gran cataclismo como algo que sucederá con certeza, aquí debemos discutir el éxodo con calma. Pero esto significa la construcción de cientos de miles de barcos, sin mencionar toda la comida que se necesita para millones de personas. Se requiere la intervención de varias generaciones de preparativos”.

L’An-Nu volvió a hablar: ”La ley celestial determina la armonía de los cielos y el movimiento matemático de la Tierra a lo largo del tiempo. Sobre la base de esto, ‘aquellos que saben de números’, podrán determinar la fecha exacta y la ley causante de la catástrofe. Se producirá el 27 de julio de 9792 a.C, dentro de 208 años y será inevitable. Por lo tanto, apresúrense, honorables miembros del consejo, a tomar las medidas necesarias para que dentro de dos siglos todos puedan abandonar estas tierras e iniciar una segunda patria. Los primeros signos de lo que nos aguarda ya son visibles en el horizonte, donde el Sol está más rojizo a su salida. Aquí concluyo mi argumento, el Este tendrá color rojo, tan rojo como nuestra sangre, porque nuestro imperio pertenecerá a los muertos”.

Esto produjo el efecto deseado. A partir de ese día, empezaron a tomar las medidas precautorias necesarias para llevar a cabo un éxodo sin fallas. Los años transcurrieron.

En 9842 a.C. nació el primer hijo del rey Geb y la reina Nut. Era un varón y su madre le puso el nombre de la constelación que dominaba el cielo meridional, es decir, Osiris u Orión. Estaba predestinado a convertirse en el gobernante 589° de Aha-Men-Ptah. (Posteriormente, Aha-Men-Ptah fue llamada Atlántida, por los filósofos griegos.) En 9841 a.C. nació su hermano Seth y un año más tarde, sus hermanas mellizas Isis y Nepthys.
Todos amaban a las dos niñas, pero Seth se comportaba como un pequeño tirano. Envidiaba el éxito de sus hermanas y estaba sumamente enojado por no ser el heredero del trono. A Isis le gustaba reír y a menudo se la veía en compañía de Osiris. El rey Geb observó una estrecha relación entre los dos y decidió que se casaran. En presencia de una gran audiencia, el matrimonio fue solemnizado. Seth estuvo ausente, dado que estaba furioso cuando se enteró del casamiento. En un rapto de ira, se marchó luego de amenazar con vengarse y cometer fratricidio.
De la unión entre Isis y Osiris nació Horus. Mientras tanto, Seth se dedicó a reunir un ejército cada vez más grande. Muchos de sus rebeldes se irritaron al tener que realizar las medidas coercitivas que les infligían para el cataclismo venidero, rehusándose a seguir participando de las tareas por algo en lo que ellos no creían. En esos tiempos difíciles,
Osiris se convirtió en el nuevo gobernante, a los treinta y dos años de edad.

Era 9805 a.C, y faltaban trece años para la fecha del cataclismo. Osiris, inmediatamente tomó medidas para asegurarse la fidelidad de los otros estados del país. Formó un ejército que no sólo tendría que conquistar a los rebeldes, sino también proteger los puertos y los depósitos de almacenaje.
Miles de botes se guardaron, luego de haberse dado cuenta de que muchos de ellos se habían ido y ahora servían como madera para hacer fuego. Una profunda reorganización tuvo lugar para que pudiera lograrse una tranquila evacuación de aquellos que permaneciesen leales.
El resto de la tierra era un caos causado por Seth. Hubo una increíble cantidad de material a utilizarse en el éxodo que se tornó inútil, se demolió, se rompió o fue robado. Seth ejerció una dictadura criminal y provocó el terror, demostrándolo cuando envió de regreso a dos embajadores del palacio, decapitados, en sus ataúdes. Su mensaje era claro: “No voy a negociar”. Sólo quedaban tres años. Horus tenía 24 años cuando su tío incorporó su séptimo estado y ordenó la inmediata destrucción de 4.000 “Mandjits”. Estos barcos a prueba de hundimientos, ¡deberían asegurar la supervivencia de 30.000 personas de esa provincia! Luego de este insensato aniquilamiento hubo un impasse de unos tres años. Un par de semanas antes del cataclismo, Seth intensificó su ataque vigorosamente. En la noche del 26 de julio pudo hacerse con la capital, por sorpresa. Sin duda, todos estaban preocupados por el cataclismo venidero que interfería con las medidas que debían adoptarse para la defensa.

El resultado fue desastroso. Hubo saqueos y asesinatos; sólo el palacio real no fue tomado. Seth discutió con sus capitanes la estrategia necesaria, pero decidió no atacar porque sus tropas estaban demasiado ebrias y en este estado no iban a hallarse en condiciones de conquistar las tropas de élite, que se encontraban bajo el mando de Horus. La oposición también supo que Representación de Osiris Seth no tomaba prisioneros, y que ellos iban a luchar con todo su vigor por sus vidas. Entonces pensó en una treta. Envió un mensajero al palacio para ofrecer una rendición honorable, con la condición de que Osiris en persona viniera a firmarla. A pesar de las advertencias de Geb, Nut e Isis, el rey decidió ir. Dejó la defensa en manos de su hijo Horus. Lo escoltaron seis hombres y un oficial. Osiris condujo hasta el lugar del encuentro, pasando por las ruinas en llamas de su capital. Antes de que pudieran reaccionar, las lanzas penetraron los corazones y las cabezas de sus escoltas y los hombres fueron brutalmente asesinados. El rey apenas había sido herido y fue conducido a una habitación donde Seth, con sus oficiales comandantes, lo aguardaban con impaciencia.

Convencido de su triunfo, Seth miró a su hermano con arrogancia, en tanto que este sólo lo observaba con profunda tristeza. Entonces, una ira irracional lo invadió. Tomó la espada de uno de sus capitanes y la clavó en el cuerpo de su hermano; ni un sonido se oyó de los labios de Osiris. Luego, les ordenó a sus capitanes que hicieran lo propio. Osiris murió sin emitir un solo sonido. Seth miró a su alrededor, notó que allí había una piel de toro y arrojó el cuerpo aún tibio sobre ella, atando las dos partes que la constituían. Después, ordenó a sus capitanes que arrojaran el “paquete” al mar. Los peces carnívoros y los cangrejos se darían un festín con él.

En el palacio, Nepthys, que tenía el don de la videncia, vislumbró los trágicos acontecimientos. Luego de comunicárselos a Horus, este decidió lanzar un contraataque. En muy poco tiempo reunió a dos mil hombres, les explicó lo ocurrido y les informó qué se esperaba de ellos. Con sus corazones llenos de enojo, comenzaron el ataque, matando instantáneamente a cada rebelde que encontraron a su paso. Pronto arribaron al lugar donde habían asesinado al padre de Horus. Eran espectadores de una escena apocalíptica: estaba lleno de cuerpos a los cuales se les había dado muerte de una manera bestial, pero Osiris no estaba allí. Horus continuó con la reconquista y pronto recibió refuerzos de los habitantes y de las otras brigadas. Justo antes del atardecer, la capital fue liberada, ¡pero completamente destruida!.

