navidad y sus ocultamientos en midrash

stars.gifstars.gifNAVIDAD: Una tradición stars.gifoculta y un fascinante misterio

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¿Qué celebramos en Navidad?La Navidad celebra el nacimiento de Nuestro Señor Jesús; los antecedentes que se tienen en la actualidad acerca de la Navidad se remontan entre los años 320 y 353 donde se celebraba este acontecimiento. Se tiene conocimiento que, anteriormente, los romanos celebraban a sus diferentes deidades en los días del 17 al 23 de Diciembre, abandonando los negocios y ejercitando (entre otros) el arte de la cocina. El 25 era la fiesta pagana del Sol.
La Biblia se refiere al Mesías como "Sol de Justicia". Por ello, desde fines del siglo IV, en el mundo cristiano se celebraba la Tradición de la Navidad el 25 de Diciembre a excepción de las Iglesias Orientales, Grecia, y Rusia que las realizaban el 6 de Enero con la fiesta "Teofanía" o manifestación de Jesús como Dios. Sin embargo es aceptado por todos que, por un error del monje Dionisio el Exiguo en el año 540 al calcular las fechas, Jesús no nació la noche del 24 al 25 de diciembre e incluso nació entre cuatro y seis años antes del inicio de la Era Cristiana. Simplemente diremos que la tradición cristiana es celebrar la Navidad el 25 de diciembre. xmaspict419.gifEl 25 de diciembre
El día 25 de diciembre, se conmemora el Nacimiento de Jesucristo en Belén según los evangelios de San Matías y San Lucas. Como los evangelios no mencionan fechas, no es seguro que Jesús naciera ese día. De hecho, el día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad.
De esta manera seguía la política de la Iglesia primitiva de absorber en lugar de reprimir los ritos paganos existentes, que desde los primeros tiempos habían celebrado el solsticio de invierno y la llegada de la primavera.
La fiesta pagana más estrechamente asociada con la nueva Navidad eran las Saturnales romanas, el 19 de diciembre, en honor de Saturno, dios de la agricultura, que se celebraban durante siete días de bulliciosas diversiones y banquetes.
Al mismo tiempo, se celebraba en el Norte de Europa una fiesta de invierno similar, conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor de los dioses para conseguir que el Sol brillara con más fuerza. hollylin.gif

La cristianización de las fiestas del solsticio de invierno stars.gifpinebow.gifstars.gif
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El nacimiento de Jesús que relata Mateo es el corazón del ciclo festivo del solsticio de invierno, que se extiende hasta el 5 de enero. Cada año se representa la misma escena familiar: la estrella que guió a los magos de Oriente hasta el pesebre, la Virgen y el niño Jesús. Son imágenes inspiradas en El Evangelio según Mateo, que preceden a la Huida a Egipto y a la matanza de los inocentes. Pero pocos advierten que este relato encierra una historia oculta y un misterio fascinante.

Para muchos autores se trata de una "leyenda" sin contenido histórico. Las estrellas no se mueven. Tampoco existe mención de una matanza de niños en otras fuentes. Sólo Mateo narra estos hechos. Por tanto, su conclusión es que éste inventó un suceso milagroso para rodear el nacimiento del Mesías cristiano de grandes prodigios en el Cielo y en la Tierra. El resultado habría sido el mito de la Natividad, completado entre los siglos II y IV por apócrifos como el Pseudo-Mateo.

stars.gifLa Estrella y los Magosstars.gif

Sin embargo, la estrella que tanto ha dado que hablar sirvió de guía a todas las culturas antiguas, como un auténtico faro celeste. Era Sirio, la estrella-perro (guía) de la constelación de Orión. En los días de Jesús, los sabios mandeanos rindieron culto a "la estrella-guía". Al parecer, Juan el Bautista fue un mandeo.

Y la conexión de esta corriente judía heterodoxa con Egipto era estrecha: peregrinaban a Giza, creían que las tres pirámides de dicha meseta eran las tumbas de sus profetas Set e Idris (Enoch) y reivindicaban una religión adámica de la cual había sido seguidor Abraham, el primer antepasado de Jesús en la genealogía de éste que recoge Mateo. Y ciertamente, la "estrella-guía" de los mandeos (Sirio), se movía: su ascenso en el Cielo precedía a Orión, cuyo cinturón tachonaban tres astros rutilantes: tres magos que peregrinaban en el firmamento de Oriente.

Las pirámides de Giza habían sido concebidas por los antiguos egipcios como un reflejo de estos tres astros del cinturón de Orión sobre la Tierra. En esta cultura, Orión era Osiris, el dios muerto y resucitado por su esposa Isis, identificada con Sirio. Como para ellos Escorpio era el falo del Osiris celeste y dicha constelación se ocultaba cuando se levantaban Sirio y Orión, la procreación del dios hijo Horus se había consumado sin intervención del sexo de Osiris, devorado por un pez. El milagro se repetía todos los años y su signo era la inundación del Nilo, el reflejo en la Tierra de la Vía Láctea. La conexión egipcia de la Navidad cristiana aparece en Mateo desde el principio.

La genealogía de Jesús se compone de 3 tramos de 14 generaciones cada uno. Y Mateo añade algo obvio: si sumamos el segundo tramo de 14 al primero obtenemos 28 y, añadiendo el tercero, hacen un total de 42. Los tres números son claves del mito de Osiris, que en el año 28 de su reinado fue asesinado y mutilado en 14 trozos por su hermano Seth. Después, el dios fue resucitado por su esposa Isis, asistida por el dios Thot, que había compendiado la suma de la sabiduría divina revelada a los antiguos egipcios en 42 libros secretos (el total que suman las generaciones en Mateo). Con este simbolismo, éste nos señala la pista egipcia, precisamente el país hacia donde se dirige la Sagrada Familia después de la Adoración de los Magos.

En su genealogía Mateo incluye a 5 mujeres. ¿Por qué sólo 5 entre 42 posibles? La respuesta es fácil. La estrella de 5 puntas representaba el dominio estelar y el número sagrado de Horus, símbolo de sus ojos y de su linaje divino: el Sol paterno (3) y la Luna materna (2). Y otro indicio de que la Estrella de Belén era Sirio, representada como estrella de 5 puntas en la cultura del Nilo y por los iniciados. El número 5 y su figura geométrica asociada (pentágono), que dio lugar al Pentagrama –estrella de cinco puntas inscrita en el círculo–, tenía un profundo significado místico. Por el hecho de unir al primer par (2, número femenino) y al primer impar (3, masculino) era considerado un símbolo nupcial.

Así lo interpretaban también los pitagóricos griegos, entre quienes fue un signo de reconocimiento entre iniciados, como la imagen del pez para los primeros cristianos, evocadora del pez que devoró el falo de Osiris y también del misterioso pez-profeta, hermano de Horus, en una variante del mito egipcio que transmite Plutarco, en la cual este dios hijo se autoengendra en Edfu. Como el pez (Piscis), también el 5 tenía resonancias astronómicas entre los griegos, porque se asociaba a los cinco planetas conocidos y especialmente a Venus, antigua diosa madre.

Mateo nos transmite así la naturaleza divina de Jesús desde su nacimiento: el cumplimiento de una promesa revelada a todas las culturas desde la noche de los tiempos. El Hijo de Dios había encarnado aquella noche que conmemora la Navidad. La estrella-guía Sirio condujo a los magos celestes del cinturón de Orión. Al iluminar el pesebre, éstos derramaron la gracia de Dios sobre el niño: incienso (santidad), mirra (sabiduría y resurrección) y oro (realeza). Ni la estrella-guía ni los magos faltaron en aquel establo. Esta conexión egipcia está bien documentada. En sus Anales, el historiador romano Cornelio Tácito –que fue miembro experto de una comisión imperial para asuntos religiosos–, afirma que los judíos formaban "una sola superstición con los egipcios". Tácito se refería a los primeros cristianos, que se consideraron judíos hasta su separación de la sinagoga, consumada bajo Nerón.

stars.gifLa matanza de los inocentesstars.gif

No hay otros documentos, aparte de Mateo, que recojan la matanza de los inocentes. Pero cuando Jesús tenía aproximadamente 12 o 14 años, los soldados de Roma pasaron a cuchillo a la población de Séforis, capital de Galilea muy próxima a Nazareth, debido a la revolución del censo. Esta masacre tuvo lugar hacia el año 6-7 d.C. Jesús debió contemplar muchas veces las ruinas de Séforis. En sus días, las matanzas de inocentes en Galilea fueron frecuentes. Mateo no recogió un hecho histórico literal con el episodio de la matanza de Belén, pero tampoco ideó una fantasía. Simplemente, elaboró un midrash, un género característico de los judíos que consiste en un relato simbólico en el cual se recogen los antecedentes bíblicos de un hecho, a través de los cuales se expresa su significado trascendente. Este era el método para explicar las causas de la historia en su cultura.

