ancestrales registros…..429 días y contando….

Los dioses hindúes son tantos, tan diversos y están tan interrelacionados entre sí que se necesitaría todo un libro para describirlos en mayor detalle. Pero lo que es significativo son las muchas referencias a que los dioses dominaban el arte de viajar por el aire y por el espacio por medio de máquinas voladoras de toda clase y de todo tipo. Y todos estos objetos voladores se describían como reales y con estructura física, por lo que no podemos considerarlos como espirituales o fruto de la fantasía y la imaginación.

En los textos religiosos hindúes se describen con gran detalle aparatos voladores con terribles armas. Sobre todo en los Vedas, que se tienen por las fuentes más antiguas. La palabra veda significa «conocimiento sagrado». Uno de estos textos, el Rigveda, es una colección de 1.028 himnos a los dioses. Afirma sin ambigüedades que estas máquinas voladoras venían del cosmos a la Tierra y que los dioses descendieron personalmente a impartir conocimientos a los seres humanos. Del mismo modo que en las leyendas judías, en los textos hindúes se describen batallas entre los dioses; pero no en un cielo indefinido de gloria espiritual, sino «en el firmamento sobre la Tierra». En el «Vanaparvan», que pertenece al Mahabharata hindú, se describen las residencias de los dioses como lugares situados en el espacio, que giraban en órbita muy por encima de la Tierra. Lo mismo puede encontrarse en el Sabhaparva. Estas enormes estaciones espaciales tenían nombres tales como Vaihayasu, Gaganacara y Khecara. Eran tan grandes que las naves-lanzadera, llamadas vimanas, podían entrar en su interior por enormes puertas. Vamos, igual que una novela de ciencia ficción.

El origen ario de las religiones de la India puede verse en el uso de la esvástica, que se encuentra por todas partes en los templos de la religión hindú, así como en símbolos, altares, escenas e iconografía en India y Nepal, tanto en el pasado como en nuestros días. En el hinduismo, los dos símbolos representan las dos formas del Brahman (el concepto impersonal de Dios). En sentido de las agujas del reloj representa la evolución del universo (pravritti), representada por el dios creador Brahmá, mientras que en sentido antihorario representa la involución del universo (nivritti), representada por el dios destructor Śiva. En el budismo la esvástica se usa en posición horizontal (a diferencia de la esvástica nazi, que aparece rotada 45 grados en la bandera del III Reich alemán). Al menos desde la Dinastía Liao forma parte de la escritura china (como 卍 (en pinyin: wan4), simbolizando el carácter 萬 (wan4) quiere decir ‘todo’, y ‘eternidad’, y como 卐 que apenas se usa.) Las esvásticas (girando a derecha o a izquierda) aparecen sobre el pecho de algunas estatuas de Buda. En el jainismo el motivo de la esvástica se combina con el de una mano. La razón es que, en el jainismo, este símbolo representa a su séptimo santo, y las cuatro manos son también usadas para recordarle al adorador los cuatro posibles lugares de nacimiento; el mundo animal o de las plantas, el infierno, la Tierra, o el mundo de los espíritus.

El panteón sumerio estaba encabezado por un Círculo Olímpico de doce dioses. Y cada uno de estos dioses supremos debía tener como contrapartida celeste cada uno de los doce planetas del Sistema Solar. En realidad, los nombres de los dioses y los planetas se confundían. Encabezando el panteón, estaba el soberano de Nibiru, ANU, cuyo nombre era sinónimo de «Cielo», pues residía en Nibiru. Su esposa, miembro también de los Doce, se llamaba ANTU. En este grupo estaban los dos hijos más importantes de ANU: E.A («cuya casa es agua»), el primogénito de Anu, pero no de Antu; y EN.LIL («Señor del mandato»), que era el heredero legítimo porque su madre era Antu, hermanastra de Anu. A Ea se le llamaba también en los textos sumerios EN.KI («Señor Tierra»), pues había liderado la primera misión de los anunnaki desde Nibiru a la Tierra, y había fundado en la Tierra sus primeras colonias en el E.DIN («hogar de los justos»), el bíblico Edén.

Parece que su misión era obtener oro, para lo cual la Tierra era una fuente privilegiada. No por motivos ornamentales, sino parece que para salvar la atmósfera de Nibiru, suspendiendo oro en polvo en la estratosfera del planeta. Tal como se explica en los textos sumerios, se envió a Enlil a la Tierra para que asumiera el mando cuando los métodos de extracción inicial utilizados por Enki se demostraron insatisfactorios. Con esto, se sentaron las bases para una desavenencia continua entre los dos hermanastros y sus descendientes, una desavenencia que llevó a las guerras de los dioses y terminó con un tratado de paz elaborado por la hermana de ambos, Ninti, a partir de entonces, llamada Ninharsag.

La Tierra habitada se dividió entre los contendientes. A los tres hijos de Enlil: Ninurta, Sin y Adad, junto con los hijos gemelos de Sin: Shamash (el Sol) e Ishtar (Venus), se les dieron las tierras de Sem y de Jafet, las tierras de los semitas y de los indoeuropeos: a Sin (la Luna), las tierras bajas de Mesopotamia; a Ninurta (el «guerrero de Enlil»), las tierras altas de Elam y Asiría; a Adad («El atronador»), Asia Menor, el país de los hititas, y Líbano. A Ishtar se le concedió el dominio del Valle del Indo; y a Shamash se le dio el mando del puerto espacial en la península del Sinaí.

Esta división daba a Enki y a sus hijos las tierras de Cam: la civilización del Valle del Nilo y las minas de oro del sur y el oeste de África. Enki, gran científico y metalúrgico, recibió en Egipto el nombre de Ptah «el constructor», un título que se tradujo en Hefesto para los griegos y en Vulcano para los romanos. Éste compartía el continente con sus hijos, entre los que estaba el primogénito MAR.DUK «hijo del montículo brillante», al cual los egipcios llamaron Ra, y NIN.GISH.ZI.DA «Señor del Árbol de la Vida», al cual los egipcios llamaron Thot, el Hermes de los griegos, dios de los conocimientos secretos, entre los que estaban la astronomía, las matemáticas y la construcción de pirámides.

Los conocimientos impartidos por este panteón de dioses, las necesidades de los dioses que habían llegado a la Tierra y el liderazgo de Thot fueron los que llevaron a los olmecas africanos y a los barbados de Oriente Próximo hasta el otro lado del mundo. Y, después de llegar a Mesoamérica por la costa del Golfo de México, del mismo modo que los españoles y ayudados por las mismas corrientes, pero milenios antes, cruzaron el istmo de Mesoamérica y, del mismo modo que los españoles, viajaron hasta las tierras de América Central y más allá. Pues allí era donde estaba el oro.

Hace más de 100.000 años, según las Tablillas Sumerias, Kaín mató a su hermano Abael. En castigo, fue desterrado por los Dioses a las Tierras de Más Allá del Océano. Según Sitchin, esta tierra era América, y más precisamente, Norteamérica. La «Marca de Kaín» citada en el Génesis, era una pequeña modificación genética que convirtió a los descendientes de Kaín en una raza lampiña, y de piel roja o morena. Desde Norteamérica, Kaín y sus descendientes fueron desplazándose por el resto del Continente.