En el momento en que el Sol debía elevarse sobre el horizonte, no sucedió nada. Era el 27 de julio de 9792 a.C. y ese sería el último día de la Atlántida. Apareció un ocaso irreal, sin sol ni cielo; una bruma rojiza, sofocante, de difusa claridad a causa de su espesor, fue tendiéndose como un manto parejo que no sólo absorbió todos los sonidos sino también la luz del Sol. La respiración se hizo difícil debido al profundo olor a muerte que dominaba la atmósfera. En todo el continente, la gente comprendió que lo inevitable estaba por desencadenarse. El instinto de supervivencia afligió a todos con un intenso temor del drama que estaba por venir. No hay palabras para expresar el pánico que se desató. En los anales está registrado en detalle y puede comprenderse el pandemónium descrito, al pensar en el temible panorama que la gente debía enfrentar. La mañana transcurrió sin que nadie estuviera en condiciones de precisar la hora, porque el Sol permaneció invisible detrás de la sofocante niebla, que se tornó color rojo sangre.

Horus comprendió que este era el fin de su país. También se dio cuenta de que si la desesperanza de su pueblo era así de enorme, mucho peor iba a resultar con los rebeldes. Entonces, decidió aprovechar esta situación y asestar un golpe definitivo a las tropas de su tío. Brevemente, explicó esto a sus comandantes, quienes se entusiasmaron mucho con la idea. Les prometió a los soldados que podrían irse a tiempo con sus familias. El asfixiante silencio de la bruma estaba enloqueciendo a las tropas y, debido al olor insoportable y a este rojizo fenómeno, casi perdieron la razón. Como consecuencia, se produjo un violento encuentro con el enemigo, algo que pareció casi un sueño, pues la borrosa bruma aún impedía una clara visión.

Entonces, la furia celestial se hizo conocer en su omnipresencia; suaves terremotos pusieron fin a la batalla. Nadie pudo ganar porque todos iban a perecer. Muchos fueron arrojados al suelo con sus cuerpos temblorosos a causa de las siniestras oscilaciones. Esto se prolongó con igual intensidad, mientras la bruma impenetrable parecía aclararse. ‘

En el palacio, Geb asumió el mando nuevamente. El monarca anterior no tenía otra alternativa, pues su hijo estaba muerto y Horus aún no había tomado su juramento. Basándose en las leyes reales, decidió iniciar de inmediato el éxodo general. Debieron abandonarlo todo, sin ninguna esperanza de recuperarlo. Primero se envió la orden al puerto para poder empezar con las acciones y medidas planificadas y evitar, en lo posible, el pánico. Los soldados reales estaban todos allí para facilitar la partida del pueblo que estaba a punto de huir.

En el puerto real había miles de “Mandjits”, cuya característica principal era que no podían hundirse. Estaban rigurosamente protegidos y a bordo tenían equipos completos de supervivencia, como por ejemplo, botellas de agua, tortas de cebada, cereales, etc. Se había practicado la evacuación hacía tiempo y esta había funcionado sin fallas. En un breve lapso, cientos de miles de personas se embarcaron. A su vez, comenzó la evacuación de la familia real y de los sumos sacerdotes. Todos se dirigieron a los botes que ya habían sido designados con anterioridad. Para estas personas, las medidas que se habían tomado hacía años, ahora estaban rindiendo sus frutos. El sumo sacerdote, con calma, impartió sus órdenes, las cuales fueron acatadas al pie de la letra. Un gran contingente de seguidores pusieron los tesoros a salvo; nadie tenía la menor idea del alcance de la catástrofe, aunque todos se imaginaban lo peor.

A ciento sesenta kilómetros, los antiguos volcanes que tenían más de mil años de antigüedad se reactivaron. Con un enorme poder arrojaron rocas, tierra y polvo al aire, y la bruma volvió a tornarse espesa. Una lluvia de piedras más pequeñas y pedazos de toda índole cayeron sobre la capital y el puerto; como consecuencia de ello muchas personas fueron heridas o murieron. En medio del pánico que sobrevino, perdieron el autocontrol y comenzaron una verdadera carrera hacia el puerto. Todos arrojaron lo que llevaban consigo, para poder escapar más rápido. Cualquier indicio de pensamiento humano fue
reemplazado por un puro instinto animal de supervivencia. Los soldados fueron atropellados por esta estampida de personas. La turba saltó a los barcos de papiro que estaban recubiertos con resina y betún para impermeabilizarlos y hacerlos indestructibles. El terror causado por los horribles e inimaginables acontecimientos hizo que la gente olvidara toda noción de seguridad. En lugar de subir a bordo en un número no mayor a diez por barco, luchaban por subir en los primeros Mandjits a su alcance. Cientos de barcos se hundieron junto con sus pasajeros nada más zarpar, o incluso antes de hacerlo. Miles de desafortunados murieron en el puerto, el cual ya no iba a subsistir por mucho tiempo más.

Desde lejos se podía oír los volcanes otra vez, que arrojaban lava al aire. El resto de la aterrorizada población que permaneció en tierra, pereció en un torrente de fuego. Cientos de miles de litros de un infernal fuego líquido, hallaron su camino en los pueblos y las ciudades, destruyendo y cubriéndolo todo a su paso. En medio de este terrorífico curso de los acontecimientos, Nepthys e Isis buscaban el cuerpo de Osiris. Nepthys condujo a su hermana a través de la bruma de la invisibilidad. De los soldados que los acompañaban sólo quedaron tres. Dado que la “vidente” tenía grandes dificultades para concentrarse en el lugar exacto donde se encontraba el cuerpo envuelto en el cuero del toro, la búsqueda se hacía muy difícil. El pánico omnipresente y los miles de cadáveres complicaban su tarea. Al parecer, eran los únicos que aún permanecían vivos en este inmenso cementerio, donde las aves, otros animales y las personas habían muerto. ¿Valía la pena seguir buscando, si de todos modos iban a morir?

Eso era exactamente lo que se preguntaba Seth. Luego de los primeros temblores, la parte principal de sus brigadas partió; los que se habían reído incrédulos ante el profetizado final de su mundo, se apresuraban a escapar de su desobediencia a las leyes de Dios, aunque para muchos ya era demasiado tarde. Seth se dio cuenta de que esta rebelión contra las leyes celestiales había, incluso, acelerado el proceso inevitable. Se quedó solo, estupefacto y sin comprender qué había sido de su honor y su reino perdidos.