Los símbolos que representaban dichas causas tenían para ellos el mismo valor que concedemos hoy a los factores económicos, políticos y sociales. Y como estos, explicaban los hechos históricos desde el punto de vista de aquella cultura. En este caso, Mateo evoca la profecía de Oseas (13,16), que se refiere a la destrucción del reino del norte de Israel por los invasores asirios (722 a.C.). Oseas describe la desgracia de su capital (Samaria): cómo sus "niños fueron estrellados" y sus pobladores "pasados a cuchillo". Este episodio sirve como antecedente evocador de muchas matanzas, como la de Séforis, pasada a cuchillo por los nuevos invasores romanos. Mateo alude a Oseas, porque este asocia la masacre de niños a su profecía de un Mesías que redimiría a Israel.

Y como es característico del midrash, también evoca otras profecías afines. Entre ellas, la de Isaías, que se refiere a un niño a quien llamarán Dios y Príncipe de la Paz (9, 6), después que el pueblo vea "una gran luz" (9,2), aludida por el Evangelio como la Estrella-guía. De este modo, Mateo reviste a Jesús con los signos del Mesías anunciado por Isaías, Oseas, Miqueas y Jeremías. Un Enviado que uniría los reinos del norte (Efraim) y del sur (Judá), así como a los desterrados por Asiria y a los esparcidos en Babilonia de todas las tribus de Israel.

stars.gifLa palmera escondidastars.gif

Entre las 5 mujeres que menciona Mateo en su genealogía de Jesús, la primera es Tamar, nombre que significa "palmera", y la segunda Rahab, mujer de Jericó, una población conocida como "la ciudad de las palmeras". La intención simbólica de Mateo sería recogida por la tradición del Islam en el sura XXI del Corán, según el cual la Virgen María sufrió los dolores del parto bajo una palmera que le alimentó. El Evangelio nos sitúa así ante un símbolo sagrado común a todas las culturas antiguas para expresar el alcance universal de la misión de Jesús. En Egipto, la palmera datilera aparece asociada a las diosas madres, como Hathor y Nut. En Mesopotamia es el árbol consagrado a la diosa Isthar.

En Persia, fue la representación del Árbol de la Vida. También se vincula con la resurrección, ya que el Fénix hacía su nido en una palmera. Este simbolismo, que recogen Plinio el Viejo y otros autores antiguos, dio lugar a la artesanía ritual de la palma blanca como ofrenda a las diosas madres vírgenes, que después sería transferido a la Virgen María. Su elaboración se conseguía envolviendo las hojas de palma para que no las tocara el Sol masculino y se preservaran así como un atributo femenino puro, relacionado con la concepción virginal.

Actualmente, aquella antigua artesanía tiene su último reducto en la ciudad española de Elche, donde un grupo de familias sigue transmitiendo de padres a hijos el arte de tejer ramos y coronas para la Virgen con estas palmas blancas. Este palmeral histórico de Elche hoy es "Patrimonio de la Humanidad". La misma Humanidad a la que Mateo dirigió su evangelio, más allá de su auditorio judío. Por eso, inicia su genealogía con la misma frase que emplea el Génesis para introducir la descendencia de Adán, aunque sólo se remonte hasta Abraham: "Este es el Libro de las generaciones de Jesucristo". Y por idéntico motivo, Lucas complementó a Mateo en su texto, prolongando su genealogía hasta Adán. Para enfatizar el simbolismo de estas genealogías –y no para contradecir a Mateo–, Lucas siguió una línea davídica no real a partir del rey David. Pero nada de esto excluye que el Evangelio refleje los hechos históricos. Sólo que sus autores entendían la historia como hombres de su tiempo.

La Huida a Egipto que aparece en Mateo transmite el simbolismo que hemos expuesto, pero eso no significa que Jesús no viajara a Egipto. En el Talmud judío se le acusa de haber traído de allí conjuros mágicos. En su ‘Discurso contra los cristianos’, Celso afirma que fue un pobre emigrante en Egipto, donde habría trabajado como jornalero. El obispo episcopaliano John Shelby Spong, en su libro ‘Jesús, hijo de mujer’ (Ed. Martínez Roca), también considera que Jesús creció en un medio de pobreza.

¿Nació de una virgen? Mateo se remite a la profecía de Isaías 7, 14-23, pero la toma de la traducción griega de la Biblia. Dicha versión tradujo el término hebreo almah (mujer joven) por el griego parthenos (virgen), cuyo equivalente hebreo es bethulah, no almah. Sin duda, hubo algo irregular en el nacimiento de Jesús. Marcos no menciona ninguna concepción virginal e identifica a Jesús como "el hijo de María", aparte de referirse de pasada a ciertos rumores que rodearon su nacimiento, cuyo contenido él no recoge ni comenta en su texto. El Talmud y Celso lo califican de fruto de un adulterio de María. Y Mateo parece responder a estas acusaciones con las 4 mujeres que la preceden en su genealogía, porque estas tienen en común una imagen estigmatizada desde el punto de vista de las costumbres judías, pero también fueron objeto de una injusticia manifiesta o bien víctimas inocentes de las circunstancias.

Cada uno es libre de dar crédito a la fuente que encuentre más fiable. Unos creen en el milagro de la concepción virginal, otros ven en el símbolo de "la virgen de Dios" una verdad espiritual que no se refiere a una realidad física y hasta hay quienes hacen juicios de intención, atribuyendo a Mateo la voluntad oportunista de ganarse a los paganos habituados al mito de la madre virgen de un dios-hombre. En cualquier caso, resulta significativo que Mateo no recoja en su genealogía a ninguna de las madres impecables de Israel desde el punto de vista étnico –Sara, Raquel y Lía–, sino sólo a esas 4 mujeres estigmatizadas y extranjeras, provenientes de linajes considerados malditos por los judíos, como los moabitas (Ruth) y cananeos (Tamar y Rahab), o bien sometidos al vasallaje como los hititas (Betsabé). ¿Quiso representar Mateo en esas mujeres los 4 brazos de la cruz histórica de María? ¿Era una mujer sin linaje? ¿Acaso una humilde espigadora que recogía la sobras de la cosecha caminando detrás de los jornaleros como Ruth?

stars.gifEl círculo de los gentilesstars.gif

Probablemente, el nacimiento no ocurrió en Belén de Judá. Esta localización parece simbólica y apunta a identificar a Jesús con el Mesías esperado por los judíos, para quienes debía ser descendiente de David, cuya cuna legendaria era Belén. Pero también en este punto el Evangelio parece inspirado, ya que, en el oráculo primitivo hebreo, la profecía de Miqueas 5,3 no mencionaba a Belén, sino a Efrata. Y este nombre evoca a Efraim, una de las denominaciones que la Biblia emplea para referirse al reino del norte de Israel, destruido en el siglo VIII a.C. por los asirios, al que había pertenecido la región que fue conocida como Galilea en los días de Jesús.

Las otras denominaciones bíblicas de este reino del norte fueron "reino de Israel", "reino de José" –nombre evocador de Egipto a través de este hijo de Jacob, casado con una hija del sacerdote egipcio Potifera– y Samaria. Jesús destacó como defensor de esta población despreciada por mestiza y herética. Más aun: junto al pozo de Jacob se presentó ante la mujer samaritana como el Mesías que ella esperaba, según Juan.
Eso indica que Jesús se identificó con el Taheb, el Mesías samaritano. De modo que Belén pudo ser una localización simbólica del midrash, a través de la cual se proyectaba el hecho de que Jesús había nacido en Efraim (Efrata), región que había incluido a Galilea y cuya capital fue Samaria, otro nombre dado al reino del norte en la Biblia.

Ninguna de estas circunstancias merma grandeza a Jesús, aunque le añada sufrimiento a ese «varón de dolores» que había profetizado Isaías. ¿No era acaso lo propio del Mesías de los pobres y humillados un nacimiento irregular y calumniado, en medio de la pobreza y en un rincón oscuro de la remota Galilea, despreciada por los judíos de Jerusalén como tierra mestiza? Hasta el nombre de esta región donde estaba Nazareth (Galil hoyim), tenía connotaciones evidentes de «impureza racial», puesto que significaba "círculo de los gentiles".