Hace unos 52.000 años, el Anunnaki Ninurta, hijo mayor de Enlil, fue asignado al Perú para establecer un Centro de Control de Misión al pie de los Andes. Bajo su dirección, Kaín construyó en Centroamérica la Ciudad de Enoch, en el mismo lugar donde muchos milenios después, los aztecas construirían Tenochtitlán y, finalmente, los mexicanos Ciudad de México.

Tras el Gran Diluvio, hace unos 12.000 años, los Anunnaki construyeron Tiahuanaco, que los indios Hopi de Norteamérica recuerdan con el nombre de Tahoma. Según las Tradiciones Hopi, ellos vivían en un Continente en el Pacífico Sur, que ellos recuerdan con el nombre de Kasskara. Un grupo de sobrevivientes al Gran Diluvio que sumergió Kasskara, llegó a las costas de Sudamérica, y con el correr de los milenios, se fue desplazando hacia el Norte, hasta su actual ubicación.

El Tridente de Paracas (símbolo del Anunnaki Ishkur), y los Geoglifos de Nazca, en Perú, también serían obra de los Anunnaki, según Sitchin. La Planicie de Nazca habría sido usada a modo de Espaciopuerto improvisado durante la partida de los Líderes Anunnaki hace 2.500 años. Las misteriosas Líneas de Nazca podrían corresponder al despegue y aterrizaje de Naves con las últimas cargas de Oro para el Planeta Nibiru. Y las figuras pudieron haber sido hechas por los Anunnaki, en conjunto con los habitantes del lugar, como pasatiempo (quizá los lugareños hicieron los dibujos en papel, y los Anunnaki los plasmaron en la superficie desde lo alto).

America1.jpg

Antes que los incas, los chimús y los mochicas, una cultura que los expertos llaman chavín, floreció en las montañas que hay al norte de Perú, entre la costa y la cuenca del Amazonas. Uno de los primeros exploradores, Julio C. Tello la llamó matriz de la civilización andina. Se remonta, al menos, hasta el 1500 a.C, y, al igual que la civilización olmeca en México, y por la misma época, surgió de repente.

La cultura chavín, que abarcaba una vasta región cuyas dimensiones se siguen expandiendo a medida que se hacen nuevos descubrimientos, parecía estar centrada en un lugar llamado Chavín de Huantar, cerca del pueblo de Chavín, al que debe su nombre. Está situado a 3.000 metros de altitud, en la Cordillera Blanca del noroeste de los Andes. Allí, en un valle de montaña donde los afluentes del río Marañón forman un triángulo, se allanó una extensión de casi 30.000 metros cuadrados que se adecuó para la construcción de estructuras diseñadas según un plan preconcebido. Los edificios y las plazas no sólo forman rectángulos y cuadrados, sino que también se les alineó de forma precisa con los puntos cardinales, con un eje principal este-oeste. Los tres edificios principales se yerguen sobre terrazas que los elevan y los apoyan contra la muralla externa occidental, que discurre a lo largo de 150 metros. La muralla, que al parecer rodeaba el complejo por tres de sus lados, tenía unos doce metros de altura.

El edificio más grande era el de la esquina sudoeste. Estaba construido con bloques de piedra bien moldeados, dispuestos en hileras regulares y niveladas. Por los restos que aún quedan, se deduce que las paredes estaban recubiertas en la parte exterior con losas de piedra parecidas al mármol y algunas aún conservan las incisiones para sus motivos decorativos. Desde una terraza de la parte este, una monumental escalinata llevaba a través de un pórtico imponente hacia el edificio principal. El pórtico estaba flanqueado por dos columnas cilíndricas, algo de lo más inusual en América del Sur, que, junto con unos bloques de piedra verticales, daban soporte a un dintel horizontal de más de 9 metros, hecho con un solo bloque. Más arriba, otra monumental escalinata doble llevaba a la parte superior del edificio. Estaba construida con piedras perfectamente talladas y moldeadas, que recuerdan a las de las grandes pirámides de Egipto. Las dos escalinatas llevaban a la parte superior del edificio, donde los arqueólogos han descubierto los restos de dos torres.

La terraza oriental, que forma parte de la plataforma sobre la que se construyó este edificio, llevaba a una plaza a la que se accedía a través de unos escalones ceremoniales y que estaba rodeada en tres de sus lados por plataformas rectangulares. Justo por la parte externa de la esquina sudoccidental de esta plaza y perfectamente alineado con las escalinatas del edificio principal y su terraza, había un gran peñasco plano, con siete agujeros y una hornacina rectangular.

Por dentro de las tres estructuras discurrían pasillos y pasadizos laberínticos, entremezclados con galerías, habitaciones y escaleras. Algunos de los pasadizos no tenían salida, lo que acrecentaba la sensación laberíntica, y algunas de las paredes de las galerías se recubrieron con losas lisas, delicadamente decoradas. Todos los pasadizos están techados con losas de piedra que se colocaron con tan gran habilidad y que han soportado el paso de los milenios. Hay hornacinas y salientes sin propósito aparente, así como conductos verticales que los arqueólogos creen que podrían haber servido para la ventilación.

¿Para qué se construyó Chavín de Huantar? Sus descubridores creen que fue un centro religioso, una especie de Meca de la antigüedad. Esta idea se vio potenciada por el descubrimiento de tres enigmáticas reliquias. Una de ellas, que desconcierta por sus complejas imágenes, la descubrió Tello en el edificio principal y se le ha dado en llamar el Obelisco de Tello. En sus grabados se puede observar una gran cantidad de cuerpos y rostros humanos, con garras felinas o alas. Hay animales, pájaros, árboles, dioses que emiten rayos que parecen cohetes y gran variedad de diseños geométricos. ¿Sería un tótem que servía para el culto, o la tentativa de un antiguo artista por transmitir los mitos y leyendas? Nadie ha podido dar hasta el momento una respuesta.

Hay una segunda piedra tallada a la que se ha dado en llamar el Monolito de Raimondi, por el arqueólogo que lo descubrió en un terreno cercano. Se cree que en un principio se elevaba en la parte superior del peñasco del extremo suroccidental de la plaza, en línea con la monumental escalinata. En la actualidad, se exhibe en el museo de Lima.

El artista grabó sobre esta columna de granito de casi dos metros y medio de altura la imagen de una deidad que sostiene un arma, que algunos creen que es un rayo. Aunque el cuerpo y las extremidades de esta deidad son esencialmente antropomórficos, el rostro no lo es. El rostro desconcierta a los expertos porque no representa a ninguna criatura de la región, sino que parece ser la idea del artista de lo que los expertos han dado en llamar un animal mitológico. Sin embargo hay quienes opinan que el rostro de la deidad es el de un toro, animal completamente desconocido en Sudamérica, pero que aparece mucho en la tradición y en la iconografía del Oriente Próximo de la antigüedad. Curiosamente el toro era el animal de culto del dios Adad y la cordillera que atraviesa sus dominios en Asia Menor todavía recibe el nombre de Montes de Tauro.

El tercer descubrimiento consiste en una extraña y enigmática columna de piedra grabada en Chavín de Huantar, que recibe el nombre de El Lanzón. Se descubrió en el edificio del medio y ha permanecido allí porque su altura excede los tres metros de altura de la galería en donde se eleva. Así, el extremo superior del monolito sobresale del suelo en el nivel superior a través de una abertura cuadrada cuidadosamente tallada. La imagen que aparece en este monolito ha sido objeto de muchas especulaciones, ya que también parece representar el rostro de un toro. ¿Quiere esto decir que quien erigió este monumento adoraba al dios Tauro?

