libro perdido…..de ENKI

ASF Ateismo Sin Fronteras Dialogo entre Ateos y quien lo desee.
¿Estamos preparados para saber más sobre nuestro origen?.
Muchos de nosotros sí estamos preparados segun los contenidos expùestos en los trabajos de Zecharia Sitchin y de algunas de las tablillas sumerias que hablaban de nuestro origen, y que fueron encontradas en Nínive en el siglo XIX y traducidas por Zacharia Sitchin en una saga de libros. Uno de ellos en particular, no contiene ni una coma del autor (Sitchin), pues es la traducción literal del contenido de catorce tablillas que formaban un conjunto de libros titulados por Sitchin como “El Libro perdido de Enki” .

Zecharia Sitchin que no era un ufólogo como dice la Wikipedia se educó en Palestina donde adquirió conocimiento del hebreo moderno y clásico, las lenguas semíticas y europeas, el Antiguo Testamento y la historia y la arqueología de Oriente Próximo y era uno de los pocos eruditos versados en lenguas antiguas, con conocimiento, hablado y escrito, del sumerio, lo que le permitió traducir el contenido de textos de 6000 años y antigüedad y llegar a la conclusión de que los pasajes conocidos de Génesis del Antiguo Testamento, como muchos otros momentos conocidos de la Biblia Hebrea, que han sido asimilados en nuestra cultura, como mitos o parábolas, son en realidad pasajes recogidos de los textos sumerios, su fuente original. Estos textos, de 6000 años de antigüedad en muchos casos, recogían sucesos y crónicas de eventos muy anteriores protagonizados por seres inteligentes, considerados por los sumerios como superiores o dioses, llegados de otro planeta.

Tablilla sumeria que recoje las crónicas de los Annunaki en la Tierra.

A mediados de siglo XIX los arqueólogos descubrieron la antigua capital asiria de Nínive (hasta entonces sólo conocida por el Antiguo Testamento) y hallaron en las ruinas del palacio de Assurbanipal una biblioteca con los restos de alrededor de 25.000 tablillas de arcilla inscritas.

Arriba representación bíblica de la ciudad de Nínive

Los historiadores saben ahora que la civilización sumeria floreció en lo que ahora es Iraq casi un milenio antes de los inicios de la época faraónica en Egipto, y que ambas serían posteriormente seguidas por la civilización del Valle del Indo (subcontinente indio).

También es sabido que fueron los sumerios los primeros en plasmar por escrito los anales y relatos de dioses y hombres, de los cuales, todos los demás pueblos, incluidos los hebreos, obtuvieron los relatos de la Creación, Adán y Eva, Caín y Abel, el Diluvio Universal, la Torre de Babel, etc.

Arriba mapa con dos de las regiones donde se crearon las dos primeras civilizaciones, Sumeria y Egipto.

Los conocedores de la cultura griega y mesopotámica han plasmado la historia, ahora conocidas como mitos, de dioses y hombres, reflejados en escritos por hititas, cananeos, griegos, persas e indoeuropeos. Todas esas fuentes atestiguan que beben de fuentes aun más antiguas, algunas de ellas descubiertas, otras perdidas. Una extensa comparativa de los llamados “mitos” recogidos por culturas y civilizaciones como la griega y los hechos ocurridos y plasmados como históricos en las tablillas sumerias puede encontrarse en el libro “Las Guerras entre Dioses y Hombres” de Zecharia Sitchin.

Nuevos hallazgos en palentología, antropología, geología, astrofísica y astronomía no han hecho más que dar la razón a los que vieron desde el primer momento en el conocimiento recogido en tablillas sumerias que muchos de esos modernos descubrimientos ya se conocían y habían sido recogidos en tablillas de miles de años por los sumerios, que a todas luces fueron los depositarios del conocimiento de una civilización avanzada que llegó de otro planeta. Estos seres tuvieron una influencia directa en los acontecimientos ocurridos en la Tierra a partir de su misma llegada y su propio planeta, Nibiru, antes incluso de ser habitado, ya había tenido un destino crítico en la formación del planeta Tierra.

Muchos de estos hallazgos y la verificación del conocimiento de las tablillas sumerias pueden encontrarse en el libro “El Génesis Revisado” por Zecharia Sitchin.

Estamos hablando de decenas de miles de tablillas de arcilla descubiertas en ruinas antiguas de Oriente Próximo. Algunas hablan de asuntos cotidianos, aspectos laborales o comerciales, otras conforman los Anales Reales; otras son literatura sagrada o textos canónicos escritos en sumerio y traducidos después al acadio (primera lengua semita) y posteriormente a otras lenguas. En algunos de estos libros se encuentran referencias a libros aun más antiguos, perdidos que se remontan a seis mil años atrás.

Arriba una tabla de contenido puramente administrativo con un sello de una figura masculina y perros de caza.

Algunas tablillas describen la creación de la Tierra actual a partir de un planeta primitivo llamado por los habitantes de Nibiru “Tiamat” (dadora de vida) que se partió en dos a raíz del choque cataclísmico con Nibiru, un planeta llegado de muy lejos, que por alguna razón desconocida, se vio atraído por la fuerza gravitatoria del Sol y colisionó con Tiamat partiéndolo en dos. Uno de los satélites de Tiamat, Kingu, dio origen a la Luna y la otra parte del planeta se extendió en lo que hoy se conoce como el cinturón de asteroides, y los sumerios llamaban “El brazalete repujado”.

Sitchin postula la hipótesis intervencionista de la creación humana, según la cual seres extraterrestres serían los responsables del inicio y la evolución de la especie humana.[3] Esta hipótesis, aún sin base científica reconocida por la comunidad internacional, son revestidas por Sitchin con una pátina de autenticidad basada en presuntas investigaciones arqueológicas. De hecho, gran parte de la comunidad arqueológica le considera un charlatán y un farsante

Es autor de las «Crónicas de la Tierra», una serie de 12 libros en los que expone el resultado de sus investigaciones: «El 12º planeta» fue el primero de ellos. Sus «teorías» han provocado muy diversas reacciones; a casi nadie deja indiferente. Según su «teoria», existe en el sistema solar un planeta llamado Nibiru que se acerca cada 3600 años, provocando cambios positivos en nuestro sistema solar y/o catástrofes.[4]

El dice haber traducido las tabletas Sumerias que se referían a una raza alienígena, que habían creado a los humanos para que trabajar como esclavos en sus minas de Africa. Esta raza se le llama Anunnaki o Abbennakki, y dice que los de "cabeza negra" de Sumeria fueron creados por esos seres al mezclar las esencias de vida del hombre y las bestias, dibujando a una criatura parecida al mono como la bestia. La gente de "cabeza oscura" fueron considerados esclavos en la jerarquía sumeria. Las tabletas sumerias se refieren a la gente de cabeza oscura, que fueron creados en una región geográfica llamada ‘AB.ZU.’, la cual dice que corresponde a África del oeste.[5]

dice que la realeza era una combinación de "Dragones" y humanos, o que eran descendientes directos del dios solar, Shamhash. Los Anunnaki son 23 dioses del panteón sumerio, incluyendo a Enlil (señor de los vientos) y Enki (señor de la tierra). A estos dioses solares se les llamaba ‘Sir’, o Dragones, en Babilonio. Así mismo, la palabra, ‘Sir’, aparentemente significa ‘gran serpiente’ que es relativa en Sánscrito con la palabra ‘Sarpa’, que también describe a los "dioses gragones" quienes crearon y regían, a la cultura drávida.

Según Sitchin, los annunaki probablemente aun existan en otro plano de existencia, y aun pueden influir en la humanidad. Se especula que esa raza podían ser anfibios, reptiles o semi reptiles, según las descripciones antiguas.

Nibiru según la descripción de Zecharia Sitchin y la ufología

En opinión de Zecharia Sitchin, el planeta sería real, y habría adquirido el nombre del dios babilonio Marduk a consecuencia de una usurpación del poder por parte de este dios en el 2024 a.C., atribuyéndose la creación de la Tierra mediante la falsificación en las copias del poema épico Enûma Elish.

Arriba representación de la colision entre la Tierra Primitiva, “Tiamat” y Nibiru y cómo tras la colision la Nueva Tierra (“Ki”) pasó a tener otra órbita

Sin embargo, los científicos argumentan que un planeta con una órbita así, o bien desarrollaría una órbita circular o escaparía de la atracción solar para vagar por el espacio. Por eso las teorías de Sitchin se consideran seudocientíficas. Además, una enana marrón con un período de 3.760 años sería evidente para las observaciones infrarrojas y gravitacionales.