La Huida transmite otro mensaje importante que, en general, ha sido interpretado sólo desde una perspectiva judía ortodoxa. Mateo habría comunicado con dicho episodio que Jesús era el nuevo Moisés, evocando con este midrash el episodio bíblico en el cual el faraón ordena ahogar en el Nilo a los niños varones de Israel. Sin embargo, cabe preguntarse si su intención no fue aludir también a otro antecedente bíblico que no pudo pasarle inadvertido, porque encaja mucho mejor con la masacre de Belén: la matanza de niños edomitas perpetrada por Joab, general del rey David, que estuvo a punto de dejar sin varones a Edom (I Reyes, 11). De este cruel genocidio sólo se salvó el pequeño príncipe Hadad, que huyó a Egipto para regresar siendo hombre y proclamar la independencia de Edom. Así se cumplía la promesa que Yavhé había hecho a Esaú, primogénito de Isaac y padre de Edom, despojado de su derecho como heredero en beneficio de su hermano menor Jacob (Israel).

Hay una evidente simetría entre la matanza de Belén ordenada por el idumeo Herodes –Idumea nació de Edom– para eliminar a un supuesto heredero davídico (Jesús) y la de Joab, ordenada por David para eliminar al heredero de Edom. ¿Simbolizó Herodes el Grande la venganza de Edom en el midrash de Mateo? ¿Empezó su vida Jesús expiando este pecado de Israel y cumpliendo desde su nacimiento esa función mesiánica que había profetizado Isaías? Los edomitas se consideraban descendientes de Ismael (padre de los árabes), a través del matrimonio de una de sus hijas, llamada Bashemat, con Esaú. Ismael también había sido despojado de sus derechos en beneficio de su hermano menor Isaac, ya que era el primogénito de Abraham, el primer nombre en la genealogía de Jesús que nos transmite Mateo.

En I Reyes también se narra otra Huida a Egipto: la de Jeroboam, efrateo de Sereda, hijo de Nabat. El profeta Ajías le anunció que fundaría el reino del norte como líder de 10 de las 12 tribus de Israel y Salomón quiso matarlo (I Reyes, 11). Como sucedió con Hadad, Jeroboam también encontró refugio en Egipto, de donde regresó para independizar a Israel del reino de Judá. Sin duda, existe una base sólida para pensar que el Evangelio recoge un hecho histórico importante que pudo tomar forma de proyecto mesiánico en la época de Jesús.

Todas las profecías bíblicas que evoca se sitúan en la época de la destrucción del reino del Norte (siglo VIII a.C.). También anuncian a un Mesías libertador, que un profeta del norte como Oseas (1, 11) identifica simbólicamente con Jezreel, de quien nos dice que "su día será grande" y que unirá a Efraim (norte) y Judá (sur) bajo "una sola cabeza". Incluso presenta imágenes muy sugerentes en relación a Jesús: "Al tercer día nos resucitará y viviremos delante de él" (Oseas 6,2). A su vez, Isaías y Miqueas, profetas del sur y contemporáneos de Oseas, aluden a los mismos hechos, aunque destacan que el Mesías vendría del tronco de Isaí (padre de David), como nueva "rama", "vara" o "renuevo". La Raquel que llora a sus hijos en Ramá –también evocada en el Evangelio–, proviene de Jeremías y también alude a la destrucción del reino del norte.

Una posibilidad es que estemos ante los vestigios de un hecho histórico: la proclamación de un Mesías galileo, enviado por Dios como representante de todos esos linajes nacidos de primogénitos despojados, que habían dado lugar a distintos pueblos semitas emparentados entre sí y que tenían en Abraham su padre común. En este caso, el Mesías galileo debía nacer simbólicamente en Belén para tomar el relevo del linaje davídico, como en su día David (de la tribu de Judá) había tomado el testigo de la función real, que hasta entonces había recaído en el rey Saúl, de la tribu de Benjamín. Por eso, una vez ungido, David desposó a Mikal, hija del depuesto Saúl. Por lo tanto, el nacimiento simbólico en Belén pudo ser un equivalente de la boda de David con Mikal: la forma en que el nuevo ungido de Dios tomaba el relevo al frente del pueblo elegido, legitimándose como sucesor al asumir un vínculo con el linaje desplazado que simbolizaba la continuidad sagrada.

Este recurso es un tópico bíblico recurrente. Dios quita con frecuencia los privilegios otorgados a un individuo o a un linaje y los da a otros. También es importante advertir que, en el evangelio de Juan, Jesús replica a los saduceos que el Mesías no tiene por qué pertenecer al linaje de David, puesto que éste le reconoce como "Señor de mi Señor".
A su vez, en la Epístola a los hebreos se compara a Jesús con la figura legendaria de Melquisedec, el misterioso rey de Salem, de quien se nos dice que no tenía padre ni linaje, pero a quien Abraham había reconocido como al sacerdote perfecto y pagado el diezmo.
Hebreos afirma que, como Melquisedec, Jesús está por encima de cualquier linaje humano porque su autoridad emana de "una vida indestructible". Por ello, este texto cristiano funda la Nueva Alianza sobre el Orden de Melquisedec y sostiene que es superior al aarónico-levítico de Judá.

Todo sugiere que Jesús pudo ser un Mesías galileo que proclamó un ambicioso proyecto de unificación nacional, mucho más amplio del que estaban dispuestos a admitir los judíos del sur. Debía llegar cumpliendo la profecía en la cual Dios había anunciado: "De Egipto llamaré a mi Hijo". Y todas las fuentes –incluso las hostiles– indican que residió allí, porque esta era la tierra de origen de todos los descendientes de Abraham. Dicho proyecto mesiánico pudo incluir a todas las tribus de Israel (Jacob), a la población "mestiza" del reino del norte (Galilea y Samaria) y, tal vez, a ismaelitas (árabes), idumeos (edomitas), y nabateos, que descendían de otra hija de Ismael casada con Esaú.

stars.gifEl origen de la Nueva Alianzastars.gif

En los días de Jesús el reino nabateo de Siria vivió sus años de mayor esplendor (entre el 6 a.C. y el 40 d.C). El Evangelio afirma que Juan el Bautista fue asesinado por Herodes Antipas porque éste denunció su matrimonio con Herodías. Al unirse a ésta, Herodes abandonó a su primera esposa, hija del rey nabateo Aretas. Flavio Josefo sostiene que Herodes Antipas mandó matar a Juan "porque soliviantaba el pueblo". Nada impide que el motivo incluyese, precisamente, esa afrenta a los primos nabateos, motivo por el cual el rey Aretas atacó y derrotó a Herodes Antipas en el año 36. Siria fue un lugar de asentamiento de las comunidades mandeas del Jordán, como la del Bautista.

Otro indicio que señala en la misma dirección es que Siria, Samaria y otros territorios vecinos, sirvieron de refugio a los cristianos cuando huyeron de la primera gran persecución desatada en Jerusalén. Esto prueba que allí existía una base social favorable en los años inmediatos a su crucifixión. Por motivos cronológicos obvios, ese clima social favorable tuvo que cimentarse en vida de Jesús. ¿Estamos ante indicios de cuál fue el auténtico origen histórico de la Nueva Alianza entre Dios y la Humanidad? ¿Nos transmite la Natividad de Mateo el hecho histórico que sirvió de embrión a la religión universal del cristianismo, recogido por Lucas al prolongar de forma intencionada su propia genealogía de Jesús hasta Adán?

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stars.gifLas grandes incógnitas de la Navidadstars.gif

El mundo entero se paraliza ante la celebración de la Pascua. Se conmemora el nacimiento de Jesús de Nazaret. Sin embargo, casi nadie es consciente de que en realidad nos estamos haciendo eco de una tradición pagana mucho más antigua que el propio cristianismo, pero que los primeros obispos de Roma “robaron” en su propio beneficio. La noche del 24 de diciembre, más de 1.500 millones de personas celebran el nacimiento de Jesús de Nazaret. Por cierto, ¿por qué decimos de Nazaret en vez de Jesús de Belén? ¿Será que acaso no nació dónde creemos? Y es que a la hora de analizar lo que sabemos sobre Jesús de Nazaret, todas las hipótesis son probables.