En general, fue el alto nivel artístico de los objetos lo que más impresionó a los expertos y les llevó a considerar la cultura chavín como la cultura matriz del Perú norte y central, y a creer que aquel lugar era un centro religioso. Pero recientes descubrimientos en Chavín de Huantar hacen pensar que su fin no era religioso, sino funcional. En las últimas excavaciones apareció toda una red de túneles subterráneos tallados en la roca viva que formaban una especie de panal por todo el emplazamiento, tanto debajo de las zonas construidas como de las no construidas, y servía para conectar varias series de compartimientos subterráneos dispuestos en cadena.

De hecho, fue el trabajo con la piedra de los objetos artísticos el que parece proporcionar una respuesta a la pregunta de quiénes fueron los habitantes de Chavín de Huantar. Las habilidades artísticas y los estilos escultóricos de la piedra recuerdan sorprendentemente el arte olmeca de México. Entre otros fascinantes objetos se encuentra un receptáculo con forma de jaguar-gato, un toro-felino, un cóndor-águila, un cuenco con forma de tortuga, gran cantidad de vasijas y otros objetos decorados con jeroglíficos hechos con colmillos entrelazados, un motivo que decora tanto las losas de las paredes como los objetos. Sin embargo, también había losas de piedra decoradas con motivos egipcios, tales como serpientes, pirámides y el sagrado Ojo de Ra. Y también había fragmentos de bloques de piedra grabados que mostraban motivos mesopotámicos, como las deidades dentro de los discos alados o imágenes de dioses que llevan tocados cónicos, que identifican claramente a los dioses en Mesopotamia.

Las deidades que portan tocados cónicos tienen rasgos faciales de aspecto africano, y el hecho de haber sido grabados en huesos indicaría que se trata de las más antiguas representaciones artísticas de este lugar. ¿Es posible que en época tan temprana hubiera africanos en este lugar de Sudamérica? La respuesta es que sí que hubo negros africanos en esta zona, concretamente en un lugar llamado Sechín, en la que dejaron como recuerdo sus retratos. En todos estos lugares hay docenas de piedras grabadas que llevan imágenes de esta gente; en la mayoría de los casos, se les puede ver sosteniendo algún tipo de herramienta y, en muchos casos, se representa al ingeniero relacionado con un símbolo de obras hidráulicas.

En los lugares costeros que llevan a los emplazamientos chavín en las montañas, los arqueólogos han encontrado cabezas esculpidas que debieron de representar a los visitantes semitas. Una de ellas era tan increíblemente similar a las esculturas asirías que su descubridor, H. Ubbelohde-Doering, la apodó el Rey de Asiría. Pero no está claro que estos visitantes hubieran llegado a los emplazamientos de las montañas, al menos no con vida, ya que se han encontrado cabezas de piedra esculpidas con rasgos semitas en Chavín de Huantar, pero la mayor parte de ellas muestran muecas grotescas o mutilaciones y están clavadas como trofeos en las murallas que rodean el lugar.

La edad de Chavín sugiere que la primera oleada de estos emigrantes del Viejo Mundo, tanto olmecas como semitas, llegó allí hacia el 1500 a.C. De hecho, fue durante el reinado del duodécimo monarca del Imperio Antiguo cuando, según cuenta Montesinos, «llegaron a Cuzco noticias del desembarco en la costa de unos hombres de gran estatura… gigantes que se estaban asentando por toda la costa» y que tenían herramientas de metal. Después de un tiempo, se trasladaron hacia el interior, hacia las montañas. El monarca envió emisarios para que le proporcionaran información del avance de los gigantes, no fuera que se acercaran demasiado a la capital. Pero los gigantes provocaron la ira del Gran Dios, y éste los destruyó. Estos acontecimientos tuvieron lugar casi un siglo antes de la detención del Sol que acaeció hacia el el 1500 a.C , momento en el que se construyeron las instalaciones hidráulicas de Chavín.

Pero no se trata de los gigantes que saqueaban el país y violaban a las mujeres, según Garcilaso, algo que sucedió en tiempos de los mochicas hacia el 400 a.C. De hecho, fue entonces, como ya hemos visto, cuando los dos grupos, olmecas y semitas, entremezclados, huían de Mesoamérica. Sin embargo, su destino no fue diferente en el norte de los Andes. Además de las grotescas cabezas de piedra semitas encontradas en Chavín de Huantar, también se han hallado imágenes de cuerpos de negroides mutilados por toda la región, y en especial en Sechín. Y así fue como, después de unos 1.000 años en el norte de los Andes y casi 2.000 en Mesoamérica, la presencia africana-semita llegó a un trágico final.

Aunque algunos africanos pudieron llegar más al sur, como atestiguan los descubrimientos de Tiahuanacu, la expansión africano-semita en los Andes proveniente de Mesoamérica no parece que fuera más allá de la región de la cultura chavín. Los relatos de gigantes destruidos por la mano divina son algo más que una leyenda, pues es bastante posible que allí, en el norte de los Andes, se encontraran los reinos de dos “dioses”, con una frontera invisible. Decimos esto porque, en aquel lugar ya habían estado presentes otros hombres blancos. Se les retrató en bustos de piedra, con turbantes, con símbolos de autoridad, y decorados con lo que los expertos llaman animales mitológicos.

Estos bustos se han encontrado en su mayor parte en un lugar cercano a Chavín llamado Aija. Sus rasgos faciales, en especial sus rectas narices, los identifican como indoeuropeos. Sólo podían ser originarios de Asia Menor y Elam, en el sureste, y tal vez del valle del Indo. ¿Es posible que gente de tan distantes tierras cruzara el Pacífico y llegara a los Andes en tiempos prehistóricos? El nexo, que evidentemente existió, se confirma en unas representaciones que ilustran las hazañas de un antiguo héroe de Oriente Próximo cuyos relatos se contaban una y otra vez.

catacl40.gif

El 11 de agosto de 3114 a.C. comenzó la cuenta regresiva de los mayas hasta el año 2012.

La Calle de los Muertos apuntaba a la posición de las Pléyades.

En Izapa, un lugar cercano a la costa del Pacífico, en la frontera entre México y Guatemala, convivieron olmecas y mayas. Este lugar ha sido reconocido como el yacimiento arqueológico más grande de la costa del Pacífico, en América del Norte y Central. Izapa tiene 2.500 años de ocupación continua, desde el 1500 a.C., fecha confirmada con la datación por radiocarbono, hasta el 1000 d.C. Dispuso de las típicas pirámides y de los juegos de pelota, pero lo que más maravilló a los arqueólogos fueron los grabados en sus monumentos de piedra. El estilo, la imaginación, el contenido mítico y la perfección artística de estas tallas han llevado a hablar de un estilo Izapa y en la actualidad se reconoce que fue desde donde se difundió este estilo a otros lugares de las áreas del Pacífico en México y Guatemala. Fue un arte perteneciente al período preclásico olmeca primitivo y medio, adoptado posteriormente por los mayas

.