Su infuencia en la cultura popular

Recientemete ha sido publicado un videojuego llamado "Nibiru: El Mensajero de los Dioses"; es una aventura gráfica de la compañía Future Games, con la producción de The Adventure Company. La historia parte de un supuesto hallazgo de los nazis, al final de la II Guerra Mundial, de la manera de aprovecharse de la tecnología de los habitantes del planeta, pero sin tiempo para conseguir influir en el resultado de la guerra. Sus hallazgos quedarían escondidos y es en el tiempo actual cuando vuelven a aparecer, en esta aventura que destaca por sus grafismos excelentes y su ambiente de intriga maravillosamente conseguido. Pese a algunos pequeños defectos (los personajes no están tan bien logrados como los decorados, por ejemplo), es un lujo para los amantes de la aventura gráfica.

Planeta Hercólubus: ¿Está la Tierra en Peligro?

El planeta Hercólubus penetró la órbita terrestre por última vez hace 13 mil años y habría causado el fin de la Atlántida. Ahora, estaría de nuevo acercándose a la Tierra con una misión tan defintiva como noble: purificar su aura de las malas energías. La única esperanza de evitarlo radica en el cambio de la humandidad hacia la luz. ¿Seremos capaces de detener la catástrofe?

"Un Asteroide Gigante Podría Golpear la Tierra en 2014" y "Tierra Bajo Ataque". Así titularon los sitios web de CNN y la BBC respectivamente hace pocos días. Se referían al asteroide 2003-QQ47, que con aproximadamente 1.066 m de ancho se dirige hacia nuestro planeta y podría impactarla el 21 de marzo del año 2014.

Hercólubus

Aunque los espacios entre estos cuerpos y la Tierra son tan grandes que la frecuencia de los impactos no va más allá de una entre 909,000 de posibilidades, los astrónomos están atentos. Mediante programas como NEO’s (por sus siglas en inglés: Near Earth-Objects, u Objetos Cercanos a la Tierra), se dedican a observar, rastrear y buscar asteroides que pudieran representar una amenaza para nuestro planeta observando diversas regiones del cielo. Cada vez que descubren uno, efectuan nuevas mediciones que permitan determinar su órbita preliminar, la cual se va ajustando con el transcurrir del tiempo y la acumulación de un mayor número de observaciones.

A diferencia del programa SETI (Programa de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), que obliga a informar en el caso de encontrar señales de vida en el espacio, en programas NEO no existe regulación para dar a conocer un verdadero riesgo de choque de cometas o asteroides con nuestro planeta. Aunque la situación actual de 2003-QQ47 sólo permite indicar posibilidades de choque en base a una órbita muy preliminar, el peligro persiste.

Esta información impacta, pero es nada al lado de una amenaza mucho mayor. Una que no aparece en los periódicos. Una de la que pocos hablan. Una que se susurra en círculos muy cerrados, pero que a todas luces aparece como real. Se trata del aproximamiento del planeta Hercólubus, que muy bien podría ser el anunciado Apocalipsis para la humanidad. Ese momento fatal retratado en la Biblia en que todo rastro de vida será borrado de la faz de la Tierra. El tema no es nuevo, pero cobra vigencia porque el plazo estaría a punto de cumplirse.

Según muchas profecías antiguas, este misterioso cuerpo celeste, también llamado Planeta Rojo, se vendría acercando peligrosamente a la Tierra con una inminente amenaza de exterminio de la vida humana. No debido a una colisión, sino a la acción de su gigantesco campo gravitatorio cuando pase cerca de la órbita terrestre. Al ponerse a la misma distancia a la que está el Sol de la Tierra y pasar por un ángulo de nuestro Sistema Solar, provocaría múltiples terremotos, maremotos, erupciones volcánicas y otras catástrofes cada vez más intensas, como mortíferas epidemias que nadie sabrá como curar, un calor intenso que secará los campos y la vida y provocará un hambre arrolladora, y una creciente oscuridad. Esto, a su vez, producirá desequilibrios mentales masivos y el desborde incontrolable de las masas humanas. El cataclismo final se produciría cuando el planeta alcance su mayor acercamiento a la Tierra, con el el vuelco de los ejes de rotación del planeta; el Ecuador se convertirá en Polos y los Polos en Ecuador. Los océanos, expulsados violentamente de sus lechos por estas fuerzas cósmicas, sumergirían al planeta entero.

¿Qué hay de cierto y cuánto de mito en este vaticinio?

La información sobre el Hercólubus es escasa y dispersa, incluso contradictoria, y como muchos asuntos de esta índole ha sido desvirtuado hasta la saciedad con pronósticos falsos. Pero aunque nadie tiene la verdad absoluta, hasta las investigaciones más "científicas" y "serias" apuntan a que realmente existe. Se trataría del mismo planeta que, según el astrónomo Joseph Lando, causó el trágico fin de la Atlántida al completar su órbita anterior hace 13.000 años, cuando penetró por última vez nuestro Sistema Solar y desvió el eje terrestre. Perteneciente a la constelación de Orión, Hercólubus sería varias veces más grande que Júpiter -el cuerpo celeste de mayor tamaño de nuestro sistema solar-y presentaría órbita y cola de cometa, y masa de planeta. Se dice que forma parte del sistema solar de dos estrellas, una brillante y otra oscura, y que viaja en una órbita extremadamente elíptica y perpendicular a la Tierra alrededor de nuestro Sol y de otro sol muerto o negro. Oscuro y frío, se encontraría aún en un primitivo estado de evolución

La distancia máxima de Hercólubus al Sol es de 400 o 500 unidades astronomicas (1 u.a.= distancia de la Tierra al Sol), y su distancia mínima es de unas 4 o 5 u.a. (entre el Cinturon de Asteróides y Júpiter). Le lleva 6.600 años terrestres recorrer una órbita elíptica en torno de nuestro Sol haciendo un lazo sobre los planetas exteriores, y por encontrarse la mayor parte del tiempo demasiado lejos del Sol es difícil detectarlo. A esto se une el que el planeta esté aparentemente compuesto por un material que absorve la luz y dotado de una especie de capa infraroja artificial que le ayuda a preservar el calor y lo mantiene fuera del espectro visible. A diferencia de un agujero negro, Hercólubus no succiona la luz, sino que apenas la refleja, pero por su enorme tamaño y su progresivo acercamiento a la Tierra pronto será visible a simple vista, y el efecto que se espera sería igual de catastrófico que el que experimentó la Atlántida hace milenios.

Los Mayas y la Biblia lo anunciaron

Una las bases sólidas en las que se apoya la existencia de Hercólubus son las Profecías Mayas. Aunque no mencionado con ese nombre, está presente prácticamente en todas ellas, que culminan el año 2012 con el advenimniento de una humanidad armónica y feliz, plenamente conciente de lo que ES, que vibra en amor y nombra sus representantes para la Confederación Galáctica, en una nueva etapa donde ayudará a evolucionar a otras humanidades de la tercera dimensión.

La primera referencia y que se conserva hoy en el Museo Ashmolean de Oxford son unos prismas de arcilla con la lista de los diez soberanos antediluvianos, período que abarca 432.000 años de reinado (43.200 años de reinado por cada rey de media, lo que nos da la clara idea de que estamos hablando de unos seres con una longevidad pasmosa desde nuestra óptica humana).

Prisma Weld-Blundell,Oxford

El texto de la lista más completa escrito en cuneiforme sobre un pequeño prisma de barro (Prisma WB, 1923.444, hoy atesorado en Oxford) y conocido con el nombre de Lista real sumeria pertenece a la colección Weld-Blundell y ha sido traducida por Thorkild Jacobsen.

Ciudad / Rey

  • Eridu /A-lulim
  • Eridu / Alalgar
  • Bad-tibira/ En-men-lu-Anna
  • Bad-tibira/ En-men-gal-Anna
  • Bad-tibira/ Dumu-zi
  • Larak/ En-sipa-zi-Anna
  • Sippar/ En-men-dur-Anna
  • Shuruppak/ Ubar-Tutu

Se conocen más de una docena de ejemplares de Listas de Reyes Sumerios, encontrados en Babilonia, Susa, y en la Biblioteca Real Asiria de Nínive, del siglo VII a. C. Se cree que todos proceden de un original que probablemente fue escrito durante la tercera dinastía de Ur o un poco antes. El ejemplar mejor conservado de la Lista de Reyes Sumerios es el llamado Prisma de Weld-Blundell. La lista comienza así: “Tras descender el Reinado del Cielo, Eridú (lugar donde según la Biblia estuvo el Jardín del Edén) se convirtió en la sede del Reino”. La Lista de los Reyes Sumerios, al igual que la Biblia, habla acerca del Diluvio: “Después de que las aguas cubrieran la tierra y que la Realeza volviera a bajar del Cielo, la Realeza se asentó en Kis”.