Horus les dió a los hombres restantes la libertad de partir en orden y decidió quedarse a la zaga y buscar a su tío, para matarlo en venganza por su padre. Ahora había dos hombres en el bosque, cuyas cabezas estaban atiborradas con los trágicos sucesos, sabiendo ambos que uno debería matar al otro a fin de sobrevivir.
Una vez más, la furia celestial se desató. El tumulto en el puerto ahora estaba en su punto máximo. Cientos de miles se empujaban en la densa niebla para poder abordar alguna nave. No había soldado que pudiera cumplir con su deber en esta masa de gente que se atropellaba camino a la muerte. Las primeras filas simplemente fueron echadas al agua. En ese momento, los rebeldes que aún quedaban llegaron al puerto. Con una despiadada violencia se abrieron paso hacia los botes. Todo el que se interponía en su camino era arrojado al agua o asesinado, luego de lo cual, los soldados se arremolinaron frente a los barcos. Pero a causa de su miedo, cometieron los mismos errores que aquellos que los habían precedido, pues sobrecargaron los botes con demasiados hombres. En cuestión de segundos se hundieron y los ahogados se unían a las pilas de cuerpos flotantes. Otros se dirigieron al puerto real donde se llevaba a cabo el éxodo con toda calma, pero con gran apuro. Los rebeldes provocaron un gran derramamiento de sangre y enfilaron hacia el mar en barcos hurtados. Afortunadamente, el sumo sacerdote y su familia, junto con otras naves que también transportaban a sacerdotes, ya habían partido. Debido a la densa niebla, no les era posible ver u oír nada acerca de este criminal episodio en el último día de su reinado.
Mientras tanto, los comandantes se acercaban unos a otros sin que se dieran cuenta. La niebla los hacía invisibles e inaudibles entre sí. Seth miró a su alrededor cuando una ráfaga de viento rasgó la niebla; entonces vio a Horus, que estaba meditando a unos veinte metros de distancia. Lleno de odio y sufrimiento, con el deseo de matar al hijo de su hermano, dio un paso adelante.
Otra vez la Tierra temblaba y se expandía una temeraria sinfonía, cuya fantasmal imagen era pesada y siniestra. La lava volvía a correr, continuando su destructivo trabajo. Los árboles se quebraban como si sólo fuesen pequeñas ramas y luego ardían en llamas. El fuego rugiente mataba todo lo que encontraba a su paso, tanto vegetal como animal. Nada podía escapar a eso. Un desagradable olor acompañaba todo ese panorama. Seth, quien en ese momento se encontraba sólo a tres pasos de su sobrino, cayó presa del miedo; un pánico irracional se apoderó de él y atacó sin pensar. Su grito se perdió en el ruido atronador del bosque envuelto en llamas, cuando su espada rozó el hombro de Horus; con otro golpe le pegó a la cara de su sobrino. Horus estrechó sus manos frente a su rostro y pronto estas comenzaron a sangrar. Seth estaba seguro de su victoria y se escapó, tratando de huir del torrente de lava que se aproximaba.
Aunque Horus aún estuviera vivo, con seguridad iba a morir en ese torrente de fuego fantasmal. Unas enormes nubes ardientes provenían de la lava, la cual serpenteaba emitiendo monstruosos silbidos. Cada vez se acercaba más al hijo de Osiris quien, solo y muy herido, había quedado a merced de los cielos. Había perdido su ojo derecho y el otro estaba lleno de sangre, tenía una rodilla destrozada y un hombro roto, pero aún estaba vivo, aunque no podía ver ni moverse. Sabía que el infierno se cernía sobre él y tenía la esperanza de que Isis y el resto de su familia hubieran podido escapar a tiempo. El arroyo hirviente llegó a los árboles cercanos y los destruyó en apenas unos segundos. Un profundo suspiro se escapó de sus pulmones y sintió el intenso calor que en breve lo iría a quemar hasta convertirlo en cenizas. Entonces se produjo el milagro. Horus yacía sobre un afloramiento de granito, dado que la lava no podría pasar por allí; más bien sólo podría rodearlo, dejándolo a salvo por algún tiempo.

En la costa, por fin Nepthys tuvo éxito. Divisó una pequeña bahía con una enorme higuera. Allí, en una rama que se encontraba sobre el agua debería estar colgado el cuero que guardaba el cuerpo de Osiris. Se comprobó que esto era cierto. Isis suspiró con alivio, pues al final, su demora en abandonar esta tierra había tenido su recompensa. Las dos hermanas, con cuidado tomaron el cuero y los soldados lo colocaron en uno de los pequeños
Mandjits que había por ahí abandonados. Al cabo de un corto intercambio de ideas, la reina le ordenó a su hermana que se uniese a su familia junto con los soldados.

En la costa, por fin Nepthys tuvo éxito. Divisó una pequeña bahía con una enorme higuera. Allí, en una rama que se encontraba sobre el agua debería estar colgado el cuero que guardaba el cuerpo de Osiris. Se comprobó que esto era cierto. Isis suspiró con alivio, pues al final, su demora en abandonar esta tierra había tenido su recompensa. Las dos hermanas, con cuidado tomaron el cuero y los soldados lo colocaron en uno de los pequeños Mandjits que había por ahí abandonados. Al cabo de un corto intercambio de ideas, la reina le ordenó a su hermana que se uniese a su familia junto con los soldados.

Isis se fue sola en busca de su hijo, quien era el heredero legal del reino que ahora se había perdido y llegó al palacio real donde Geb y Nut se disponían a partir. Habían estado aguardando las noticias de su hijo y nieto, desesperadamente.Confrontados con la resoluta decisión de Isis de buscar a su hijo, Geb impartió sus últimas órdenes. Sin más demora, Nut y los restantes jefes debían irse, siendo su lugar de destino, allí donde terminaba el parque y empezaba el canal.

Fig 1. Nepthys e Isis

Dos fuertes galeras que eran lo suficientemente resistentes como para navegar por los mares más bravios los aguardaban. Un nuevo país iba a necesitar una nueva madre, señora de un nuevo cielo, la cual, en ausencia de Osiris y Horus, debía enseñarles a los supervivientes cómo vivir en su segunda patria. Su nombre sería Ath-Ka-Ptah, cuyo significado literal era “Segunda Alma de Dios”, el cual luego sería cambiado fonéticamente por los griegos por Ae-Guy-Ptos (o Egipto, en castellano).

Fig 2. Mandjits que fue encontrado en una fosa a los pies de la Gran Pirámide. Los “expertos” oficiales dicen que es del 2500 a.C. , no les creemos, puede ser todavía mucho más antiguo, quizás de la época del “Gran Cataclismo” en el 9732 a.C.

Nut, a quien no le había gustado tener que dejar a su amado, fue arrastrada por los incontrolables elementos. Una enorme explosión en el centro de la capital sacudió a los supervivientes, impeliéndolos hacia el caos. Geb, que había decidido acompañar a su hija, se apoderó de varios caballos para poder moverse lo más rápido posible. En cuanto vio todo ese daño y caos, dudaba de que Horus aún estuviera con vida. Pero Isis no quería oír hablar de abandonar la búsqueda. Con confianza lo alentó a continuar, aunque no era una tarea fácil en medio de la niebla. De repente y de la nada, empezó a aclarar y por primera vez hubo luz ese día. La actividad volcánica en la distancia, habiendo lanzado miles de toneladas de lava, se detuvo y un silencio sobrenatural los rodeó. ¡Esto tendría que ayudarlos a encontrar a Horus! Pero ¿dónde buscarlo? Isis extendió sus brazos hacia el cielo y rezó:

-”¡Oh, Ptah-Hotep, rey de los cielos, abre tus esclusas y detén el fuego; salva al hijo de tu hijo! Ordena que este día del gran cataclismo no se convierta en el día del gran luto. Oh, Ptah-Hotep, rey de la tierra, ordena que el gran arroyo abra todas sus reservas!”-

Seis mil años después, esta plegaria está cincelada en todas las tumbas del valle de los reyes de Luxor, y también en Dendera. Y en los anales del libro The Four Times [Las cuatro veces] se lee: “La plegaria de Isis fue respondida y una lluvia rojiza se esparció sobre la tierra, como si la sangre de los muertos se hubiera desparramado sobre la tierra rasgada”. Al cabo de algunas horas, la lava se había enfriado y para Isis y Geb era difícil trepar por ella. La reina, desesperada por la tristeza, no sabía qué camino elegir en este desolado paisaje. Como su padre, estaba completamente mojada y exhausta, y apenas podía moverse entre las rocas endurecidas. Entonces, Isis vio el cuerpo que estaba buscando… ¡y parecía moverse! Lágrimas de alegría brotaron de sus ojos.

