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En la obra de Arthur Clarke, El fin de la Infancia, los Súper-amos misteriosos extraterrestres que han controlado la tierra durante cientos de años – explican que ellos son sólo protectores interinos para a humanidad. A pesar de sus mayores poderes intelectuales, los Súper-amos se encuentran en un callejón sin salida desde el punto de vista evolutivo, mientras que la humanidad tiene una infinita capacidad de evolución:
Por encima de nosotros está la Súper-mente, que nos usa como un alfarero usa su rueda. Y vuestra raza es la arcilla que está siendo moldeada en esa rueda. Nosotros creemos aunque es sólo una teoría- que la Súper-mente está tratando de crecer, de extender su poder y su consciencia al universo entero. Por ahora, debe ser la suma de muchas razas, y hace tiempo que dejó atrás la tiranía de la materia Nosotros hemos sido enviados aquí por Ella para cumplir sus mandatos, para prepararos para la transformación que está ya a la vuelta de la esquina. En cuando a la naturaleza de ese cambio, poco podemos deciros se extiende de forma explosiva, como la formación de cristales en torno al núcleo primitivo en una solución saturada.

Muchos autores científicos serios han expresado en términos académicos la metáfora literaria descrita por Clarke. Sospechan que tal vez podemos estar tocando el teclado de nuestra propia evolución, como si se tratara de un instrumento musical. La teoría de la evolución de Darwin, fundada en las mutaciones por azar y en la supervivencia de los más aptos, ha resultado ser decididamente inadecuada para poder explicar una gran cantidad de observaciones en el campo de la biología. Así como toda una serie de hechos que escapaban a los presupuestos de la física de Newton indujeron a Einstein a formular una sorprendente teoría nueva, así también está surgiendo un nuevo paradigma ante la necesidad de ensanchar nuestra comprensión de la evolución.

Darwin insistía en que la evolución había tenido lugar de forma muy gradual. Steven Jay Gould, biólogo y geólogo de Harvard, señala que en vísperas de la publicación de El origen de las especies, T. H. Huxley escribió a Darwin prometiéndole luchar en su favor, pero avisándole que había recargado innecesariamente su argumentación con su insistencia. La imagen de Darwin, de una evolución glacialmente lenta, reflejaba en parte su admiración por Charles Lyell, promotor de la concepción gradualista en geología. Según Gould, Darwin concebía la evolución como un proceso majestuoso y ordenado, que operaba a una velocidad tan lenta que escapaba a las posibilidades de observación durante la vida de una persona. Y al igual que Lyell rechazaba la evidencia de los cataclismos en geología, también Darwin eludía los problemas que se le hacían evidentes. Ciertamente parecía haber grandes saltos, peldaños ausentes en la escala de la evolución, pero lo atribuía a mera imperfección en los hallazgos geológicos. El cambio no era abrupto más que en apariencia. Pero hasta el día de hoy sigue sin aparecer una evidencia fósil de esos necesarios eslabones ausentes. Para Gould, esa extremada escasez de restos fósiles de formas de vida transicionales constituye el secreto de fabricación de la paleontología. Otros científicos más jóvenes, a la vista de la ausencia constante de tales eslabones ausentes, miran con creciente escepticismo a la antigua teoría. La antigua explicación de que los restos fósiles resultan insuficientes, constituye en sí misma una explicación insuficiente, ha dicho N. Eldredge, del Museo Americano de Historia Natural.

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Gould y Eldredge, cada uno por su lado, han propuesto para resolver este problema una teoría que concuerda con los datos geológicos. Los paleontólogos soviéticos han propuesto una teoría similar. El puntuacionismo o equilibrio puntuado sugiere que el equilibrio de la vida viene puntuado de vez en cuando por serias tensiones. Si se aísla una pequeña porción de una población ancestral fuera de su hábitat normal, ello puede dar lugar a la aparición de una especie nueva. Por otra parte, la población sufre un intenso stress cuando vive al límite de su tolerancia. Según Gould, las variaciones favorables se extienden rápidamente. Las pequeñas porciones periféricas aisladas constituyen el laboratorio del cambio evolutivo. La mayoría de las especies no cambian de dirección mientras perduran sobre la tierra. En los restos fósiles presentan una apariencia muy semejante a cuando desaparecen, dice Gould. De acuerdo con las evidencias geológicas, la nueva especie surge de golpe. No evoluciona gradualmente a partir de un cambio constante operado en sus antecesores, sino que aparece de una vez y completamente formada.

El antiguo paradigma veía la evolución como un continuo trepar por una escala, mientras que Gould y otros la asemejan al proceso de continua división y subdivisión de las ramas de un árbol. Por ejemplo, los antropólogos han descubierto en los últimos años que en un tiempo hubo al menos tres formas de homínidos coexistentes, esto es, de criaturas que habían sobrepasado el estadio evolutivo de simios. Anteriormente se pensaba que esos diversos especimenes formaban una secuencia. Hoy en día se sabe que algunos de los presuntos descendientes vivía al mismo tiempo que sus presuntos ancestros. Del trono parental primates primitivos – se separaron varias ramas diferentes. Algunas sobrevivieron y continuaron evolucionando, mientras que otras desaparecieron. El Homo, con su cerebro desarrollado, apareció totalmente de repente.

El nuevo paradigma atribuye la evolución a saltos periódicos efectuados por pequeños grupos. Esta idea del cambio es significativa al menos por dos razones: de una parte, porque requiere un mecanismo de cambio biológico más poderoso que la mera mutación al azar, y de otra, porque abre la posibilidad de una rápida evolución en nuestra propia época, en la que el equilibrio de la especie está puntuado por el stress. En la sociedad moderna, el stress se experimenta en las fronteras de nuestros límites psicológicos más que en las de nuestros límites geográficos. El ser pionero constituye una aventura cada vez más psicoespiritual, ya que las fronteras físicas están más que agotadas, ya no queda espacio por explorar.