Tanto las Tablillas de Nippur como el Prisma de Weld dan los nombres y reinados como siguen:

REY / REINÓ EN/ DURACIÓN

  • Alulim Eridú 28.000 años
  • Alalmar Eridú 36.000 años
  • Emenluanna Badgurgurru 43.000 años
  • Kichunna Larsa 43.000 años
  • Enmengalanna Badgurgurru 28.000 años
  • Dumuzi Badgurgurru 36.000 años
  • Sibzianna Larak 28.000 años
  • Emenduranna Sippar 21.000 años
  • Uburrato Shuruppak 18.000 años
  • Zinsuddu Utnapishtim 18.000 años

La primera ciudad que se fundó fue Eridú. Su santuario inicial allí, una maravilla de la arquitectura en aquellos primitivos días, se elevaría y crecería con el tiempo hasta convertirse en un magnífico templo-morada, el E.EN.GUR.RA («Casa del Señor Cuyo Retorno Es Triunfante»), adornado con oro, plata y metales preciosos del Mundo Inferior, y protegido por el «Toro del Cielo».

Arriba representación de la morada E.EN.GUR.RA en la ciudad sagrada de Eridú.

Arriba actual posición de la antigua Eridú en Irak actual.

Estos textos sugieren que un testigo presencial de todos los acontecimientos, y quien dictó a un escriba los más importantes de entre ellos, de una importancia extraordinaria fue EA (en sumerio, Aquel cuyo hogar es agua). Uno de esos libros, inscrito en catorce tablillas, (la última con la nota del traductor) explican la llegada a la Tierra de seres procedentes de Nibiru hace algunos cientos de miles de años con el objeto de buscar oro necesario para el restablecimiento de la atmósfera dañada en aquel entonces de Nibiru, su planeta de origen, el cual completa un Shar (una vuelta a nuestro Sol) cada 3600 años y el cual se acerca, en ocasiones de forma peligrosa, a nuestro Sistema Solar para completar cada órbita, provocando situaciones peligrosas y eventos geológicos y climáticos, tanto en la Tierra, como en Nibiru.

Arriba representación de EA también llamado Enki, que tuvo una importancia crítica en la “Misión en la Tierra” de los Annunaki

Por supuesto, los llegados pertenecen a la casa real de Nibiru, son nobles, cuyas normas de sucesión y herencia, y las disputas por el mandato y el lugar en la jerarquía, ocasionan a lo largo de los cientos de miles de años, que narra el Libro mencionado, conflictos enconados y violentos donde hay asesinatos, destierros, castigos, diferencias de opinión y algunos conflictos bélicos con la Tierra con armas nucleares incluídas.

Estos seres provenientes de Nibiru, privilegiados que tuvieron la ocasión de conquistar un planeta aparentemente no habitado hasta entonces por vida inteligente, pero al mismo tiempo, y al parecer víctimas de un exilio forzoso motivado por el hecho de seguir proveyendo del oro necesario para la supervivencia de la atmósfera de su planeta amado de origen, no son representados como “malos” ni “buenos”; son capaces de una entrega extraordinaria, de hazañas increíbles, la culminación de las cuales es la creación de seres inteligentes, concebidos como “ayudantes” en la dura tarea de extraer el tan ansiado oro, a riesgo de saltarse algunas normas y leyes existentes en el Universo y convirtiéndose de esa forma en “creadores”, pero también conocedores de la envidia, la codicia, la ambición, la insatisfacción, la venganza, el odio y otros sentimientos considerados por nosotros como “humanos” y los cuales provocan divisiones entre dos clanes durante cientos de miles de años, el encabezado por Enki y el liderado por Enlil, su hermanastro.

Tres hermanos, Ea (luego llamado Enki), Enlil (señor de Mandato, a quien se asigna la Misión de la Tierra) y Ninki son los protagonistas principales de esta historia, los tres hijos de Anu, soberano de Nibiru.

El relato sencillamente narrado resume la historia de cientos de miles de años desde la Llegada de los Annunaki a la tierra hasta el ascenso de Marduk, el primogénito de Enki, al poder en Egipto. Ellos fueron los primeros “Annunaki ” que “llegaron a la Tierra del Cielo”. Su Misión y la de sus descendientes en la Tierra comenzó a complicarse seriamente cuando decidieron crear al “Trabajador Primitivo”, no sin antes sortear muchos obstáculos éticos, políticos y técnicos.

Lo importante sobre el origen de la humanidad es que es un hecho absolutamente único. Aparentemente, a juzgar por la crónica de Enki, nunca se había oido hablar del hecho de crear un ser de la nada ya que “todos los seres descienden de una simiente evolucionada a lo largo de eones”; pero la necesidad de forjar un Trabajador Primitivo, motivó que se diera via libre a una idea de Ea ( o Enki ) basada en poner la señal de los Annunaki a una simiente ya existente en la Tierra, homínidos que caminaban erectos en dos piernas hace 300.000 años, y que vivían entre los animales de las estepas.

Después de que Enlil llegara a la Tierra en persona, el «Mando de la Tierra» fue transferido de Enki a Enlil. Es probable que fuera entonces cuando el epíteto o nombre de Enki se cambió por el de E.A («señor aguas»), en vez del de «señor tierra».

Los textos sumerios explican que en época tan temprana como la de la llegada de los dioses a la Tierra, se acordó una separación de poderes: Anu permanecería en los cielos y gobernaría el Duodécimo Planeta, Enlil mandaría en las tierras y Enki se haría cargo del AB.ZU (apsu en acadio). Dejándose llevar por el «acuoso» significado del nombre E.A, los expertos tradujeron AB.ZU como «profundidad acuosa», suponiendo que, al igual que en la mitología griega, Enlil representaba al descomunal Zeus y Ea era el prototipo de Poseidón, Dios de los Océanos.

En otros casos, se hacia referencia a los dominios de Enlil como los del Mundo Superior, y los de Ea como los del Mundo Inferior; una vez más, los expertos supusieron que Enlil controlaba la atmósfera de la Tierra, mientras que Ea era el soberano de las «aguas subterráneas» -el Hades griego en el que se supone que creían los mesopotámicos. El mismo término abismo (que se deriva de apsu) nos trae la idea de las aguas profundas, oscuras y peligrosas en las que uno se puede hundir y desaparecer.

Así, a medida que se iban encontrando textos mesopotámicos que hablaban del Mundo Inferior, los expertos los iban traduciendo con el término Unterwelt («mundo subterráneo») o Totenwelt («mundo de los muertos»).

Ha sido sólo en los últimos tiempos cuando los sumerólogos han mitigado de algún modo la ominosa connotación, traduciendo aquel término por la palabra netherworld.

Los textos mesopotámicos que mayor responsabilidad tuvieron en esta mala interpretación fueron los que constituyeron la serie de liturgias que lamentaban la desaparición de Dumuzi, mejor conocido como el dios Tamuz de los textos bíblicos y cananeos. Fue con él con quien Inanna/Ishtar tuvo su amorío más famoso y, cuando desapareció, al que fue a buscar en el Mundo Inferior.

El enorme Tammuz-Liturgen und Verwandtes de P. Maurus Witzel, una obra maestra sobre los «textos de Tamuz» sumerios y acadios, sólo ayudó a perpetuar el error. Los relatos épicos de la búsqueda de Ishtar se tomaron por un viaje «al reino de los muertos, y su posterior retorno a la tierra de los vivos».

Los textos sumerios y acadios que describen el descenso de Inanna/Ishtar al Mundo Inferior nos dicen que la diosa decidió hacer una visita a su hermana Ereshkigal, señora del lugar. Ishtar no fue allí ni muerta ni contra su voluntad; fue viva y sin que la invitaran, abriéndose paso ante el guardián a base de amenazas:

Si no abres el pórtico para que pueda entrar,
haré pedazos la puerta, destrozaré el cerrojo,
haré pedazos las jambas, arrancaré las puertas.