Horus pensó que estaba alucinando, pues no podía ser que su madre estuviera tan cerca. Pero una mano lo tocó y una voz amorosa le habló:

-”Ya no tengas miedo hijo mío, Dios me mostró el camino para llegar a ti y salvarte”.-

Isis, en su mano, juntó un poco de agua que brotaba de la roca y lavó la sangre del ojo que Horus no se había lastimado, entonces él pudo ver a su madre y también lloró de alegría. Trató de pararse, pero se hubiera caído pesadamente si su abuelo no lo hubiera sostenido, a raíz de su rodilla destrozada. Con la ayuda de Isis, lo tomaron por los hombros y muy despacio lo llevaron hacia los caballos que aguardaban pacientemente. Allí, Geb habló con una voz que no admitía réplica alguna:

-”Isis, debes irte de inmediato, Osiris escondió un Mandjit bajo un techo en el Lago Sagrado. Apresúrense los dos para llegar allí y váyanse lo más rápido posible al mar abierto. Hay sólo un par de remos a bordo y les resultará fácil partir. Yo soy prácticamente un peso muerto para ir con ustedes; además, aún debo arreglar algunos asuntos en el palacio. No piensen en mí, ¡es una orden! Sólo piensa en tu hijo. Ahora, váyanse”.-

-”¡Pero, padre!”-

-”¡Vayanse, es una orden!”-

Era imposible oponerse a su decisión e Isis se fue, con su otro caballo detrás de ella. Durante la travesía le habló a su hijo de manera alentadora. Ella sabía que el sufrimiento debía ser insoportable y trataba de hacerle olvidar el dolor por un momento. Llegaron al barco sin ninguna dificultad. Isis se sentó en el lugar de los remos y comenzó a remar con vigor hacia el estrecho, donde probablemente podría cambiar por un barco más grande y Horus podría ser cuidado por otros sobrevivientes. Luego de haber pasado el canal grande y el pequeño, se produjo el primer choque sísmico verdadero. La tierra fue arrojada hacia los cielos, mientras una intensa luz destellante atravesó el cielo antes de desaparecer en las aguas, en dantescas llamas saltarinas. Horus no se dio cuenta de ninguna de estas convulsiones de la tierra, pues estaba inconsciente.

Durante ese día —día que aparentemente nunca llegaba a su fin (27 de Julio de 9732 a.C.)—, el destino de Aha-Men-Ptah quedó sellado. En el extremo meridional del continente que se hundía, flotaban los Mandjits considerados como imposibles de hundirse y ahora había llegado el momento de probar su reputación.

En Occidente, el cielo aún brillaba con un color púrpura, a causa de los acontecimientos producidos por el cataclismo. Pero ¿en verdad era el Oeste? Se avecinaba una tormenta, en tanto olas de varios metros de altura se estrellaban contra los Mandjits. El agua entraba por los huecos de las embarcaciones haciendo difícil que estas se mantuvieran derechas. Luego de un período relativamente tranquilo, la violencia volvió a desatarse. Esta vez fue un ciclón y algunos de los barcos de papiro se hicieron trizas. En estas enormes masas de agua, los capitanes supervivientes de los barcos trataron de luchar contra el terror de la naturaleza. Aún no habían sobrepasado el límite de lo imposible.

En el cielo púrpura que ahora estaba tranquilo, de repente vieron salir el Sol con movimientos abruptos y lo observaron con angustia. Se aferraron a las barandas de los barcos para cerciorarse de que todavía estaban a bordo. Unos minutos más tarde, el Sol volvió a desaparecer y sobrevino la noche. Para su asombro, las estrellas también adoptaron ese ritmo rápido; luego la Luna apareció y se movió con tal velocidad por el cielo que parecía que iba a chocar con la flota. La noche entera sobrevino en menos de una hora. Nadie sabía qué estaba sucediendo, nadie podía decir si este día sería seguido por otro o no. El horizonte se mantuvo color carmín, con una claridad sobrenatural, fantasmal y enigmática. Todos pensaban que su final había llegado, como así también había llegado el fin del mundo, por obra de titánicos terremotos. Todo se había ido, excepto la bruma.

En el horizonte la calma reinaba otra vez. Un chorro de piedras incandescentes fue arrojado en la lejanía y el mar turbulento se encendió. Mientras caía una lluvia de fuego, los supervivientes se dieron cuenta de que habían presenciado las últimas convulsiones de Aha-Men-Ptah. Para muchas personas era demasiado duro de creer, pues por generaciones y generaciones su tierra había sido el centro del mundo y ahora se caía a pedazos, mezclándose con las aguas que se elevaban, abandonándolos. Los que tenían buena vista pudieron ver a través de una niebla púrpura que las últimas montañas habían desaparecido bajo las aguas. ¡Nada había quedado! ¡Nada!

Este hundimiento elevó el nivel de las aguas. Una ola gigantesca, de doce metros de altura y varios kilómetros de ancho se aproximó envolvente hacia ellos, destruyéndolo todo a su paso. Cientos de personas fueron arrojadas al mar pero, afortunadamente, muchos se habían atado a los mástiles, con las sogas que colgaban de las velas. Isis y Horus estaban atados sujetos en su barco perdido, igual que Nepthys y Nut y sus compañeros. ¡Y Seth también! Él se las había ingeniado para escapar y ahora buscaba a los “Hijos de la Rebelión”.

Fig 3. Seth

Mientras tanto, Horus empezó a diseñar estrategias tratando de olvidar su insoportable dolor. No iría a salvarse permaneciendo en su barco; a fin de sobrevivir, debía elegir un lugar de destino donde pudiera desembarcar sin peligro. Se preguntaba cómo podría suceder todo esto. Del “Maestro de las Combinaciones Matemáticas Celestiales” había aprendido que la Tierra era una esfera, igual que la Luna y el Sol. La observación, seguida por minuciosos cálculos de figuras geométricas formadas por los planetas y los cuerpos celestiales, habían revelado una única ley universal, la cual condujo a este gran cataclismo. Pero la Tierra iba a seguir existiendo, aunque fuera destruida en su mayor parte por los acontecimientos.

De repente, Horus se dio cuenta de que los Mandjits no se mantendrían a flote. Habían sido tratados con betún y este ya se estaba derritiendo a causa del calor. Pronto comenzarían a tener filtraciones y desaparecerían en las profundidades. Después de este descubrimiento, volvió a dormirse y llenarse de sueños. Se preguntaba por qué los sacerdotes apuntaban a la falta de creencia como la causa principal del cataclismo. ¿Acaso su Creador no sentía ninguna piedad por ellos? Él tendría que empezar todo de nuevo para poder comprenderlo.