Según Gould, en el siglo diecinueve los europeos favorecían la idea del gradualismo, tanto en geología como en la evolución; se adaptaba mejor a la filosofía dominante, que sentía horror por todo tipo de revoluciones, incluso naturales. Nuestras filosofías delimitan lo que nos permitimos ver, decía. Estamos necesitados de filosofías pluralistas que nos permitan percibir la evidencia desde distintos puntos de vista: Si el gradualismo, más que un hecho natural, es un producto del pensamiento occidental, entonces deberíamos tomar en consideración otras filosofías alternativas respecto del cambio, a fin de ensanchar nuestro campo más allá de los límites de prejuicios sofocantes. En la Unión Soviética, por ejemplo, los científicos utilizan una filosofía muy diferente con respecto al cambio hablan de transformación de la cantidad en calidad. Esto puede sonar a jerga de vendedor callejero, pero es una forma de sugerir que el cambio sucede a grandes saltos, a consecuencia de una lenta acumulación de tensiones sobre un sistema, que sigue aguantando hasta alcanzar el punto de ruptura.

Según recientes hallazgos, la evolución puede acelerarse por determinados mecanismos genéticos. En efecto, se ha demostrado que en las bacterias y en otras formas de vida hay genes y segmentos de ADN que entran y salen de sus respectivos cromosomas, lo que sugiere que los cromosomas están tal vez sujetos a continua modificación. Los investigadores suponen que una reestructuración genética semejante podría darse en todas las formas de vida. Determinados segmentos del ADN no parecen contribuir en absoluto al cumplimiento por los genes de sus funciones ordinarias. El descubrimiento de esas secuencias eventuales, que parecen un sinsentido en el contexto del código genético, fue calificado de espantoso por uno de los investigadores, Walter Gilbert, de la U. de Harvard. Según observaba el periódico británico New Scientist, el mismo concepto de lo que es un gen está ahora en cuestión. Es posible que el ADN no sea ese sólido archivo que habían supuesto los biólogos, sino más bien un flujo, un sistema dinámico en el que se dilatan y contraen conjuntos de genes, con elementos transeúntes que saltan fuera y dentro del mismo.

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El bioquímico Albert Scent-Gyorgyi, descubridor de la vitamina C y galardonado con el premio Nobel, ha sugerido que la tendencia hacia un orden más elevado podría muy bien ser un principio fundamental de la naturaleza. Él la denomina sintropía, lo opuesto a la entropía, y cree que la materia viva posee un instinto interior de auto-perfeccionamiento. Tal vez en los organismos vivientes la parte periférica de cada célula transmite información de retorno al ADN situado en su núcleo, haciéndole cambiar sus instrucciones. Después de todo ha dicho – hasta hace unos pocos años no se sabía la forma cómo el ADN transmite sus instrucciones a la célula en primer lugar. Algún otro tipo de proceso, igualmente elegante, podría alterar esas instrucciones. Scent-Gyorgyi rechaza la idea de que las mutaciones al azar puedan explicar la complejidad de la materia viva. Las reacciones biológicas son reacciones en cadena, y las moléculas encajan entre sí con mayor precisión que las ruedecillas de un reloj suizo. Cómo, entonces, podrían haberse desarrollado de forma accidental? Porque en caso de cambiar una sola de esas ruedecillas sumamente específicas, todo el sistema deja sencilla y necesariamente de funcionar. Decir que puede mejorarse por la mutación aleatoria de un eslabón me suena como decir que se puede mejorar un reloj suizo dejándolo caer y haciendo así que se doble uno de sus ejes. Para conseguir un reloj mejor, es preciso cambiar simultáneamente todos sus engranajes, haciendo que encajen de nuevo perfectamente.

Los biólogos han observado que la naturaleza ofrece muchas características evolucionadas del tipo todo-o-nada, tales como la estructura que permite volar a los pájaros, lo cual no puede haber ocurrido por mutaciones aleatorias y supervivencia de los más aptos. El tener medias-alas no habría conferido ninguna ventaja para la supervivencia. Además, las alas no habrían servido de nada de no haber cambiado la estructura ósea al mismo tiempo. La evolución implica una verdadera transformación, una reforma de la estructura básica, y no meras añadiduras.

Incluso en formas vitales más simples se encuentran logros evolutivos tan sorprendentes que nuestras teorías más elaboradas se sienten humilladas. En African Genesis, Robert Ardrey evoca una anécdota que le sucedió en Kenia, donde L. Leakey llamó su atención hacia lo que le pareció ser una flor de color coral formada por muchos brotecillos, como si fuera un jacinto. Al examinarla de cerca, cada uno de esos brotes de forma oblonga resultó ser el ala de un insecto: chinches flatidae, según Leakey. Asombrado, Ardrey señaló que sin duda era un ejemplo sorprendente de defensa por imitación de la naturaleza. Leakey le escuchaba divertido; luego le explicó que la flor de coral imitada por las chinches no existe en la naturaleza. Más aún, en cada puesta de huevos de la hembra hay al menos una chinche flatidae con alas verdes, no de color coral, y varias además con alas de colores intermedios. Cómo habían podido evolucionar así las chinches flatidae? Cómo pueden encontrar sus lugares respectivos hasta quedar en posición, como niños de colegio que ocupan su lugar para participar de una ceremonia? Colin Wilson ha sugerido que no es solamente que estas chinches tengan una especie de consciencia común, sino que su misma existencia se debe a una conexión genética telepática. La comunidad de chinches flatidae es de alguna manera un único individuo, una única mente, cuyos genes sufrieron la influencia de su propia necesidad colectiva.

Es posible que estemos también nosotros expresando una necesidad colectiva, y nos estemos preparando para un salto evolutivo? El físico John Platt ha afirmado que la humanidad está experimentando en la actualidad un choque evolutivo frontal, y que muy rápidamente podría resurgir coordinada de maneras desconocidas hasta ahora implícitas no obstante en su material biológico desde el principio, tan ciertamente como la mariposa está implícita en la oruga.

La ciencia de la transformación
Cuando los puzzles y las paradojas reclaman una solución, se hace necesario un nuevo paradigma. Afortunadamente, la rápida evolución biológica, cultural y personal – está encontrando una nueva, profunda y poderosa explicación. La teoría de las estructuras disipativas valió a su autor, Ilya Prigogine, físico y químico belga, el premio Nobel de química en 1977. Esta teoría puede suponer para la ciencia en general un paso tan importante como lo fueran las teorías de Einstein para la física. Viene a tender un puente sobre el foso que separa la física y la biología: el eslabón ausente que uniría los sistemas vivientes con el universo aparentemente carente de vida en el que aquellos se desarrollan.