Los arqueólogos de la Fundación Arqueológica de la Universidad Bringham Young no tienen duda de que estaba orientado hacia los solsticios en el momento de su fundación, y que, incluso, los distintos monumentos estaban alineados deliberadamente con los movimientos planetarios. Los temas religiosos, cosmológicos y mitológicos se entremezclan con temas históricos en las tallas de piedra, en las que pueden verse variadas representaciones de deidades aladas. Particularmente interesante es una gran piedra grabada cuyo frontal ocupa 2,78 metros cuadrados, nombrada por los arqueólogos como Estela 5 de Izapa, encontrada juntamente con un importante altar de piedra.

Hay un Árbol de la Vida que crece junto a un río, como un fantástico mito visual relativo a la génesis de la humanidad. Un anciano con barba sentado a la izquierda de la estela es el que cuenta este relato mítico-histórico, mientras un hombre de aspecto maya lo vuelve a contar desde la derecha del observador de la estela. La escena está llena de vegetación, pájaros y peces, así como de figuras humanas. Curiosamente, dos de las figuras centrales representan a hombres que tienen el rostro y los pies de elefante, un animal completamente desconocido en América. El de la izquierda interactúa con un olmeca con casco, lo cual refuerza la opinión de que los Olmecas, representados en enormes cabezas de piedra, eran de origen africano.

En la parte izquierda de la talla pueden observarse detalles enormemente importantes. El hombre de la barba cuenta su historia sobre un altar que lleva el símbolo de una cuchilla umbilical. Este era el símbolo por el cual se identificaba a Ninti, la diosa sumeria que ayudó a Enki a crear al hombre, en los sellos cilíndricos y en algunos monumentos. Cuando los dioses se repartieron la Tierra, a ella se le dio el dominio sobre la península del Sinaí, fuente de las apreciadas turquesas de los egipcios. Éstos la llamaban Hathor y la representaban con cuernos de vaca, como en esta escena de la Creación del hombre. Estas coincidencias refuerzan la conclusión de que la estela de Izapa ilustra los relatos del Viejo Mundo acerca de la Creación del hombre y del Jardín de Edén. Y, además, están las representaciones de las pirámides parecidas a las de Gizeh, que aparecen en la base de la talla, junto al río. Cuanto más se examina este milenario grabado, más se convence uno de que merece ser estudiado a fondo.

La Quinta Civilización del Sol

La historia de lo que se ha descubierto de los mayas comienza en el año 600 aC. En el monte Albán aparecieron unas enormes piedras talladas con el primer registro del lenguaje de los mayas, los números. Figuras danzantes fechadas con los números mayas: la concha en forma de boca que representa el número 0, el punto que representa el número 1 y la línea que representa el número 5.

Pero recién en el año 300 dC comienza realmente el desarrollo de lo que podemos considerar maya. Seres que dedicaron su vida a estudiar y registrar la galaxia.

Después de casi 600 años de intensa actividad constructora y de un asombroso desarrollo científico, en el año 830 dC, súbitamente, desaparecen en forma misteriosa. Abandonan todo, dejan intactas sus casas, sus ciudades y sus templos, que poco a poco son devorados por la selva. Quedan algunos pocos custodios a cargo de lo abandonando, supervisores de la herencia que nos dejaron.

Pasan aproximadamente 200 años desde el abandono, la mayoría de sus ciudades desaparecen entre la selva y en ese momento algunas de ellas son repobladas nuevamente. En el año 949 dC, el rey tolteca conduce a su pueblo hacia el sur, huyen de la invasión bárbara de los chichimecas del norte que han destruido su capital, Tula. Los toltecas ocupan nuevamente algunas de las ciudades mayas abandonadas y las hacen renacer, pero nunca llegan a los mismos niveles de desarrollo. La época maya-tolteca dura desde el año 1000 hasta el año 1350 d. C. cuando comienzan a desaparecer lentamente.

En el siglo XVI, cuando llegan los conquistadores españoles la mayoría de sus ciudades estaban cubiertas nuevamente por la selva y para el siglo XVIII, lo poco que quedaba de ellos ya no existe. De las investigaciones sobre las ruinas de sus ciudades, de los estudios de las fechas y números tallados en sus muros, de su exacto calendario, de sus códices y libros sagrados están reapareciendo sus conocimientos y se está descifrando su misterioso mensaje de alerta y esperanza.

Miles de sacerdotes, astrónomos y matemáticos mayas se dedicaron a medir, registrar y estudiar durante siglos al Sol y a todas las estrellas y planetas. Hace 1200 años fueron tan avanzados que calcularon la distancia que recorre nuestro planeta anualmente alrededor del Sol, tuvieron tanta precisión que hoy la NASA sólo tiene segundos de diferencia con las medidas que obtuvieron los mayas. Calcularon que la Tierra daba la vuelta al Sol en 365.242010 días. Hoy, el año de Greenwich es de 365.2422 días, una increíble diferencia de sólo 17 segundos y 28 centésimas.

También los mayas calcularon el año del planeta Venus y lo establecieron en 584 días. Hoy la NASA dice que la medida es 583.92 días por año, prácticamente lo mismo. ¿Cómo pudieron hacer estos cálculos tan exactos sin tener instrumentos de precisión? Su ciencia astronómica estaba 1000 años más adelantada que la de todos sus contemporáneos.

Encontraron los pulsos que recibe cíclicamente el Sistema Solar del centro de la galaxia. Construyeron ciudades como Tulum, rodeadas por murallas; no para su defensa sino para usarlas como punto de referencia de la aparición del Sol y los planetas.

En matemáticas eran muchísimo más avanzados. Su sistema aritmético era vigesimal, es decir, contaban de 20 en 20. Un sistema con base en el número 2, lo que lo convierte en un sistema binario exponencial, un sistema matemático armónico con el Universo, el mismo que utiliza la naturaleza para la división de las células.

También utilizan los números de manera simbólica, convirtiéndolos en entidades mágicas, seres armoniosos que cuentan una historia, como el I-Ching. Tenían el calendario más exacto hecho por cualquier civilización antigua sobre la tierra. Ateniéndose a los ciclos lunares, el año estaba compuesto por 13 meses de 28 días cada uno y un día a parte al final del calendario para recibir el nuevo año (28×13=364+1=365 días). Un calendario que sirve para sincronizar el ciclo de la Tierra, la Luna y el Sol con el Universo.

Palenque, Muestra de la Grandiosidad de la Cultura Maya. .Engranaje de los Distintos Ciclos Naturales

Los mayas también fueron muy avanzados en su manera de cultivar la tierra y cosechar los alimentos para todo su pueblo. Construyeron redes de canales de riego para mantener irrigada la tierra. Su arte era absolutamente bello. Los bajorrelieves y las esculturas en piedra tienen una elegancia clásica. Las delicadas figuras de cerámica de sus soberanos, sacerdotes, artesanos y de todo el mundo funcionaban como las fotos de la época. Son unos de los documentos más importantes para entender su vida, sus costumbres y poder llegar hasta su mente y corazón.

Es impresionante la cantidad de ciudades y monumentos que construyeron. Vivían como los griegos, en ciudades-estado. Las pirámides eran basamentos, torres para las divinidades, escaleras al cielo que suben a los templos que dedicaban a las esencias de todas las cosas. Eran tan avanzados que utilizaron la producción en serie. Todos los elementos repetitivos de sus palacios eran diseñados mediante la utilización de moldes y luego se producían de manera industrial para ensamblarlos con increíble precisión.