Fig 4. Horus

Un grito de su madre lo devolvió a la realidad. Abrió el ojo que le quedaba, que por cierto tenía severas heridas, y a través de la bruma preguntó:

-”¿Hay algún problema con los Mandjits, madre?”-

-”No, es el día, el cual aparentemente está comenzando por el lado correcto”-

-”¿Por el lado correcto? ¡Eso es imposible! Eso sería posible sólo si estuviéramos en la dirección equivocada”-

-”Por cierto que es el Este, Horus, porque hay tierra visible en el Oeste”-

El nuevo acertijo dejó a Horus perplejo; ya era hora de encontrar una solución para todos estos acontecimientos apocalípticos. Un clamor angustioso provenía de todos los barcos cuando vieron este inexplicable movimiento del Sol. Todos estaban aterrorizados. Pero el día transcurrió con el Sol del lado equivocado, sin que nada sucediera y la paz fue restituida. Isis se cambió la ropa y fue reconocida por su pueblo. Cuando estuvieron cerca, ella habló con voz estentórea:

-”Les hablo a todos, si están dispuestos a vivir en paz con Dios, quien los creó a su imagen, entonces una segunda patria los aguarda: Ath-Ka-Ptah. Allí, los rayos de un segundo Sol se encargarán de nuestra resurrección”-

En otro barco, Nepthys pensaba. En la proa se encontraba el cuerpo de su querido hermano, envuelto a salvo en el cuero del toro. De repente ella “vio” a una persona muerta!, algo que no tenía cómo explicar…Entonces se llenó de regocijo; comprendió que un milagro se había producido.

Frente a ella, Osiris apareció en el cielo estrellado. ¡Él, que había nacido como un Dios y asociado con esta constelación, renacía en el cielo! Su Padre, para hacerles saber de su omnipresencia en toda circunstancia, ¡le dio vida otra vez a su Hijo!

Nepthys no sabía por qué, pero de pronto se sintió llena de confianza en sí misma.

No obstante, con el paso del tiempo, parte de sus conocimientos fue desapareciendo. El hombre se sintió Dios, lo que condujo a la gran catástrofe del año 9792 a.C. Una inmensa ola gigante arrasó con decenas de millones de Elegidos del Creador y, a partir de aquí, esta tierra marchita de Aha-Men-Ptah llevó el nombre de “Imperio de los Muertos en la Otra Vida”.

Profundamente conmocionados, los sobrevivientes decidieron celebrar una nueva alianza con el Creador; le agradecieron por haber sobrevivido y le pidieron perdón por sus faltas. A fin de lograr la paz eterna en la Tierra, esta vez su tratado sería indestructible. Escribieron todo con sumo cuidado para crear lazos inquebrantables para siempre, y por esta razón puede rastrearse su éxodo.

Desde las costas de Marruecos, donde desembarcaron con sus mandjits (botes que no podían hundirse), siguieron una exacta ruta delineada hacia Egipto, en una travesía que duró miles de años, permaneciendo siempre en el mismo grado de latitud. Esto lo hicieron los seguidores de Horus y también los rebeldes de Seth.

Fig 13. Los supervivientes de la Atlántida navegando en los Mandjits

Los sumos sacerdotes tenían el mismo origen étnico y, después de estudiar el cielo estrellado, arribaron a conclusiones similares, dado que no debían perturbarse las Leyes Celestiales. Ath-Ka-Ptah, el “Segundo Corazón de Dios”, es la personificación de la llama eterna, que se elevó de las cenizas, gracias a Osiris, el Primogénito, y sus descendientes.

Sin embargo, a medida que pasaron los años, aparecieron fracturas en la alianza y la gente olvidó sus compromisos. Este extenuante y trágico período fue más desenfrenado que la más alocada imaginación: durante más de cinco mil años los clanes de Seth y Horus lucharon entre sí. Estos alucinantes enfrentamientos no terminaron hasta que llegaron a la Tierra Prometida.

Las antiguas crónicas cuentan exultantes sobre la llegada a Ath-Ka-Ptah (Egipto), el “Segundo Corazón de Dios”. Además, los clanes se unieron en un momento en que las estrellas y los planetas estaban en una posición favorable; una nueva era podía empezar.

La influencia de la terrible catástrofe puede observarse en todos los edificios construidos después de este acontecimiento. Hay dos leones representados en el sarcófago de Ramsés II, que miran en direcciones opuestas, indicando que después de la catástrofe y, por lo tanto, después de la inversión de los polos, la era del León se invirtió.

Entre los leones hay un Sol que descansa en un cielo invertido, con la cruz de la vida vinculada a él. Simbólicamente, representa un renacer radical de la vida en la Tierra; también muestra la horrible posibilidad de una nueva catástrofe si las Leyes Celestiales no se respetan.

Este razonamiento profundo es la fuerza impulsora detrás de la creación de los enormes monumentos en honor a Ptah, que formaron el corazón de la nueva alianza con su Creador en el “Segundo Corazón de Dios”.

Aquí la historia de los muertos de la Atlántida llega a su fin. Todos los hechos estarían entretejidos más adelante en la religión egipcia.

La constelación de Orion —nombre con el cual Osiris fue designado—, hallará su imagen en la Tierra en las tres pirámides de Giza. El hecho de que Orion (Osiris) volvió a “despertar” en el cielo estrellado, se convertirá en la fuerza conductora que sustenta la religión estelar egipcia. Todos los posteriores faraones que fueron sucesores quisieron “renacer” en la bóveda de estrellas, como lo había hecho su ilustre predecesor. Por eso, las pirámides están construidas a semejanza de las estrellas; la culminación del ciclo real de nacer de nuevo. En esencia, una religión basada en estrellas se generó a partir de la creencia de que los reyes muertos se convertirían en almas estelares. ¡Esta religión iba a durar más de 9.000 años!

Los faraones se consideraron a sí mismos como los seguidores de Horus reencarnado, el Viviente. Cuando murieran, renacerían a fin de poder elevarse a las estrellas. Todos los funerales tuvieron lugar en la margen occidental del Nilo, donde la comarca de las pirámides simbolizaba el área que rodeaba a Orion en las “orillas” de la Vía Láctea. El traslado de los cuerpos muertos a la orilla opuesta del Nilo era un simbólico pasaje ritual del alma hacia el otro lado del Nilo celestial (la Vía Láctea), donde se encontraba el paraíso celestial y donde Osiris empuñó el cetro. Ahora todos pueden comprender por qué: Orion (Osiris) fue el primer rey-Dios que resucitó, ¡por eso el monumento erigido en su nombre es la mayor obra “arqueoastronómica” de la resurrección que jamás haya existido!

Los puntos cardinales en esta brújula eran importantes en este ritual, pues el Sur marcaba el comienzo del ciclo, el Oeste el inicio de la muerte simbólica en el momento en que la estrella desaparecía en el horizonte; el Este simbolizaba el renacimiento de la estrella. Todo esto es una reminiscencia de los acontecimientos del día del “Gran Cataclismo”. Aparte de eso, hay centenares de cosas que podrían simbolizar la religión y los hechos interconectados.

Por ejemplo, en Heracleópolis, se ofrendaba un toro por día para que tomaran su cuero; en el templo de Dendera, el cuero del toro simbolizaba la mayor santidad. El ojo perdido de Horus puede hallarse en el pecho de todos los faraones, etc. En Egipto, también es posible encontrar “mandjits” de la Atlántida.

“Dice que el campo magnético se ha revertido. Como usted sabe, el zodíaco se movió desde Géminis a Cáncer y Leo, antes de la destrucción. En la Era de Leo se produjo la catástrofe. Luego de esto, el zodíaco siguió la ruta opuesta desde Leo a Géminis, a la Era de Piscis, en la cual estamos viviendo ahora y que pronto llegará a su fin”.

El zodíaco antes de la catástrofe: Géminis -> Cáncer -* Leo. El zodíaco después de la catástrofe: Leo -* Cáncer -• Géminis -* Piscis.

Zodiaco Tropical-Sideral Era de Leo

Equinoccio de primavera o 0º de Aries Tropical apuntando a la Constelación de Leo, visto desde la Tierra.