Esta teoría explica los procesos irreversibles que tienen lugar en la naturaleza, el movimiento hacia un orden vital cada vez más perfecto. Prigogine, interesado en un principio en la historia y las humanidades en general, sentía que la ciencia ignoraba esencialmente el tiempo. En el universo de Newton, el tiempo se consideraba únicamente con respecto al movimiento, a la trayectoria de un objeto en movimiento. Pero, como dice Prigogine, el tiempo tiene muchos aspectos: decadencia, historia, evolución, creación de nuevas formas, de nuevas ideas. Dónde habría sitio en el antiguo universo para el devenir?

La teoría de Prigogine resuelve el enigma fundamental de los seres vivientes, que han ido siempre cuesta arriba en un universo donde se supone que todo corre pendiente abajo. Y además, esta teoría tiene aplicación inmediata a la vida cotidiana, a la gente. Ofrece un modelo científico de transformación en todos los niveles. Explica el papel crítico que juega el stress en la transformación, y el impulso transformador inherente a la naturaleza ! Como veremos, los principios revelados por la teoría de las estructuras disipativas pueden ayudarnos a comprender el cambio profundo en el campo de la psicología, del aprendizaje, de la salud, la sociología, e incluso la economía y la política. La esencia de la teoría no es difícil de comprender, una vez superadas ciertas confusiones semánticas. Al describir la naturaleza, los científicos emplean a menudo en su sentido más literal palabras corrientes que tienen también para nosotros un significado abstracto y que pueden ir teñidas de una fuerte carga emocional. Para comprender la teoría de Prigogine, necesitamos dejar de lado los juicios de valor tradicionales aplicados a palabras como complejidad, disipación, coherencia, inestabilidad y equilibrio.

Ante todo, contemplemos de nuevo por un momento algunos ejemplos que nos recuerdan hasta qué punto la naturaleza está saturada de orden y es rica en estructuras: flores y colonias de insectos, interacciones celulares, estrellas del tipo pulsar y quasar, el código genético, los relojes biológicos, los intercambios simétricos de energía en la colisión de partículas subatómicas, los patrones de memoria en la mente humana. Luego, recordemos que en la naturaleza, a un nivel profundo, no hay nada fijo; todos esos patrones están en continuo movimiento. Incluso una roca es un baile de electrones.

Algunas formas naturales son sistemas abiertos, esto es, están implicados en un continuo intercambio de energía con el entorno. Una semilla, un huevo fecundado, un ser vivo, son todos ellos sistemas abiertos. También hay sistemas abiertos fabricados por el hombre. Prigogine cita el ejemplo de una ciudad: absorbe energía de la zona circundante, la transforma en las fábricas, y la devuelve al entorno. En los sistemas cerrados, por el contrario una roca, un café frío, un tronco de leña – no existe una transformación interna de energía.

El término que Prigogine aplica a los sistemas abiertos es el de estructuras disipativas. Esto es, su forma o estructura se mantienen a base de una continua disipación (consumo) de energía. Igual que el agua se escapa en forma de torbellino, que es creado por ella en su fluir, así también la energía recorre las estructuras disipativas a la vez que las conforma. Todos los seres vivos y algunos sistemas no vivos (por ej., ciertas reacciones químicas) son estructuras disipativas. Toda estructura disipativa podría muy bien definirse como un todo fluyente: altamente organizado, pero siempre en proceso.

Reflexionemos ahora sobre el significado de la palabra complejo: trenzado conjuntamente. Una estructura compleja presenta conexiones diversas en múltiples puntos. Cuanto más compleja es una estructura disipativa, tanta más energía se requiere para mantener todas esas conexiones. Por ello, resulta más vulnerable a las fluctuaciones internas. Se dice que está lejos del equilibrio. Como las conexiones no pueden mantenerse más que sobre la base de un flujo de energía, el sistema está siempre en estado de fluidez. Notemos la paradoja: mientras más coherente es la estructura, mientras más intrincadas sean sus conexiones, tanto más inestable será. Aumento de coherencia significa aumento de inestabilidad ! Precisamente esa inestabilidad es la clave de la transformación. Como ha demostrado Prigogine en elegantes términos matemáticos, la disipación de energía crea la potencialidad de un nuevo y repentino ordenamiento.

El continuo movimiento de energía a través del sistema se traduce en fluctuaciones; si éstas son pequeñas, el sistema las absorbe y no llegan a alterar su integridad estructural. Pero cuando las fluctuaciones alcanzan un nivel crítico, perturban el sistema. Aumentan el número de interacciones nuevas en su interior, agitándolo. Los elementos de la antigua estructura entran en contacto entre sí en nuevas formas, nuevas conexiones. Las partes se reorganizan en una nueva totalidad. El sistema se escapa hacia un orden más elevado.

Cuanto más compleja o coherente es una estructura, tanto mayor es el nivel siguiente de complejidad. Cada transformación hace más probable la siguiente. Cada nuevo nivel posee un nivel de integración y de conexión superior al que le precede, por lo que requiere para su mantenimiento un flujo mayor de energía, lo que le hace ser aún menos estable. Dicho de otro modo, la flexibilidad engendra flexibilidad. Como decía Prigogine, en los niveles de complejidad elevados cambia la naturaleza de las leyes de la naturaleza. La vida come entropía. Tiene la capacidad de crear nuevas formas por el simple procedimiento de permitir la agitación de las antiguas.

Los elementos de una estructura disipativa colaboran a provocar la transformación del conjunto. En ese cambio, incluso las moléculas no se limitan a interactuar con sus inmediatas vecinas, precisa Prigogine, sino que ellas también muestran un comportamiento coherente, apropiado a las necesidades del organismo originario. A otros niveles, los insectos cooperan en el seno de sus colonias, y los seres humanos en el marco de las formas sociales. Recientemente se ha informado sobre un nuevo ejemplo de estructura disipativa en una clase de bacterias situadas experimentalmente dentro del agua, medio específicamente ajeno a ellas. Las bacterias se pusieron a interactuar de una forma sumamente organizada que permitió la supervivencia de algunas de ellas. Otro ejemplo se produce al calentar ciertos tipos de aceite, lo que genera la aparición en la superficie de una compleja estructura de hexágonos. Estos cambios son repentinos y no lineales. Hay múltiples factores que actúan a la vez, los unos sobre los otros.