Con bajorrelieves tallados en piedra, enormes esculturas y pinturas murales adornaban sus palacios. Colocaban estelas, que son grandes piedras talladas donde se contaba la vida de su soberano, en sus plazas y caminos. En los muros de sus palacios narraban los acontecimientos colectivos. Utilizaban los techos y pisos de sus plazas para recoger el agua y canalizarla hacia enormes depósitos.

Mientras construyeron sus pirámides y observatorios encontraron una manera de conocer el Universo, inventaron su sistema para registrar los procesos naturales, lo estudiaron, lo organizaron, lo consolidaron y lo dejaron escrito en la piedra como un monumento a la sabiduría. Construyeron con una tecnología que se perdió en el tiempo, al igual que el misterio de su desaparición.

La mayor parte del pueblo maya desapareció sin dejar ningún rastro, súbitamente. Abandonaron sus casas, sus templos y sus ciudades como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante. Sólo a través de su herencia, de lo que hemos encontrado sobre su vida diaria, de sus muestras evidentes de sabiduría podremos establecer porqué y cómo lo hicieron. Son muchas las preguntas que todo esto nos genera ¿Será que aprendieron a usar la mente más allá del 10% de la que nosotros la utilizamos? ¿Obtuvieron niveles altísimos de energía vital después de largos procesos de purificación? ¿Será que utilizaron mantras, palabras sagradas repetidas rítmicamente en ceremonias místicas, para producir estados alterados de consciencia colectiva? ¿Adónde se fueron sus sacerdotes, sus astrónomos y sus matemáticos? ¿Pudieron abrir una puerta a otro espacio u a otro tiempo, a otra dimensión de realidad, tal vez paralela a la nuestra pero más elevada? Sabemos que muchos antiguos profetas, como dice en la Biblia, al abrir esa puerta se convirtieron en una brillantísima esfera de luz y abandonaron conscientemente este mundo.

Ahora, ¿qué ciclo fatal descubrieron a través del Sol? ¿Qué ciclo fatal descubrieron a través de los números? ¿Por qué interrumpen su calendario precisamente en nuestra época? ¿Será que quieren llamar nuestra atención hacia estas fechas? A partir de 1999 empezaron a correr los últimos 13 años, el tiempo exacto para que cambiemos y nos impulsemos juntos hacia una nueva era de paz y de armonía.

Hace 13 mil años, Vega o Lyra era la estrella polar. Desde entonces, ¡cuántos cambios ha visto nuestro planeta! Cuántas naciones y razas han nacido, han tocado los pináculos de su esplendor y después han decaído. Cuando hayan pasado 13 mil años desde nuestra desaparición, la estrella polar habrá asumido, otra vez, su posición original en el norte, completando un ‘Año Platónico o un Gran Año’ ¿y ustedes piensan que los humanos de entonces sabrán más acerca de nuestra historia de lo que sabemos nosotros sobre las civilizaciones pasadas? En verdad, podríamos exclamar, en términos casi salmistas: ‘Gran Dios, Creador y Director del Universo, ¿qué es el hombre para que Tú lo cuides tanto?’” ¡Amén! Debería responder un ser que aun cree en un Dios “Creador y Director del Universo“. Dicho lo anterior, ahora podemos introducir algunas de las razones por las cuales creemos en la historia de la Atlántida y de Mu, continentes sumergidos. Tenemos, como prueba, las tradiciones más antiguas de las poblaciones más heterogéneas que vivieron en continentes distantes: las leyendas en la India, en la antigua Grecia, en Madagascar, Sumatra, Java y todas las islas principales de la Polinesia y de las Américas. Ya sean los salvajes o las tradiciones literarias más ricas en el mundo, la literatura sánscrita de la India, convienen en decir que, en un pasado remoto, en el océano Pacífico existía un gran continente que, debido a un seísmo geológico, se sumergió.

Creemos que la mayoría de las islas, si no todas, del archipiélago malayo hasta la Polinesia, son fragmentos de un inmenso continente de antaño, ahora sumergido. La Malaca y la Polinesia, que yacen en los antípodas del océano Pacífico y que se supone que no pudieron haber trabado alguna relación o saber de la existencia mutua, poseen, todavía, una tradición común en todas las islas y los islotes, según la cual, sus respectivos continentes se extendían por un amplio tramo en el mar; en el mundo existían sólo dos inmensos continentes: uno habitado por seres amarillos y el otro por negroides. Y el océano, obedeciendo a la orden de los dioses y para castigarlos por sus incesantes peleas, los sumergió. Es un hecho geográfico que la distancia entre Nueva Zelandia, Sandwich y las Islas de Pascua llega hasta unos 7000 kilómetros. Y, según parece, ni ellas, ni ninguna isla intermedia, tales como las Marquesas, Sociedad, Fiji, Tahiti, Samoa y otras, pudieron comunicarse desde que se convirtieron en islas y antes de la llegada de los europeos; ya que las poblaciones indígenas desconocían la brújula. De todos modos, en cada una de estas islas se sostiene que sus respectivos países se extendían hacia occidente, rumbo a la vertiente asiática. Además, todos hablan dialectos dimanantes, evidentemente, del mismo idioma y, debido a las pequeñas diferencias, pueden entenderse sin muchos problemas. Tienen las mismas creencias religiosas, las mismas supersticiones y costumbres muy parecidas. Puesto que pocas islas polinésicas fueron descubiertas antes del siglo pasado, Europa desconocía la existencia del océano Pacífico hasta los días de Colón. Y los isleños jamás cesaron de repetir las mismas antiguas tradiciones desde que los europeos pisaron sus riberas, por lo que parece una deducción lógica que la teoría expuesta se acerca a la verdad.

Se denomina monogenismo a la doctrina antropológica que defiende que todos los individuos de la especie humana descienden de una única pareja inicial. La postura opuesta, es decir, la suposición de que existieron más de un primer hombre y una primera mujer se conoce con el nombre de poligenismo. Los monogenistas afirman que las planicies de Asia Central fueron el centro donde apareció la raza humana. Desde este lugar, oleadas sucesivas de emigrantes se instalaron en los lugares más recónditos del mundo. No es una sorpresa que los antiguos chinos, hindúes, egipcios, peruanos y mexicanos, que en un tiempo habitaban en el mismo lugar, muestren similitudes muy marcadas en ciertos puntos de su vida. La proximidad de los dos continentes a través del estrecho de Behring, se supone que permitió a los emigrantes efectuar el pasaje de Asia a América. Un poco hacia el sur, está la corriente de Tassen, que abre una gran ruta para los navegadores asiáticos. Los chinos han sido una nación marítima desde la antigüedad remota y puede ser que sus barcos se asemejasen a los del navegador portugués Cabral, capaces de llegar a la costa americana. Sin embargo, omitiendo todas las cuestiones de posibilidades y accidentes, sabemos que los chinos descubrieron la aguja magnética ya en el 2.000 a.C. Con su ayuda y la de la corriente de Tassen, no debe haberles resultado difícil llegar a América.