Una a una, Ishtar abrió las siete puertas que llevaban a la morada de Ereshkigal y, cuando por fin llegó y Ereshkigal la vio, literalmente, montó en cólera (el texto acadio dice, «estalló en su presencia»). El texto sumerio, vago en cuanto al propósito del viaje o en cuanto a las causas de la ira de Ereshkigal, revela que Inanna esperaba este recibimiento, pues se esforzó por notificar su viaje con antelación al resto de divinidades principales, y se aseguró de que harían por rescatarla en caso de que fuera hecha prisionera en el «Gran Abajo».

El esposo de Ereshkigal -y Señor del Mundo Inferior- era Nergal, El modo por el cual llegó al Gran Abajo y se convirtió en su señor no sólo ofrece luz sobre la naturaleza humana de los «dioses», sino que también nos demuestra que este mundo podía ser cualquier cosa menos un «mundo de los muertos».

El relato, del cual se han encontrado varias versiones, comenzaba con un banquete en el cual los invitados de honor eran Anu, Enlü y Ea. El banquete se celebraba «en los cielos», pero no en la morada de Anu en el Duodécimo Planeta. Quizás tenía lugar a bordo de una nave orbital, pues cuando Ereshkigal no pudo ascender a reunirse con ellos, los dioses le enviaron un mensajero que «descendió la larga escalera de los cielos, llegó a la puerta de Ereshkigal». Tras recibir la invitación, Ereshkigal dio instrucciones a su consejero, Namtar:

«Asciende, Namtar, la larga escalera de los cielos;
coge el plato de la mesa, toma mi parte;
todo lo que Anu te dé, tráemelo a mí.»

Cuando Namtar entró en la sala del banquete, todos los dioses, excepto «un dios calvo, sentado en la parte de atrás», se levantaron para darle la bienvenida. Luego, cuando volvió al Mundo Inferior, Namtar informó del incidente a Ereshkigal. Ella y todos los dioses menores de sus dominios se sintieron insultados, y la diosa pidió que se le enviara al dios ofensor para castigarlo.

Sin embargo, el ofensor era Nergal, hijo del gran Ea. Tras ser severamente reprendido por su padre, Nergal recibió instrucciones para que hiciera el viaje solo, armado nada más con un montón de consejos paternos sobre cómo comportarse. Cuando Nergal llegó a la puerta, Namtar lo reconoció y lo condujo al «amplio patio de Ereshkigal», donde fue sometido a varias pruebas. Más pronto o más tarde, Ereshkigal fue a tomar su baño diario.

… ella mostró su cuerpo.
Lo que es normal para hombre y mujer,
él… en su corazón …
… se abrazaron,
apasionadamente yacieron en la cama.

Durante siete días y siete noches hicieron el amor. En el Mundo Superior, había saltado la alarma por el desaparecido Nergal. «Déjame ir», le dijo a Ereshkigal. «Iré y volveré», le prometió. Pero, tan pronto partió, Namtar fue a Ereshkigal y acusó a Nergal de no tener intención de volver. Una vez más, Namtar fue enviado arriba hasta Anu. El mensaje de Ereshkigal era claro:

Yo, tu hija, era joven;
no he conocido el juego de las doncellas…
Ese dios al que enviaste,
y que ha tenido relaciones sexuales conmigo-
Envíamelo, para que pueda ser mi marido,
para que viva conmigo.

Sin tener en mente todavía la idea de casarse, Nergal organizó una expedición militar y asaltó las puertas de Ereshkigal, con la intención de «cortarle la cabeza». Pero Ereshkigal declaró:

«Sé mi marido y seré tu esposa.
Te concederé el dominio
sobre la amplia Tierra Interior.
Pondré la Tablilla de la Sabiduría en tus manos.
Tú serás Señor, yo seré Señora».

Y, entonces, llegó el final feliz:

Cuando Nergal escuchó sus palabras,
tomó su mano y se la besó,
enjugando sus lágrimas:
«Lo que tú has deseado para mí
desde hace meses -¡sea ahora!»

Los acontecimientos relatados no sugieren, en modo alguno, una Tierra de los Muertos. Todo lo contrario: era un lugar donde los dioses podían entrar e irse, un lugar donde se podía hacer el amor, un lugar lo suficientemente importante como para confiárselo, a una nieta de Enlil y a un hijo de Enki. Reconociendo que los hechos no apoyan la idea primitiva de una región sombría, W. F. Albright (Mesopotamian Elements in Canaanite Eschatology) sugirió que la morada de Dumuzi en el Mundo Inferior era «un hogar brillante y fértil en el paraíso subterráneo llamado ‘la boca de los ríos’, el cual estaba estrechamente asociado con el hogar de Ea en el Apsu».

Era un lugar lejano y difícil de alcanzar, para poder estar seguro, una especie de «zona restringida», pero no era, ciertamente, un «lugar sin retorno». Al igual que Inanna, otras divinidades importantes también fueron a, y volvieron de, ese Mundo Inferior. Enlil fue desterrado al Abzu por un tiempo, después de violar a Ninlil. Y Ea se trasladaba constantemente entre Eridü en Sumer y el Abzu, llevando al Abzu «la artesanía de Eridú» y haciendo allí «un noble santuario» para sí mismo.

Lejos de ser un lugar oscuro y desolado, fue descrito como un lugar brillante de aguas fluentes.

Una tierra rica, amada por Enki;
rebosante de riquezas, perfecta en plenitud…
Cuyo poderoso río recorre la tierra.

Hemos visto las muchas representaciones que hay de Ea como Dios de las Aguas Fluentes. En los textos sumerios se ve que estas aguas fluentes existieron realmente -no en Sumer y en sus llanuras, sino en el Gran Abajo. W. F. Albright llamó la atención sobre un texto que trata del Mundo Inferior como del País de UT.TU -«en el oeste» de Sumer. En él, se habla de un viaje de Enki al Apsu:

A ti, Apsu, tierra pura,
donde fluyen con rapidez grandes aguas,
a la Morada de las Aguas Fluentes
el Señor acude…
La Morada de las Aguas Fluentes
Enki en las aguas puras se estableció;
en medio del Apsu,
un gran santuario estableció.

A decir de todos, el lugar se encontraba más allá del mar. En un lamento por «el hijo puro», el joven Dumuzi, se dice que fue llevado al Mundo Inferior en un barco. Un «Lamento sobre la Destrucción de Sumer» cuenta que Inanna se las ingenió para subir furtivamente en un barco. «De sus posesiones partió. Descendió al Mundo Inferior».

Un largo texto, poco comprendido por causa de no haberse encontrado una versión intacta, trata de un gran conflicto entre Ira (título de Nergal como Señor del Mundo Inferior) y su hermano Marduk. Durante el transcurso del conflicto, Nergal dejó sus dominios y se enfrentó a Marduk en Babilonia; Marduk, por otra parte, le amenazó: «Al Apsu descenderé, a vigilar a los anunnaki… mis armas furiosas contra ellos levantaré». Para llegar al Apsu, Marduk dejó la Tierra de Mesopotamia y viajó sobre «aguas que se elevaban». Su destino era Arali, en el «basamento» de la Tierra, y los textos ofrecen una pista muy precisa sobre el lugar donde estaba este «basamento»:

En el distante mar,
100 beru de agua [en la distancia]…
El suelo de Arali [está] …
Está donde las Piedras Azules hacen enfermar,
adonde el artesano de Anu
lleva el Hacha de Plata, que brilla como el día.

El beru, tanto en su aspecto de unidad de medida terrestre como en el de cálculo de tiempo, se utilizaba, probablemente, en esta última faceta cuando se trataba de viajar por el agua. Como tal, consistía en una hora doble, de manera que cien beru significaría doscientas horas de navegación. No tenemos forma de determinar la velocidad de navegación media o supuesta que se empleaba en aquellos antiguos cálculos de distancias, pero no hay duda de que se podía alcanzar una tierra verdaderamente distante después de un viaje por mar de tres, cuatro o cinco mil kilómetros.

Los textos indican que Arali estaba situada al oeste y al sur de Sumer. Un barco que viajara cuatro o cinco mil kilómetros en dirección sudoeste desde el Golfo Pérsico sólo podía tener un destino: las costas del sur de, África.

Sólo una conclusión así puede explicar los términos de Mundo Inferior, dando a entender el hemisferio sur, donde se encontraba la Tierra de Arali; a diferencia del Mundo Superior, o hemisferio norte, donde estaba Sumer Esta división de los hemisferios terrestres entre Enlil (norte) y Ea (sur) se correspondería con la designación de los cielos septentrionales como el Camino de Enlil y los meridionales como el Camino de Ea.