A primera vista, la idea de que por medio de la perturbación se puede crear un nuevo orden parece ridícula, como si agitando una caja que contuviera una serie de palabras introducidas al azar, pudiéramos esperar verlas convertidas en una frase con sentido. Sin embargo, el acervo de sabiduría tradicional contiene ideas semejantes. Todos sabemos que bajo el influjo de la tensión aparecen con frecuencia nuevas soluciones repentinas; que las crisis se convierten a menudo en un aviso de una oportunidad; que el proceso creativo necesita pasar por el caos antes de que surja la forma; que las personas salen con frecuencia fortificadas del sufrimiento y las adversidades; y que las sociedades están necesitadas del aire fresco de la disidencia.

La sociedad humana ofrece un ejemplo de auto-organización espontánea. En una sociedad lo suficientemente densa, a medida que los individuos se relacionan unos con otros, cada uno ve crecer sus puntos de contacto en todo el sistema a través de amigos o de amigos de amigos. Cuanto mayor sea la inestabilidad y la movilidad de una sociedad, tanta mayor interacción se dará en ella. Esto significa un potencial mayor de conexiones nuevas, de nuevas organizaciones, de diversificación. Así como determinadas células u órganos de un cuerpo se especializan a lo largo de la evolución, así también las gentes que participan de unos mismos intereses saben encontrarse y acaban refinando su propia especificidad a través de la mutua estimulación e intercambio de ideas.

La teoría de las estructuras disipativas ofrece un modelo científico de la transformación de la sociedad por una minoría disidente. Prigogine ha señalado que su teoría viola la ley de los grandes números. Y sin embargo, los historiadores han venido afirmando desde hace mucho tiempo que una minoría creativa es capaz de reordenar una sociedad. La analogía histórica es evidente, apunta Prigogine. Las fluctuaciones, la conducta de un pequeño grupo de individuos puede cambiar la conducta de la totalidad del grupo. Las perturbaciones críticas que constituyen una dialéctica entre la masa y la minoría- pueden producir una nueva media en la sociedad. Las sociedades tienen un poder de integración limitado, decía. Cada vez que la perturbación supera la capacidad de la sociedad de absorberla o de reprimirla, la organización social se destruye, o bien deja paso a un orden nuevo.

Según Prigogine, las culturas son las estructuras disipativas más coherentes y extrañas que existen. Un número crítico de partidarios del cambio pueden crear una dirección privilegiada, de modo semejante a como un cristal o un imán organizan el entorno a su alrededor por su propia virtualidad interna. A causa de su tamaño y densidad, las sociedades modernas están sujetas a extensas fluctuaciones internas, que pueden desencadenar cambios hacia un orden superior y más rico, un mayor pluralismo y diversificación de la sociedad.

Prigogine reconoce que esta ciencia de la transformación tiene un fuerte parecido con las concepciones de las filosofías orientales, de los poetas y los místicos, y de científicos y filósofos como Henry Bergson y Alfred North Whitehead. Una profunda visión colectiva, la llamaba él. Y piensa que el abismo entre las dos culturas no consiste, como Snow creía, en que quienes las profesan no leen suficientes cosas sobre las ciencias, y viceversa.

Uno de los aspectos básicos de las humanidades es el tiempo, el modo como cambian las cosas. Las leyes del cambio. Mientras en física y química no contábamos más que con esa ingenua idea del tiempo, la ciencia poco podía decir a las artes. La ciencia se está ahora pasando del mundo cuantitativo al mundo cualitativo, mundo en el que somos capaces de reconocernos: está surgiendo una física humana. Esta visión del mundo sobrepasa la dualidad y las opciones tradicionales, para abordar una perspectiva cultural rica, pluralista, que reconoce que la vida en un orden superior no está sujeta a leyes, sino que es capaz de abrirse a ilimitadas innovaciones y a otras realidades alternativas.

Y este punto de vista ha sido expresado por muchos poetas y escritores como Tagore, Pasternak El hecho de que podamos citar verdades enunciadas tanto por científicos como por poetas es ya en algún sentido una prueba de que es posible tender un puente entre las Dos Culturas, y de que nos encontramos a las puertas de un nuevo diálogo. Nos estamos aproximando a una nueva unidad, a una ciencia no totalitaria, en la que nadie trata de reducir un nivel al otro.

El cerebro como estructura disipativa
Mucho antes de que la teoría de Prigogine fuera confirmada experimentalmente, un investigador israelí, Aharon Katchalsky, se había sentido impresionado por la magnitud de su alcance. Katchalsky, que era también físico y químico, había estudiado durante muchos años las pautas dinámicas del funcionamiento del cerebro, y estaba intentando comprender los mecanismos integrativos del cerebro y el significado de sus ritmos y oscilaciones.

El cerebro parecía ser un ejemplo perfecto de estructura disipativa. En cuanto a complejidad es el no-va-más. Tiene como característica su propia forma, el flujo que lo recorre, el estar en interacción con el entorno, el sufrir cambios abruptos, el ser muy sensible a las perturbaciones. Exige la parte del león respecto del total de la energía corporal: con un peso de sólo el 2% del cuerpo consume el 20% del oxígeno disponible. Los altibajos de su consumo energético son típicos de la inestabilidad de una estructura disipativa.

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En la primavera de 1972, Katchalsky organizó una sesión de trabajo en el Instituto de Tecnología de Massachussets, a la que invitó a los principales investigadores sobre el cerebro, con el fin de presentarles la teoría recientemente propuesta por Prigogine. El mismo Katchalsky presentó también por su parte las pruebas que había acumulado sobre las propiedades dinámicas organizadoras de la naturaleza, y explicó cómo éstas se ven afectadas por fluctuaciones profundas y repentinas. La teoría de las estructuras disipativas parecía poner en conexión las pautas dinámicas del cerebro con las alteraciones mentales. La psicología de la Gestalt, comentó, ha observado desde hace tiempo transiciones mentales repentinas, saltos en la percepción. La reestructuración de la personalidad individual puede suceder de forma repentina, como ocurre en casos de percepción súbita, de captación de una habilidad nueva, de enamoramiento, o como en la experiencia de conversión de San Pablo.