De lo que no hay duda alguna es que la fecha de nacimiento es un “invento”. Las posibilidades de que Jesús naciera un 24 de diciembre son extremadamente remotas.
No sirve que a ello se agarren como un clavo ardiendo los más tradicionales defensores de la tradición en el orbe católico. Debería hacernos pensar el hecho de que la rama ortodoxa del cristianismo conmemore el alumbramiento el 6 de enero de cada año. Y es que queramos o no, celebramos la Navidad en función de un invento. Más bien de un robo en toda regla…

stars.gifEl culto a Mitra, el dios-Solstars.gif

El culto cristiano ganó la batalla en la era de Constantino. Tras siglos de persecución, los seguidores de Jesús lograron convertirse en la religión oficial en todo el Imperio. Para abrigarla de oficialidad se hizo necesario crear a su alrededor toda una ritualidad que la sustentara, al tiempo que eclipsara otros ritos que hasta entonces tuvieron un rango mayor. Y es que era necesario “hacer clientes”, así que nada mejor que acudir al negocio del opositor y convencerlos allí mismo. Los objetivos del “robo” fueron quienes formaban parte del culto a Mitra, un mesías que contaba con millones de seguidores y que había sufrido una vida relativamente similar a la de Jesús.

Al ser el mitraismo un culto que tenía su reflejo en la naturaleza, este dios fue identificado con el Sol, ya que el astro rey simbolizaba la vida y la luz. De este modo, los antiguos creyeron que el mejor día para celebrar su nacimiento era precisamente aquel en el que la luz diurna comenzaba a ganar terreno a la noche. Con algún pequeño error de cálculo –ahora sabemos que tal cosa sucede dos o tres días antes– dedujeron que el 24 de diciembre es el día solar más corto del año, pero que justo a partir de esa fecha, la noches eran más cortas y los días más largos. Esa jornada era, en resumidas cuentas, la que representaba la victoria de la luz sobre las tinieblas, del día sobre la noche, del Sol sobre la Luna… A aquella celebración la llamaron sol invictus.

Aunque en realidad diferentes cultos ya habían elegido la fecha del 24 de diciembre –por ejemplo, para entonces se celebraban también las saturniales, en honor el dios Saturno– fue el cristianismo el que la adoptó para sí tras la decisión tomada por 318 obispos reunidos en el Concilio de Nicea del año 325. Al estar constituida como festividad pagana, resultó mucho más fácil infiltrar la celebración en todos los habitantes del Imperio. Como maniobra de marketing, fue una empresa de lo más acertada, pero como toda treta publicitaria no se ajustaba a la realidad.

stars.gif¿En diciembre o en agosto?stars.gif

Ahora bien, ¿cuándo nació en realidad Jesús de Nazaret? Habida cuenta de que no existe ningún documento ni referencia que haga alusión a fecha alguna, sólo cabe deducirla por medios indirectos. Por ejemplo, los relatos evangélicos explican que los pastores se encontraban con sus ovejas, algo que en Palestina sólo ocurre entre los meses de mayo y septiembre, especialmente en la vera del río Jordán, que se encuentra en las proximidades de Belén, Betania y Jericó, ubicaciones que pueden situarse en la proximidades del verdadero lugar de nacimiento. Además, por el resto de descripciones, todo hace pensar que Jesús llegó al mundo en algún momento del verano, y de hecho, la mayor parte de los estudiosos apuesta por el mes de agosto, fecha en la que no pocos cultos heterodoxos y revisionistas del cristianismo tradicional prefieren celebrar la Navidad.

Además, se eligió como hora del alumbramiento la medianoche. Tampoco hay ninguna referencia concreta para que pensemos así, pese a que está muy asimilado por el común de los creyentes. Tal elección fue –una vez más– un astuto robo, puesto que el culto mitraico también se celebraba a la medianoche y los 318 obispos de Nicea no dudaron dos veces en utilizar un culto que ya existía para su propio beneficio. Claro, que ellos dijeron que la elección fue por inspiración divina…

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stars.gifLa historia secreta de los Reyes Magosstars.gif

Hay pocas fiestas más entrañables que la de los Reyes Magos, esa fecha del 6 de enero en la que los niños de costumbre católica dejan los zapatos preparados para que los mágicos monarcas depositen en ellos sus regalos con nocturnidad y sigilo. Se conmemora así la tradicional llegada a Belén, desde lejanas tierras de Oriente, de los consabidos reyes Melchor, Gaspar y Baltasar, que acudieron siguiendo la guía de una estrella para adorar al recién nacido rey de los judíos, y agasajarlo con sus ofrendas de oro, incienso y mirra. Pero, ¿de verdad eran reyes? ¿Qué quiere decir que eran magos? ¿De dónde venían? ¿Cuántos eran y cómo se llamaban en realidad?¿Dónde está el nacido rey de los judíos? La verdad es que son poquísimos los datos que se tienen de estos regios personajes.

La primera referencia aparece en el Evangelio de Mateo, el único autor de los llamados sinópticos que los cita, ya que los otros dos, Marcos y Lucas, ni siquiera los mencionan.
El texto dice así: “Unos magos vinieron de Oriente a Jerusalén, preguntando: ‘¿Dónde está el nacido rey de los judíos? Porque vimos en Oriente su estrella y hemos venido con el fin de adorarle”. El rey Herodes, al que iba dirigida la pregunta, los encaminó hacia Belén, rogándoles que se informaran bien sobre ese recién nacido para darle posterior detalle del asunto. En el ejemplar del Nuevo Testamento que consultamos, versión del padre José Miguel Petisco (Madrid,1953), una nota a pie de texto aclara con indignación: “El hipócrita pretendía conocer el paradero de Jesús para degollarle”. Así orientados, y guiados siempre por la estrella, los magos llegaron a Belén y adoraron al Niño, ofreciéndole los ya conocidos presentes…

Parece increíble, pero este escueto texto de Mateo, redactado en torno al año 50 d. de C. –y en el que aparecen por primera vez la figura de los Magos–, es todo lo que hay para sostener la gran historia de los mismos. Y, como hemos visto, el evangelista nada dice de que sean reyes, ni de que sean tres, ni de cuáles eran sus nombres. De la iconografía hoy habitual para recrear la Adoración de los Reyes Magos, en Mateo solo aparece su condición de magos, la estrella, el lejano y nebuloso Oriente como punto de partida de su viaje y los consabidos regalos de oro, incienso y mirra. Y ya está. Todo lo demás que hoy damos por cierto sobre estos enigmáticos personajes –y que escenificamos pacientemente cada Navidad en nuestro doméstico Portal de Belén con monarcas a caballo, pajes de vistosos atuendos y camellos cargados de presentes–, es una elaboración literaria posterior, acuñada en textos apócrifos y en tradiciones culturales muy dispares.

Una leyenda que se va tejiendo con enorme éxito, sobre todo entre los siglos IV y IX, mezclando creencias mazdeístas, mitraicas, gnósticas, judaicas y cristianas, plasmada en textos como el Protoevangelio de Santiago, el Evangelio de Pseudo-Mateo, el Evangelio Árabe de la Infancia, el Libro de la Caverna de los Tesoros y muchos otros. Una historia a la que la Iglesia romana nunca ha dado cobijo entre sus libros canónicos.

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Lo que para el evangelista Mateo no había duda era que los misteriosos personajes eran magos, ya que así lo dice expresamente. Y eso generó no pocos problemas a la iglesia incipiente, ya que mago, en aquella época, era un término que se aplicaba a un amplio espectro de gente, desde el farsante vendedor de pócimas “curalotodo” a los sabios astrólogos caldeos, pasando, entre otros, por los sacerdotes de culto mazdeista y por los taumaturgos gnósticos de Alejandría. Como reconoce el fraile dominico Santiago de la Vorágine en su obra ‘La Leyenda Dorada’, escrita hacia el año 1264, “La palabra ‘mago’ significa tres cosas diferentes: ilusionista, hechicero maléfico y sabio”.

En cualquier caso, engañabobos de feria, adoradores de divinidades paganas, brujos o herejes. Malas compañías para el recién nacido descendiente del rey David. Sin embargo, en el Antiguo Testamento se habla de poderosos personajes que acuden presurosos a postrarse a los pies del nuevo rey de los judíos. En el primer texto se dice: “Los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán impuestos; todos los reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones”, (Salmos, 10-11, 15). Y en el segundo: “Un sinfín de camellos te cubrirá, jóvenes dromedarios de Madián y Efá. Todos ellos de Sabá vienen portadores de oro y de incienso y pregonando alabanzas a Yahvéh”, (Isaías, 60, 6).