Vi que mi razonamiento era correcto y continué: “Si miramos el movimiento de Venus, veremos que hace un giro de 360 grados. En la religión de los atlantes, esto significó que a partir de ese día, todo debía suceder en la dirección opuesta, como lo dice la sagrada escritura. Traducido a nuestro idioma, significa que el campo magnético de la Tierra había sufrido un viraje. El Polo Norte se convirtió en el Polo Sur; eso provocó la rotación del interior de la Tierra y es el responsable de la precesión por el zodíaco. Y a partir de ese día, la precesión tomó la dirección opuesta. Eso es lo que quisieron decir.

La interpretación correcta del símbolo de los dos leones, entonces, es la siguiente: Cuando el Sol volvió a salir en el horizonte, este era un nuevo horizonte. Los egipcios simbolizaron esto agregando una cruz con asa, que es el símbolo de la vida eterna en Egipto. Este Sol iba a quedarse en su horizonte hasta el día del próximo cataclismo, después del cual, puede empezar un nuevo ciclo de destrucción y surgimiento.

Fig 1. Aker el León doble, simboliza el cambio en la trayectoria del Sol en la Era de Leo

Fig 2. Papiro de Dama Heroub

Fig 3. Explicación de los 2 leones según el National Geographic. Mentira oficial

cienci32.gif

Fig 4. En un círculo los 2 leones en el Libro de los Muertos

Egipto: el mismo código

Para los mayas, el Sol, Orion, las Pléyades y Venus eran de importancia excepcional, de modo que construyeron varios templos con una extrema precisión, a fin de seguir el paso de estos cuerpos celestes:

1. Los egipcios incorporaron a Venus en el código del zodíaco y lo emplearon, como los mayas, para hallar el año de la gran catástrofe. Más aún, el Sol, Orion y las Pléyades son de suma trascendencia.

2. En 2012, al final del calendario maya, Venus estará entre Escorpio, la Serpiente y Ophiuchus. Según la mitología, Ophiuchus salvó al cazador Orion, aplastando a Escorpio con su pie. Una explicación plausible de esto puede hallarse en los acontecimientos durante la desaparición de la Atlántida. Cuando Escorpio apareció en el horizonte occidental, Orion murió en el Este y luego desapareció. En otras palabras: Escorpio le dio un mordisco mortal a Orion, entonces se produjo el cataclismo; el Este se convirtió en el Oeste y viceversa. En el lenguaje astronómico: Orion reapareció en el Oeste sobre el horizonte, mientras Ophiuchus empujaba a Escorpio bajo la tierra, por el Este. En el año 2012, luego del próximo cataclismo, sucederá lo contrario.

Fig 5. Venus en Escorpio el 21-12-2012

Conclusión: Los mayas, al igual que los egipcios, calcularon la misma fecha del final del mundo. Considerando la gran diferencia en el tiempo de su hegemonía y sus distintos calendarios, se trata de algo sumamente asombroso.

Eso nos conduce a otro código de los egipcios. Se ha sabido desde hace tiempo, que ellos estudiaron cuidadosamente el ciclo del Sol en su circuito anual, percibido a lo largo de la senda del zodiaco. Y más recientemente, ha surgido una acuciante evidencia del investigador Maurice Cotterell, que sostiene que ellos estaban al tanto de la teoría del ciclo de la mancha solar, teoría que los astrónomos modernos ni siquiera conocen. Observar y medir con precisión la teoría de la mancha solar, es una proeza que sólo pudieron haber realizado personas sumamente avanzadas desde un punto de vista científico, es decir, superhombres tecnológicos y matemáticos. Ellos eran astrónomos por excelencia, que habían estado siguiendo y observando las explosiones en el Sol por miles y miles de años, y descubrieron que cuando haya un gran cambio en el campo magnético del Sol, la Tierra se dará vuelta. El resultado fue la señal de una gran catástrofe. Sus enigmáticos hallazgos vibraron por Egipto con el rigor de un culto mesiánico. Tomaron medidas para movilizar al pueblo de Egipto y contener sus energías, a fin de lograr una advertencia gigantesca: las Grandes Pirámides.

Fig 6. Las Grandes Pirámides

LA ATLANTIDA.

Ahora vamos a retroceder ahora a 21312 a.C, año en que se produjo un hecho terrible. En este tiempo, Aha-Men-Ptah (la Atlántida) tenía un clima templado. Vastos bosques cubrían el norte del país. Ocasionalmente nevaba y el hielo era un fenómeno casi desconocido. En el sur, predominaba una exuberante vegetación durante todo el año.

Los habitantes tenían conocimiento del movimiento de la Tierra alrededor del Sol y del desplazamiento del zodiaco, por eso pudieron transmitirnos lo que sucedió en aquellos días. En menos de una hora se produjo una catástrofe. No incluyó una inversión total de los polos, como la ocurrida en el año 9792 a.C, sino parcial. No sólo el continente sino la Tierra entera estuvieron sujetos a enormes terremotos. Entonces, el eje del planeta empezó a deslizarse. Los edificios se derrumbaron, las montañas temblaron y se desmoronaron, mientras el mundo parecía colapsar. Antes de esto, el Sol salía a 15 grados de Sagitario. Después de que los elementos se agotaran en su lucha, ;el eje de la Tierra se había movido hacia el final de Acuario!

Fig 7. Zodiaco Tropical-Sideral Era Sagitario 15º. 21.312 a.C.

Este movimiento del planeta llenó los mares con una enorme cantidad de energía cinética. Incontrolables corrientes de agua inundaron inmensas partes de la tierra. La Atlántida se hundió por debajo del nivel del mar, y debido al corrimiento de la tierra fue a parar parcialmente bajo lo que entonces era el Polo Norte y quedó cubierta por una gruesa capa de hielo.

A partir de ese día comenzó la verdadera historia de la Atlántida. Los pocos supervivientes se reagruparon en el sur, dado que el norte se había tornado inhabitable. Sin embargo, si bien el gran norte había desaparecido, la Atlántida seguía siendo muchas veces mayor que Europa. Profundamente conmovidos, decidieron estudiar el cielo con más precisión que antes y registraron en detalle un intervalo de tiempo específico. Todos los movimientos y combinaciones del Sol, la Luna y los planetas fueron registrados con minuciosidad y reproducidos gráficamente en rollos.

Ahora, le prestaban especial atención al movimiento del zodíaco, y estudiaban y describían con intensidad hasta el más mínimo detalle. Bien podía ser que en este movimiento se ocultara una clave acerca de lo que había conducido a la catástrofe. Vieron que las estrellas y el Sol siempre salían por el Oeste (actualmente salen por el Este) y que las estrellas necesitaban toda una noche para cruzar el cielo. Además, notaron que los distintos signos estelares se veían en diferentes estaciones. Nunca sucedió que un nuevo signo surgiera súbitamente por el Oeste. Todo evidenciaba un orden y una regularidad predecibles, que los aliviaban ante la pérdida de todo lo que había muerto en la catástrofe. Con el paso del tiempo, descubrieron otros fenómenos estelares. Más aún, volvieron a investigar con suma curiosidad la constelación de Orion y la estrella Sirio. Si usted pudiera ver en mi computadora el cielo estrellado después de la catástrofe, vería que es bastante lógico. En esa época, Orion regía principalmente el cielo estrellado del norte y sur de la Tierra; además, era la constelación más claramente visible. Sirio, la gran estrella brillante, estaba alineada con Orion y el zodíaco, por eso le prestaban tanta atención.