La habilidad de los Nefilim para emprender viajes interplanetarios, orbitar la Tierra y aterrizar en ella debería de obviar la cuestión de si pudieron haber conocido el sur de África, además de Mesopotamia. Muchos sellos cilíndricos, en los que se ven animales propios de la zona (como la cebra o el avestruz), escenas de la jungla o soberanos que llevan pieles de leopardo en la tradición africana, atestiguan una «conexión africana».

¿Qué interés podrían tener los nefilim en esta parte de África, capaz de atraer el genio científico de Ea y de conceder a los importantes dioses encargados de la zona una única «Tablilla de la Sabiduría»?

El término sumerio AB.ZU, que los expertos aceptan como «profundidad acuosa», precisa de un nuevo análisis crítico. Literalmente, el término significa «fuente profunda primitiva» -no necesariamente de aguas. Según las reglas gramaticales sumerias, cualquiera de las dos sílabas de cualquier término podía preceder a la otra sin cambiar el significado de la palabra, con lo que AB.ZU y ZU.AB significarían los mismo. Pero este término sumerio, en esta ultima forma, nos permite identificar su paralelo en las lenguas semitas, pues za-ab siempre significó y sigue significando «metal precioso»,concreta-mente «oro», en hebreo y en sus lenguas hermanas.

El pictograma sumerio para AB.ZU era el de una profunda excavación en la Tierra, con un pozo encima. Así, Ea no era el señor de una indefinida «profundidad acuosa», ¡sino el dios encargado de la explotación de los minerales de la Tierra! (Fig. 139)

De hecho, el griego abyssos, adoptado del acadio apsu, significa también un agujero sumamente profundo en el suelo. Los libros de texto acadios explicaban que «apsu es nikbu»; el significado de esta palabra, y el de su equivalente hebrea nikba, es muy preciso: un corte o perforación muy profunda en el suelo, hecha por el hombre.

P. Jensen (Die Kosmologie der Babylonier) ya observó en 1890 que el término acadio Bit Nimiku no debería de traducirse como «casa de sabiduría», sino como «casa de profundidad». Jensen citaba un texto (V.R.30,49-50ab) que decía: «Es de Bit Nimiku de donde el oro y la plata vienen». Otro texto (III.R.57, 35ab), explicaba, según Jensen, que el nombre acadio «Diosa Shala de Nimiki» era la traducción del epíteto sumerio «Diosa Que Entrega el Brillante Bronce». El término acadio nimiku, que se ha traducido como «sabiduría», concluyó Jensen, «tiene que ver con los metales». Pero por qué, simplemente admitió, «no lo sé».

Algunos himnos mesopotámicos a Ea lo ensalzan como Bel Nimiki, traducido «señor de la sabiduría»; pero la traducción correcta debería de ser, indudablemente, «señor de la minería». Del mismo modo que la Tablilla de los Destinos de Nippur contenía datos orbitales, la Tablilla de la Sabiduría confiada a Nergal y a Ereshkigal era, de hecho, una «Tablilla de la Minería», un «banco de datos» sobre las operaciones mineras de los nefilim.

Como Señor del Abzu, Ea estaba asistido por otro dios, su hijo GI.BIL («el que quema el suelo»), que estaba a cargo del fuego y de la fundición. Al Herrero de la Tierra se le suele representar como a un dios joven cuyos hombros emiten rayos rojos y calientes o incluso chispas de fuego, un joven dios que emerge del suelo o está a punto de sumergirse en él. Los textos dicen que Ea remojó a Gibil en «sabiduría», queriendo decir en realidad que Ea le enseñó las técnicas de la minería. (Fig. 140)

Él mineral de metal que los nefilim extraían en el sudeste de África era transportado hasta Mesopotamia en barcos de carga específicamente diseñados que recibían el nombre de MA.GUR UR.NU AB.ZU («barco para mineral del Mundo Inferior»). Desde allí, el mineral se llevaba hasta Bad-Tibira, cuyo nombre significa, literalmente, «la fundación de metalurgia». Fundido y refinado, el metal se vertía en lingotes que no cambiaron de forma durante milenios. Se han encontrado lingotes de estos en varias excavaciones de Oriente Próximo, confirmando la fiabilidad de los pictogramas sumerios como representaciones verdaderas de los objetos que plasmaban «por escrito»; el signo sumerio para el término ZAG («precioso purificado») era la imagen de un lingote. En épocas primitivas, parece ser que tenían un agujero que los recorría longitudinalmente, y por el cual se insertaba una vara. (Fig. 141)

Varias representaciones de un Dios de las Aguas Fluentes le muestran flanqueado por porteadores de estos lingotes de metal precioso, indicando que era también el Señor de la Minería. (Fig. 142)

Los diversos nombres y epítetos de la africana Tierra de las Minas de Ea están repletos de pistas sobre su localización y naturaleza. Fue conocida como A.RA.LI («lugar de las vetas brillantes»), la tierra de la que viene el mineral metalífero. Inanna, mientras estaba planeando su descenso al hemisferio sur, se refirió al lugar como la tierra donde «el metal precioso está cubierto de suelo» -está bajo tierra. Un texto del que informó Erica Reiner, en el que se hace una relación de montañas y ríos del mundo sumerio, dice: «Monte Arali: hogar del oro»; y en un texto fragmentario descrito por H. Radau, se confirma que Arali fue la tierra de la que dependía Bad-Tibira para seguir con sus trabajos.

Los textos mesopotámicos hablan de la Tierra de las Minas como de una tierra montañosa, con mesetas y llanuras cubiertas de hierba, y con una exuberante vegetación. En los textos sumerios, se dice que la capital de Ereshkigal en aquella tierra estaba en el GAB.KUR.RA («en el pecho de las montañas»), tierra adentro. En la versión acadia del viaje de Ishtar, el guardián le da la bienvenida:

Entra mi señora,
que Kutu se alegre por ti;
que el palacio de la tierra de Nugia
se alegre con tu presencia.

El término KU.TU, que en acadio transmite la idea de «aquello que está en el corazón de la tierra», tiene, en su origen sumerio, el significado de «las brillantes tierras altas». Era una tierra, todos los textos lo sugieren, con días brillantes, plenos de sol. Los términos sumerios para indicar el oro (KU.GI -«brillante fuera de la tierra») y la plata (KU. BABBAR -«oro brillante») conservaron la asociación original de los metales preciosos con los brillantes (ku) dominios de Ereshkigal.

Los signos pictográficos empleados en la primera escritura sumeria no sólo muestran una gran familiaridad con los distintos procesos metalúrgicos, sino también con el hecho de que el origen de los metales se encontraba en las minas que se hundían en la tierra. Los términos del cobre y del bronce («piedra bella y brillante»), del oro («el metal supremo de la mina») o de «refinado» (purificado-brillante») eran, todos ellos, variantes pictóricas del pozo de la mina («abertura/boca para el rojo-oscuro» metal). (Fig. 143)

El nombre de la tierra -Arali- también se podía escribir como una variante del pictograma de «rojo-oscuro» (suelo), de Kush («rojo-oscuro», para, con el tiempo, significar «negro»), o de los metales que se extraían allí; los pictogramas siempre mostraban variantes del pozo de una mina. (Fig. 144)

Las amplias referencias al oro y a otros metales en los textos antiguos sugieren cierta familiaridad con la metalurgia en tiempos primitivos. Ya existía un animado comercio de metales en los mismos inicios de la civilización, consecuencia del conocimiento que la Humanidad heredó de los dioses, que, según dicen los textos, ya estaban involucrados en la minería y en la metalurgia bastante antes de la aparición del Hombre. Muchos estudios en los que se vinculan los relatos divinos mesopotámicos con la lista bíblica de patriarcas antediluvianos señalan que, según la Biblia, Túbal Caín fue un «artífice del oro, el cobre y el hierro» mucho antes del Diluvio.

En el Antiguo Testamento se habla de la tierra de Ofir, que estaba probablemente en algún lugar de África, como de una fuente de oro en la antigüedad. Los convoyes de barcos del rey Salomón partían de Esyón Guéber (la actual Elat) para atravesar el Mar Rojo. «E iban a Ofir y traían desde allí oro». Intentando evitar las demoras en la construcción del Templo del Señor en Jerusalén, Salomón llegó a un acuerdo con su aliado, Jiram, rey de Tiro, para mandar una segunda flota a Ofir por una ruta alternativa:

Y el rey tenía una flota de Tarsis en el mar
con la flota de Jiram.
Y cada tres años venía la flota de Tarsis,
trayendo oro, plata, marfil, simios y monos.