En aquella sesión, Vernon Rowland de la U. de Case Western Reserve, predijo que este enfoque aplicado al cerebro permitiría desvelar el viejo misterio: en qué consiste la diferencia que hace que un todo sea más que la suma de sus partes. La clave parecía estar en la cooperación; cuanto mayor es la complejidad de un sistema, tanto mayor es también su capacidad de auto trascendencia.

Aunque la mayoría de los participantes desconocía la teoría, pronto se pusieron de acuerdo sobre la necesidad de proseguir su estudio en busca de la síntesis posible. Parecía probable que estuviera surgiendo todo un nuevo campo de investigación. Tal vez la idea de las estructuras disipativas podría ser clave para un progreso ulterior de la investigación sobre el cerebro, que parecía estar necesitando urgentemente un enfoque distinto del lineal habitual. Se decidió que Katchalsky presidiría otras sesiones futuras, organizaría el trabajo y sintetizaría los resultados.

Dos semanas más tarde, Katchalsky caía abatido por las balas de unos terroristas en el aeropuerto de Tel Aviv. Había estado a punto de conseguir un acercamiento muy prometedor: la aplicación de la teoría de las estructuras disipativas a la investigación de la consciencia y el cerebro humanos. Ello podría explicar el poder transformativo de las psico-técnicas; cómo es que por medio de éstas se pueden romper condicionamientos que en estados ordinarios de consciencia se resisten firmemente al cambio.

Las ondas cerebrales reflejan fluctuaciones de energía. Suponen que hay un grupo de neuronas que están experimentando una actividad eléctrica lo suficientemente fuerte como para aparecer sobre el electroencefalograma (EEG). En estado de consciencia ordinario, el EEG de la mayoría de la gente está dominado por la presencia de ondas cerebrales pequeñas y rápidas (ritmo beta). En el estado beta, estamos más atentos al mundo exterior que a la experiencia interna. La meditación, la ensoñación, la relajación y otras diversas psico-técnicas tienden a aumentar las ondas cerebrales más lentas y más amplias, que se conocen con los nombres de alfa y theta. Dicho de otro modo, la atención interior genera una fluctuación más amplia en el cerebro. En estados alterados de consciencia, las fluctuaciones pueden alcanzar un nivel crítico, lo suficientemente amplio como para provocar el cambio a un nivel superior de organización.

Los recuerdos, que incluyen pautas de comportamiento y de pensamiento profundamente enraizadas en el sujeto, son estructuras disipativas. Son patrones o formas almacenadas en el cerebro. Recordemos que en una estructura disipativa las fluctuaciones pequeñas quedan amortiguadas por la forma existente, y carecen de efecto duradero. Pero las fluctuaciones de energía más amplia no pueden ser absorbidas por la estructura antigua. Instauran ondulaciones que atraviesan todo el sistema, creando en él nuevas conexiones repentinas. De esta forma, es probable que las pautas antiguas cambien en presencia de una perturbación o una agitación máxima, que es lo que sucede en estados de consciencia en los que se produce un flujo energético significativo.

La teoría de Prigogine puede ayudar a explicar los efectos espectaculares que a veces se producen en estados de meditación, de hipnosis o de ensoñación dirigida: la repentina liberación de una fobia o de un padecimiento físico que le había acompañado a uno desde siempre. La persona que revive un incidente traumático en un estado de atención interior profundamente concentrada perturba con ello la pauta de ese antiguo recuerdo específico. Ello desencadena una reorganización, una nueva estructura disipativa. La antigua organización queda rota.

El cambio sentido, en la técnica de enfoque de la atención de Eugene Gendlin, caracterizado por un cambio de fase repentino en el EEG hacia los armónicos de las ondas alfa, responde probablemente a la aparición de un conocimiento nuevo, de una nueva estructura disipativa. Cambios similares del trazado en el EEG ocurridos en estados meditativos han podido asociarse a informaciones del sujeto sobre percepciones internas experimentadas por él en el mismo momento. La pauta mental correspondiente a un pensamiento bloqueado, un paradigma antiguo, una conducta compulsiva, un reflejo rotuliano todo ello son estructuras disipativas, susceptibles de ampliación repentina. La nueva estructura es como un paradigma más amplio. Y la perturbación que provoca un nuevo orden en una estructura disipativa es semejante a la crisis que ayuda a forzar el cambio a favor de un paradigma nuevo.

Una y otra vez encontramos la misma forma de proceder en la naturaleza a todos los niveles: moléculas y estrellas, conceptos y ondas cerebrales, individuos y sociedades, todos cuentan con el mismo potencial de transformación. La transformación, como un vehículo que se desliza por una pendiente, acumula energía cinética durante su carrera. Las totalidades superan a sus partes en virtud de su propia coherencia interna, de la cooperación entre sus elementos, y del hecho de estar abierta a la entrada de nuevos datos. A mayor altura en la escala evolutiva, mayor libertad de reorganización. Una hormiga está obligada a cumplir su destino; el ser humano se labra el suyo. La evolución es un proceso continuo de ruptura de totalidades y de formación de otras nuevas, dotadas de mayor riqueza. Incluso nuestro material genético está en estado de flujo.

Si tratamos de vivir como sistemas cerrados, estamos condenados a la regresión. Si ensanchamos nuestra consciencia, si admitimos informaciones nuevas y sacamos provecho de la maravillosa capacidad de integración y reconciliación de nuestro cerebro, podemos dar un salto adelante.

Marilyn Ferguson

«Damas y caballeros, ustedes posiblemente no piensan que yo haya podido obtener una cátedra por las cosas que estoy ahora presentando aquí. Yo me encontraba en doce diferentes listas alemanas de solicitud. Mi petición era rechazada en todas partes debido a que temían que yo pudiera ser el hazmerreír de la investigación de la biología alemana. Por lo tanto, primero tenía que ganar mi reputación haciéndome un nombre en la Oceanografía, hasta que lograra una cátedra. Luego pude dedicarme a lo que yo siempre quise. Y eso, señoras y señores, es la verdad».