En efecto, según nos informa Paz Soldán en su “Geografía de Perú“, establecieron una pequeña colonia en este país y “al finalizar el quinto siglo, los misioneros budistas enviaron misiones religiosas para que llevaran sus doctrinas a América“. Helena Blavatsky no pone en entredicho la afirmación de que: “jamás ocurrió una sumergimiento de tierra tan gigantesca capaz de producir el océano Atlántico y Pacífico“; ya que no pretende sugerir nuevas teorías sobre la formación de los océanos, los cuales pueden haber mantenido su posición actual desde que aparecieron. Sin embargo, continentes enteros pueden haberse subdividido en fragmentos parcialmente sumergidos, dejando un sinnúmero de islas como parece que aconteció con la Atlántida cuando se hundió. En algún período prehistórico y mucho antes de que La Tierra tuviese naciones llamadas civilizadas, Asia, América y tal vez Europa, pertenecían a una vasta formación continental unida por istmos como el Estrecho de Behring o por sábanas de tierra mucho más amplias.

catacl22.gif

El León mira a la derecha, mientras todas las caras de los jeroglíficos miran a la izquierda.

El Ojo Sagrado está representado en sus dos posiciones: el viejo, hacia la izquierda, y el nuevo (la Creación), hacia la derecha.

EL DÍA EN QUE EL SOL SE DETUVO EN CANAÁN FUE LA NOCHE SIN AMANECER EN LAS AMÉRICAS.

El acontecimiento, así verificado, se levanta como una prueba irrefutable de la veracidad de los recuerdos andinos de un Imperio Antiguo que comenzó cuando los dioses concedieron a la humanidad la varita de oro en el lago Titicaca. Los expertos han estado pugnando durante generaciones con este relato del capítulo 10 del Libro de Josué. Algunos lo han descartado como mera ficción; otros ven en él los ecos de un mito; y otros más intentan explicarlo en términos de un eclipse de Sol inusualmente prolongado. Pero no sólo es que estos eclipses de Sol son desconocidos, sino que, además, el relato no habla de la desaparición del Sol. Al contrario, relata un acontecimiento en el cual el Sol continuó viéndose, colgado en los cielos, durante «casi un día entero» ¿digamos veinte horas?,,,

Sea cual sea la causa exacta del fenómeno, lo que nos interesa ahora es su ubicación temporal. Eminentes arqueólogos y expertos bíblicos llegaron a la conclusión de que el Éxodo tuvo lugar alrededor del 1500 a.C. Dado que los israelitas erraron por los desiertos del Sinaí durante cuarenta años, el acontecimiento observado por Josué tuvo que ocurrir poco después. La pregunta ahora es la siguiente: el fenómeno opuesto, la noche interminable, ¿ocurrió en los Andes al mismo tiempo? Desgraciadamente, la forma en que los escritos de Montesinos han llegado hasta los expertos actuales deja algunas lagunas en los datos relativos a la duración del reinado de cada monarca, y esto nos obligará a obtener la respuesta dando un rodeo. El acontecimiento, según nos informa Montesinos, tuvo lugar en el tercer año del reinado de Titu Yupanqui Pachacuti II. Para determinar este momento, tendremos que calcular desde ambos extremos. Se nos dice que los primeros 1.000 años desde el Punto Cero se cumplieron durante el reinado del cuarto monarca, es decir, en el 1900 a.C; y que el trigesimose gundo rey reinó 2.070 años después del Punto Cero, es decir, en el 830 a.C.

Los expertos han ignorado por completo como pista válida la reiterada afirmación de las leyendas andinas de que hubo una terrorífica oscuridad en tiempos remotos. Nadie se ha preguntado si no sería ésta la misma oscuridad -la no aparición del sol en el momento en que debería de haberlo hecho- de la cual hablan las leyendas mexicanas en el relato de Teotihuacán y sus pirámides. Pues, si de verdad sucedió este fenómeno, que el sol no salió y la noche se hizo interminable, debió de ser algo que se pudo observar en todo el continente americano. Los recuerdos colectivos mexicanos y los andinos parecen corroborarse entre sí en este punto, apoyando así la veracidad de ambos, como dos testigos ante un mismo acontecimiento. Pero, por si esto no fuera lo suficientemente convincente, podemos recurrir a la Biblia en busca de evidencias, y podemos recurrir nada menos que a Josué como testigo.

Según Montesinos y otros cronistas, un acontecimiento de lo más inusual tuvo lugar durante el reinado de Titu Yupanqui Pachacuti II, decimoquinto monarca del Imperio Antiguo. Fue en el tercer año de su reinado, en que «las buenas costumbres se olvidaron y la gente se entregó a todo tipo de vicios», cuando «no hubo amanecer durante veinte horas». Es decir, la noche no terminó cuando tendría que haberlo hecho y la salida del Sol se retrasó durante veinte horas. Después de un gran lamento, de confesiones de los pecados, sacrificios y oraciones, el Sol apareció finalmente. Esto no pudo ser un eclipse: no fue que el Sol se viera oscurecido por una sombra. Además, ningún eclipse dura tanto, y los peruanos eran conocedores de estos eventos periódicos. El relato no dice que el Sol desapareciera; dice que no salió -«no hubo amanecer»-durante veinte horas. Fue como si el Sol, dondequiera que estuviera escondido, se hubiera parado de pronto.

Períodos de tiempo zodiacal invertido
Comprendemos muy bien que este tipo de catástrofe es colosal, pero ¿cuáles serán las consecuencias reales? ¿Cómo es posible describir científicamente el movimiento del Sol después de cada inversión de los polos?

¡El Sol no sólo se levantó en otra dirección, sino que también la Tierra alcanzó otra era! Y esto se produjo como consecuencia de que su corteza se deslizó sobre el núcleo al comenzar éste a girar en sentido opuesto. Una solución complicada aunque lógica.

Pero ¿cómo se lo comunicamos a nuestros descendientes? ¿Con qué medios es posible explicarles adecuadamente esto sin causar confusión?

Y aquí nos topamos con la obra maestra de este antiguo culto de sabiduría: el curso del zodíaco. Éste oculta los únicos códigos astronómicos posibles que describen o indican con precisión los diferentes cambios que pueden esperarse.

Ellos son:

  • En primer lugar, el zodíaco describe un período exacto de tiempo: su calendario cuenta los años que el Polo Norte necesita para completar un círculo: 25.920. en total. En el transcurso de ese tiempo, el verdadero Norte se moverá paso a paso a través de las diferentes eras. Esto tiene validez universal y puede compartirse con las generaciones venideras, a pesar de que nos separe un período muy largo.

    Por ejemplo, podemos determinar que en el año de aquella era la Tierra soportó una catástrofe; podemos otorgarle a esto una implicación profética. Y esto servirá para nuestro propósito, no por su fondo esotérico sino por el trasfondo científico para el que fue diseñado.

  • En segundo lugar, el zodíaco es la señal de un cambio en el movimiento del Sol. Debido a que después del desastre precedente éste salió del otro lado del mundo, la Tierra comenzó a cruzar las eras zodiacales con secuencia invertida. Esto es absolutamente comprensible. Además arroja nueva luz sobre el uso del zodíaco.

    Los indicios son contundentes e implican al mismo tiempo una advertencia para nosotros: ha sucedido muchas veces con anterioridad y volverá a ocurrir innumerables veces.

  • En tercer lugar, el zodíaco contiene una señal exacta del cambio de la precesión. Tal como usted sabe por mi libro anterior, el movimiento del zodíaco fue perturbado en su totalidad tras cada desastre precedente. Más aún, descifré los códigos incluidos en este libro con la ayuda de la catástrofe del año 21312 a.C.

    En esa época, la Tierra fue a parar a otra era zodiacal a través de un cambio repentino de 72 grados. ¡El calendario volvió a comenzar a partir de ese punto!