A la flota de Tarsis le llevaba tres años completar el viaje. Contando con el tiempo necesario para cargar en Ofir, el viaje en cada dirección debió de durar algo más de un año. Esto sugiere una ruta mucho más indirecta que la ruta directa a través del Mar Rojo y el Océano índico -una ruta alrededor de África. (Fig. 145)

La mayoría de los estudiosos sitúan Tarsis al oeste del Mediterráneo, posiblemente en o cerca del actual Estrecho de Gibraltar. Éste habría sido un lugar idóneo desde el cual embarcarse en un viaje alrededor del continente africano. Algunos creen que el nombre de Tarsis significaba «fundición».

Muchos eruditos bíblicos han sugerido que habría que buscar Ofir en la actual Rhodesia. Z. Hermán (Peoples, Seas, Ships) reunió evidencias que demostraban que, en épocas primitivas, los egipcios obtenían diversos minerales en Rhodesia. En su búsqueda de oro, los ingenieros de minas de Rhodesia, al igual que los de Sudáfrica, han recurrido en muchas ocasiones a la búsqueda de evidencias de minería prehistórica.

¿Cómo se llegaba a la morada que Ereshkigal tenía tierra adentro? ¿Cómo se transportaba el mineral desde el «corazón de la tierra» hasta los puertos de la costa? Conociendo la querencia de los nefilim por la navegación fluvial, no debería de sorprendernos que encontraran un río grande y navegable en el Mundo Inferior. El relato de «Enlil y Ninlil» nos dice que Enlil fue enviado al exilio en el Mundo Inferior. Y dice también que, cuando llegó allí, fue transportado en barco por un ancho río.
En un texto babilonio que trata de los orígenes y el destino de la Humanidad, se nombra al río del Mundo Inferior como Río Habur, el «Río de los Peces y los Pájaros», y algunos textos sumerios apodan al País de Ereshkigal como «el País Pradera de HA.BUR».

De los cuatro grandes ríos de África, uno, el Nilo, fluye hacia el Norte, hasta el Mediterráneo; el Congo y el Níger desembocan en ef Atlántico, por el oeste; y el Zambeze corre desde el corazón de África haciendo un semicírculo en dirección este hasta desembocar en la costa oriental. Tiene un amplio delta, con buenos puntos portuarios; es navegable tierra adentro a lo largo de varios centenares de kilómetros.

¿Fue el Zambeze el «Río de los Peces y los Pájaros» del Mundo Inferior? ¿Fueron las majestuosas Cataratas Victoria las que se mencionan en un texto en el que se habla de la capital de Ereshkigal?

Conscientes de que muchas minas prometedoras, «recientemente descubiertas» en el sur de África, habían sido puntos mineros en la antigüedad, la Anglo-American Corporation contrató a varios equipos de arqueólogos para examinar los lugares antes de que las modernas máquinas excavadoras barrieran con todos los rastros de antiguas obras. Dando cuenta de sus descubrimientos en la revista Óptima, Adrián Boshier y Peter Beaumont decían haberse encontrado con capas y más capas de actividades mineras antiguas y prehistóricas, así como de restos humanos. La datación por radiocarbono realizada en la Universidad de Yale (Estados Unidos) y en la Universidad de Groningen (Holanda) estableció la edad de los objetos en un rango que iba desde los plausibles 2000 a.C. hasta los asombrosos 7690 a.C.

Intrigados por la inesperada antigüedad de los descubrimientos, el equipo de arqueólogos amplió su área de trabajo. En la base de un despeñadero de las escabrosas vertientes occidentales del Pico del León, una losa de cinco toneladas de hematites bloqueaba el acceso a una caverna. Los restos de carbón dataron las operaciones mineras en el interior de la caverna entre el 20.000 y el 26.000 a.C.

¿Acaso era posible la minería de metales durante la Edad de Piedra Antigua, durante el Paleolítico? Incrédulos, los expertos excavaron un pozo en un punto donde, aparentemente, los antiguos mineros habían comenzado sus operaciones. Se envió una muestra de carbón encontrada allí al laboratorio de Groningen. ¡La datación se remontó al 41.250 a.C, con un margen de error de más o menos 1.600 años!

Los científicos sudafricanos se pusieron a investigar entonces en los lugares mineros prehistóricos del sur de Swazilandia. Fue entonces cuando en el interior de las cavernas mineras descubiertas, encontraron ramitas, hojas, hierbas e incluso plumas -todo ello llevado allí, presumiblemente, por los antiguos mineros para hacerse un lecho. En el nivel del 35.000 a.C, encontraron huesos con muescas, lo cual «indica la habilidad del hombre para contar en un período tan remoto». Otros restos remontaron la edad de los objetos hasta los alrededores del 50.000 a.C.

Creyendo que «la verdadera edad de comienzo de la minería en Swazilandia es más probable que esté en el orden del 70.000-80.000 a.C», los dos científicos sugirieron que «el sur de África… bien pudo estar a la vanguardia de la invención y la innovación tecnológica durante gran parte del período posterior al 100.000 a.C.»

Comentando los descubrimientos, el Dr. Kenneth Oakley, antiguo antropólogo jefe del Museo de Historia Natural de Londres, le dio una trascendencia diferente a los descubrimientos. «Esto arroja una luz importante sobre los orígenes del Hombre… es posible que el sur de África fuera el hogar evolutivo del Hombre», el «lugar de nacimiento» del Homo sapiens.
Como veremos, fue ciertamente allí donde apareció el Hombre moderno en la Tierra, a través de una cadena de acontecimientos que se desencadenó con la búsqueda de metales por parte de los dioses.

Tanto los serios científicos como los escritores de ciencia-ficción han sugerido que una buena razón para el establecimiento de asentamientos en otros planetas o asteroides sería la disponibilidad de minerales poco comunes en esos cuerpos celestes, minerales que podrían ser muy escasos o demasiado costosos de extraer en la Tierra. ¿Pudo ser este el propósito de los nefilim al colonizar la Tierra?

Los estudiosos modernos dividen las actividades del Hombre en la Tierra en Edad de Piedra, Edad del Bronce, Edad del Hierro, etc.; sin embargo, en la antigüedad, el poeta griego Hesíodo, por ejemplo, hizo una lista de cinco edades -Dorada, Plata, Bronce, Heroica y del Hierro. Excepto por la Edad Heroica, todas las tradiciones de la antigüedad aceptaban la secuencia oro-plata-cobre-hierro. El profeta Daniel tuvo una visión en la cual vio «una gran imagen» con la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre de latón, las piernas de hierro y los pies de arcilla.

En el mito y el folklore abundan los recuerdos vagos de una Edad de Oro, asociada a una época en la que los dioses vagaban por la Tierra, seguida por una Edad de Plata y, después, por las edades en las que dioses y hombres compartían la Tierra -la Edad de los Héroes, del Cobre, del Bronce y del Hierro. ¿No serán estas leyendas recuerdos vagos de acontecimientos reales ocurridos en la Tierra?

El oro, la plata y el cobre son elementos que pertenecen al grupo del oro. Están en la misma familia en la tabla periódica, por número y peso atómico; tienen propiedades cristalográficas, químicas y físicas similares -todos son suaves, maleables y dúctiles. De todos los elementos conocidos, éstos son los mejores conductores del calor y la electricidad.

De los tres, el oro es el más duradero, virtualmente indestructible. Aunque se le conoce mejor por su utilización en forma de dinero, en joyería o en objetos finos, es casi inestimable en la industria electrónica. Una sociedad sofisticada necesita oro para sus montajes en microelectrónica, circuitos y «cerebros» computerizados.

El capricho del Hombre por el oro se remonta a los comienzos de la civilización y de la religión -a sus contactos con los antiguos dioses. Los dioses de Sumer exigían que se les sirvieran los alimentos en bandejas de oro, el agua y el vino en vasos de oro, y que se les vistiera con vestidos dorados. Aunque los israelitas dejaron Egipto con tal premura que no tuvieron tiempo para coger su levadura de pan, sí que se les ordenó que pidieran a los egipcios todo tipo de objetos de plata y oro. Este mandato, como veremos más tarde, preveía la necesidad que de estos materiales tendrían a la hora de construir el Tabernáculo y sus pertrechos electrónicos.

El oro, al que podemos llamar metal regio, era, de hecho, el metal de los dioses. Dirigiéndose al profeta Ageo, el Señor dejó claro, hablando de su retorno para juzgar a las naciones: «Mía es la plata y mío el oro».