Esta cita de una conferencia de 1987 dada en un simposio internacional [1] por el Prof. Dr. R. Riedel, presidente del Instituto Zoológico de Viena, parece ser la terriblemente sintomática actitud actual en la ciencia moderna: a nadie se le permite ya decir lo que realmente piensa. Más específicamente, para alcanzar la cima de cualquier campo de la ciencia, a uno sólo se le permite impartir la sabiduría que está «pre-aceptada» o «permitida». Dogmáticos, fosilizados, auto-ratificados, auto-celebrados, los sistemas universitarios casi nunca permiten pensadores de vanguardia para los puestos de dirección. Ellos son vistos como disidentes. El resultado de esta actitud dominante en la educación es que esos recientemente entrenados «científicos» carecen por completo de un eje interdisciplinario. Un triste estado de cosas, en efecto.

En 1991, un terremoto periodístico retumbó por la comunidad científica internacional: «Descuido, Falsificación y Arrogancia» ponía el titular del reputado periódico alemán Frankfurter Allegemeine [2], cuando informó acerca de una serie de escándalos en la investigación científica. Por ejemplo, durante un experimento de biología en los Estados Unidos, una simple lapicera negra fue usada para pintar manchas en la piel de ratones blancos para falsear y «documentar» fotográficamente un exitoso trasplante de piel. Enredado en este penoso asunto, estaba el ganador del Premio Nobel, Presidente de la Universidad Rockefeller de Nueva York, y biólogo molecular Prof. David Baltimore y su protegida, la profesora de biología Tereza Imanishi-Kari. La última incluso publicó sus supuestos experimentos con ratones transgénicos y «los resultados» en la publicación científica Cell, en 1986.

UN REGUERO DE SORPRENDENTES INCONSISTENCIAS

Poco después, Margot O’Toole, una joven científica que trabajaba en el laboratorio de Imanishi-Kari, se encontró con un reguero de inconsistencias. ¡Ella se dio cuenta de que tal experimento crucial, supuestamente realizado por su superior, Imanishi-Kari, nunca tuvo lugar! Extrañamente, Frankfurter Allgemeine nunca publicó una retractación. ¿Su explicación? No importaba – el trabajo de investigación contenía sólo «errores menores». Pero los biólogos Walter Stewart y Ned Feder también encontraron mayúsculas contradicciones entre los supuestos datos obtenidos experimentalmente y su interpretación, y John Dingell, un miembro de la Cámara de Representantes americana, lo denunció.

Comenzaron otras investigaciones, se mantuvieron sesiones, y finalmente incluso la CIA se involucró, secuestrado mediciones falsificadas y notas del laboratorio. Sólo llegado a ese punto fue que David Baltimore decidió disculparse públicamente con Margot O’Toole después de destruir su carrera científica. Según Baltimore, la comprensión de que Tereza Imanishi-Kari había trabajado con datos falsificados era «impactante y entristecedora». A pesar de esto, Baltimore, que fue acusado de dar falso testimonio deliberadamente, conservó su puesto como Presidente de la Universidad Rockefeller. La Prof. Imanishi-Kari continuó enseñando en la Universidad Tufts. Según Frankfurter Allgemeine, ¡«un famoso colega» criticó la conducta de Margot O’Toole hacia su superior, declarando que la carrera y reputación de un investigador siempre tiene precedencia por encima de la exactitud científica (!) y siendo científicamente preciso!

LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD

La mayoría de los investigadores internacionales guarda silencio sobre el tema de la integridad científica. Es tabú. Sólo unos pocos, como el conocido bioquímico Paul Doty [3] critica abiertamente estas condiciones señalándolas como alarmantes y de una divergencia monstruosa con los principios fundadores de la ciencia. Todo científico, dice Doty, tiene el deber y la obligación de buscar enérgicamente la verdad incondicional. Sin embargo, las comisiones de investigación están ocupadas por simpatizantes de Imanishi-Kari que, encima de todo lo demás, entregan informes cruciales demasiado tarde, dilatando deliberadamente las publicaciones por más de un año. El siguiente comentario en el Frankfurter Allgemeine [4] consigna correctamente que «estos incidentes han demostrado claramente que el desmoronamiento de la correcta investigación científica está muy avanzado. La investigación y el desarrollo se ha vuelto nada más que un negocio lucrativo para muchos en el que no es de acceso prohibido ser incluso científicamente criminal».

Una conclusión tan fría podría ser considerada un poco exagerada si no fuera por una serie de otros acontecimientos escandalosos: el asunto que rodea al supuesto descubridor del SIDA, Robert Gallo, o el descarado escándalo sobre «la fusión fría». También fue recientemente revelada la sorprendente malversación de millones de dólares del presupuesto federal americano reservado para la investigación científica que fue usado en cambio por profesores de las universidades de elite para sus propios viajes de vacaciones caribeñas, joyería, viajes de golf o caras visitas a la ópera y teatros. ¿Qué más podría sacar a la luz una investigación completa del destino final de los fondos de la investigación científica…?

Los representantes de la ciencia ortodoxa han acusado a menudo a la Teoría del Antiguo Astronauta —y a Erich von Däniken, en particular, como uno de sus defensores más populares— de estar plagada de falsificaciones, plagios, credulidad, falsa opinión, y de no reconocer la información establecida e identificable científicamente. Sin embargo, a la luz de las historias que gradualmente van surgiendo sobre las propias deficiencias de la llamada «legítima» comunidad científica, no sólo es necesaria una cuidadosa limpieza, sino que ésta requiere ser llevada a cabo a gran escala. Aquellos que están en la cima de la comunidad científica —los auto-engrandecidos, no cuestionados, irreflexivos, auto-beneficiados individuos que intentan remendar los grandes vacíos del conocimiento, que evitan las preguntas incómodas, que se dan unos a otros palmaditas en la espalda— deben ser destituidos hoy. AHORA. Si no, los principios fundacionales de objetividad e imparcialidad en la investigación están en serio riesgo de desaparecer para siempre. Las consecuencias de tal condición son imprevisibles, pero ciertamente sería un futuro nefasto para la ciencia.

Hasta donde estos acontecimientos se relacionan con la investigación del Antiguo Astronauta, echemos una atenta mirada al Prof. Herbert Wilhelmy. Algunas de sus publicaciones e imputaciones sirven como ejemplos para una obligada y rigurosa limpieza de la ciencia. Wilherlmy estudió geografía, geología, economía y etnología y, empezando en 1942, ocupó profesorados en Kiel, Stuttgart y Tübingen, Alemania. El tufillo rancio de «profesor» lo rodea, y su libro Welt und Umwelt der Maya (El Mundo y Medio Ambiente de los Maya) [5] está entre los trabajos clásicos de la investigación maya.