En estos textos proféticos se alude a quienes se postrarán ante el nuevo rey pero, curiosamente, no se dice que sean magos como afirma Mateo ni hay palabra alguna que los relacione con el sacerdocio o la taumaturgia. Antes al contrario, los presenta como reyes poderosos procedentes de países llenos de riquezas, entre ellos el portentoso reino de Saba, situado en la llamada Arabia felix y cuya reina enamoró a Salomón. Se trata, sin duda, de un precedente importante al que se agarraron los primeros padres de la Iglesia para quitarse de encima el incómodo asunto de los “magos” convirtiéndolos en reyes.

O, todavía mejor, en “Reyes Magos”, seres que reunían en su persona la máxima autoridad en lo terrenal y en lo espiritual, como el mismo rey David. A finales del siglo V, Cesario de Arles defendía ya esta postura afirmando que los “magos” eran también reyes, fundando así la tradición occidental de los Reyes Magos. Además, se entiende que son magos en la acepción más salvable, aquella que los interpreta como sabios que, aunque paganos, son capaces de reconocer los signos de la divinidad del recién nacido. Sin embargo, es en una versión siria del Evangelio árabe de la infancia (sig.VI) donde por primera vez se dice que los estos son a la vez “príncipes”.

En este texto, al nacer Jesús un ángel es enviado como mensajero a Persia, donde se celebra la buena nueva con asistencia de los “magos”, que eran adoradores del fuego y de las estrellas. Entonces aparece en el firmamento una radiante estrella, que consideran señal definitiva de que ha nacido “el Rey de los Reyes, el Dios de los Dioses, la Luz de las Luces”. Y tres príncipes, hijos del rey de Persia, que a la vez son magos, emprenden el viaje guiados por el ángel y acompañados por un séquito de nueve hombres. Uno de ellos lleva como ofrenda tres libras de oro, otro tres libras de mirra y el último la misma cantidad de incienso. Visten lujosas ropas de ceremonia y lucen tiara en la cabeza. Bien, parece que ya tenemos encarrilado el asunto, ¿verdad? Pues no, ya que ésta no es más que una de las innumerables versiones que existen sobre el tema, aportando cada una un sin fin de variantes.

stars.gifHasta ‘doce’ Reyes Magosstars.gif

“De Oriente salen tres reyes/todos tres en compañía/a adorar al Niño Dios/que en Belén nacido había”, canta un clásico villancico. Pero, ¿eran tres los Reyes Magos? El asunto de cuántos fueron los monarcas que se postraron a los pies del Niño Dios en el Portal de Belén es una fuente de inesperadas sorpresas, algo más parecido a una adivinanza irresoluble que a una certeza. La tradición occidental, en general, defendió que eran tres con el sencillo argumento de que, siendo el mismo número los regalos que portaban en la narración evangélica de Mateo –oro, incienso y mirra–, lo normal es que fueran también tres los portadores. Así lo afirmaba Orígenes en el siglo III, entre otros autores.

Sin embargo, en las tempranas representaciones de la Adoración de los Magos existentes en las catacumbas romanas, el número es variable. Por ejemplo, en la de los santos Pedro y Marcelino sólo aparecen dos, mientras que en la de Domitila son cuatro los monarcas que se inclinan a los pies de la Virgen con el Niño. Esto indica la confusión y el entrecruce de leyendas sobre este acontecimiento que existía en los primeros siglos del cristianismo, aunque muchos estudiosos justifican su número variable por las necesidades de espacio y simetría de los autores de las pinturas.

Aunque así fuera, quiere decirse que, en aquellos siglos, el número de los Reyes Magos era por lo menos tan impreciso que quedaba sujeto a la voluntad de los artistas que los representaban. Sea como fuere, los textos apócrifos que han ido tramando la historia de estos mágicos soberanos ofrecen posibilidades para todos los gustos en cuanto a su número y sus nombres. En el “Pseudo Mateo” no se indica expresamente cuántos eran. Para la tradición siria, los magos son doce, procedentes de las tierras de Syr, y todos llevan nombres persas. No obstante, en el ‘Evangelio Árabe de la Infancia’, dependiendo de la versión que se consulte, su número es de tres, de diez o de doce. En el ‘Libro de la Caverna de los Tesoros’ vuelven a ser tres, reconocidos como caldeos, que son presentados así: Hormizd de Makhodzi, rey de los persas; Jazdegerd, rey de Sabá, y Peroz, rey de Seba.

En el Evangelio armenio de la infancia también son tres, pero distintos, ya que se trata de Melkon, rey de los persas; Gaspar, rey de los indios, y Balthasar, rey de los árabes. Además, los armenios son mucho más rumbosos con el asunto de los regalos. Melkon lleva como presentes mirra, aloe, muselina, púrpura, piezas de lino y “los libros escritos y sellados por las manos de Dios”, que no es poco. Gaspar lleva nardo, mirra, canela, cinamomo, incienso y otros perfumes. Y Balthasar, oro, plata, zafiros, piedras preciosas y perlas. Para acompañar tanta riqueza, se rodean de un séquito que no desmerece: doce capitanes con un cortejo de doce mil jinetes. Los nombres citados en este texto suenan ya parecidos a los que conocemos en la actualidad, pero habrá que esperar hasta el siglo IX para que Agnello de Rávena los acuñe definitivamente, en su ‘Liber pontificalis Ecclesiae Ravennati’, como Melchior, Caspar y Balthasar.

stars.gifOro, incienso y mirrastars.gif

Otro texto, el ‘Excerptiones Patrum‘, atribuido sin mucha fe al Venerable Beda y escrito en una fecha imprecisa entre el siglo VIII y el XII, nos dará la mejor y más razonada descripción de su aspecto. El Rey de más edad es Melchor, con cabellos y barba largos y canosos, que viste una túnica de color jacinto y capa naranja. A él le corresponde regalar el oro, que es presente adecuado para ofrecer al Señor en tanto que rey. El siguiente es Gaspar, joven, bello e imberbe, luciendo túnica naranja y capa roja, que regala el incienso, obsequio adecuado para el Señor en cuanto Dios. Y el último es Balthasar, de tez oscura, que lleva túnica roja y capa blanca jaspeada. Su presente es la mirra, ofrenda adecuada para el Señor en cuanto hombre. Y así quedan establecidos en Occidente su número, sus nombres y el sentido de sus presentes que señalan las cualidades de Cristo como rey, como Dios y como hombre.

Claro que hay otras interpretaciones sobre el significado de las ofrendas, como ésta que nos propone el ya citado ‘Santiago de la Vorágine’: “…el oro, para regalar la pobreza de la Virgen; el incienso, para ahuyentar el mal olor del establo, y la mirra, para consolidar los miembros de la Criatura con la expulsión de todo mal de su vientre”. Según el texto del “Pseudo Beda”, los Magos representan a toda la humanidad al ser descendientes de las estirpes fundadas por los tres hijos de Noé, cada una de los cuales pobló un continente: la de Sem, Asia; la de Cam, África, y la de Japhet, Europa.

Hay otro detalle importante en su narración y es que, al indicar que Balthasar es de tez oscura, lo hace proceder de un continente concreto, África, y lo identifica con una raza específica, la camita. De manera que, gracias a esta descripción, el mago Balthasar se convertirá, con el paso del tiempo, en el rey negro de nuestro Belén.

Ahora sí que parece definitivamente resuelto el enigma, ¿verdad que sí? Pues tampoco. Dado que para muchos cada Mago representaba uno de los continentes conocidos, el descubrimiento de América inspiró a diversos autores la conveniencia de un cuarto Rey Mago, y como cuarteto los plasma el pintor Grao Vasco en el monasterio de Vizeu (Portugal), en una obra del siglo XVI. El último es un indio que refleja las características de los pueblos amazónicos, va armado de una larga azagaya y porta como presente una arqueta de madera cargada, se supone, de semillas de cacao. Esta variante de un cuarto Mago “americano” tuvo su relativo éxito y todavía se conserva en algunos lugares.

stars.gifLas reliquias de los Reyes Magosstars.gif

Lo más increíble de estos imprecisos Reyes Magos es que, a pesar de su escasa base existencial y su número tornadizo, existen sus reliquias corpóreas, que durante siglos se han contado entre las más famosas de la cristiandad. Su rocambolesca historia es la siguiente: Como siempre, fue la emperatriz Elena, madre del famoso Constantino y personaje al que se atribuye el descubrimiento de casi cualquier reliquia que exista, quien dio con sus cuerpos en alguna zona próxima a Palestina, trasladándolos a Constantinopla en el siglo IV. Eustorgio, obispo de Milán, se encargó de llevarlas a esta última ciudad pocos siglos después, en un viaje cargado de mágicas incidencias.
Transportados en una carreta tirada por dos vacas, sufrió el feroz ataque de un lobo que dio muerte a una de ellas, pero Eustorgio castigó al fiero cánido obligándolo a uncirse al yugo para sustituir en el tiro a la vaca exterminada.