A medida que progresaron en los conocimientos adquiridos y en el uso racional de las materias primas, decidieron erigir edificios religiosos. Esto condujo a una superconstrucción con un diámetro de ocho kilómetros: el “Círculo de Oro”, que les llevó cientos de años completar.

En este edificio indescriptiblemente gigantesco, los “expertos del número” estudiaron las “combinaciones matemáticas celestes” y se registraron todas las observaciones astronómicas y de otro tipo; observaron el Sol, los planetas y las estrellas. Descubrieron las leyes del movimiento, la gravedad, la cartografía e innumerables ciencias. Hace más de quince mil años, formularon el mundialmente famoso teorema de Pitágoras y desarrollaron las matemáticas casi hasta nuestro nivel actual. Por último, esto condujo a develar el mayor secreto de las ciencias: la teoría del ciclo de las manchas solares. Por medio de la deducción precisa pudieron calcular los ciclos con anticipación. El tema crítico era los campos magnéticos del Sol: cuando éstos alcanzan un punto crucial, se producen enormes explosiones o erupciones solares capaces de revertir el campo magnético de la Tierra. Con la ayuda de este conocimiento, pudieron calcular la fecha exacta de un “gran cataclismo” futuro que destruiría completamente su país.

En el año 10000 a.C. un sumo sacerdote dio la señal para realizar un enorme éxodo, porque la catástrofe era inminente.

La Gran Esfinge, por ejemplo, está retratada como un león porque la catástrofe anterior ocurrió en la era del León. En el zodíaco de Dendera hay líneas quebradas debajo del león, que simbolizan una enorme ola.

Fig 8. La esfinge de Gizeh es un León que marca el Equinoccio de primavera o 0º Aries Tropical en la Era de Leo.

Fig 9. En el Zodiaco de Dendera se pueden ver a 2 leones en direcciones opuestas. El León Oeste tiene en las patas el jeroglífico del cataclismo.

Albert Slosman tradujo este material de las sagradas escrituras que están grabadas en forma de jeroglíficos.

Neftis le enseñaba a su hermana gemela: “Los signos celestiales nos servirán de guía y nos permitirán descubrir por qué hemos pecado contra las leyes de Dios. El Gran Poder, el León, nos dominó y entonces se produjo la destrucción. Hace mucho tiempo ocurrió un desastre similar, bajo las mismas circunstancias, y Dios quiere que lo comprendamos. Por eso nos enseñó, manifestándose por medio del Sol, y el León fue su verdugo. Ahora, recibimos conexiones armónicas de una nueva alianza con el León y su doble, para mostrarnos que el Sol ahora se mueve en sentido inverso en el León. Sólo el Descendiente puede crear la existencia de este lazo entre su pueblo y su Padre, Dios. Ni bien tu hijo se recupere, será iniciado como Per-Aha y por medio de esta iniciación podrá restablecerse la Alianza con los Doce. Este lazo une la Tierra con los Cielos y protegerá a nuestro pueblo para siempre. El día que este vínculo se rompa, una catástrofe más horrible todavía destruirá nuestra civilización. No quedará nada más que piedras como símbolo de un glorioso pasado”. Estas últimas palabras continuaron resonando de manera siniestra en los pensamientos de Isis y ella nunca las olvidaría.

Mientras tanto, no había límites en el entusiasmo de la gente por la resurrección de su rey. En ese momento, Isis todavía no sabía que su marido había regresado con una tarea especial, la de enseñar a su hijo Horus y dejarlo apto para gobernar al pueblo elegido de Dios. Sólo de esta manera las leyes y los Mandamientos de Dios serían bien comprendidos y respetados. Al día siguiente, Osiris comenzó con las lecciones.

—Hijo, pronto te recuperarás. Tus ojos simbolizarán el despertar de la nueva historia. A partir de mañana serás el protector del pueblo, porque tus ojos habrán recobrado la vista por completo. El símbolo del día será tu ojo izquierdo, que el Sol protegerá mientras navega el Gran Arroyo Celestial. Tu otro ojo cerrado será el Justificador de la noche, allí donde el tiempo pasa dubitativamente. Hasta el fin de los tiempos serás el Guía de tu pueblo.

—¡Pero, padre, tú aún estás entre nosotros! Es tu deber guiar a nuestro pueblo.

—Hijo, mis días están contados. Estoy aquí para enseñarte los símbolos sagrados y su significado. Mira el mar, Horus: se ha calmado, pero ya no es lo que solía ser, porque el Sol ahora se asoma del otro lado; un nuevo ciclo ha empezado…

—Recuerdo muy bien las profecías de tu padre, Geb —respondió Horus— y todas se han cumplido… ¿Por qué tuvo que sucedemos esto?

—Para que la gente comprenda; tiene que ver con nuestro compromiso con Dios, que es muy frágil y que nos deparó esta tragedia.

—¿Qué quieres decir, padre querido?

—Para estar nuevamente conectados por completo con nuestro Creador, debemos volver a respetar sus mandamientos; nuestras fuentes de conocimiento espiritual deben convertirse en una; por lo tanto, debemos basarnos en las nuevas “combinaciones matemáticas celestes” que nos permitirán volver a vivir en armonía con el movimiento del cielo.

Tu único propósito es evitar que esto vuelva a empezar. Todos deben sentir de verdad que tienen la protección de Dios para toda la vida. Más aún, es necesario enseñarles a todos con suma prioridad hasta la noche de los tiempos, más allá del gobierno que impere. Por lo tanto, debes esculpir las leyes de Dios en estas rocas indestructibles, como también la historia del gran cataclismo anterior, con su fecha precisa y sus consecuencias. Los dos leones que miran hacia horizontes opuestos, con el sol entre ambos, serán el símbolo que las generaciones más jóvenes comprenderán.

Fig 10. Jeroglifico del Zep Tepi o Tiempo Primordial

25.920: el número sagrado de los atlantes para el zodíaco

El número 25.920 no sólo representa la duración de un ciclo zodiacal completo, sino también la cantidad de años de existencia de la Atlántida. En total se produjeron tres catástrofes en la historia de este legendario imperio, y con la tercera, cuyos códigos ahora estaba descifrando, el país fue barrido por completo del mapa. Exactamente, transcurrieron 25.920 años desde el establecimiento de la Atlántida. Antes de la catástrofe, los sumos sacerdotes habían calculado con exactitud que el imperio sería destruido en su totalidad. Aha-Men-Ptah -nombre verdadero y original- se convertiría tan sólo en una tierra de sombras.

La precesión de los equinoccios o, más todavía, el desplazamiento del zodíaco está en el centro de ellos, y el número 25.920 aparece en todo el mundo, una y otra vez. En Egipto, la Gran Pirámide es un ejemplo de construcción en la que se ocultan importantes números sobre el desplazamiento del zodíaco, y esto en sí mismo no puede ser casual porque los egipcios se originaron en una civilización sumamente evolucionada.

72: el número sagrado

Desde este punto de vista, es probable que se hayan podido asimilar mucho más de estos códigos en esta construcción, y ése es el caso. Investigando un poco, inmediatamente se obtienen evidencias diferentes que comprueban que el número de precesión está oculto en la Gran Pirámide. En ella se descubre un ángulo de 72 grados, que conduce al numero 25.920. Si multiplicamos 72 x 360 obtenemos 25.920, es decir, el número de precesión.