Pero si miramos el duodécimo capítulo de su libro más detenidamente (titulado «Las Influencias Extranjeras en la Civilización Maya – Especulación sobre los Primeros Navegantes y los Antiguos Astronautas»), Wilhelmy escribe: «…supuestamente, los dioses astronautas de Däniken habrían llegado del espacio a la Tierra en grandes naves espaciales hace más de 10.000 años» y que EvD hizo «una conexión entre dos lugares en su desembarco en la Tierra (…) sobre todo en la Península de Yucatán» (a saber, Palenque y La Venta). Esta frase sólo pone en evidencia el dudoso acercamiento de Wilhelmy al análisis crítico. Su libro, publicado en 1989, cita sólo Chariots of the Gods y Gods from Outer Space – publicados respectivamente en 1969 y 1970. Parece que los trabajos posteriores de von Däniken y otros autores se le han escapado completamente, sobre todo el libro exclusivamente dedicado a los mayas publicado por EvD en 1984: El día que llegaron los dioses (todavía no disponible en inglés) [6]. En ningún otro campo de investigación sería aceptable citar solamente trabajos de casi veinte años de antigüedad ignorando por completo al mismo tiempo las publicaciones subsecuentes. Nadie podría hoy ofrecer argumentos legítimos basados en el conocimiento de 1970 con relación a la tecnología del viaje espacial, biología (es decir, tecnología genética), informática o astronomía. Tal ejercicio sería fútil. ¿Pero esto está permitido en la investigación maya? ¿Cómo es?

LA AFIRMACIÓN DE ESTAR EXCLUSIVAMENTE EN LO CIERTO

Wilhelmy comete su segunda falacia al afirmar que su punto de vista es la única respuesta correcta. Él críticamente «echa por tierra» la descripción de von Däniken de un monolito (representado aquí) de La Venta (Villahermosa, México) sobre el que EvD escribe: «Allí se encuentra un monolito diestramente trabajado en el que está representada una serpiente o incluso un dragón (…) dentro de la criatura hay un ser sentado (…) sus pies están sobre pedales, su mano izquierda está sobre una palanca (…) Su cabeza está cubierta con un ajustado casco (…) justo delante de sus labios hay alguna clase de dispositivo que puede identificarse como un micrófono (…)» [7]

Wilhelmy comenta: «Desgraciadamente, las ilustraciones que vemos en el libro de von Däniken son de una calidad bastante pobre, tanto así que cuando se la compara con el monolito original de Villahermosa, uno reconoce que ésta no es la representación de un dragón sino la de una gigantesca serpiente que está custodiando un sepulcro o un sarcófago con una persona muerta y agachada en su interior». [5]

En efecto, algunos de los atributos —por ejemplo, los cascabeles en su cola— indican una serpiente gigantesca. ¿Pero cómo podemos descifrar inequívocamente la imagen de una «persona muerta»? ¿Quién lo dice? ¿Son también de «calidad bastante pobre» las ilustraciones que se encuentran en las publicaciones científicas, especialmente cuando otros arqueólogos reconocen a la bien conocida deidad Kukulkán en esta versión? Y para ellos, él no está «muerto», o dentro de un «cámara mortuoria». ¡Muy por el contrario! Él está muy vivo, pareciendo sostener una vasija de incienso. [8]

A pesar de las debilidades obvias de estos argumentos, los periódicos se apresuraron a divulgar esta llamada «refutación». Por ejemplo, Hans Schönfeld escribió en el Berliner Zeitung, refiriéndose a EvD: «…el autor de ciencia-ficción puede ser refutado fácilmente. Él sostiene que viajeros espaciales extraterrestres visitaron la Tierra hace más de 10.000 años. ¡Pero el monolito del dragón que él describe en La Venta sólo tiene entre 2.000 y 3.000 años de antigüedad!» [9] La Carta al Editor de EvD («¿Dónde feché yo el monolito de La Venta en 10.000 años?») [10] nunca fue publicada por el periódico. Al parecer, la corrección de un error no debe de ser un procedimiento usual…

Le serviría mucho a Wilhelmy y a otros críticos considerar en sus ataques futuros la explicación del famoso investigador de la cultura Maya, Prof. Dr. Jeremy A. Sabloff [11]: «Los arqueólogos de hoy de repente piensan que las creencias previamente acorazadas de objetividad puramente científica se han vuelto insostenibles cuando se está investigando el pasado. Ellos han comprendido que la investigación arqueológica está ahora indudablemente influenciada por opiniones absolutamente teóricas y subjetivas de aquellos que la llevan a cabo. Esto no es sino una abominación de la verdadera ciencia. Tal conducta debe detenerse cueste lo que cueste».

Esto se aplica a otro ejemplo que Wilhelmy revela a sus lectores: Palenque. La magnífica losa del sarcófago de Palenque se ha mencionado muchas veces; también se la ha interpretado de muchas maneras. Pero Wilhelmy ofrece su propia interpretación, que él afirma es indubitable: es el dios del maíz, Yum Kax. Cualquier otra explicación, según Wilhelmy, es pura tontería.

Según Wilhelmy, EvD está manipulando a sus lectores sugestivamente, puesto que él «ve la tapa del sarcófago del lado equivocado, a saber del lado largo (…) Sin embargo, la posición de la tapa en la estrecha cámara de la tumba y la composición total del relieve no deja ninguna duda de que el lado corto era el lado para verlo. ¡Sólo desde tal perspectiva la hechura del relieve tiene sentido!». [5] Si él no estuviera tratando el asunto tan en serio, uno se reiría a carcajadas. ¡Incluso Wilhelmy debería haber notado que el ángulo de visión que él propone hace la interpretación todavía mucho más parecida a la de un astronauta despegando hacia el espacio! Pregunta: ¿Quién está manipulando a quién aquí?