Las evidencias sugieren que el capricho del Hombre por estos metales tiene sus raíces en la gran necesidad de oro que tenían los nefilim. Éstos, según parece, vinieron a la Tierra a por oro y sus metales asociados. También puede que vinieran en busca de otros metales poco comunes, como el platino (abundante en el sur de África), que potencia las pilas de combustible de una forma extraordinaria. Y tampoco se puede descartar la posibilidad de que vinieran a la Tierra en busca de fuentes de minerales radiactivos, como el uranio o el cobalto -las «piedras azules que hacen enfermar» del Mundo Inferior, de las que se hace mención en algunos textos. En muchas representaciones se ve a Ea -como Dios de la Minería- emitiendo tan poderosos rayos al salir de una mina que los dioses que le asisten tienen que usar pantallas protectoras; en todas estas representaciones, se muestra a Ea sosteniendo una sierra de roca de minero. (Fig. 146)

Aunque Enki estaba al cargo del primer grupo que aterrizó y del desarrollo del Abzu, los méritos de lo conseguido -como en el caso de cualquier general- no se le deben atribuir sólo a él. Los que realmente hicieron el trabajo, día a día, fueron los miembros de menor grado del grupo que aterrizó, los anunnaki.

Un texto sumerio describe’ la construcción del centro de Enlil en Nippur. «Los Annuna, dioses del cielo y la tierra, están trabajando. En las manos sostienen la piqueta y la cesta porteadora, con las que hacen los cimientos de las ciudades».
Los textos antiguos describían a los anunnaki como los dioses de base que se habían involucrado en la colonización de la Tierra, los dioses «que hacían los trabajos». En «La Epopeya de la Creación» se dice que fue Marduk el que les asignó a los anunnaki sus tareas. (Podemos suponer, sin riesgo a equivocarnos, que en el original sumerio se cita a Enlil como al dios que comandó a estos astronautas.)

Asignados a Anu, para seguir sus instrucciones,
trescientos en los cielos estacionó como guardia;
los caminos de la Tierra para definir desde el Cielo;
y sobre la Tierra,
a seiscientos hizo residir.
Después de ordenarles a todos sus instrucciones,
a los Anunnaki del Cielo y de la Tierra
él les asignó sus tareas.

Los textos revelan que trescientos de ellos -de los «Anunnaki del Cielo» o Igigi- eran, ciertamente, astronautas que permanecían a bordo de las naves espaciales sin llegar a aterrizar en la Tierra. En órbita alrededor de la Tierra, estas naves espaciales lanzaban y recibían las lanzaderas hacia y desde la Tierra.

Como jefe de las «Águilas», Shamash era bienvenido como un invitado heroico a bordo de la «poderosa gran cámara en el cielo» de los igigi. En un «Himno a Shamash» se describe cómo veían los igigi a Shamash mientras este se aproximaba en su lanzadera:

Con tu aparición, todos los príncipes se alegran;
todos los Igigi se regocijan contigo…
Ante el brillo de tu luz, su sendero…
Ellos buscan constantemente tu resplandor
Abierta de par en par está la puerta, enteramente…
Las ofrendas de pan de todos los Igigi [te esperan].

Al estar allí arriba, parece ser que la Humanidad nunca se encontró con los igigi. En varios textos se dice que éstos estaban «demasiado altos para la Humanidad» y, como consecuencia de ello, «no se preocupaban por la gente». Por otra parte, los anunnaki, que aterrizaron y se quedaron en la Tierra, fueron conocidos y reverenciados por la Humanidad. Los textos que dicen que «los Anunnaki del Cielo … eran 300» afirman también que «los Anunnaki de la Tierra … eran 600».
No obstante, muchos textos insisten en hablar de los Anunnaki como de los «cincuenta grandes príncipes». La ortografía normal de su nombre en acadio, An-nun-na-ki, muestra claramente el significado de «los cincuenta que vinieron del Cielo a la Tierra». ¿Existe algún modo de conciliar esta aparente contradicción?

Recordemos el texto donde se cuenta que Marduk fue apresuradamente a ver a su padre Ea para informarle de la pérdida de una nave que llevaba «a los Anunnaki que eran cincuenta» cuando pasaban por las cercanías de Saturno. El texto de un exorcismo que data de la tercera dinastía de Ur nos habla de los anunna eridu ninnubi («los cincuenta Anunnaki de la ciudad de Eridú»). Esto nos da a entender que el grupo de nefilim que fundó Eridú bajo el mando de Enki sumaban cincuenta. ¿No sería, pues, cincuenta el número de nefilim que llegaba en cada grupo de aterrizaje?

Resulta, según creemos, bastante concebible que los nefilim llegaran a la Tierra en grupos de cincuenta. A medida que las visitas a la Tierra se hicieran regulares, coincidiendo con las oportunas épocas de lanzamiento desde el Duodécimo Planeta, irían llegando más nefilim. En cada ocasión, algunos de los que habían llegado primero ascenderían en un módulo terrestre y se reunirían en la nave espacial para un viaje a casa. Pero, con el tiempo, iría aumentando el número de nefilim que permanecía en la Tierra, y el número de astronautas del Duodécimo Planeta que se quedaba para colonizar la Tierra iría creciendo desde el grupo inicial de cincuenta hasta los «600 que en la Tierra se establecieron».

¿Cómo iban a llevar a cabo su misión los nefilim -es decir, extraer los minerales deseados de la Tierra y enviar los lingotes al Duodécimo Planeta- con tan pequeño número de manos?

Indudablemente, contaban con sus conocimientos científicos. Es ahí donde todo el valor de Enki se pone de manifiesto, el motivo para que fuera él, en vez de Enlil, el primero en aterrizar, y el motivo para que se le asignara a él el Abzu.

Un famoso sello, que se exhibe ahora en el Museo del Louvre, muestra a Ea con sus habituales aguas fluentes, pero, en este caso, las aguas parecen manar, o filtrarse a través, de una serie de matraces de laboratorio. (Fig. 147)

Esta antigua interpretación de la asociación de Ea con las aguas plantea la posibilidad de que los nefilim esperaran, en un primer momento, obtener sus minerales del mar. Las aguas del océano contienen enormes cantidades de oro y otros minerales vitales, pero están tan diluidos que se necesitarían técnicas sumamente sofisticadas y baratas para justificar esa «minería acuática». Se sabe también que los fondos marinos contienen inmensas cantidades de minerales en forma de nódulos del tamaño de ciruelas -sólo disponibles si uno puede llegar hasta esas profundidades y recogerlos.

Los textos antiguos hablan repetidamente de un tipo de barco que utilizaban los dioses y al que llamaban elippu tebiti («barco hundido» -lo que llamaríamos ahora un submarino). Ya hemos visto a los «hombres-pez» que tenía asignados Ea. ¿Serán acaso evidencias de los esfuerzos por sumergirse en las profundidades del océano con el fin de extraer sus riquezas minerales? Al País de las Minas, ya lo hemos dicho, se le llamó primero A.RA.LI -«lugar de las aguas de las vetas brillantes». Quizás significara una tierra donde el oro se pudiera cribar en los ríos; aunque también se podría referir a la obtención del oro en los mares.

Si estos fueron los planes de los nefilim, parece ser que fracasaron, pues, poco después de haber establecido sus primeros asentamientos, a esos pocos cientos de anunnaki se les dio una tarea inesperada y mucho más ardua: la de bajar a las profundidades de la tierra de África y extraer los minerales necesarios de allí.

En muchos sellos cilíndricos se han encontrado representaciones en las que se ve a los dioses en lo que parecen ser entradas a minas o pozos mineros; en una de ellas, se ve a Ea en un lugar donde Gibil está por encima del suelo y otro dios trabaja bajo el suelo agachado. (Fig.148)

En épocas posteriores, según nos desvelan los textos babilonios y asidos, los hombres -jóvenes y viejos- eran condenados a trabajar en las minas del Mundo Inferior. Trabajando en la oscuridad y comiendo tierra, estaban condenados a no volver nunca más a su hogar. Éste es el motivo por el cual el epíteto sumerio de aquel país -KUR. UN.GI.A- adquirió la interpretación de «país sin retorno»; su significado literal era «país donde los dioses-que-trabajan, en profundos túneles amontonan [los minerales]». Todas las fuentes antiguas atestiguan que el Hombre no estaba aún en la Tierra en la época en la ” que los nefilim se establecieron en ella; y, al no haber Humanidad, los pocos anunnaki que había en el planeta tenían que trabajar en las minas. Ishtar, cuando bajó al Mundo Inferior, comentó que los atareados anunnaki comían sus alimentos mezclados con barro y bebían agua enfangada.