EL CÓDIGO OCULTO EN EL INTERVALO ENTRE LOS CATACLISMOS

En anteriores puntos indicamos sobre la historia de Aha-Men-Ptah, que fonéticamente se convirtió en Atlántida. También leyó sobre la catástrofe que ocurrió en el año 21312 a.C, cuando la Atlántida quedó parcialmente cubierta de nieve y hielo en el Polo Norte. En 9792 a.C. los polos se invirtieron y se produjo un desplazamiento de la corteza terrestre. En una sola noche Aha-Men-Ptah desapareció bajo el actual Polo Sur. El período entre los dos cataclismos (un rápido desplazamiento y una inversión) fue de 11.520 años. La más reciente de esas catástrofes definitivamente ocurrió porque el año 9792 a.C. guarda correlación con el código estelar mencionado en el Libro Egipcio de los Muertos. Durante varios meses en ese año, Venus hizo un movimiento retrógrado tras el signo de Géminis, a la izquierda y encima de la constelación de Orion.

Fig 11. Giro retrógrado de Venus sobre la Constelación de Orión en Diciembre del 2012

En los códices mayas, el número 365 es crucial. Más adelante, en otros capítulos, demostraré que los mayas conocían el período exacto de la órbita terrestre alrededor del Sol: 365,2422 días. Sin embargo, dado que sólo los sumos sacerdotes tenían permiso para acceder a este tipo de información, ésta era guardada en el más absoluto secreto.

Los antiguos sacerdotes de Aha-Men-Ptah habían sondeado y comprendido muchas verdades que mantuvieron en secreto; sabían acerca de la existencia de los ciclos tanto en el universo como en la Tierra. Luego de un ciclo, aparecía otro que traía vida nuevamente, pero en una diferente proyección del espacio. Esto significa que la Tierra nunca es la misma; por el contrario, hoy es totalmente distinta de como era en períodos anteriores. Esto también se aplica a todos los seres que hay en ella, porque nuestro planeta evoluciona junto con todos los seres vivientes que contiene, según el ritmo del Sol y el movimiento de las doce constelaciones del zodiaco. Estas nuevas combinaciones se forman día a día, segundo a segundo, y tienen incidencia en el futuro.

EL NACIMIENTO DEL SOL

El 21 de marzo, primer día de la primavera, el Sol se encuentra siempre en el mismo sitio, tanto en altura como en latitud; nace en el mismo lugar del horizonte y llega a su punto de máxima altura también en el mismo lugar. A partir de este hecho, los antiguos científicos calcularon la precesión del zodíaco.

Hasta aquí todo es normal, pero ¿había sido siempre de la misma manera? ¿El Sol siempre había nacido en el mismo sitio? En las antiguas escrituras podemos encontrar testimonios de catástrofes que hicieron que la Tierra “se diera vuelta”. Después de eso, nada fue igual. Esta alucinante frase proviene del Libro Egipcio de los Muertos: “Puse el Sol en un nuevo horizonte”.

En su informe sobre Egipto, Heródoto escribió una nota marginal sumamente enigmática. Literalmente dice que los egipcios le habían asegurado “que el Sol nació dos veces en donde ahora se oculta”. Hasta ahora los científicos han ignorado este sorprendente comentario y se distancian de él lacónicamente.

Por supuesto que usted puede cuestionar la credibilidad de las afirmaciones de los sacerdotes; tiene todo el derecho de hacerlo. También se puede poner en duda la exactitud de la trascripción de Heródoto. Aun así, ello no aclarará las cosas pues un escritor latino, Pomponio Mela, escribió en el primer siglo lo siguiente:

“En los auténticos anales de los egipcios se puede leer que el curso de las estrellas ha cambiado de dirección en cuatro oportunidades, y que el Sol sepuso dos veces en donde ahora nace” [De situ orhis: 9,8). Aquí, Mela corrobora lo que escribió Heródoto. ¡No sólo el Sol sino también las estrellas cambiaron la dirección de sus trayectorias! Cuando pensamos en esto, se produce un nuevo código. En lugar de aparecer en el Este, lo hizo en el Oeste y viceversa.

Ya ha sucedido antes muchas veces, según lo prueban los textos de la pirámide traducidos por K. Piehl en su libro Inscriptions Hiéroglyphiques [Inscripciones jeroglíficas] (“L’ouest qui est á FOccident” [El oeste que está en Occidente], p 65): “La fuente de la luz cesó de vivir en el Oeste. Una nueva ahora aparece en el Este”. Un poco más adelante, el texto aclara lo siguiente: “El Oeste, es decir, donde el Sol se pone”. En tiempos pasados, esto era al revés. En los Ancient Records ofEgipt, Part III [Antiguos Archivos de Egipto, III Parte], de Breasted, las inscripciones inequívocamente explican lo siguiente: “Ella, Harakhte, nace en el Oeste”. Harakhte es el nombre egipcio para el Sol en el Oeste.

Períodos de tiempo zodiacal invertido

En primer lugar, el zodíaco describe un período exacto de tiempo: su calendario cuenta los años que el Polo Norte necesita para completar un círculo: 25.920. en total. En el transcurso de ese tiempo, el verdadero Norte se moverá paso a paso a través de las diferentes eras. Esto tiene validez universal y puede compartirse con las generaciones venideras, a pesar de que nos separe un período muy largo.

Fig 12. Precesión de los Equinoccios

En segundo lugar, el zodíaco es la señal de un cambio en el movimiento del Sol. Debido a que después del desastre precedente éste salió del otro lado del mundo, la Tierra comenzó a cruzar las eras zodiacales con secuencia invertida. Esto es absolutamente comprensible. Además arroja nueva luz sobre el uso del zodiaco. Los indicios son contundentes e implican al mismo tiempo una advertencia para nosotros: ha sucedido muchas veces con anterioridad y volverá a ocurrir innumerables veces.

En tercer lugar, el zodiaco contiene una señal exacta del cambio de la precesión. Tal como usted sabe por mi libro anterior, el movimiento del zodiaco fué perturbado en su totalidad tras cada desastre precedente.

Más aún,la catástrofe del año 21312 a.C. , la Tierra fue a parar a otra era zodiacal a través de un cambio repentino de 72 grados. (De 15º de Sagitario se dirigió al final de Acuario) ¡El calendario volvió a comenzar a partir de ese punto!

Cuanto más largo es el período que media entre las colisiones, más poderosas serán las fuerzas contenidas y sus descargas. Por esa razón el zodíaco era “sagrado” para los egipcios: les recordaba la manera en que las catástrofes recurrentes podían afectar a la Tierra y específicamente a su civilización. Eran felices cuando llegaban a una nueva era sin que hubiera habido destrucción, y entonces honraban a su dios Ptah con construcciones espectaculares; las numerosas esfinges de las Eras de Tauro y Aries son ejemplos contundentes de ello. El monumento espiritual más grande que nos legaron, la Esfinge, también señala la catástrofe precedente que destruyó por completo su tierra de origen. En el año 9792 a.C. -en la Era del León- su patria, Aha-Men-Ptah, se hundió en un día y una noche en las aguas tempestuosas y finalmente fue cubierta por hielo. En la actualidad, esta civilización hace largo tiempo perdida yace bajo toneladas de hielo en el Polo Sur.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s