Las reliquias permanecieron olvidadas en Milán hasta que, en 1162, el emperador del Sacro Imperio Romano Federico I, el famoso Barbarroja, conquistó la ciudad y su archicanciller, el arzobispo de Colonia Reinaldo de Dassel, “redescubrió” las mismas en la iglesia de Sant’Eustorgio. Como corresponde a la tradición occidental, eran tres y se mantenían en tan buen estado que sus cuerpos conservaban piel y cabellos. El objetivo de Reinaldo de Dassel era llevarlos a su sede arzobispal de Colonia, y así lo hizo en otro viaje preñado de aventuras que duró, según se dice, treinta días, y de cuyo itinerario dejó constancia en una carta dirigida a su punto de destino. Según ésta, pasó por Turín y por Moncenisio, y atravesó los territorios de Borgoña, Lorena y Renania.

Por supuesto, otras crónicas hablan de itinerarios distintos, pero el caso es que numerosas poblaciones de Italia, Francia, Alemania y Suiza reclaman orgullosas el honor de haber dado cobijo y sustento a la comitiva de las reliquias, y recuerdan el acontecimiento con lápidas conmemorativas y albergues que se denominan “A los Tres Reyes”, “A las Tres Coronas”, “A la Estrella”, e incluso “Al morito”, refiriéndose a ese mago “negro” que describiera el “Pseudo Beda”. Incluso quedó un rastro de reliquias repartidas por las iglesias locales, como si el cortejo hubiese ido regalando a su paso fragmentos de los tres Magos.

stars.gifLa magia post-mortem de los Reyes Magosstars.gif

Este despiece parece que no mermó en absoluto la cualidad milagrosa de los Reyes Magos, a los que los fieles atribuyeron de inmediato un gran poder curativo. De algo tenía que servir el que fueran magos. Con la experiencia de su viaje desde Oriente hasta Belén y tanta traslatio de sus reliquias de un lado para otro, se convirtieron rápidamente en protectores de los viajeros, como san Cristobal, y a ellos se acudía en demanda de ayuda antes de emprender el camino. Incluso se los consideró patronos del último viaje ya que, entre sus ofrendas, portaban mirra, una resina utilizada en la momificación de los cadáveres y que simbolizaba la inmortalidad, de manera que se les rezaba pidiendo una buena muerte. También se confeccionaban filacterias, breves textos escritos en papel con sus nombres y una oración, que se llevaban como talismanes para librarse de las jaquecas, la epilepsia, las fiebres y los hechizos.

Estas filacterias se consideraban verdaderos objetos consagrados, ya que se creía que habían estado en contacto con los cráneos de las veneradas reliquias. Pero tampoco era imprescindible este necrófilo contacto pues, según un manuscrito del siglo XIII conservado en París, para combatir la epilepsia bastaba con murmurar al oído del enfermo una jaculatoria con el nombre de los tres Reyes Magos y de sus regalos. El poder profiláctico de estos monarcas era tan grande que, en Alemania, llegado el día de la Epifanía, era costumbre escribir con yeso las iniciales de sus nombres, “C+M+B”, en la puerta de las casas para que sus moradores quedaran protegidos contra demonios y sortilegios durante todo el año.

stars.gifLos hijos de Melchor, Gaspar y Baltasarstars.gif

Una leyenda tan exuberante en matices y diferencias no podía terminar así, sin más ni más, de manera que el asunto siguió creciendo y los Reyes Magos tuvieron descendencia. Fueron numerosas las familias europeas que, durante los siglos XIV a XVI, afirmaban descender de los famosos monarcas, incorporando a sus insignias heráldicas algún símbolo que lo reflejaba. Es el caso, por ejemplo, de los señores de Baux, linajudos nobles de la Provenza, que decían ser descendientes del rey Balthasar y lucían un blasón rojo con una estrella de plata de dieciséis puntas y estela de cometa. Sin embargo, de todos los descendientes del mágico trío de monarcas, el más famoso fue, sin duda, el Preste Juan, rey cristiano de un fabuloso reino situado en los enigmáticos confines de Asia. La fantástica historia cuajó en el siglo XII cuando apareció una carta enviada por este poderoso soberano al emperador de Constantinopla Manuele Comneno, aunque luego surgieron otras misivas enviadas a Federico Barbarroja y al propio Papa Alejandro III. Al igual que los Reyes Magos de quien descendía, el Preste Juan era un Rex et Sacerdos, es decir, aunaba la autoridad espiritual y terrenal, y en sus cartas describía los seres maravillosos que poblaban su reino, como el inigualable unicornio y el veloz sagitario “que tiene forma humana de la cintura hacia arriba, y de caballo hacia abajo”. ¿Leyenda? Quién sabe…

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La mujer y la serpiente
Decíamos antes que la diosa Madre tenía atributos. En un primer momento el principal fue la serpiente. La divinidad era Madre, pero también virgen, como la Tierra a la que representaba, un concepto posterior, del mundo patriarcal.

En el mundo arcaico dominado por las mujeres, éstas creaban de la nada una nueva criatura. No existía el concepto del padre fecundador, como explica Robert Graves en su libro "Los mitos griegos". La mujer creaba una criatura "por su propia voluntad", en todo caso fecundada por los vientos o las aguas.

El primitivo mito pelasgo de la Creación, cuenta que la diosa Eurínome nadaba en el nebuloso vacío; con sus movimientos ondulantes creó a la serpiente Ophión y con su trato engendró todo lo existente. Se convirtió en paloma y puso un huevo que, tras ser empollado, dio origen al mundo.
En este mito, Ophión se jacta de haber sido ella quien creó todo de la Nada, con lo cual ofende a Eurínome, quien le propina tal patada en la boca, que le arranca los colmillos. Según el mito, los pelasgos descendían de esos colmillos.

En esta tradición, así como en la bíblica, con Eva pecando por culpa de la serpiente del paraíso, los reptiles no quedan muy bien parados. Pero eso no fue así siempre. En el mundo "pagano", generalmente, la serpiente era beneficiosa. Se la tenía por símbolo de la sabiduría, de la eternidad y de la regeneración. Era apreciada su astucia, se deslizaba por la tierra y reposaba en su seno. Cuando se sospechó un acto "fecundador", se le achacaron a las serpientes muchos embarazos, sobre todo de personajes míticos. El sentido de regeneración y eternidad le vino dado por el hecho de dejar atrás su vieja piel.

Fue la mujer quien, con su capacidad de observación, imitó a la naturaleza reproduciendo artificialmente la cosecha espontánea, cultivando, dando culto a la tierra -he aquí la "moraleja" del mito hebreo sobre Caín y Abel, dar culto a la Tierra, cuando se tenía que dar a Yavé-, abriendo así el camino para un nuevo estilo de vida al que los historiadores han dado el nombre de "Revolución del Neolítico".

En tiempos remotos, la serpiente era la compañera de la Gran Diosa, siendo abundantes las representaciones en las que figura llevándola en sus manos, o enroscada a su pierna izquierda. Más tarde, cuando la divinidad tiene a su hijo Dionisos "el Oscuro", el que nace en una cueva, viene al mundo coronado de serpientes, uno de los emblemas de su madre.

La madre virgen
Maya, en la mitología árabe, era la madre de la Naturaleza y la Fecundidad; en la hindú, la madre Árbol, madre virgen de Buda; en la cultura mochica, también es la madre virgen. Para los romanos, según Ausonio, era la hija de Atlas y para los celtas era una diosa triple -la Luna en sus tres manifestaciones- que presidía los partos y otorgaba dones a los recién nacidos. Sus festejos se celebraban bajo los auspicios de la constelación del Toro, uno de sus atributos junto con el buey y la vaca: del 21 de abril al 20 de mayo.