La catástrofe del año 9792 a.C. fue la más grande y, de allí en adelante, el curso del zodíaco se invirtió, prueba de una inversión de los polos.

Sin embargo, bastante curiosamente, y después de mucho andar a la derivadla Tierra se detuvo en la misma era, pero un poco más adelante. En el cuadro de p.* 103 puede ver en orden cronológico las diferentes catástrofes que atormentaron a la Tierra en los últimos cuarenta mil años, junto con su respectiva influencia sobre el movimiento del zodíaco.

A qué era seremos catapultados esta vez es pura conjetura, pero es matemáticamente cierto que entrañará una enorme catástrofe. Cuanto más largo es el período que media entre las colisiones, más poderosas serán las fuerzas contenidas y sus descargas.

Por esa razón el zodíaco era "sagrado" para los egipcios: les recordaba la manera en que las catástrofes recurrentes podían afectar a la Tierra y específicamente a su civilización. Eran felices cuando llegaban a una nueva era sin que hubiera habido destrucción, y entonces honraban a su dios Ptah con construcciones espectaculares; las numerosas esfinges de las Eras de Tauro y Aries son ejemplos contundentes de ello.

El monumento espiritual más grande que nos legaron, la Esfinge, también señala la catástrofe precedente que destruyó por completo su tierra de origen. En el año 9792 a.C. – en la Era del León – su patria, Aha-Men-Ptah, se hundió en un día y una noche en las aguas tempestuosas y finalmente fue cubierta por hielo. En la actualidad, esta civilización hace largo tiempo perdida yace bajo toneladas de hielo en el Polo Sur.

Por esta razón no hallamos sus edificios y los científicos dudan de los relatos que giran en torno a este tema. Por la misma razón tampoco toman en serio la catástrofe venidera. Sin embargo, si estudiaran los antecedentes científicos del zodíaco con más atención, su escepticismo pronto se transformaría en temor.

La astronomía y especialmente la teoría del ciclo de las manchas solares de los mayas y de los antiguos egipcios con toda seguridad les provocarían estupor.

¡El conocimiento de esos antiguos científicos es tan grande que avergüenza al que tenemos en la actualidad!

En los capítulos siguientes volveré sobre este tema más extensamente, ya que es un elemento crucial de mi argumentación. Será posible entonces descifrar un mensaje milenario a partir del cual podrían calcular con exactitud la catástrofe venidera. Nuestros ancestros nos advirtieron de ella mediante mensajes cifrados. Conocían los mecanismos que se ocultaban detrás de los cambios atmosféricos y terráqueos más grandes. Con precisión incomparable siguieron el zodíaco, lo pintaron y calcularon la fecha de la catástrofe precedente, para asegurar su conocimiento sobre esto.

Los descendientes, sobrevivientes de la descomunal catástrofe, nos previenen a través de sus mitos y fórmulas astronómicas y matemáticas exactas y nos informan que ahora es nuestro turno.

La Tierra girará en dirección contraria y una ola gigantesca destruirá casi toda vida.

catacl48.gif

Estas inversiones de los polos se pueden probar con la ayuda de rocas pirogénicas.

Los datos geológicos muestran que las inversiones se produjeron incontables veces en el pasado, pero los científicos aún no tienen ni la menor idea sobre el mecanismo que los causa. Cataclismo. Año 29.808 a.C. ¡Primera reversión polar! La Tierra empezó a girar en el sentido contrario. El Este se convirtió en Oeste, y viceversa.

Cataclismo: Año 21.312 a.C. La Tierra giró 72 grados en el zodíaco ¡en media hora!
¡Esto es increíblemente rápido!
Observación: ¡No es una reversión polar, sino un rápido giro en la misma dirección!

Cataclismo: Año 9.792 a.C. ¡Segunda reversión polar!
Total de años desde el comienzo: 5.904 + 8.496 + 11.520 = 25.920 = fecha de una precesión = ¡fin de la Atlántida!

2.012: PRÓXIMO CATACLISMO

Los cambios en el movimiento de la Tierra, después de los cataclismos anteriores.

Si bien estas fluctuaciones en sí mismas eran conocidas por los mayas, ellas eran, de hecho, mucho más interesantes por la razón que hay detrás de estas pequeñas variaciones, es decir, los cambios en la relación entre el plano de rotación de Venus y el eje rotativo de la Tierra misma. Sí, pensé para mí, esta podía ser la respuesta: una relación entre Venus y el eje rotativo de la Tierra misma. Hasta no hace mucho tiempo, nuestros propios astrónomos ni siquiera habían notado esto, pero los mayas estaban sumamente obsesionados con este ciclo, al cual le siguieron el rastro, adentrándose en la historia y arribando a épocas muy anteriores a su propio tiempo.
Como el observatorio de Chichen Itzá lo denota, los antiguos mayas eran expertos en astronomía, matemáticas, calendarios, ciclos, etc.; tenían una idea muy compleja de su lugar en el universo, lleno de grandes y aterradores dioses. Pero eran también increí­blemente científicos en sus observaciones astronómicas, con calendarios sumamente precisos, basándose de manera predominante, en el planeta Venus.

Los antiguos mayas estaban muy obsesionados con los números y la medición del tiempo en general. Por cierto, su pericia en las matemáticas era de tal magnitud, que ahora se les confiere el crédito de haber inventado el concepto del cero, permitiéndoles manejar grandes números con facilidad.
Los números no eran simples conceptos abstractos utilizados para sus calendarios, la astronomía y la arquitectura, no, los antiguos mayas pensaban que cada número poseía un espíritu propio. Para ellos, los números eran manifestaciones de las energías del universo.
Este sistema del calendario era mucho más complejo y preciso que el que poseemos nosotros. Basándose en los movimientos planetarios, no sólo podía predecir los eclipses solares que los mayas, por cierto, podían ver, sino también los eclipses que se producían del otro lado del mundo o en un futuro lejano. El calendario era tan sofisticado que, incluso, predecía con toda exactitud los eclipses que habían ocurrido recientemente. Los mayas consideraban a su calendario como un legado de los pueblos más antiguos, un regalo de los dioses, de los que podían verlo todo. Los astrónomos modernos están recién empezando a “descubrir” los principios básicos del calendario maya.

Para los mayas, el tiempo y el espacio estaban inextricablemente vinculados. Nos ayuda a comprender la naturaleza cíclica de los calendarios mayas y la manera que tenían de calcular el final del mundo. Pensando en esto, empecé a buscar una fecha entre los cataclismos anteriores y resultó ser una aventura en el tiempo realmente asombrosa. Imagine mi asombro cuando aprendí que existe una conexión entre los códigos de Venus y el ciclo sotíaco (de Sirio) en Egipto (ver en al Apéndice, Otras decodificaciones). Estos descubrimientos estaban ocultos en la fecha, entre el cataclismo de 21.312 a.C. y el de 9.792 a.C. Si los resta, obtendrá 11.520 años. Más aún, en el año 21.312 a.C., la Tierra giró 72 grados en el zodíaco. El número 72 no es arbitrario, es esencial desde el ciclo de precesión (72 x 360 = 25.920). Como sabemos, los egipcios comprendieron las complejas relaciones astronómicas, alineando los templos para que coincidieran con el ciclo de precesión y cambiando la identidad de Apis —el toro— por Aries —el carnero—, con lo cual se reflejaba la precesión de los cielos sobre la tierra. Y el número 72 es esencial en estas explosiones de resultados creativos, de logros milagro­sos de seres humanos tecnológica y artísticamente superiores. Entonces, pensé que ellos también habían codificado el número 72 en los 11.520 años entre los cataclismos. Yo multipliqué 11.520 por la cantidad de días en un año según los mayas y los egipcios (365 y 360, respectivamente), y lo dividí por 72. Para mi sorpresa, ¡hallé los números codificados 584 y 576 de Venus que empleaban los mayas! Y eso no es lo único que hallé.