Con esta panorámica, no nos costará comprender un texto épico titulado (por el versículo con el que comienza, como era la costumbre), «Cuando los dioses, al igual, que los hombres, tenían que trabajar».

Recomponiendo gran cantidad de fragmentos de versiones babilonias y asirías, W. G. Lambert y A. R. Millard (Atra-Hasis: The Babylonian Story of the Flood) pudieron ofrecer un texto continuo. Estos investigadores llegaron a la conclusión de que el relato se basaba en versiones sumerias más antiguas y, posiblemente, en una tradición oral aún más primitiva sobre la llegada de los dioses a la Tierra, la creación del Hombre y su destrucción con el Diluvio.

Muchos de los versículos sólo tienen valor literario para sus traductores, pero para nosotros resultan altamente significativos, pues corroboran los descubrimientos y conclusiones que hemos expuesto en los capítulos precedentes. Por otra parte, explican también las circunstancias que llevaron al motín de los anunnaki.

La historia comienza cuando sólo los dioses vivían en la Tierra:

Cuando los dioses, al igual que los hombres,
tenían que trabajar y sufrir la labor-la labor
de los dioses era grande,
el trabajo era pesado,
la aflicción era mucha.

En aquel tiempo, relata la epopeya, las divinidades principales se habían repartido ya los mandos entre ellos.

Anu, padre de los Anunnaki, era su Rey Celestial;
su Lord Canciller era el guerrero Enlil.
Su Oficial Jefe era Ninurta,
y su Alguacil era Ennugi.
Los dioses habían unido sus manos,
habían echado suertes y habían dividido.
Anu se había vuelto al cielo,
[dejó] la tierra a sus subditos.
Los mares, encerrados como con un lazo,
se los habían dado a Enki, el príncipe.

Se establecieron siete ciudades, y el texto hace referencia a siete anunnaki que fueron comandantes de ciudad. La disciplina debió ser estricta, pues el texto nos cuenta que «Los siete Grandes Anunnaki. fueron los que hicieron que los dioses menores sufrieran el trabajo».

De todas las tareas que se les encomendaron, parece ser que la más común, la más ardua y la más aborrecida fue la de cavar. Los dioses menores cavaron los lechos de los ríos para hacerlos navegables, cavaron canales para la irrigación y cavaron en el Apsu para sacar minerales de la Tierra. Aunque disponían, indudablemente, de algunas herramientas sofisticadas -los textos hablan del «hacha de plata que brilla como el día», incluso bajo tierra- el trabajo era demasiado exigente. Durante mucho tiempo -durante cuarenta «períodos», para ser exactos- los anunnaki «sufrieron la labor»; y, después, gritaron: ¡Basta!

Ellos se quejaban, murmuraban,
refunfuñaban en las excavaciones.

La oportunidad para el motín se les presentó, según parece, durante una visita de Enlil a la zona minera. No desperdiciaron la ocasión, y los anunnaki se dijeron unos a otros:

Hagamos frente a nuestro… el Oficial Jefe,
que nos libere de nuestro pesado trabajo.
Al rey de los dioses, al héroe Enlil,
¡vamos a enervarle en su morada!

No tardaron en encontrar a un líder u organizador del motín. Era el «oficial jefe antiguo», que guardaba rencor contra el actual oficial jefe. Su nombre, por desgracia, está roto; pero su arenga está bastante clara:

«Así pues, proclamad la guerra;
vamos a combinar las hostilidades y la batalla».

La descripción del motín es tan vivida que le recuerda a uno las (escenas de la toma de la Bastilla:

Los dioses siguieron sus palabras.
Prendieron fuego a sus herramientas;
fuego a sus hachas prendieron;
llevaron a mal traer al dios de la minería en los túneles;
lo atraparon mientras iban
a la puerta del héroe Enlil.

El drama y la tensión de los acontecimientos que se exponen recobran la vida en las palabras del antiguo poeta:

Era de noche, en mitad de la guardia.
Su casa estaba rodeada-pero el dios Enlil, no lo sabía.
Kalkal [entonces] observó algo, estaba inquieto.
Pasó el cerrojo y vigiló…

Kalkal despertó a Nusku;
escucharon el ruido de…
Nusku despertó a su señor-
le hizo salir de la cama, [diciendo]:
«Mi señor, la casa está rodeada,
la batalla ha llegado hasta la puerta».

La primera reacción de Enlil fue la de tomar las armas contra los amotinados. Pero Nusku, su canciller, le sugirió un Consejo de los Dioses:

«Transmite un mensaje para que Anu baje;
que traigan a Enki a tu presencia».
Él transmitió y Anu bajó;
Enki también fue traído a su presencia.
Con el gran Anunnaki presente,
Enlil apareció … abrió su boca
y se dirigió a los grandes dioses.

Haciéndose cargo personalmente del motín, Enlil exigió saber:

«¿Es contra mí contra quien se hace?
¿Debo entablar hostilidades…?
¿Qué han visto mis propios ojos?
¡La batalla ha llegado hasta mi propia puerta!»

Anu sugirió que se llevara a cabo una investigación. Revestido con la autoridad de Anu y de otros comandantes, Nusku fue hasta los amotinados, que estaban acampados. «¿Quién es el instigador de la batalla?», preguntó. «¿Quién es el provocador de las hostilidades?»

Los anunnaki se pronunciaron a una:

«¡Cada uno de nosotros ha declarado la guerra!
Tenemos nuestro … en las excavaciones;
el exceso de fatigas nos ha matado,
nuestro trabajo era pesado, la aflicción mucha».

Cuando Enlil escuchó de Nusku la relación de quejas, «le corrieron las lágrimas». Enlil presentó un ultimátum: o se ejecutaba al líder de los amotinados o él dimitía. «Coge el cargo, recupera tu poder», le dijo a Anu, «te seguiré al cielo». Pero Anu, que había bajado del Cielo, se puso del lado de los anunnaki:

«¿De qué los estamos acusando?
¡Su trabajo era pesado, su aflicción era mucha!
Cada día…
El lamento era pesado, podríamos escuchar la queja.»

Animado por las palabras de su padre, Ea también «abrió la boca» y repitió el resumen de Anu. Pero tenía una solución que ofrecer: ¡que se cree un lulu, un «Trabajador Primitivo»!

«Mientras la Diosa del Nacimiento esté presente
que cree un Trabajador Primitivo;
que lleve él el yugo.
¡Que cargue él con el duro trabajo de los dioses!»

La sugerencia de que se creara un «Trabajador Primitivo» para que asumiera la carga del trabajo de los anunnaki se aceptó con rapidez. Los dioses votaron, unánimemente, crear «El Trabajador». «’Hombre’ será su nombre», dijeron:

Convocaron a la diosa y le preguntaron,
la comadrona de los dioses, la sabia Mami,
[y le dijeron:]
«Tú eres la Diosa del Nacimiento, ¡crea Trabajadores!
¡Crea un Trabajador Primitivo,
que pueda llevar el yugo!
Que lleve el yugo encomendado por Enlil,
¡Que El Trabajador cargue con el trabajo duro de los dioses!»

Mami, la Madre de los Dioses, dijo que necesitaría la ayuda de Ea, «con el cual se halla la habilidad». En la Casa de Shimti, algo parecido a un hospital, los dioses esperaban. Ea ayudó a preparar la mezcla de la que la Diosa Madre procedería a forjar al «Hombre». Las diosas del nacimiento estaban presentes. La Diosa Madre siguió trabajando mientras se recitaban ensalmos incesantemente. Al final, gritó triunfante:

«¡He creado!
¡Mis manos lo han hecho!»

Ella «convocó a los anunnaki, a los Grandes Dioses… abrió su boca, se dirigió a los Grandes Dioses»:

«Me mandasteis una tarea-
La he terminado…
Os he quitado el duro trabajo
he impuesto vuestra labor a El Trabajador, ‘Hombre’.
Levantasteis un grito por un Trabajador:
He soltado el yugo,
os he dado la libertad.»

Los anunnaki recibieron su anuncio con entusiasmo. «Ellos corrieron y le besaron los pies». A partir de entonces sería el Trabajador Primitivo -el Hombre- «el que llevaría el yugo».

Los nefilim, después de llegar a la Tierra para establecer sus colonias, crearon su propio estilo de esclavitud, no con esclavos importados de otro continente, sino con Trabajadores Primitivos forjados por ellos mismos.

Un motín de los dioses había llevado a la creación del Hombre.

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