Sea como fuere, en realidad todas ellas representaban divinidades agrarias simbolizadas en árboles, frutos, flores o, más tarde, imágenes de mujeres con un bebé en los brazos, a modo de Madres Trono de la divinidad masculina posterior. Al cristianizarse los ritos paganos, mayo pasó a ser el mes dedicado a María, siendo ella quién tomó el relevo de simbolizar a la Gran Madre como anteriormente lo hicieran Inanna, Isis, Deméter, Ceres, Cibeles, Ishtar, Astarté, etcétera.

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Aunque el concepto de “mujer” ha estado sujeto a interpretaciones históricas temporales, lo femenino ha transcendido más allá de los cambios de paradigmas como algo que permanece claro y preciso en el alma de los hombres desde la antigüedad.

La imagen de lo femenino en el Cosmos está presente en todas las culturas antiguas. Si partimos hacia el extremo Oriente, China en particular, consideramos que desde la Época Feudal aparece la noción de TAO como “Padre-Madre del Universo”. De la Gran Unidad proceden los dos reguladores, yin, lo femenino, y yang, lo masculino, cuya combinación al infinito crea todo el proceso del devenir.

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Además el Tao es el Gran Vacío de la Gran Matriz de todo lo que existe bajo al cielo. El Tao primordial es un “vacío lleno de potencialidades y de eficacia”. Para la antigua cultura china, lo femenino es parte de los Orígenes sagrados, del inicio, del mundo celeste creador. La potencia creadora no es exclusivamente masculina, como para Occidente; en el Tao, la interacción yin-yang constituye la unidad primordial.

En Oriente, la concepción bramánica muestra una trilogía de lo sagrado a través de Brahma, Vishnu y Shiva, pero estos tres aspectos no existen solos, sino en unión a su contrapartida femenina, su shakti.

Correspondiendo a:

Brahma Sarasvati Creadores

Vishnu Lakshmi Conservadores

Shiva Kali Destructores

Sarasvati: diosa de la Sabiduría, de la Música, de las Ciencias. Inspiradora
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de los Vedas. Renovación espiritual.

Lakshmi: diosa de la prosperidad, de la pureza, de la generosidad, la fortuna, la belleza.

Kali: diosa de la Danza Cósmica, los ciclos, y en consecuencia de la muerte.

Más allá de esta Trilogía sagrada, en India veneran a la Gran Madre, la Mahasarasvati o la Mahashakti, cuyas cualidades son: tranquilidad, compasión inagotable, energía, irresistible pasión, voluntad aplastante, belleza, armonía, ritmo, gracia cautivadora, conocimiento interno, trabajo cuidadoso, perfección tranquila y precisa en todas las cosas.

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Lo que nos da igualmente una plasmación de “lo femenino” a través de estas virtudes.

Por su parte, Aditi, que significa “sin ataduras”, es considerada la Madre de los dioses, una suerte de Rea griega. Es la fuente de todas las formas cósmicas de la conciencia.

EL AGUA COMO ELEMENTO COSMOGÓNICO FEMENINO


Todos los textos sagrados nos hablan de “las Aguas primordiales”, y los

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científicos actuales también nos dicen que la vida comenzó en el mar. De las Aguas primordiales o caóticas emergen todas las cosas y en ella se sumerge para morir todo lo manifestado.

La tradición oriental cita a la diosa Io, conocida bajos nombres diferentes, y le hace afirmar: yo soy la que es, ha sido y será. Yo soy la Naturaleza, madre de todas las cosas, dueña de todos los elementos, origen y principio. Reina de los mares.

LA VISIÓN GRIEGA

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En el pensamiento primordial de los griegos, Eros y Logos son inseparables. El pensamiento, el Logos, sería estéril sin Eros, y éste sin el Logos no tendría ni dirección, ni forma, sería la atracción sin sentido o la loca pasión sin misión. Sin la presencia de lo femenino, el principio masculino queda herido y la calidad de vida se deteriora. Cuando lo femenino no es reconocido, no tiene lugar la renovación de la vida.

En la Cosmogonía griega, tal como la presenta Hesíodo, encontramos que el Eros primordial jugará un papel muy importante, pues es el elemento que despierta la vida en medio del caos por medio de la atracción y la repulsión, y permite que el Logos cree y dé nacimiento a la Tierra y al cielo y a los otros planos.

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La presencia de las diosas en el Olimpo y sus cualidades infundieron en el pensamiento antiguo una veneración y respeto por lo femenino en todos los campos: Gea, Rea, Hera, Atenea, Afrodita, Deméter, Perséfone, Artemisa, por no nombrar sino las más conocidas, llenan todos los aspectos de lo femenino del Cosmos a la Tierra.

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stars.gifLa Estrella de Belénstars.gif Si hay un elemento que destaca por encima de todos en los nacimientos que decoran las casas por Navidad, ése es la Estrella de Belén, cuyo origen y naturaleza ha sido desde siempre un misterio al que la ciencia ha buscado –sin éxito– explicación. La culpa deben repartírsela a partes iguales Orígenes y Giotto. El primero, porque en el siglo III sugirió la posibilidad de que la estrella de Belén citada en los evangelios fuera el cometa Halley.
Y el segundo, porque en su arrogancia quiso inmortalizar la equivocada tesis en el año 1305, fecha de la que data su obra La adoración de los Reyes Magos. Y es que resulta que Giotto había visto tres años antes el paso del citado cometa sobre la bóveda celeste, espectáculo que se repite cada ochenta años despertando –y en ocasiones enervando– todas las fiebres milenaristas. Entonces, al ver aquella estrella de larga cabellera creyó que, posiblemente, era la Estrella de Belén de la que hablaban los textos sagrados. La grabó en su mente y de ahí la trasladó al pincel para su cuadro

El error de Giotto provocó que cuando poco después comenzaron a popularizarse los belenes por Navidad, los primeros que pusieron figurillas al nacimiento decidieran coger una estrella con estela para representar a la enigmática luz de Belén. Así las cosas, es el Halley lo que preside nuestros belenes año tras año. Eso sí, el error es garrafal, porque aquel cometa pasó por Oriente Medio en el año 12 a. de C., es decir, casi una década antes del nacimiento del Mesías… Pero al margen de creencias, belenes y mitos, este astro ha provocado año tras año que astrónomos y expertos ofrezcan hipótesis de todo tipo para explicar su origen.

La discusión es vana: “Si atendemos a lo que dicen los textos canónicos y apócrifos, cualquier explicación que pretenda ofrecerse es realmente ridícula porque ningún fenómeno cósmico puede explicar qué es la estrella de Belén”, asegura el experto en folklore Carlos Canales cuando se le pregunta por la última hipótesis para dar carta de naturaleza al astro que precedió al nacimiento y que guió a los Magos de Oriente. Dice esa última propuesta que la explosión de una estrella –es decir, una supernova– cuyo halo quedó durante meses clavado en la bóveda celeste pudo haber sido la causa.

El Evangelio de Mateo nos ofrece la primera pista a seguir para identificar el fenómeno: la estrella condujo a los Magos hasta Jerusalén; allí se reunieron con Herodes para hacerle partícipe de que este descubrimiento podría señalar el lugar del anunciado nacimiento del Mesías y, mientras el iracundo monarca preparaba su infanticidio –que dicho sea de paso, también parece que fue un invento de los intérpretes o, cuanto menos, una exageración histórica–, los Reyes Magos se acercaron hasta donde la estrella les guió.

Ésta se detuvo sobre el pesebre y los orientales le ofrecieron sus dones: oro, incienso y mirra. Pero los problemas de interpretación empiezan aquí, porque aunque el mito está extendido por todo el orbe cristiano, la realidad nos dice que sólo Mateo cita el hecho. Por tanto, para poder ir un poco más allá es necesario acudir a los apócrifos, libros prohibidos por la Iglesia pero que, sin embargo, son fundamentales a la hora de explicar la iconografía navideña. Uno de quienes hicieron ese ejercicio fue El Bosco, que en su tríptico al óleo Adoración de los Magos nos dejó un legado sorprendente en donde el fenómeno no se representa cuan cometa de larga cabellera, sino con el aspecto de un oscuro Sol…

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En el 2012, la vieja energía dará duras puntadas para desalentar el cambio.

Amplifiquen sus energías y anclen la luz. Alinéense en el Cristalino.

¿Qué ocurrirá en el 2012?