MANIPULACIÓN

He aquí otro ejemplo de cómo un reconocido «científico» criticará a otros, mientras permanece completamente inflexible en sus propias opiniones. Wilhelmy: «En lo que respecta al inadecuado conocimiento (de EvD) de la literatura de investigación me permito citar simplemente un ejemplo. Él habla del Sagrado Cenote de Chichén Itzá, y un segundo cenote no muy lejos, del que los habitantes del centro ceremonial sacaban su agua potable». EvD: «Estos (los cenotes) se parecen de manera asombrosa (…) incluso el nivel de agua parece ser igual (…). Sin duda, esos dos pozos son de la misma edad, y posiblemente ambos deben su existencia al antiguo impacto de meteoritos. El misterioso velo, que se extiende por encima de una circunstancia absolutamente explicable y que se ha explicado hace mucho tiempo, es una invención de la imaginación desenfrenada de Däniken. Los cenotes no son los cráteres de impacto de meteorito, sino que se formaron cuando los techos de las cavernas de caliza se derrumbaron, los cuales se extienden ampliamente por el norte de Yucatán (…) La creación de los cenotes ha sido explicada desde 1910; todos los importantes trabajos clásicos sobre la civilización Maya (…) dan cuenta de éstos y ha sido científicamente, inequívocamente, y rotundamente resuelto». [5]

Desafortunadamente para Wilhelmy, el único hecho realmente resuelto es que hasta los científicos reputados pueden estar a todas luces equivocados – sobre todo esos que gritan muy fuerte que sus rigurosas e inflexibles creencias son correctas. El argumento «dementi-cenote» de Wilhelmy ilustra este hecho perfectamente. ¿A qué nos referimos aquí?

Hace aproximadamente 66 millones de años, al final del Cretáceo de la Era Secundaria, los dinosaurios, junto con tres cuartos de la fauna, se extinguieron. Esta extinción ocurrió casi de la noche a la mañana. La mayoría de los geólogos que han llevado a cabo la investigación de este cataclismo supone que el impacto de un enorme meteorito dañó el medio ambiente por miles de años (partículas de hollín en el aire, importante descenso de la temperatura, roca evaporada que fue causa de lluvia ácida, etc.) ocasionando tal sorprendente extinción. Pero durante mucho tiempo, la teoría no pudo demostrarse sin el descubrimiento de un posible sitio de impacto de un meteorito de ese tamaño.

Sin embargo, desde comienzos de 1990, esta situación ha cambiado radicalmente. ¿Dónde se encontraba el cráter de impacto? ¡En Yucatán! Antes de eso, los geólogos habían descubierto capas sumamente espesas de escombros y piedra fundida en las capas sedimentarias del período Cretáceo/Terciario en el área caribeña. Esto permitió deducir que el cráter correspondiente no podía estar muy lejos, quizás en el fondo del mar, o al sur de Cuba. En aquel entonces, en 1987, fotografías satelitales de la NASA causaron sensación; en un esfuerzo por reconstruir el sistema de suministro de agua de los mayas con la ayuda de estas fotografías, los geólogos se encontraron con un semicírculo de cenotes que mide aprox. 200 km (124 millas) de diámetro [12]. Hoy, los geólogos están bastante seguros de que este anillo (que también incluye los cenotes de Chichén Itzá) forma el borde del complejo de impacto del meteoro gigantesco. En las capas de piedra de abajo que estaban aplastadas por el impacto, el agua podía ahora circular mejor, ocasionando la disolución de la caliza en la parte superior después del impacto, ¡y esto creó los cenotes! El Cráter de Chikxulub (así llamado por un pueblo pequeño cerca de Mérida en el centro del complejo del impacto) se considera ahora que es el «Primer Candidato» en la búsqueda del responsable en provocar la extinción de los dinosaurios.

¡Por consiguiente, contrariamente a lo que Wilhelmy intentó sugerir, EvD (cuyas palabras textuales fueron: «…y posiblemente los dos deben su existencia al antiguo impacto de meteoritos» y NO que estos eran cráteres de meteorito) estaba realmente muy acertado! Concediendo incluso que un «erudito infalible» como Wilhelmy no podría saber lo que resultarían ser los cenotes. Pero este ejemplo demuestra cómo el aferrarse rápido como un rayo a algo «cierto» y «establecido» puede resultar ser un error. Ésta debería ser una lección de que hasta las ideas «especulativas» —de los científicos y los no científicos por igual— pueden resultar estar más próximas a la verdad que lo que anteriormente se creía.

Una cosa está clara: se cometen y se han cometido errores, en ambos campos. La primera regla debe ser corregir los errores; no taparlos. La variedad de instrumentos y hechos comprobados a disposición de la ciencia es inmensa y también debería usarse para la investigación de la Teoría del Antiguo Astronauta – ¡y viceversa! La vigilante prudencia debe ejercerse donde sea que una hipótesis o teoría es declarada como «evidencia irrefutable» por profesores universitarios, sobre todo cuando es evidente que ha tenido lugar una manipulación. Por consiguiente, una limpieza de la ciencia siempre será necesaria, ahora y en el futuro.

Referencias:

[1] Schidt. F. (Hrsg.): Neodarwinistische oder kybernetische Evolution? – Bericht über ein internationals Symposium vom 15. bis 17. Juli 1987 in Heidelberg. S. 67. universitätsdruckerei Heidelberg 1988.
[2] Schlamperei. Betrug und Arroganz. Frankfurter Allgemeine Zeitung, 5. juni 1991. s. N1.
[3] Doty. P., in: Nature. 352. 183. 1991.
[4] Wissenschaftshygiene. Frankfurter Allegemeine Zeitung. 12, Juni 1991. S. N1
[5] Wilhelmy. H.: Welt und Umwelt der Maya. München, 1989.
[6] Däniken, E.v.: Der Tag an dem die Götter kamen. München, 1984.
[7] Däniken, E.v.: Zurück zu den Sternen. Düsseldorf-Wien, 1969
[8] Mdl. Mitt, Prof. Dr. Gordon Whittaker. Inst. F. Völkerkunde. Univerisität Göttingen.
[9] Schönfeld, H.: Wie der Maisgott in das Raumschiff kam. Berliner Zeitung. 13. Dezember 1989.
[10] Däniken, E.v.: Unveröff Leserbrief an die BZ vom 22. Dezember 1989.
[11] Sabloff, J.A.: Die Maya. Heidelberg 1991.
[12] NASA-News. Nr. 71 vom 9. Mai 1991.

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