El ciclo sotíaco o de Sothis (Sirio) de Egipto

Por el mismo método se pueden hallar los números codificados 1.460 y 1.461 del ciclo sotíaco de Egipto .Tenían conocimiento de los mecanismos de las hecatombes que afectan la Tierra periódicamente, y podían calcularlas. Parece razonable sugerir que ellos deseaban trans­mitirnos estos conocimientos. Pero ¿cómo podría una civilización comunicarse con otra que iba a emerger miles de años más tarde, con libros quemados por los sucesivos cam­bios ideológicos, idiomas perdidos e ideas aniquiladas? ¿De qué manera, las instrucciones decodificadoras podrían transmitirse a otra raza con un idioma extraño y un método igualmente extraño de escritura? Hay sólo dos constantes que son comunes denomina­dores de las civilizaciones avanzadas: los números y la astronomía.

Con el fin de acomodar esto, los atlantes y sus descendientes usaron los números más simples posibles. Sumando o restando un “número sagrado” hallaron otros números que posibilitaron decodificaciones futuras. Si usted ahora se ubica en su posición, podrá decodificarlo. Sus posibilidades de sobrevivir aumentan considerablemente. También debe recordar que el método de codificación depende de la importancia del mensaje, empleándose métodos más concretos para mensajes más importantes, con lo cual se incrementan en gran medida las probabilidades de que su mensaje se transmita. Estas consideraciones fueron las que persuadieron a los egipcios para codificar sus mensajes en sus sistemas numéricos, de astronomía, de cálculos del tiempo y de arquitectura. Algu­nos de ellos van a soportar los estragos del tiempo, aumentando la certeza de la decodifi­cación y la transmisión. Entonces, dirigí mi interés hacia la decodificación de sus núme­ros. Esa era una parte de la historia. Aun entonces, no contento con el éxito de esta decodificación, seguí progresando más todavía, decodificando mensajes astronómicos que habían dejado en sus escritos. Estos se apoyaban entre sí, brindando una abrumado­ra respuesta a los incrédulos. Todos ellos dicen lo mismo: las reversiones polares son un hecho de la vida. Cada 12.000 años volverán a suceder. Usted sólo debe comprender los números.

Para ellos continúa siendo un enigma por qué los polos precedentes se hallaban en diversos lugares; hace mucho tiempo, por ejemplo, el punto central del Polo Norte se encontraba en China y, en otro momento, en Madagascar. La lava solidificada que presenta un magnetismo inverso, cientos de miles de veces más fuerte que el campo magnético de la Tierra, así lo prueba; revela también el carácter de los poderes que estaban en actividad en aquel momento, ya que se encuentran extensas corrientes de lava dondequiera que se puedan detectar las polaridades invertidas.

Los enigmas con los que se enfrentan astrónomos, geólogos, físicos y ele-más se pueden resolver en una sola instancia con las teorías catastróficas de los antiguos egipcios y mayas.

Ellos sabían que cuando el haz de un rayo impacta con un imán, los polos se invierten. Los rayos de luz del Sol – o, dicho de manera científica, las tormentas solares – también pueden provocar ese fenómeno en la Tierra pues, a fin de cuentas, ésta es un gran imán. En el instante en que las partículas ionizadas de una tormenta solar se abran paso hasta llegar a los polos, se producirá un gigantesco cortocircuito. Del mismo modo que en un imán común, el Polo Norte magnético permutará su lugar con el Polo Sur magnético.

La Tierra comenzará a girar en sentido contrario, con catastróficas consecuencias para la humanidad, como lo prueba abundantemente la polarización invertida del magma enfriado encontrado por los geólogos. Por esta razón los mayas y los antiguos egipcios temían tanto este fenómeno.

Sabían que, si la Tierra volviera a hacer un cortocircuito, su núcleo se invertiría de improviso, al tiempo que un terremoto colosal la haría temblar.

catacl49.gif

El zodíaco de Dendera prueba de un modo más que claro

el conocimiento astronómico de los antiguos egipcios.

Todo – seres humanos, animales, árboles, edificios, etc. – sería reducido a pedazos.

Algunas partes de la Tierra descenderían y otras ascenderían, provocando fallas y-grietas. La lava correría por la tierra resquebrajada ejerciendo su efecto destructivo sobre la vida; luego, la corteza exterior de la Tierra se quebraría y se desplazaría miles de kilómetros en tan sólo un par de horas.

Las estrellas desaparecerían y el cielo se desplomaría; ciclones y huracanes azotarían a la Tierra trayendo consigo destrucciones masivas. Más tarde, debido a las fuerzas inerciales, los mares entrarían en colisión con los continentes, arrastrando rocas, arena y animales marinos, y entonces, mientras los habitantes tratan de escapar, vastas partes de tierra resbalarían bajo las salvajes aguas arrastrando a la gente petrificada. La catástrofe sería cada vez mayor y los últimos sobrevivientes intentarían desesperadamente encontrar un lugar seguro.

Sin embargo, sólo a unos pocos se les garantizaría la supervivencia porque la Tierra, con sus lagos inclinados, terrenos que se hunden, fuegos sofocantes, volcanes enfurecidos, vientos huracanados y colosales terremotos, arrastraría consigo casi todo lo que reste de animales y seres humanos. Al mismo tiempo, los enormes logros de la civilización actual desaparecerían por completo y casas, templos y bibliotecas serían destruidos en un mar de agua. Los equipos de comunicación se anularían y las reservas de comida y energía se destruirían; en resumen, no quedaría nada, excepto descomunales ruinas.

Sólo en un día, unas regiones de la Tierra pasarían a tener clima polar, en tanto que las regiones que actualmente tienen clima polar serían catapultadas a climas mucho más cálidos.

Si los recuerdos andinos son ciertos, en algún otro lugar -en la otra parte del mundo-, el DÍA tuvo que ser igual de largo, y no debió terminar cuando debería de haber terminado, por ser un día veinte horas más largo. Increíblemente, este acontecimiento está registrado, y en ningún sitio mejor que en la misma Biblia. Fue cuando los israelitas, bajo el liderazgo de Josué, acababan de cruzar el río Jordán y de entrar en la Tierra Prometida, después de tomar las ciudades fortificadas de Jericó y Ay. Fue cuando todos los reyes amorreos formaron una alianza para crear una fuerza combinada contra los israelitas. Una gran batalla tuvo lugar en el valle de Ayyalón, cerca de la ciudad de Gabaón. Comenzó con un ataque nocturno de los israelitas, que puso a los cananeos en fuga. Al amanecer, cuando las fuerzas cananeas se reagruparon cerca de Bet Jorón, el Señor Dios «arrojó grandes piedras desde el cielo sobre ellos… y murieron; hubo más de ellos que murieron por las piedras, que los que murieron por la espada de los israelitas».

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s