Lo qué sucederá en el año 2012 es un nuevo comienzo. Ese nuevo comienzo es la Nueva Plantilla de la Nueva Tierra. La Ascensión de la Tierra permitirá la revisión dimensional y la expansión del planeta. La Tierra se está transfiriendo a un Campo Cristalino, ampliándose desde la cuarta hasta las 12 dimensiones.

La matriz Cristalina se genera a partir de los siguientes acontecimientos primarios y sus consecuencias:

  • v La codificación del Disco Solar Crístico y el Vórtice Cristalino en el 11-11-11. MAX (la calavera de cristal) es el 13 paradigma, la original Biblioteca de Cristal extraterrestre está llamada a estar en Arkansas para codificar las frecuencias para la Transición de Cristal. Esto ocurre entre el 11-11-11 y el 12/12/12. MAX es la fuente de los códigos.
  • v La Rejilla Cristalina, que se completa el 12/12/12
  • v La Unificación de los 12 Discos Solares Primarios, que representan el nuevo ADN, los códigos o el anteproyecto para la frecuencia de la nueva Tierra.
  • v La Unificación Global de los Campos del Vórtice Cristalino, los dos principales se encuentran en Arkansas y Brasil.
  • v La finalización de la red Piramidal-Octaédrica que implica la transferencia “Cristalina-Cósmica” a través de la infraestructura de la red piramidal y energía de los nodos en el planeta Tierra con la que la Red Planetaria y la Rejilla Cósmica se conecta con Orión y Arcturus.

Se trata de la realización de los ajustes finales que se requieren en el 2011 y 2012 para terminar la anunciada Ascensión. En muchos sentidos, la Ascensión ha estado en curso desde 1987, pero es la Rejilla, Discos Solares, Vórtices Cristalinos y Red Piramidal lo que aún no se ha ajustado y necesita ser concluido.

Muchos de ustedes son, de hecho, transportadores de códigos, ingenieros del cristalino y de la mecánica cuántica que están aquí para ayudar a completar el cuadro. Algunos de ustedes son enviados desde el futuro. Otros son miembros de la ‘Alianza Sirio-Pleyadiana´ que ayudan a modernizar las estructuras de poder, los centros de Portales-vórtices y de la Línea de Ley por turnos. Esto se aplica especialmente a aquellos de ustedes que se denominan “Guardianes de la Tierra”.

Es por eso que se ven obligados a alinear las energías en los mega centros como el Vórtice de Cristal de Arkansas o los Discos locales. Se trata de un trabajo en el que intuitivamente se sienten atraídos por completo, y que usted conoce muy bien. Muchos de ustedes tienen su contraparte entre las naves de Pléyades y Sirio designados para asistir en esta etapa de conclusión.

Fechas de energía y las fases de activación del 2012

Hay ciertas frecuencias clave que ocurren en fechas específicas en el año 2012. Los equinoccios, los solsticios y los eclipses son muy poderosos, y cada uno representa códigos finales de la Ascensión.

Lo que se denomina la 12da. Onda de la Ascensión comienza a finales de enero y continúa hasta el 12/12/12.

Las fechas clave del año 2012 son las siguientes:

* 25 de enero – inicio de la 12da. Onda de la Ascensión.

* 03 de febrero – Neptuno en Piscis: Gran Visión interior se mejora dentro de la 12da. Onda.

* 08 de febrero – Quirón en Piscis: Una gran oportunidad para la liberación individual y sanación global.

* 20 de marzo – Equinoccio – La cuarta ola y último Disparador Cósmico, descarga e inicialización de los Códigos Cristalinos.

* 20 de mayo – Eclipse Solar: macro integración la humanidad – el Divino equilibrio Masculino.

* 04 de junio – Lunar Eclipse: micro integración de la Humanidad – Divino equilibrio femenino.

* 6 de junio – Tránsito de Venus: Integración con la ‘Alianza Sirio-Pleyadiana´, la devolución completa de las energías del Delfín Dorado, la integración inicial de lo Divino Femenino al Divino Masculino.

* 20 de junio – Solsticio de Verano: Extremadamente potente, se completa el cuarteto de fechas con el eclipse Solar del 20 de mayo y el eclipse Lunar del 4 de junio con el tránsito de Venus del 6 de junio. Esta será una energía muy intensa, que incorpora una entrada final de los códigos de energía y permite la liberación de todas las obstrucciones.

* 22 de septiembre – Equinoccio de otoño: formación inicial de las redes de todos los Discos Solares de los 12 Discos Primarios al formato cristalino.

* 13 de noviembre – Eclipse Total de Sol: Activación de los 144 Discos Solares Satélites en los 12 Discos Primarios. Integración Final de la Rejilla del Masculino Divino en el equilibrio.

* 28 de noviembre – Eclipse Lunar: Penumbra – Se completa la Rejilla final con la integración de lo Divino Femenina.

* 12 de diciembre – (12/12/12) Portal de fecha triple: Culminación final y conclusión de la Rejilla Cristalina. Activación final de los Cristales del Templo Atlante en el nuevo código, con la unificación de las estructuras Piramidales y los Discos Solares. Combinación y balance de las energías masculinas y femeninas en la Unidad Divina. Codificación final de Max en el Vórtice Cristalino.

* 21 de diciembre – Solsticio de Invierno: Reinicio de la Rejilla de Ascensión y la red Cristalina del Campo Cuántico. Expansión a un mayor acceso a las 12 dimensiones. El “Dedo de Dios”, formación de Saturno, Júpiter y Plutón.

El reinicio del 12/12/12

En el 12-12-12 todos los sistemas serán totalmente codificados. Activación del Cristal de Fuego de Bimini correlacionado con el Vórtice de Cristal y Disco Solar Crístico de Arkansas. A continuación se realiza un breve reinicio y todo volverá a reactivarse en completa funcionalidad con todos los sistemas del Campo Cristalino en el 12/21/12, ó 21 de diciembre del 2012.

La economía

Muchos ven que la montaña rusa de la economía continúa trayendo tensión sobre áreas que generan un gran temor y preocupación. Algunos han pronosticado un colapso total. Mientras que el sistema económico debe y va a cambiar, un colapso total en el caos global no serviría a la Nueva Tierra. El desplome total no va a ocurrir, no se va a permitir que se produzca. El cambio al nuevo sistema se llevará a cabo, pero pasarán muchas décadas. Será un proceso gradual.

La elección presidencial estadounidense del 2012

Ahora, antes de terminar este ensayo, vamos a hablar brevemente sobre las elecciones que ocurren en noviembre de 2012 en los Estados Unidos. No vamos a predecir un ganador, pero le diremos que es un momento muy importante. Vamos a decir que el presidente Obama es un alma de luz mayor, y ofrece un camino mejor para los Estados Unidos. La elección será difícil para él, pero las mejores probabilidades descansan en su re-elección. Pero esto no es una certeza, hay muchos factores en juego. El futuro es siempre un objetivo en movimiento, y en este escenario no es nuestra función prever el resultado, mientras que este resultado sigue siendo una opción y no está determinado aún. Vamos a decir que Obama es un hombre que se preocupa más por el cuidado de todos los ciudadanos. Sin embargo, Estados Unidos está a muchas décadas de distancia de tener una verdadera representación de su gobierno.

Cierre

Les decimos que el 2012 es el tiempo anunciado. Es la terminación lineal de la Ascensión Planetaria. La ascensión planetaria ofrece una nueva Tierra dentro de la plantilla expandida y completamente funcional Rejilla Cristalina 144. Estas son las energías que permiten la conversión armónica en masa de la humanidad para alcanzar la Ascensión. Pero les decimos que los cambios serán graduales dentro de la humanidad en términos de movimiento de un tiempo lineal.

La mayoría de la humanidad se mirará el 22 de diciembre y dirá: “No ha pasado nada, ¿cuál fue el problema?”. Sin embargo, los iluminados como tú saben que algo magnífico ha ocurrido y que el verdadero comienzo de la Ascensión en efecto ha amanecido.

Que todo el año sea….

Navidad, que el espíritu

navideño viva siempre en

nuestros corazones

generando amor.

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En ésta época estamos

abiertos a la conciliación,

a la tregua, a empezar de

nuevo. Pero… ¿No es así

como deberíamos vivir

todos y cada uno de

nuestros días?

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Es el momento propicio

para “AGRADECER”

Gracias por todas las

bendiciones recibidas,

por todo el amor que me

fue entregado, pude

sentir y expresar.

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NavidadAzul

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